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martes, 12 de noviembre de 2013

La programación mental antigrasas que las grandes industrias farma-agro-alimentarias te agradecen.


© Desconocido
Últimamente en Sott andamos recibiendo toda una serie de comentarios de gente que al parecer se indigna cuando publicamos sobre los beneficios de las grasas saturadasde origen animal. Lo hemos venido diciendo desde hace años y no ha sido sino hasta el mes pasado que la medicina convencional ha admitido su error de inculpar a las grasas animales. La British Medical Journal ha llegado a admitir a través de una publicación que se cometió un error y que las grasas animales son un factor protector para las enfermedades cardiovasculares. El Comité Experto de Suecia ha publicado nuevas normas teniendo en cuenta la evidencia científica de que una dieta baja en carbohidratos es más eficaz para la pérdida de peso. Un documental desmintiendo el mito del colesterol y la industria de las estatinas - fármacos reductores del colesterol - está siendo televisado en Australia, su enfoque sobre el beneficio del consumo de grasas saturadas está provocando la reacción de miles de telespectadores quienes están pidiendo cuentas a sus médicos acerca del tema. Sin embargo, a juzgar por algunos de los comentarios que hemos recibido, a algunos lectores les está costando dejar sus vacas sagradas después de años de programación anti-grasa.

Por ejemplo, en el último artículo que publicamos al respecto: El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal, algunos lectores comentaron como sigue:
"..ni me gasto en leer esta tonteria...."
"Me parece a mi que esa página tiene como norma ir contra todo es una manera de llamar la atención y así tener muchas visitas y porque no pueden estar financiados por alguien con intereses encontrados Señales publican muchas noticias de esas páginas cosa que personalmente cada vez os leo menos"
O bien...
"¿Este artículo lo estará pagando alguna trans-nacional de mucho poder???"


Es irónico que mencionen eso último, ya que, al contrario de lo que plantea, las grasas saturadas de origen animal, justamente, no traen muchos beneficios a las multinacionales, ya que, para obtener buenas grasas saturadas, se debe optar por animales salvajes, idealmente, o criados con nada más que pasto, o su alimento natural, es decir, lo que naturalmente deberían comer, y no los granos y balanceados a base de maíz o soja que generan billones de ganancias para las grandes industrias multinacionales.

No se trata de alimentarse de animales criados en granjas industriales, que no ven la luz, que están repletos de antibióticos/hormonas y que viven en su propio excremento, por lo que también están repletos de enfermedades derivadas de bacterias como la E. Coli (ver documentalComida S.A.). Más bien se trata de apoyar a los pequeños productores que todavía crían a sus animales al aire libre, los dejan pastar naturalmente y no les inyectan hormonas y demás cosas para que engorden desproporcionadamente. La carne y la grasa de estos animales industriales, a parte tener muchas sustancias potencialmente tóxicas, no tienen mucho valor nutritivo como la carne de animales que viven de manera más natural.

Por otro lado, es nuestra dependencia a los carbohidratos lo que nos mantiene más atados a la industria agro - alimenticia - farmacéutica - psiquiátrica. En primer lugar, el consumo de carbohidratos es una forma de combustible para el cuerpo muy poco eficiente que nos mantiene en constante búsqueda de más y más, todo el tiempo, porque se gasta rápido y, el cuerpo acostumbrado, al no saber que posee otras fuentes de energía, exige más y más para que podamos seguir andando. Lo que lleva a que compremos más y más todo el tiempo: granos (trigo, maíz, arroz, soja, etc), azúcar y todo tipo de 'snacks' basados en los mismos ingredientes. Casualmente, éstos son los alimentos que más se cultivan en el mundo y que más daño causan a nivel medioambiental, social y sanitario. 

Citando un Enfoque Sott:
"Nora Gedgaudas, autora de Primal Body, Primal Mind, compara la quema de carbohidratos a la quema de cientos de hojas de papel. Este sistema hace que la chimenea (nuestro cuerpo) funcione razonablemente bien, pero no es lo más económico. La cetosis (quema de grasas), a su vez, es equivalente a quemar un tronco. Ambos hacen funcionar la chimenea, pero la segunda es más eficiente y económica a largo plazo. También es menos agotadora para el cuerpo: cuando quema grasa, el cuerpo ya no está en constante corte de energía y ya no es necesario realimentarlo cada dos horas. Se acaban las ansias de las 10h y el corte de energía de las 17h, síntomas de que el azúcar en la sangre cae y falta."

La dieta paleolítica revisada
Además, los componentes adictivos del trigo, la leche y el azúcar ayudan a que seamos aún más dependientes de esta industria y la agricultura (actividad más que destructiva para el planeta Tierra y, para nosotros también, por ende). Desde Sott, muchas veces hemos publicado artículos referentes a los efectos nocivos que tuvo la agricultura para la humanidad y el planeta que habitamos.

En otro Enfoque Sott sobre el tema encontramos:
"Contrariamente a la creencia popular sostenida por muchos antropólogos de que la agricultura es uno de los logros más grandiosos de la humanidad, hay evidencia creciente que sugiere que la raza humana, en realidad, se estableció en el camino de la auto-destrucción cuando se abrazó a las sociedades agrarias.

La imagen que emerge hoy en día es que el cambio de la cacería y recolección ocurrió de manera repentina y fue seguido por una caída aguda en la expectativa de vida. Huesos antiguos de humanos encontrados en varias capas de los sitios arqueológicos, datados desde los inicios de la adopción de la agricultura, revelan la prevalencia incrementada de enfermedades y un número menor de personas ancianas. Durante siglos después de la adopción de la agricultura, estos huesos también nos cuentan historias de un número mayor de muertes violentas cuando son comparados con los restos de huesos de sociedades pre-agrarias de cazadores y recolectores."

- Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido
Y, como dice Lyerre Keith, en su excelente libro "El mito vegetariano"
"La verdad es que la agricultura es lo más destructivo que los humanos han hecho al planeta, y más de lo mismo no va a salvarnos. [...]

Y la agricultura no es realmente una guerra ya que los bosques y pantanos y praderas, la lluvia, el suelo, el aire, no pueden devolver el golpe. La agricultura es realmente más como una limpieza étnica, arrasando a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra. Es una limpieza biológica, un biocidio. ... No es pacífico. No es sustentable. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte.

Ya no hay espacio para que el búfalo rumie. Solo hay maíz, trigo y soja. Prácticamente los únicos animales que escaparon a la limpieza biológica de los agriculturalistas son pequeños animales como ratones y conejos, y miles de millones de ellos mueren gracias a la maquinaria de cosecha año tras año. A menos que andes por allí con una guadaña, no olvides sumarlo al número de muertes de tu comida vegetariana. Ellos cuentan, y murieron por tu comida...

Suelo, especies, ríos. Esa es la muerte en tu comida. La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas, y los ingiere enteros.

- Lyerre Keith
El mito vegetariano
Otros artículos sobre el tema, los pueden leer aquí:
Sumándose a todo esto, vienen las enfermedades asociadas al consumo de carbohidratos, desde que éste aumenta con la adopción de la agricultura y el consumo de granos, una vez más. Y, a medida que vamos acercándonos a nuestros tiempos, todos los carbohidratos refinados y los componentes sintéticos, aditivos, que posee la comida hoy en día. Además, pesticidas de todo tipo utilizados en la agricultura que llegan a nuestros cuerpos... un cóctel de sustancias que te aseguran un gran gasto en salud, es decir, una inmensa ganancia para la Big Pharma. Y los efectos psicológicos asociados al gluten encontrado en los granos y otros alimentos, o los aditivos agregados a la comida industrializada, o los pesticidas que tienen la característica de ser disruptores endocrinos, son la clave para la continuidad de la psiquiatría (industria de la muerte).

Así, el hecho de quemar carbohidratos como principal fuente de energía, es, definitivamente, promovido por las grandes industrias (Agro-alimentaria, farmacéutica-psiquiátrica, etc) Esto se puede observar claramente con el nivel de programación mental que se ve en los comentarios que nos dejan muchos, y en todas partes, de que las grasas son malísimas y que hay que comer cereales, por ejemplo (gran legado de la pirámide de alimentos creada por la FAO - la organización de AGRICULTURA y alimentos de EE.UU. - que claramente no nos indica lo que es saludable para nosotros sino lo que es rentable para ellos, para las grandes industrias.

Evolución humana y grasas saturadas

Agregando otro aspecto sobre el tema, un comentario dice con razón:
"Si los abuelos no hubieran comido eso no estariamos aqui!!!"
Hubo una época en la que las enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, la obesidad y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer eran la excepción, no la norma. Somos seres humanos con funciones cognitivas superiores gracias a una dieta rica en grasas y proteínas animales. Desde que la humanidad ha adoptado una dieta rica en carbohidratos, aberrante para su fisiología, la salud no ha hecho más que empeorar. Nunca se ha visto tan mala calidad de vida y salud en la historia de la humanidad como la que se está viendo ahora. Ahora terminar una vida, si se le puede llamar vida, con enfermedades neurodegenerativas es considerado "normal". No es difícil de imaginar la reacción de nuestros ancestros a esta chocante realidad: La enfermedad de Alzheimer aumentará en un 85 por ciento en las próximas dos décadas. Cada 7 segundos surge en el mundo un nuevo caso de demencia. Esto es totalmente inaceptable para una enfermedad que se puede prevenir con una dieta acorde a lo que nuestra fisiología, cuerpo y cerebro necesita: grasas animales.

Muchos académicos están de acuerdo en que las grasas saturadas y la carne cumplieron un rol fundamental en nuestra evolución. Desde el tamaño de nuestros intestinos y nuestros cerebros, así como las funciones metabólicas óptimas necesarias para alimentar energéticamente a nuestro cerebro, evidencian que la cetosis (metabolismo a base de grasas) es el estado fisiológico natural y óptimo para el ser humano. 

En un artículo publicado en la versión en inglés de Sott, Barry Groves, PhD dice:
Cerca de la mitad de nuestro cerebro y sistema nervioso está compuesto por ácidos complejos de cadena larga, ácidos grasos. Estos también se utilizan en las paredes de nuestros vasos sanguíneos. Sin ellos no podemos desarrollarnos con normalidad. Estos ácidos grasos no se producen en las plantas, a pesar de que sí producen ácidos grasos de tipo más simple. Aquí es donde entran los herbívoros que comen plantas. Durante el año, los herbívoros convierten los ácidos grasos simples que se encuentran en las hierbas y semillas en [ácidos grasos] intermedios, más complejos. Al comer a los herbívoros podemos convertir sus reservas de estos ácidos grasos en los que necesitamos.

[...]

Una proporción creciente de carne en la dieta, obviamente, han proporcionado más proteína animal, tal vez un factor relacionado con el aumento en la estatura que parece haber acompañado a la transición de los Australopitecus a través del Homo habilis al Homo erectus.

Sin embargo, una mayor disponibilidad de la grasa animal fue probablemente una alteración dietética más importante. Herramientas de piedra bruta permitieron que los primeros seres humanos rompan los huesos permitiéndoles el acceso al cerebro y la médula grasas procedentes de una amplia gama de animales obtenidos mediante carroña o la caza. Estas y otras grasas de animales muertos fueron probablemente tan apreciados por los primeros homínidos como son por los humanos cazadores-recolectores modernos.

[...]

Nuestro cerebro es considerablemente más grande que la de cualquier simio. Mirando hacia atrás en los registros fósiles de los primeros homínidos hasta el hombre moderno, vemos un aumento notable en el tamaño del cerebro de 375-550 ml en los tiempos del Australopithecus, a 500 a 800 ml en el Homo habilis, 775-1,225 ml en el Homo erectus, y 1350 cc en los humanos modernos (Homo sapiens). Aunque todavía hay especulaciones acerca de por qué esto pudo haber ocurrido, este aumento en el tamaño del cerebro no podría haber sido apoyado fisiológicamente sin un aumento de la ingesta de ácidos grasos de cadena larga pre-formados que son un componente esencial en la formación del tejido cerebral. Eso nunca se habría producido si nuestros antepasados ​​no hubieran comido carne - con su grasa. La leche materna humana contiene los ácidos grasos necesarios para el desarrollo de un cerebro grande, la leche de vaca no. No es casualidad que, en términos relativos, nuestro cerebro es unas 50 veces mayor que el de una vaca.
Y algo muy llamativo acerca de la evolución y el tamaño de nuestro cerebro es que el mismo se está reduciendo en tamaño, nada más y nada menos que desde hace unos 10.000 - 5.000 años - coincidentemente, cuando la práctica de la agricultura se extiende a lo largo del planeta.

En el mismo artículo citado más arriba, se lee:
Nuestros cerebros están cada vez más pequeños 

Con un pequeño intestino, con el que absorber todos los nutrientes y la energía que nuestro cuerpo necesita, una dieta moderna baja en calorías, baja en grasas, rica en fibra, basada en vegetales es lamentablemente inadecuada como fuente de energía para nuestro sistema ávido de energía para funcionar con la máxima eficiencia. Esta deficiencia ha comenzado a mostrarse.

Desde el advenimiento de la agricultura , ha habido una tendencia preocupante, ya que nuestros cerebros han disminuido en tamaño. Un riguroso análisis recientemente actualizado de los cambios en el tamaño del cerebro humano descubrió que el tamaño del cerebro de nuestros antepasados ​​llegó a su apogeo con los primeros humanos anatómicamente modernos de hace aproximadamente 90.000 años. Eso luego se mantuvo bastante constante durante otros 60.000 años. En los próximos 20.000 años se produjo una ligera disminución en el tamaño del cerebro de un 3%. Es desde el advenimiento de la agricultura hace unos 10.000 años, sin embargo, que la disminución se ha acelerado de manera significativa, por lo que ahora nuestros cerebros son un 8% más pequeños.

Esto sugiere algún tipo de deficiencia histórica reciente en algún aspecto de la nutrición humana en general. El cambio en la dieta más evidente y de mayor alcance en los últimos 10.000 años es, por supuesto, la enorme disminución en el consumo de alimentos altos en energía y grasas, de origen animal, que formaban probablemente más del 90 % de la dieta, a un mínimo de 10% en la actualidad, junto con un gran aumento en el consumo de granos con densidad energética menor. Este patrón persiste, incluso se aboga hoy: es la base de nuestra así llamada dieta "saludable" .
Para más información al respecto:
Con todo esto sobre la mesa y volviendo al planteamiento inicial sobre lo que las corporaciones multinacionales y las instituciones gubernamentales oficiales promueven como dieta "saludable", es difícil no plantearse la siguiente pregunta ¿Están promoviendo todo eso para hacernos cada vez más tontos y por lo tanto condicionarnos más fácilmente? Si bien gran parte de todo este conglomerado de inter-beneficios entre distintas áreas de la industria se explica con los beneficios que obtienen (la industria alimentaria responde a los intereses de la agricultura y a su vez nos enferma dando beneficios a la industria médica), lo que aquí vemos parece incluir la 'estupidización' masiva de la humanidad, para que, combinando la propaganda y desinformación dada a través de los medios de comunicación, seamos cada vez más incapaces de pensar, analizar, reflexionar y por lo tanto cuestionar el status quo. Así también, se hace más difícil que como humanidad podamos usar nuestras funciones cognitivas para observar y comprender nuestra realidad y, crear formas de vivir humanamente haciendo uso de nuestra creatividad (característica principal del Homo sapiens que requiere un funcionamiento óptimo de nuestras facultades cognitivas).

Es por eso que pasar del consumo de carbohidratos como principal fuente de energía, al consumo de grasas saludables, pasando de la glucólisis a la cetosis, no solo nos trae numerosos beneficios en términos de salud y bienestar, sino también constituye una elección de dejar de depender y apoyar a estas grandes industrias colaborando con y creando modelos mucho más saludables, sostenibles y, que, en última instancia, son mejores para los seres humanos y el resto de los seres vivos con quienes compartimos el planeta.
© Peter Rubens
Peter Rubens (1577-1640), Diana regresando de la cacería
"Por lo tanto podemos ver que abastecernos de grasas de buena calidad, ganado alimentado con pasto o aves que no sean de corral sino 'caseras y que caminen sueltas', si bien es cada vez más difícil, es esencial si queremos escaparnos de la soga que la agricultura ha atado alrededor de nuestro cuellos.

Solamente podemos esperar que en los próximos años veamos más movimientos que se alejen de la industrialización y el aumento de intentos de crear comunidades basadas en valores humanos verdaderos; comunidades que no solo curarán a los humanos involucionados, sino también intentarán sanar nuestro medio ambiente.

La única pregunta que permanece es si tenemos suficiente tiempo para intentarlo y recrear el paraíso que una vez se perdió."

- Zoran D. Jankovic, DVM
Paraíso perdido

lunes, 11 de noviembre de 2013

El error más gordo de la historia de la nutrición: La lucha contra la grasa animal


La lucha contra la grasa saturada puede haber sido el mayor error en la historia de la nutrición. La reducción del consumo de grasa animal y colesterol ha disparado la cantidad de muchas enfermedades graves, según el portal 'Authority Nutrition'.
Estudios realizados en las últimas décadas aportan pruebas concluyentes de que ni las grasas saturadas ni el colesterol dietético causan daños en los seres humanos. El portal 'Authority Nutrition' presenta 6 grafícos con los que pretende demostrar lo perjudicial que ha sido aconsejar a las personas que reduzcan el consumo de grasa animal.

1. Más grasa, menos enfermedades 

¿Alguna vez han oído hablar de 'la paradoja francesa'? Es una frase que se utiliza para describir el hecho aparentemente 'paradójico' de que los franceses tienen un bajo riesgo de contraer enfermedades del corazón, pese a que entre ellos predomina una dieta alta en grasassaturadas.


En este gráfico desarrollado por el doctor sueco Andreas Eenfeldt se aborda la paradoja europea, donde no se percibe que exista una correlación entre el consumo de grasas saturadas y las muertes por enfermedades del corazón en diferentes países de Europa.

Resulta que los países que comen más grasas saturadas tienen un menor riesgo de morir por enfermedades del corazón. La razón de esto sería sencilla: las grasas saturadas no tienen nada que ver con las enfermedades cardiovasculares. No sería una paradoja, sino simplemente un mito, afirma el portal.

2. Dieta baja en grasa y la epidemia de obesidad

En 1977 se recomendó a todos los estadounidenses la dieta baja en grasas. Paradójicamente, fue entonces cuando empezó la epidemia de obesidad.
Aunque este gráfico, desarrollado por el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE.UU. no prueba nada (correlación no corresponde a causalidad), sí que tiene sentido, porque la gente empezó a abandonar los alimentos tradicionales como la mantequilla para reemplazarlos por alimentos procesados bajos en grasa, pero con alto contenido de azúcar.

Desde entonces, se han llevado a cabo muchos estudios a gran escala sobre la dieta baja en grasa que muestran claramente que este tipo de dieta no ayuda a perder el peso y que tienen un efecto nulo en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares a largo plazo. A pesar de los malos resultados de los estudios, esta dieta sigue siendo recomendada por las organizaciones de nutrición en todo el mundo.

3. Dietas altas en grasas, más pérdida de peso

Si la grasa animal es tan dañina como dicen, entonces las dietas que contienen una gran cantidad de ella deben engordar y afectar la salud. Sin embargo, el estudio publicado en la revista 'The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism' en 2003 no apoya esta hipótesis.
El gráfico mostró que las mujeres que consumen una dieta baja en hidratos de carbono pero alta en grasas perdieron más del doble de peso que las mujeres que seguían una dieta restringida en calorías baja en grasa. La verdad es que las dietas con alto contenido graso (pero bajas en hidratos de carbono) conducen sistemáticamente a resultados mucho mejores que las dietas altas en hidratos de carbono y bajas en grasas, según 'Authority Nutrition' .

Además, no solo ayudan a perder peso, sino que también dan lugar a grandes mejoras para reducir los principales factores de riesgo de padecer enfermedades como las de tipo cardiovascular y la diabetes.

4. Grasas añadidas

En el siglo XX varias enfermedades graves se volvieron comunes. La epidemia de las enfermedades cardiovasculares comenzó alrededor de 1930, la de obesidad en 1980 y la de la diabetes alrededor de 1990. A pesar de que estas enfermedades eran casi desconocidas antes, ahora se han convertido en los principales problemas de salud en el mundo, costando la vida a millones de personas anualmente.
Es evidente, a juzgar por el gráfico elaborado por el nutricionista Stephan Guyenet, que estas enfermedades se han disparado una vez que las grasas animales han sido sustituidas por manteca, margarina y aceites vegetales procesados.

5. Inicio de la pandemia de obesidad 

Algunas personas todavía culpan a los alimentos tradicionales como la carne y la mantequilla de las enfermedades de la civilización, pese a que estos alimentos han proporcionado a los seres humanos buena salud desde hace mucho tiempo y culparlos de enfermedades nuevas no tiene sentido, conjetura el portal.
Este gráfico, del Estudio de Salud de las Enfermeras, muestra que mientras los estadounidenses reducían su ingesta de carne roja y de productos lácteos altos en grasa, iba creciendo la epidemia de obesidad.

6. Mantequilla vs. Margarina

Antes, cuando todo el mundo empezó a señalar con el dedo a las grasas saturadas como causa de enfermedades del corazón, empezó a ser demonizada la mantequilla y otros productos lácteos altos en grasa. Nutricionistas de todo el mundo aconsejaban a la gente reemplazar la mantequilla con la margarina, que era baja en grasas saturadas, pero alta en grasas artificiales.
Esto, no obstante, llevó a un resultado opuesto. Mientras que la grasa saturada es inofensiva, frente a las grasas artificiales.

En el gráfico, basado en el Estudio del Corazón de Framingham, se puede ver cómo el riesgo de enfermedades del corazón aumenta a medida que la gente come menos mantequilla y más margarina.

Comentario: Según nuestra investigación, la cetosis es el estado natural del ser humano y, como tal, seguirla de manera prolongada no representa ningún problema para nuestro bienestar general, sino todo lo contrario, constituye una auténtica senda de sanación y transformación personal debido a su gran impacto positivo en nuestro cuerpo y mente. Se trata de alimentarse, básicamente, de grasas naturales, acompañadas de proteínas, y un mínimo porcentaje de carbohidratos (Entre un 10% y 18%).

La necesidad de hidratos de carbono para el ser humano es de cero. Es decir, no hay tal cosa como un hidrato de carbono esencial. Por el contrario, existen aminoácidos (de las proteínas) y ácidos grasos (de las grasas) esenciales. Es decir, debemos consumirlos sí o sí para nuestra subsistencia. La madre naturaleza, en su infinita sabiduría, no hizo tal cosa como un hidrato de carbono esencial.

Durante cientos de miles de años, nuestros ancestros practicaron la caza y el arreado, con una alimentación baja en carbohidratos. No necesariamente descartaban los carbohidratos o los consideraban poco saludables, probablemente fue más debido a que hemos pasado la mayor parte de nuestra historia evolutiva en condiciones de una era de hielo en las que los vegetales y frutas simplemente no estaban disponibles, y donde lo estaban, eran muy diferentes a las frutas y verduras disponibles hoy en día. El hecho es que nuestros cuerpos están diseñados, han evolucionado, para vivir y sobrevivir sin consumir carbohidrato alguno, mientras haya cantidades de nutritivas proteínas y grasas disponibles, y agua para beber. Estudios de excrementos humanos fosilizados de entre 300 mil a 50 mil años atrás, han revelado esencialmente una total falta de material vegetal en la alimentación de las muestras analizadas.

Además de esto, como lo explica Robb Wolf en su libro La solución Paleolítica, el análisis de los huesos de los habitantes del período paleolítico muestran que éstos tenían un desempeño físico envidiable por los más grandes atletas de alto rendimiento de hoy en día, lo que significa que uno puede desempeñarse perfectamente en el ámbito deportivo y atlético, manteniendo el estado de cetosis.

Para el lector interesado, SOTT recomienda fuertemente la lectura en el forocassiopaea.org del hilo Dieta Cetogénica: camino hacia la transformación, donde podrá conocer y aprender de la experiencia de quienes han experimentado con esta extraordinaria "forma de alimentarse".

También puede informarse más acerca de la Dieta Cetogénica leyendo estos artículos:

La cetosis es el estado fisiológico óptimo para el ser humano

¡Gracias Cetosis! (Parte 1)

¡Gracias Cetosis! (Parte 2)

¡Gracias Cetosis! (Parte 3)

De manera adicional recomendamos la lectura de nuestro Enfoque Sott sobre la dieta paleolítica,La dieta paleolítica revisada, y el libro La solución paleolítica de Robb Wolf.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El fraude del colesterol y otros consejos médicos perjudiciales para la salud.


Bacon n Eggs


"Se puede ganar dinero a costa de la gente sana haciéndola pensar que está enferma. Las compañías farmacéuticas esponsorizan enfermedades." Dr Moynihan R, British Medical Journal 2002
© desconocido
El colesterol es uno de los grandes pilares de la propaganda médica y alimentaria.

Existe una preocupante disociación entre lo que se está contando en la facultad de medicina y lo que dicen los propios estudios científicos. Aunque a través de los medios de comunicación sistemáticamente se induce a la gente a mantener bajos sus niveles de colesterol, existen varios estudios que alertan de exactamente lo contrario.

En la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, Petursson 2012 publicó un seguimiento a 57087 noruegos de entre 20 y 74 años de edad durante 10 años. Encontró que el colesterol bajo aumenta la mortalidad y que de ningún modo existe una asociación lineal entre los niveles plasmáticos de colesterol y las enfermedades cardiovasculares.

Entre mujeres la asociación lineal no solo es inexistente, sino que el colesterol moderadamente alto es cardioprotector y además se asocia con una disminución de la mortalidad por cualquier causa (es decir, tienen menos ingresos hospitalarios mortales por cualquier causa) (1).

Fonarow publicó en American Heart Journal 2007 un seguimiento de las hospitalizaciones por enfermedad cardiovascular en 541 hospitales entre 2000 y 2006, con lo que registró 231.986 ingresos. La mitad de los pacientes hospitalizados por enfermedad cardiovascular tenían el colesterol bajo, con lo que resulta inverosímil realizar una atribución causal entre el colesterol alto y el riesgo cardiovascular (2). Horwich en UCLA investigó la relación entre los niveles de colesterol plasmático y el riesgo de fallo coronario. Los niveles de colesterol alto se asociaron con los mayores índices de supervivencia y mejor pronóstico, mientras que los niveles más bajos fueron los que peor pronóstico y peor tasa de superviviencia mostraron (3). Lo mismo halló Rauchhaus en el Imperial College School of Medicine de Londres en pacientes con fallo cardíaco crónico (4).

"El 80% de las intervenciones en sanidad no tienen efectividad ni evidencia científica que lo respalde." Dr Smith R. 1991, British Medical Journal.
A medida que aumenta la edad, aumenta el riesgo cardiovascular, por lo que los estudios en personas mayores arrojan mucha luz.Bernard Forette en París documentó que las mujeres mayores de 60 años con el colesterol bajo tenían la mayor mortalidad de todas las mujeres analizadas, y las más longevas eran aquellas con los niveles de colesterol más altos (5). Otro estudio longitudinal en la Universidad de Hawaai realizado por Schatz 2001 en personas mayores muestra que los niveles bajos de colesterol de nuevo se asocian con mayor mortalidad por cualquier causa (6).

Esto mismo encontraron investigadores italianos del Laboratorio de Epidemiología y Bioestadística del Instituto Superior de Sanidad en Roma. En su estudio realizado en personas a partir de 65 años, son los niveles de colesterol total por debajo de 189mg/dL los que tienen mayor riesgo de mortalidad de todos los niveles registrados (7), y lo mismo advierte el Dr Kronmal en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Washington. Este investigador a partir de los datos del estudio Framingham en 5209 personas seguidas entre 1948 y 1980 encontró mayor riesgo cardiovascular con el colesterol elevado en aquellas peronas que lo tenían elevado a los 40 años de edad, pero dicho riesgo no existía entre los 50-70 años, y a partir de los 65 años, la disminución en los niveles de colesterol se correlaciona con un aumento del riesgo cardiovascular (8).

A nivel fisiológico, se ha tratado de relacionar el nivel de colesterol plasmático y la aterosclerosis, de nuevo con poca fortuna. Nicholls enJournal of the American College of Cardiology publicó un estudio sobre factores de riesgo cardiovasculares y el nivel de placa aterosclerótica en imágenes por ultrasonido intravascular. Halló que entre los factores de riesgo, el colesterol LDL no es predictor de la aterosclerosis coronaria (9). El colesterol además es un producto esencial para la integridad del sistema nervioso y de la membrana celular. Se han asociadoniveles bajos de colesterol con mayor incidencia de depresión clínica y conducta suicida (10),(11). También algunos autores han encontrado mayor incidencia de cancer con niveles bajos de colesterol (12),(13). Todo esto no supone ninguna novedad. Desde hace muchos años muchos autores han puesto en duda la validez de los hallazgos de los niveles de colesterol plasmático, aunque fueron convenientemente desoídos. Ya en 1961 se expusieron serias dudas en la correlación entre el colesterol y la ateroesclerosis (14).

Estatinas y ensayos clínicos

Aunque probablemente las estatinas tengan algún lugar dentro de algún grupo de riesgo concreto, contextualicemos todo lo que rodea a estos fármacos. En primer lugar, existe un problema documental y metodológico de los ensayos clínicos, financiados y teledirigidos por la industria farmacéutica y también por la industria alimentaria que arrojan conclusiones a gusto del patrocinador. Por un lado, existe un sesgo intrínseco en la literatura científica: los ensayos que no arrojan los resultados esperados no interesan y por lo tanto a menudo no se publican. Esto crea un sesgo de base, ya que los investigadores o médicos que entran a leer estudios, solo se encuentran con los estudios positivos.

Bero 2007 en la Universidad de California analizó 192 ensayos clínicos aleatorios sobre estatinas, revisados y publicados en revistas médicas. Para empezar encontró que solo el 37% eran ensayos que declaraban públicamente no haber sido financiados por farmacéuticas. Y lo más interesante, aquellos estudios financiados por farmacéuticas eran 20 veces más favorables en términos de probabilidad que los no financiados, y tenían 35 veces más probabilidades de darle a las conclusiones una "literatura" favorable. Encontró cegamientos inadecuados, seguimientos inadecuados, y toda clase de chapuzas y despropósitos (15).

Cochrane, la base de datos científica más respetada y metodológicamente sólida del mundo, concluye en la misma línea: los resultados de las revisiones financiadas por la industria farmacéutica son el doble de favorables que las que no reciben financiación (16). Pitkin 1999 encontró que hasta un 68% de los resúmenes (abstract) de artículos científicos de las revistas médicas más prestigiosas (BMJ, Lancet, etc) son inconsistentes con el análisis de datos del artículo científico (17). Ward 2004 clasificó al 60.5% de los resúmenes científicos como deficientes, el 25% presentaban omisiones y el 33% eran imprecisos (18). Varios son los autores han mostrado su preocupación por los estudios llevados a cabo en los últimos años con las estatinas, y por las conclusiones de los cardiólogos teledirigidas por la industria farmacéutica (19).

A pesar de la presión corporativa, se han documentado serios problemas con los fármacos para disminuir el colesterol. Hecht 2003 estudió el efecto de disminuir el colesterol LDL a base de estatinas en la progresión de la placa aterosclerótica de 182 pacientes durante más de un año. A pesar de disminuir los niveles de colesterol LDL de forma notable, no halló disminución alguna en la progresión de aterosclerosis(20).

Kame C en la Universidad de Kyushu en Japón encontró que la disminución farmacológica del colesterol desde 240-259 mg/dl hasta 160-199 mg/dl condujo a un incremento de la mortalidad total en población japonesa (21).

En la Clínica Mayo en Minnesota, Culver y Ockene encontraron que las estatinas incrementan el riesgo de diabetes (22). La diabetes, al contrario que el colesterol, no ofrece ninguna duda de que aumenta el riesgo de padecer una cardiopatía, y aumenta el riesgo de múltiples enfermedades asociadas, entre ellas el cáncer. Así que al riesgo intrínseco de disminuir el colesterol en diversas poblaciones, hay que sumar el riesgo diabetogénico de las estatinas para computar el riesgo coronario total.

Pero además, hay una variedad notable de riesgos asociados. Westover 2011 en la Escuela de Medicina de Harvard ha documentado que enpacientes con riesgo de hemorragia cerebral ven aumentado el riesgo de hemorragia con el uso de estatinas (23). Investigadores de la Universidad de Nottingham encontraron que las estatinas incrementaban el riesgo de disfunción hepática, fallo renal, miopatía y cataratas (24).

El colesterol regula la comunicación neuronal y las estatinas inhiben la función cerebral regulando a la baja la síntesis de colesterol en el cerebro, y disminuyendo la regulación protéica que induce la neurotransmisión (25). Además se ha encontrado desde pérdida de memoria, hasta disfunción eréctil en un 12% de los que recibieron un tratamiento con estatinas (26). Cochrane, la base de datos científica más respetada del mundo concluye que no existe evidencia científica para recomendar estatinas en personas sin historia previa de patología cardíaca, y que los estudios están potencialmente alterados: "Unclear, selective and potentially biased reporting. All but one of the trials reviewed were industry-sponsored. There is not enough evidence to recommend the widespread use of statins in people with no previous history of heart disease(27).

El secreto de todo esto es que para cuando se evalue adecuadamente todo esto, habrán pasado décadas de ventas masivas de estatinas y sesgos financiados en la investigación.

"Los huevos son malos porque tienen colesterol"

Ya hemos dicho que el colesterol alimentario no se relaciona en la mayoría de las personas con los niveles de colesterol plasmático(Fernandez 2010 y otros), porque este último conlleva un proceso de autorregulación endógena que precisamente, se regula al alza en ausencia de colesterol alimentario. Una alta ingesta de colesterol en los alimentos conduce a una disminución neta de la producción endógena y viceversa, por lo que la recomendación de restringir el colesterol dietético no se sustenta tan fácilmete. Los huevos son bastante más que colesterol, y disponen de numerosas moléculas, entre ellas, las suficientes como para evitar por ejemplo la peroxidación lipídica. Pero dejemos las teorías a nivel metabólico y veamos lo que ocurrió cuando se hicieron ensayos clínicos controlados.

En un estudio de la Universidad de Connecticut, durante 12 semanas se les dió a pacientes obesos 3 huevos al día junto con una dieta baja en carbohidratos. El resultado es que la ingesta de 3 huevos diarios redujo el colesterol LDL -supuestamente malo- y aumentó los niveles de HDL, supuestamente bueno (28).

Otro estudio publicado en International Journal of Cardiology mostró que dos huevos diarios durante 6 semanas no alteraron los valores de colesterol plasmático, ni la función endotelial de la arteria braquial (29). En otro estudio transversal en la Universidad Estatal de Michigan se comparó gente que ingirió 4 o más huevos por semana con aquellos que ingirieron menos de 1. Aquellos que ingirieron 4 o más huevos tenían niveles más bajos de colesterol plasmático (30). Una revisión de McNamara de 167 estudios nutricionales administrando colesterol dietético en más de 3500 sujetos muestra que los cambios plasmáticos son de aproximadamente 2.2mg/dL por cada 100 mg con poco cambio en el ratio HDL/LDL y la epidemiología no muestra por ningún lado que el colesterol dietético sea responsable de incidencia de cardiopatías o mortalidad incrementada (McNamara DJ 2000). Lo mismo ocurre con los índices de aterogenicidad (Fernandez ML 2006). ¿De dónde salieron las recomendaciones en masa de restringir el consumo de huevos?

"El colesterol Hdl es el colesterol bueno, y el Ldl el malo"

Está ampliamente difundido que existe un colesterol "malo" (LDL) y un colesterol "bueno" (HDL). Ancelin en el Centro Hospitalario de Montpellier en Francia encontró en su estudio que son precisamente los niveles bajos de colesterol "malo" (LDL) los que se correlacionan con un riesgo doble de padecer depresión en el hombre, y lo contrario en la mujer (31).

Corsetti en la Universidad de Rochester encontró que el colesterol HDL alto se asocia positivamente como predictor de riesgo cardiovascular en ciertos subgrupos de pacientes (32). Lo mismo ha hallado Säemann en Viena. En pacientes sometidos a diálisis renal se halló que el HDL amplificó las reacciones inflamatorias y que podría explicar la inflamación crónica asociada con el riesgo cardiovascular (33).

Varios estudios han demostrado que bajo ciertas circunstancias asociadas a estrés oxidativo e inflamación (nexo común de la mayoría de enfermedades crónicas, desde las cardiopatías, a la diabetes o al cancer), el colesterol HDL es un factor proinflamatorio y prooxidante, por lo que niveles altos podrían aumentar la severidad de ciertas patologías. Algunos autores lo han llamado HDL disfuncional (Guo ZG 2012). Debido a la creencia de que el HDL es el "colesterol bueno", varias farmacéuticas se lanzaron a introducir fármacos que aumenten los niveles de estas lipoproteinas. Torcetrapib de Pfizer logró su propósito de incrementar el colesterol HDL, y lo que sucedió es que aumentó el riesgo cardiovascular. Lo mismo ha sucedido con fármacos de otras marcas, lo que añade mayor contundencia a la interpretación desafortunada del colesterol (34)

"Siga una dieta estricta baja en sal"

Otra recomendación ampliamente extendida en la consulta del médico. Veamos qué sucede cuando la gente lleva una dieta baja en sal.

En la Universidad de McMaster usando datos de 30.000 personas seguidas durante 5 años, los investigadores mostraron que el menor perfil de riesgo cardiovascular entre personas diabéticas y en prevención cardiovascular secundaria lo forman sujetos con ingestas de sodio estimadas entre 4 y 6 gramos diarios. La excreción de sodio medida en orina en ayunas menor de 3 gr/día se correlaciona con una mortalidad cardiovascular aumentada, y con mayor incidencia de hospitalizaciones. Contrariamente, se encontró cardioprotector una mayor excreción de potasio en orina (ODonell 2011).

Así que resulta que precisamente aquellas personas con alguna enfermedad cardiovasular o con diabetes no deben tener un consumo bajo de sodio. Sin embargo esto no se arregla con el salero. Normalmente la gente restringe alimentos ricos en sal, por lo que es posible que se creen dietas deficientes o poco equilibradas de nutrientes que acompañan a los alimentos ricos en sal, además del sodio en sí. Por lo tanto, más que comprar un salero: quizás debas introducir parte de los alimentos que te prohibió el médico o aquel libro tan "sano" de dietas bajas en sal.

Discrepancia entre los consejos médicos y la evidencia científica

En un estudio publicado en British Medical Journal, encontraron que sólo el 6% de las afirmaciones que realiza la industria farmacéutica sobre sus productos en campañas publicitarias, son afirmaciones con base científica, econtrando que el 94% no tienen evidencia científica que lo sustente (Tuffs 2004, BMJ). Journal of the American medical Association publicó que las farmacéuticas gastaban de media unos 10.000 euros al año en cada médico para convencerles de que vendieran sus fármacos, que es más dinero que el que dedican a investigación.

En Estados Unidos, entre 1992 y 2003, el abuso de fármacos prescritos por médicos creció 5 veces más de lo que lo hizo el abuso de cocaína (Califano, National Center on Addiction and Substance Abuse, Columbia University). Estamos hablando de ciencias aplicadas, por tanto financiables y teledirigibles a los intereses empresariales, que en el caso de la industria de la salud son multimillonarios.

Conclusión

Llegada cierta edad hay que cuidar el colesterol... pero parece que hay que cuidar que no esté bajo! 

Esta es la historia de un engaño masivo, bombardeado a diario en televisión. Cualquier problema de salud trata de "solucionarse" medicalizándolo a menudo con pastillas cuyo efecto global sobre la salud es desconocido. Como se hace a gran escala, y lo realizan señores de clase noble con traje y corbata que cuentan con estrechos lazos con la política en nombre de la salud, no computa como fraude.

Algún lector estará pensando que, a pesar de todo, los avances en salud son incontestables. No es así, a pesar de la ciencia ficción del laboratorio de Craig Venter que no se traduce a la medicina común tan fácilmente. Según la pripia OMS, en los próximos 20 años, a pesar de más pastillas, análisis diagnósticos y más médicos por habitante que nunca, la diabetes se va a DUPLICAR hasta los 700 millones de personas. Las tasas de cancer siguen igualmente aumentando, al igual que la mayoría de enfermedades crónicas. Es lo que sucede cuando deliberadamente se educa a la gente a que su salud tiene algo que ver con la medicina y con comprar pastillas.

El famoso economista Kenneth Galbraith decía que en la facultad de economía se aprende lo que se hace con el dinero, pero jamás se cuenta lo que es el dinero en sí, de donde sale y quien lo crea, y la historia objetiva, pasada y presente, turbia, mafiosa y sonrojante que lo rodea. El siglo XXI trae un reto y una responsabilidad: decidir bien donde informarse, porque el 90% de la información circulante es propaganda. Especialmente la que parece más formal y habitualmente difundida por canales clásicos. Desde el sistema educativo a la televisión.

Respecto a las empresas de alimentación que están tratando de manipularte con propaganda basada en el miedo para que compres sus productos, tan fácil como no volver a comprarlas en la vida.

Este artículo de ningún modo constituye consejo médico a nivel personal. Si crees que este artículo es importante, por favor, difúndelo!

Comentario: Para más información vea nuestros enfoques Sott La dieta paleolítica revisada y La epidemia de obesidad, cortesía de la industria agrícola.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Quieres acelerar tu metabolismo y quemar más grasa? activa tu grasa parda


En algún momento del camino, parecemos haber confundido la comodidad con la felicidad' .- Dean Karnazes
'Ningún hombre es más infeliz que el que no ha sufrido adversidad, porque muere sin probarse a si mismo' .- Séneca
Muchos de los inventos que contribuyen a lo que llamamos progreso son en realidad más capas de aislamiento entre nosotros y la naturaleza. Con frecuencia, el objetivo de estas capas adicionales es hacernos sentir más 'cómodos'. No hay nada malo con la comodidad per se, pero cuando sentirse cómodo es nuestro objetivo de vida, perdemos algo valioso.

El problema con esta persecución continua de la comodidad, es que cuanto más nos aislamos de la naturaleza, cuanto más dependemos de apoyos externos para realizar actividades que nuestro cuerpo podría hacer por si mismo, más sufre nuestra salud.

Como he explicado alguna vez, somos hijos del hielo. Pasamos buena parte de nuestra evolución en el último período glacial, que empezó 110.000 años atrás y terminó hace sólo 10.000. Nuestro cuerpo no sólo está bien adaptado al frío, sino que lo espera.

Al 'eliminar' el invierno (con plumones, ropa térmica, calefacción central, asientos de coche calefactados, zapatos de suela gruesa...) nos desconectamos de uno de los elementos con los que evolucionamos, el 'estrés térmico'. Y cada vez hay más evidencia de que esto juega un papel relevante en la epidemia de obesidad de las últimas décadas (estudios).

Siempre va a ser un factor secundario si lo comparamos con la alimentación y el ejercicio física, los dos pilares fundamentales, pero es una pieza más del puzle de nuestro bienestar.

Nuestro cuerpo prospera con más variabilidad, menos rutina. En el ejercicio, en la comida, y también en la temperatura.

Antes de entrar en materia, exploremos algunos beneficios comprobados de la exposición al frío:
  • Mejora la quema de grasa y absorción de glucosa por parte de los músculos (estudio), gracias en parte a la mayor activación de la hormona adiponectina ante la exposición al frío (estudio). Niveles bajos de esta hormona están ligados a obesidad, diabetes, y másenfermedad cardiovascular (estudio).
  • Fortalece el sistema inmunológico (estudio): Si bien es posible que una exposición prolongada al frío debilite la función inmunológica (hay controversias al respecto), parece claro que exposiciones cortas e intensas lo robustecen (estudioestudio), a la vez que aumentan la presencia de ciertos antioxidantes, como el glutatión (estudio).
  • Alarga la longevidad de las células, previniendo la ruta mTOR e incentivando la autofagia (eliminación de la 'basura metabólica' de las células), de manera similar a lo que se logra con ayunos intermitentes. Muchos de los estudios que existen todavía son en ratones, pero es una línea de investigación prometedora.
  • Disminuye el dolor asociado a diferentes condiciones, como la artritis (estudio), a través de la estimulación de la noradrenalina (estudio).
  • Mejora síntomas de depresión leve (estudio).
Esto no quiere decir que sea mala idea resguardarse de los elementos, pero debemos tener también exposiciones breves e intensas (algo como intervalos de alta intensidad de frío).

En cursos de supervivencia te enseñan la regla de los 3. Tu vida corre peligro después de 3 minutos sin oxígeno, 3 horas sin refugio (a bajas temperaturas), 3 días sin agua, 3 semanas sin comida.

Es decir, para tu cuerpo, después de obtener oxígeno, mantener la temperatura corporal es lo más importante. Necesita esos 36.5ºC (+/- 1ºC), y cualquier desviación pequeña representa una alarma. Por eso tiene mecanismos para mantener ese rango térmico a toda costa, y la activación periódica de estos mecanismos es beneficiosa. Si nunca se activan, se atrofian, y en los últimos años hemos descubierto una interesante relación entre la exposición al frío y nuestro metabolismo.

Parece obvio pensar que si expones tu cuerpo al frío, éste debe quemar calorías para mantener la temperatura interna. Nadie discute que así sea. Muchos 'expertos' opinan sin embargo que no es una cantidad suficiente como para ser significativa. ¿Pasar 1 hora a cero grados para quemar 100 calorías? ¿el equivalente a una manzana?). Sé que la respuesta es "No, gracias".

Pero una vez que nos olvidamos de la famosa fórmula que ciega a tanto 'experto' (calorías ingeridas menos calorías quemadas), los beneficios de la exposición al frío van mucho más allá de las calorías que se queman en el momento, y tienen mucho más que ver con los cambios metabólicos (como siempre), concretamente con la acción de dos elementos:
  • Adiponectina, que como vimos antes tiene un efecto anabólico y favorece la quema de grasa.
  • La activación del tejido adiposo marrón (o grasa parda), que es el tema de hoy. Sé que cuando oyes hablar de grasa la pregunta suele ser '¿cómo la elimino?', pero en este caso preguntarás '¿cómo puedo tener más?!'.
Grasa parda

La grasa parda, grasa marrón o tejido adiposo marrón, es un tipo de grasa muy especial, cuya misión principal es producir calor, lo que consigue a través de sus numerosas mitocondrias.

La gracia de este tipo de grasa es que puede generar energía saltándose los sistemas energéticos de nuestro cuerpo, tomando directamente grasa (blanca) y glucosa para producir calor, sin producción de ATP, de ahí que también se le conozca coloquialmente como 'grasa quema-grasa'.

Cuando nacemos, tenemos una cantidad importante de grasa parda. Es lógico, ya que los bebés son incapaces de tiritar o moverse para escapar del frío, y la naturaleza los dotó de este mecanismo para mantener la temperatura.

Durante mucho tiempo se pensó que los adultos perdían completamente la grasa parda. Estudios recientes demuestran que no es así (hombresmujeres). Conservamos cierta cantidad de este tipo de grasa (las mujeres más), concentrada en el cuello, espalda alta, y pecho.

Y lo más interesante es que exposiciones controladas al frío no sólo activan esta grasa marrón, sino que se cree que es posible desarrollar más (estudio). La cantidad de grasa marrón que tiene un individuo juega un papel relevante en la tasa metabólica basal, es decir, en la cantidad de calorías que utiliza el cuerpo en reposo (estudio).

Algunas estimaciones (estudio) apuntan a que sólo 50 gramos de grasa parda puede representar hasta el 20% del gasto energético de un adulto. Nada mal.

Si bien la activación y desarrollo de nueva grasa parda se logra con exposición al frío, su efecto va mucho más allá, y estudios recientesindican que la grasa parda permite disipar buena parte de las calorías excedentes en forma de calor, evitando que se acumulen como grasa normal. Uno de los efectos que nota mucha gente que realiza terapias de frío es que su cuerpo tiende a generar más calor durante el día, es decir, aumenta el metabolismo.

Por otra parte, múltiples estudios demuestran una correlación inversa entre cantidad de grasa marrón y grasa visceral e índice de masa corporal (estudioestudio).

Parece que (al menos en ratas) el ayuno (estudio) y el ejercicio (estudio) pueden aumentar la actividad de la grasa parda, pero en cantidades muy inferiores a su principal disparador, la exposición al frío, conocida formalmente como termogénesis inducida por el frío.

Divirtiéndose con la termogénesis inducida por el frío

El frío, al igual que muchos de los estresores de los que hablamos generalmente: ayunos intermitentes, ejercicio, exposición a bacterias (otro día tocaremos este tema)... genera una adaptación positiva, a través de un concepto denominado hormesis. Este término se origina en el mundo de la toxicología, pero aplica a muchos procesos biológicos. Podríamos resumirlo como la habilidad de un organismo de fortalecerse cuando es sometido a estrés. ¿Recuerdas cómo crecen tus músculos? es otro ejemplo de este mismo principio.

Suficiente teoría. Imagino que ya quieres saber cómo empezar a disfrutar de todos los beneficios asociados a desafiar tu miedo al frío. Como siempre, debes empezar poco a poco. Enumero varias alternativas, de las más sencillas, a las más extremas. Avanza a tu ritmo.

Menos ropa, menos calefacción

De vez en cuando, sal con menos ropa en invierno. No digo que pases horas en la nieve en ropa interior (recuerda la regla de las 3 horas sin refugio), pero un paseo de 20-30 minutos con ropa ligera (en vez de enrollado bajo varias capas de tejido) facilitará una adaptación positiva al frío.

Entrena al aire libre en invierno. Varios estudios demuestran mayor pérdida de grasa en estas condiciones (estudio).

Baja la calefacción. Apágala de vez en cuando. No se trata de que estés tiritando en la habitación, pero una leve piel de gallina es saludable (también para tu bolsillo).


Michael Phelps
Sumérgete, nada

La conductividad del agua es varias veces mayor que la del aire, por lo que es mucho más eficiente a la hora de 'extraer' el calor de tu cuerpo, generando mayor activación de la grasa parda.

Habrás oído que Phelps consume 12.000 calorías. Es imposible quemar esas calorías por muchas horas que nade al día (y según la foto parece que no las acumula como grasa). Buena parte de su gasto calórico se va en mantener la temperatura corporal bajo el agua.

Lo ideal es nadar en el mar o en un lago. Si no es posible, la piscina es otra opción. Intenta que el agua no supere los 20-24ºC. Por desgracia, muchas piscinas climatizadas están más cerca de los 30º.

Duchas frías

En la mañana, termina tu ducha normal con 2-3 minutos de agua fría, con foco en la espalda y cuello. No sólo despertará tu cerebro más rápido que una inyección en vena de cafeína, sino también tu grasa parda durmiente.

Recuerda que también mejora tus niveles de testosterona.

Como fase previa para la adaptación al frío, algunos expertos recomiendan sumergir la cara en agua helada durante 5 minutos al día. No te olvides de tomar algún descanso para respirar (regla de los 3 minutos sin oxígeno... ).


Chaleco de hielo
Aplica hielo

Ponte una bolsa de hielo, por ejemplo enrollada en una toalla, detrás del cuello, mientras lees, estudias, ves la televisión. 20-30 minutos es suficiente.

También puedes probar con un 'chaleco de hielo', pero quizá es un poco excesivo.

Baños de hielo

Algunas personas hablan maravillas de los baños de hielo. Personalmente creo que hay una línea entre incomodidad y dolor que debe cruzarse sólo si sabes lo que haces. Agua a menos de 10ºC, o aire a menos de 0º, puede ser peligroso para los no iniciados (el veneno está en la dosis).

Si te animas, empieza sumergiéndote hasta la cintura en agua con hielo (10-15ºC), 2-3 veces a la semana durante 10 minutos. Cuando te acostumbres a esto, prueba a sumergirte hasta el cuello.

Baño de hielo
Lo que afirman los amantes de esta técnica (reconozco que no soy uno de ellos), es que cada vez pueden aguantar más tiempo, o con agua más fría, sin tiritar. La explicación es que la adaptación logra activar por más tiempo la grasa parda, antes de pasar a la siguiente línea de defensa, los escalofríos, en la que el cuerpo contrae rápida y repetidamente los músculos para generar calor.

Si quieres experimentar, adelante, pero empieza gradualmente. Y quizá antes de que te des cuenta, serás como Wim Hof, el hombre de hielo.


Estar cómodo estando incómodo

Como decía al principio, tenemos excesivo miedo a la incomodidad, a salir de nuestra (cada vez más estrecha) zona de confort. Nuestro cuerpo prospera cuando es sometido a adversidades físicas de manera frecuente (pero no crónica). Los beneficios van más allá de lo físico. La adversidad fortalece también tu mente. Sólo saliendo de tu zona de confort puedes conocerte a ti mismo, y progresar.

Debemos exponernos a los elementos (en su justa medida), al calor y al frío, en vez de depender constantemente del termostato de nuestros habitáculos.

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