Mostrando entradas con la etiqueta adolf hitler. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adolf hitler. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de noviembre de 2013

Speed y cocaína, el fármaco secreto de Hitler


El nuevo libro de Guido Knopp aporta datos inéditos

© German Federal Archives
Adolf Hitler y Eva Braun
El último estudio, publicado por el New York Times en marzo de este año, cifraba en más de 15 millones el número de víctimas del Holocausto nazi. 30.000 campos de trabajo forzado, otros 980 de concentración, 1.150 guetos... datos estremecedores que hace que muchos sigan buscando una explicación. Entre las muchas excusas que han sido publicadas siempre ha tenido mucho peso un posible trastorno bipolar de Adolf Hitler, que le hizo cometer semejantes crímenes. Ahora el libro de Guido KnoppSecretos de la Segunda Guerra Mundial(Editorial Crítica), bucea en los historiales médicos del Führer y en las declaraciones de aquellos que convivieron con él para mostrar hasta qué punto la salud (física y mental) del dictador influyó en sus decisiones.

A pesar de todos los datos ofrecidos sobre el delicado estado de Hitler, el libro concluye, citando a los investigadores Hans Joachim NeumannHenrik Eberle, que ni sus enfermedades, ni las drogas, ni los medicamentos fueron detonantes de su psicopatía, sino que era su propia personalidad primaria la que era así, "Hitler sabía lo que hacía y lo hizo con orgullo y entusiasmo". Y eso que según el libro por su cuerpo pasaron un gran número de sustancias ilegales.

Según la documentación recogida por Knopp, Hitler desarrolló una adicción a las pastillas que su doctor, Theodore Morell, le recetaba. Estas estaban compuestas de Pervitin, una metanfetamina hoy conocida como Speed. Este consumo prolongado agravaron su enfermedad de Párkinson e incluso provocaron en él un empeoramiento de su trastorno bipolar y el aumento de sus ideas paranoides. Una de los efectos secundarios de esta droga.

© German Federal Archives
Adolf Hitler en 1932
El consumo de Pervitin era muy popular entre los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial, ya que ayudaba a dejar atrás los miedos y aumentaba el rendimiento físico, pero parece que los dirigentes alemanes también sucumbieron a su encanto. En el caso de Hitler debido a la confianza ciega que tenía en su doctor. Las secretarias del Führer, Christa Schroder y Traudl Junge, aseguraron después de su muerte que su jefe era adicto a Theodore Morell y que cada vez dependía más de aquella medicina que se producía especialmente para el dictador.

Esta no fue la única droga que consumió Hitler. Según el libro la cocaína fue la segunda de las sustancias que probó debido a sus achaques físicos. En este caso fue el doctorErwin Giesing el que para aliviar los dolores provocados por el atentado sufrido por el líder alemán el 20 de julio de 1944, le hizo tomar una solución al 10% de cocaína. Esta información es extraída del Informe de la asistencia médica que el propio médico escribió y en el que cuenta cómo el resultado fue sorprendente, ya que no sólo mejoró su estado físico, sino que pidió que se le administrara un par de veces por día.

Giesing volvió a facilitarle una nueva dosis, y al ver cómo le tranquilizaba pensó que ese era el momento en el que podría acabar con su vida. Una conmoción por sobredosis podría ser la forma de terminar con el mayor asesino de la historia de la humanidad. Cuando el médico consiguió el valor suficiente para introducir el bastoncillo de algodón impregnado de cocaína en la nariz de Hitler uno de sus asistentes irrumpió en la escena impidiendo un acontecimiento que hubiera cambiado el curso de la historia.

El testimonio escrito por Erwin Giesing nunca ha podido confirmarse y muchos investigadores han puesto en duda su veracidad. Principalmente porque sus declaraciones se producen siendo prisionero estadounidense, por lo que podría haber mentido y fantaseado con un posible atentado para escapar de una sentencia más dura.

Además de estas sustancias Hitler también consumía inyecciones de testosterona desde 1943. Recetadas por su incondicional médico, Morell, estas tenían la finalidad de aumentar su potencia sexual y su aplicación coincidía con los encuentros con su amante Eva Braun.

Gases, eccemas y ceguera

A pesar de la energía que desprendía en sus apariciones públicas la salud de Adolf Hitler siempre fue un tema que preocupó a sus médicos. Desde el final de la Primera Guerra Mundial estuvo afectado por calambres en el intestino que le provocaban serios dolores y gases (de los cuales se avergonzaba) que sólo consiguió paliar Theodore Morell. De aquí nació el especial vínculo entre ambos, a pesar de que el resto del círculo de confianza del dictador despreciara al doctor.
© German Federal Archives
Adolf Hitler con sus compañeros en la I Guerra Mundial
A estos problemas hay que sumar su mala visión. A su hipermetropía se sumó una ceguera temporal provocada al verse afectado por gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial. Fuentes médicas opinaron que más que el propio gas fue el trauma por el conflicto bélico lo que hizo que Hitler perdiera la vista temporalmente durante tres días.

Por si todo esto fuera poco en 1941, tras discutir con su Ministro de Exteriores, Adolf Hitler sufrió un amago de paro cardiaco. Por ello se somete a dos electrocardiogramas que son mandados al especialista Karl Webber que pronto diagnosticó una esclerosis de los vasos coronarios.

Secretos de la Segunda Guerra Mundial desmonta también uno de los rumores más extendidos de la figura del dictador: que sólo poseía un testículo. La leyenda dice que el Führer lo perdió en el campo de batalla, algo que no pudo ocurrir ya que Hitler siempre se mantuvo en el servicio de correos, alejado de la primera línea de combate. Se termina así con una teoría que incluso provocó un canto de ánimo entre los soldados británicos que decían: "Hitler had only got one ball, the other is on the kitchen wall (Hitler sólo tiene un testículo, el otro está en la pared de la cocina)".

lunes, 28 de octubre de 2013

Los descendientes de Hitler que pactaron no tener hijos para desaparecer el linaje del 3er Reich



William Hitler, sobrino de Adolf, en EUA
La carga histórica del apellido Hitler morirá con los tres últimos descendientes de su línea paterna. 

El apellido Hitler lleva en sí la marca de un pasado dolorosamente reciente: como el nombre de Judas o Calígula, Hitler deja de ser un nombre propio para convertirse en un parámetro del mal, que mediante sucesivas apropiaciones y reapropiaciones históricas deja poco lugar para el personaje histórico y contiene - pues que eso hacen irremediablemente las palabras - siempre más de lo que dice.

¿Cómo, pues, llevar el apellido Hitler? La supervivencia de su línea de sangre se remonta a cinco miembros actuales: Peter Raubal y Heiner Hochegger, hijos de la media hermana de Adolf, Angela Hitler, y Alexander, Louis y Brian Stuart-Houston, hijos de otro medio hermano, Alois Hitler Jr.

Jean-Marie Loret, nacido en 1918 y muerto sin descendencia en 1989 fue convencido por su madre de que su padre era Adolf Hitler, pero luego de pruebas de ADN se demostró que esto no era cierto, por lo que se ha descartado que Hitler tuviese descendencia directa. ¿Pero qué hay de los demás miembros de la familia?

Peter Raubal tiene 82 años al día de hoy, es ingeniero retirado y a su edad no parece tener planes de procrear una familia. Heiner Hochegger está en una situación similar, a los 68. Los hermanos Stuart-Houston viven en Estados Unidos y son descendientes de William Hitler, viviendo en un retiro autoimpuesto y evitando a los "cazahitlers" que durante años han tratado de saber qué se siente ser uno de los últimos descendientes de su trístemente célebre tío abuelo Adolf.

Luego de tratar de chantajear infructuosamente a su tío Adolf (e incluso haciendo giras por Inglaterra y la Alemania previa a la 2a Guerra Mundial con el fin de ganar dinero a costa suya), William Hitler cambió su apellido a Stuart-Houston y se exilió en Nueva York, donde se nacionalizó e incluso sirvió bajo los Aliados durante la guerra. Fue herido en batalla, pero como sus descendientes se enterarían, la herida más dolorosa fue llevar el nombre Hitler.

Alexander, Louis y Brian Stuart-Houston tienen entre 48 y 64 años, y aunque dados los avances médicos de nuestros días no sería del todo impensable que procrearan, los tres han hecho un pacto tácito de no hacerlo. David Gardner, autor del libro The Last of the Hitlers, encontró a los hermanos Stuart-Houston durante los 90, y explica en qué consiste el acuerdo de terminar con la línea de sangre del temido Führer:
"Ellos no firmaron un pacto, sino lo que hicieron fue hablar entre ellos, hablar sobre la carga que todos tenían respecto al pasado en sus vidas, y decidieron que ninguno de ellos se casaría, [que] ninguno de ellos tendría hijos. Y ese es un pacto que han conservado hasta este día."
Por otra parte, los Hytler, Heidler y Hüttler son parientes lejanos de los padres de Adolf por línea paterna. Algunas familias viven en Austriatodavía.

lunes, 18 de febrero de 2013

En Alemania, amazon utiliza guardias neonazis para controlar a sus trabajadores inmigrantes


© Desconocido
La situación laboral en el mundo es siempre crítica, sobre todo en las condiciones contemporáneas que tienden a escamotear derechos y obtener de ahí un reducción de costos de producción y, por lo tanto, un margen más amplio de ganancia. Este es, en términos generales, el fundamento de la explotación laboral, que se manifiesta lo mismo en China que en Malasia o en los campos de cosecha de Estados Unidos.

Y, contrario a lo que se pueda creer, no hay país por supuestamente "avanzado" que esté, que se encuentre exento de esto.

En Alemania, por ejemplo, Amazon se encuentra en medio de un escándalo laboral luego de que el canal de televisión ARDdifundiera un documental en el que muestra cómo más de 5 mil empleados temporales, todos ellos inmigrantes que trabajan en los centros de empaque y distribución de la filial local de la compañía, están custodiados y controlados por personal de seguridad ligado con la ideología y prácticas neonazis, entre estas, el uso de uniformes negros y de corte de cabello y botas tipo militar. Y por si esto no bastara, Amazon contrató a estas personas - adscritas a la empresa HESS Security, nombre que inevitable e inmediatamente hace pensar en Rudolf Hess, uno de los hombres de mayor confianza de Adolf Hitler - para cuidar a los inmigrantes también en los hoteles donde estos pernoctan.

De acuerdo con testimonios recogidos por los realizadores del documental, los hombres de HESS se caracterizan por su hostigamiento hacia los trabajadores, cateando sus dormitorios y las áreas comunes del lugar donde residen, diciéndoles que ellos son ahí la policía e incluso echándolos del hostal cuando incurren en un comportamiento que no les parece adecuado.

En el video presentado, varios de estos guardias portan ropa de la marca Thor Steinar, de origen berlinés y francamente identificada con posturas políticas de extrema derecha, tanto que la liga de fútbol local, la Bundesliga, y el parlamento alemán prohibieron su uso por su relación con el ámbito neonazi. Paradójicamente, Amazon también dejó de vender productos de Thor Steinar por estas mismas razones desde 2009.

En un comunicado oficial, Amazon se defendió diciendo que la contratación de los servicios de HESS no fue hecha directamente por la empresa, pero aun así se ha iniciado ya una investigación al respecto.

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

 0:14: 🔥 El coronel Douglas McGregor advierte sobre la situación peligrosa en la que se encuentra Israel y la falta de apoyo de Estados Uni...