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miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Quieres acelerar tu metabolismo y quemar más grasa? activa tu grasa parda


En algún momento del camino, parecemos haber confundido la comodidad con la felicidad' .- Dean Karnazes
'Ningún hombre es más infeliz que el que no ha sufrido adversidad, porque muere sin probarse a si mismo' .- Séneca
Muchos de los inventos que contribuyen a lo que llamamos progreso son en realidad más capas de aislamiento entre nosotros y la naturaleza. Con frecuencia, el objetivo de estas capas adicionales es hacernos sentir más 'cómodos'. No hay nada malo con la comodidad per se, pero cuando sentirse cómodo es nuestro objetivo de vida, perdemos algo valioso.

El problema con esta persecución continua de la comodidad, es que cuanto más nos aislamos de la naturaleza, cuanto más dependemos de apoyos externos para realizar actividades que nuestro cuerpo podría hacer por si mismo, más sufre nuestra salud.

Como he explicado alguna vez, somos hijos del hielo. Pasamos buena parte de nuestra evolución en el último período glacial, que empezó 110.000 años atrás y terminó hace sólo 10.000. Nuestro cuerpo no sólo está bien adaptado al frío, sino que lo espera.

Al 'eliminar' el invierno (con plumones, ropa térmica, calefacción central, asientos de coche calefactados, zapatos de suela gruesa...) nos desconectamos de uno de los elementos con los que evolucionamos, el 'estrés térmico'. Y cada vez hay más evidencia de que esto juega un papel relevante en la epidemia de obesidad de las últimas décadas (estudios).

Siempre va a ser un factor secundario si lo comparamos con la alimentación y el ejercicio física, los dos pilares fundamentales, pero es una pieza más del puzle de nuestro bienestar.

Nuestro cuerpo prospera con más variabilidad, menos rutina. En el ejercicio, en la comida, y también en la temperatura.

Antes de entrar en materia, exploremos algunos beneficios comprobados de la exposición al frío:
  • Mejora la quema de grasa y absorción de glucosa por parte de los músculos (estudio), gracias en parte a la mayor activación de la hormona adiponectina ante la exposición al frío (estudio). Niveles bajos de esta hormona están ligados a obesidad, diabetes, y másenfermedad cardiovascular (estudio).
  • Fortalece el sistema inmunológico (estudio): Si bien es posible que una exposición prolongada al frío debilite la función inmunológica (hay controversias al respecto), parece claro que exposiciones cortas e intensas lo robustecen (estudioestudio), a la vez que aumentan la presencia de ciertos antioxidantes, como el glutatión (estudio).
  • Alarga la longevidad de las células, previniendo la ruta mTOR e incentivando la autofagia (eliminación de la 'basura metabólica' de las células), de manera similar a lo que se logra con ayunos intermitentes. Muchos de los estudios que existen todavía son en ratones, pero es una línea de investigación prometedora.
  • Disminuye el dolor asociado a diferentes condiciones, como la artritis (estudio), a través de la estimulación de la noradrenalina (estudio).
  • Mejora síntomas de depresión leve (estudio).
Esto no quiere decir que sea mala idea resguardarse de los elementos, pero debemos tener también exposiciones breves e intensas (algo como intervalos de alta intensidad de frío).

En cursos de supervivencia te enseñan la regla de los 3. Tu vida corre peligro después de 3 minutos sin oxígeno, 3 horas sin refugio (a bajas temperaturas), 3 días sin agua, 3 semanas sin comida.

Es decir, para tu cuerpo, después de obtener oxígeno, mantener la temperatura corporal es lo más importante. Necesita esos 36.5ºC (+/- 1ºC), y cualquier desviación pequeña representa una alarma. Por eso tiene mecanismos para mantener ese rango térmico a toda costa, y la activación periódica de estos mecanismos es beneficiosa. Si nunca se activan, se atrofian, y en los últimos años hemos descubierto una interesante relación entre la exposición al frío y nuestro metabolismo.

Parece obvio pensar que si expones tu cuerpo al frío, éste debe quemar calorías para mantener la temperatura interna. Nadie discute que así sea. Muchos 'expertos' opinan sin embargo que no es una cantidad suficiente como para ser significativa. ¿Pasar 1 hora a cero grados para quemar 100 calorías? ¿el equivalente a una manzana?). Sé que la respuesta es "No, gracias".

Pero una vez que nos olvidamos de la famosa fórmula que ciega a tanto 'experto' (calorías ingeridas menos calorías quemadas), los beneficios de la exposición al frío van mucho más allá de las calorías que se queman en el momento, y tienen mucho más que ver con los cambios metabólicos (como siempre), concretamente con la acción de dos elementos:
  • Adiponectina, que como vimos antes tiene un efecto anabólico y favorece la quema de grasa.
  • La activación del tejido adiposo marrón (o grasa parda), que es el tema de hoy. Sé que cuando oyes hablar de grasa la pregunta suele ser '¿cómo la elimino?', pero en este caso preguntarás '¿cómo puedo tener más?!'.
Grasa parda

La grasa parda, grasa marrón o tejido adiposo marrón, es un tipo de grasa muy especial, cuya misión principal es producir calor, lo que consigue a través de sus numerosas mitocondrias.

La gracia de este tipo de grasa es que puede generar energía saltándose los sistemas energéticos de nuestro cuerpo, tomando directamente grasa (blanca) y glucosa para producir calor, sin producción de ATP, de ahí que también se le conozca coloquialmente como 'grasa quema-grasa'.

Cuando nacemos, tenemos una cantidad importante de grasa parda. Es lógico, ya que los bebés son incapaces de tiritar o moverse para escapar del frío, y la naturaleza los dotó de este mecanismo para mantener la temperatura.

Durante mucho tiempo se pensó que los adultos perdían completamente la grasa parda. Estudios recientes demuestran que no es así (hombresmujeres). Conservamos cierta cantidad de este tipo de grasa (las mujeres más), concentrada en el cuello, espalda alta, y pecho.

Y lo más interesante es que exposiciones controladas al frío no sólo activan esta grasa marrón, sino que se cree que es posible desarrollar más (estudio). La cantidad de grasa marrón que tiene un individuo juega un papel relevante en la tasa metabólica basal, es decir, en la cantidad de calorías que utiliza el cuerpo en reposo (estudio).

Algunas estimaciones (estudio) apuntan a que sólo 50 gramos de grasa parda puede representar hasta el 20% del gasto energético de un adulto. Nada mal.

Si bien la activación y desarrollo de nueva grasa parda se logra con exposición al frío, su efecto va mucho más allá, y estudios recientesindican que la grasa parda permite disipar buena parte de las calorías excedentes en forma de calor, evitando que se acumulen como grasa normal. Uno de los efectos que nota mucha gente que realiza terapias de frío es que su cuerpo tiende a generar más calor durante el día, es decir, aumenta el metabolismo.

Por otra parte, múltiples estudios demuestran una correlación inversa entre cantidad de grasa marrón y grasa visceral e índice de masa corporal (estudioestudio).

Parece que (al menos en ratas) el ayuno (estudio) y el ejercicio (estudio) pueden aumentar la actividad de la grasa parda, pero en cantidades muy inferiores a su principal disparador, la exposición al frío, conocida formalmente como termogénesis inducida por el frío.

Divirtiéndose con la termogénesis inducida por el frío

El frío, al igual que muchos de los estresores de los que hablamos generalmente: ayunos intermitentes, ejercicio, exposición a bacterias (otro día tocaremos este tema)... genera una adaptación positiva, a través de un concepto denominado hormesis. Este término se origina en el mundo de la toxicología, pero aplica a muchos procesos biológicos. Podríamos resumirlo como la habilidad de un organismo de fortalecerse cuando es sometido a estrés. ¿Recuerdas cómo crecen tus músculos? es otro ejemplo de este mismo principio.

Suficiente teoría. Imagino que ya quieres saber cómo empezar a disfrutar de todos los beneficios asociados a desafiar tu miedo al frío. Como siempre, debes empezar poco a poco. Enumero varias alternativas, de las más sencillas, a las más extremas. Avanza a tu ritmo.

Menos ropa, menos calefacción

De vez en cuando, sal con menos ropa en invierno. No digo que pases horas en la nieve en ropa interior (recuerda la regla de las 3 horas sin refugio), pero un paseo de 20-30 minutos con ropa ligera (en vez de enrollado bajo varias capas de tejido) facilitará una adaptación positiva al frío.

Entrena al aire libre en invierno. Varios estudios demuestran mayor pérdida de grasa en estas condiciones (estudio).

Baja la calefacción. Apágala de vez en cuando. No se trata de que estés tiritando en la habitación, pero una leve piel de gallina es saludable (también para tu bolsillo).


Michael Phelps
Sumérgete, nada

La conductividad del agua es varias veces mayor que la del aire, por lo que es mucho más eficiente a la hora de 'extraer' el calor de tu cuerpo, generando mayor activación de la grasa parda.

Habrás oído que Phelps consume 12.000 calorías. Es imposible quemar esas calorías por muchas horas que nade al día (y según la foto parece que no las acumula como grasa). Buena parte de su gasto calórico se va en mantener la temperatura corporal bajo el agua.

Lo ideal es nadar en el mar o en un lago. Si no es posible, la piscina es otra opción. Intenta que el agua no supere los 20-24ºC. Por desgracia, muchas piscinas climatizadas están más cerca de los 30º.

Duchas frías

En la mañana, termina tu ducha normal con 2-3 minutos de agua fría, con foco en la espalda y cuello. No sólo despertará tu cerebro más rápido que una inyección en vena de cafeína, sino también tu grasa parda durmiente.

Recuerda que también mejora tus niveles de testosterona.

Como fase previa para la adaptación al frío, algunos expertos recomiendan sumergir la cara en agua helada durante 5 minutos al día. No te olvides de tomar algún descanso para respirar (regla de los 3 minutos sin oxígeno... ).


Chaleco de hielo
Aplica hielo

Ponte una bolsa de hielo, por ejemplo enrollada en una toalla, detrás del cuello, mientras lees, estudias, ves la televisión. 20-30 minutos es suficiente.

También puedes probar con un 'chaleco de hielo', pero quizá es un poco excesivo.

Baños de hielo

Algunas personas hablan maravillas de los baños de hielo. Personalmente creo que hay una línea entre incomodidad y dolor que debe cruzarse sólo si sabes lo que haces. Agua a menos de 10ºC, o aire a menos de 0º, puede ser peligroso para los no iniciados (el veneno está en la dosis).

Si te animas, empieza sumergiéndote hasta la cintura en agua con hielo (10-15ºC), 2-3 veces a la semana durante 10 minutos. Cuando te acostumbres a esto, prueba a sumergirte hasta el cuello.

Baño de hielo
Lo que afirman los amantes de esta técnica (reconozco que no soy uno de ellos), es que cada vez pueden aguantar más tiempo, o con agua más fría, sin tiritar. La explicación es que la adaptación logra activar por más tiempo la grasa parda, antes de pasar a la siguiente línea de defensa, los escalofríos, en la que el cuerpo contrae rápida y repetidamente los músculos para generar calor.

Si quieres experimentar, adelante, pero empieza gradualmente. Y quizá antes de que te des cuenta, serás como Wim Hof, el hombre de hielo.


Estar cómodo estando incómodo

Como decía al principio, tenemos excesivo miedo a la incomodidad, a salir de nuestra (cada vez más estrecha) zona de confort. Nuestro cuerpo prospera cuando es sometido a adversidades físicas de manera frecuente (pero no crónica). Los beneficios van más allá de lo físico. La adversidad fortalece también tu mente. Sólo saliendo de tu zona de confort puedes conocerte a ti mismo, y progresar.

Debemos exponernos a los elementos (en su justa medida), al calor y al frío, en vez de depender constantemente del termostato de nuestros habitáculos.

lunes, 22 de julio de 2013

¿Quieres adelgazar y mejorar tu salud? Aprende a cocinar


© Desconocido
"Cocinar en un arte, y cualquier arte requiere conocer las técnicas y los materiales."

- Nathan Myhrvold
"Cocinar requiere atención, paciencia, y sobre todo, respeto por los regalos de la naturaleza. Es una forma de adoración, de dar gracias."

- Judith B. Jones
Cocinar nos hizo humanos

Hay mucha gente que piensa que los alimentos crudos son superiores. Filosofías como la de los crudiveganos defienden que cocinar es antinatural y que reduce los nutrientes de los alimentos.

En la propia comunidad Paleo hay algunos que opinan que debemos comer la carne cruda, como creen que lo hacían nuestros antepasados. Están equivocados. No podemos olvidar que los humanos evolucionamos con nuestras herramientas, y posiblemente el fuego ha sido la 'herramienta' que más impacto ha tenido en nuestra evolución. Algunos expertos van más allá y, con cada vez más pruebas, afirman que es gracias al fuego que somos humanos.

Libros como 'Catching Fire: How cooking made us human', de Richard Wrangham (profesor de antropología en Harvard) presentan una convincente teoría sobre el impacto que la fórmula "fuego+comida" ha tenido en nuestra evolución. Cocinar nos permitió digerir fácilmente mucha más energía, procedente principalmente de la carne. Esto hizo posible que nuestro cerebro aumentara de tamaño (es un quemador compulsivo de energía) y nuestro sistema digestivo disminuyera de manera importante (hoy mucho más pequeño que el de los primates). La absorción de los nutrientes en nuestro intestino aumenta más de un 50% en el caso de comida cocinada.

Esto no quiere decir que no haya alimentos (principalmente verduras y frutas) que debamos seguir comiendo crudos (no en vano son la base de la pirámide alimenticia que propongo), pero es un error conceptual pensar que la mayoría de nuestras calorías procedían de alimentos crudos. Si fuera así, seguiríamos siendo monos, pasando la mayor parte del tiempo masticando y digiriendo, y ni así podríamos proporcionar la energía suficiente para alimentar un cerebro avanzado.


Comentario: Durante cientos de miles de años, nuestros ancestros practicaron la caza y el arreado, con una alimentación baja en carbohidratos. No necesariamente descartaban los carbohidratos o los consideraban poco saludables, probablemente fue más debido a quehemos pasado la mayor parte de nuestra historia evolutiva en condiciones de una era de hielo en las que los vegetales y frutas simplemente no estaban disponibles, y donde lo estaban, eran muy diferentes a las frutas y verduras disponibles hoy en día. El hecho es que nuestros cuerpos están diseñados, han evolucionado, para vivir y sobrevivir sin consumir carbohidrato alguno, mientras haya cantidades de nutritivas proteínas y grasas disponibles, y agua para beber. Estudios de excrementos humanos fosilizados de entre 300 mil a 50 mil años atrás, han revelado esencialmente una total falta de material vegetal en la alimentación de las muestras analizadas.

La grasa animal era nuestra energía principal, tal como fue - y todavía es - el más eficiente, denso y duradero combustible. Es de común acuerdo entre los expertos que nuestra extendida dependencia de la carne y grasas animales (por ejemplo, grasa de pescados) a lo largo de estas continuas épocas de congelamiento en realidad han facilitado el agrandamiento y desarrollo de nuestros cerebros para convertirnos en humanos. Nos volvimos inteligentes -Homo sapiens sapiens - gracias al consumo de grasa y carne animal. Por lo tanto, no es sorpresa notar la creciente evidencia de que los vegetarianos y miembros de sociedades agrarias posean cerebros más pequeños. El "atiborrarse de todo lo que se encuentra" es lo que trajo las enfermedades de la civilización moderna, cortesía de la agricultura y todo lo que esta ofrece como estilo de vida.

Cocinar parece haber moldeado no sólo nuestro cuerpo, sino también algunos de los comportamientos sociales que mantenemos hoy día, como la costumbre de comer juntos, en momentos definidos (antiguamente alrededor del fuego). Tristemente hoy comemos con frecuencia solos, delante de una pantalla.

Si te interesa saber más sobre el papel del fuego y la cocina en nuestra historia (o pre-historia), te recomiendo también este documental de la BBC.


La perversión moderna

De la misma manera que estamos cableados para movernos, lo estamos para cocinar. Nos sigue pareciendo misterioso el fuego, juntarnos con amigos alrededor de una hoguera. Hay algo mágico en estos momentos, porque durante millones de años, fue un ritual. Cocinar con fuego, y ver cómo diferentes ingredientes, algunos difíciles de digerir en su estado natural, se convierten antes nuestros ojos en deliciosos y nutritivos manjares, sigue alterando nuestras emociones.

De esta atracción primitiva se aprovechan en la actualidad los productores de televisión. En los últimos años, hemos pasado de los clásicos programas de cocina, que pretendían enseñar, a los reality shows culinarios, que sólo pretenden entretener. No nos motivan a cocinar más, sino a estar más distraídos y pasar más tiempo frente al televisor. El resultado es la triste (pero frecuente) paradoja, de estar viendoMasterChef mientras comes un plato precocinado.

Es el equivalente a ver deporte en la televisión, en vez de practicarlo. No tengo nada en contra de ver MasterChef de vez en cuando o en contra de ver un buen partido de fútbol (o lo que sea). Perosi pasas más tiempo viendo cómo otros cocinan en la televisión que cocinando tu mismo, o más tiempo viendo cómo otros hacen deporte que practicándolo tú mismo, tienes un problema.

Y en el fondo, creo que nos gusta ver a otros cocinar porque hay algo que echamos de menos de este proceso, algo que nos toca emocionalmente, algo en nuestro ADN que nos dice que debemos hacerlo.

Si cocinar está en nuestros genes, es lógico pensar que dejar de hacerlo (al igual que dejar de movernos, al igual que llevar zapatos, al igual que usar sillas...) va a tener un impacto en nuestra salud, especialmente cuando dejamos a la industria alimenticia llenar ese vacío. Y los datos parecen apoyar esta teoría: existe una correlación inversa entre el tiempo que se pasa cocinando y los niveles de obesidad. Estados Unidos es el país de la OCDE donde menos se cocina (estudio), y donde están mas obesos (tristemente superados por México este año).

¿Cómo llegamos a este punto?

Las últimas décadas han sido testigo de profundos cambios, de los que he hablado en ocasiones anteriores:
  • Crecimiento y concentración de poder en las grandes multinacionales de la alimentación, que se gastan millones en marketingpara convencernos de que les dejemos cocinar por nosotros. Nos lo venden como 'liberación', cuando simplemente nos hacen más dependientes de sus productos.
  • Mujeres trabajadoras: Me parece estupendo que la mujer se incorpore al mercado de trabajo, pero creo que es un error de muchasfeministas pensar que la cocina es una forma de opresión. Al revés, es un proceso creativo y un acto de rebeldía hacia los fabricantes de comida preparada. Cualquier movimiento que intente sacar a la mujer de la cocina se equivoca;lo que realmente debemos intentar es que el hombre entre también (y por supuesto los niños, si no, ¿quién va a enseñar a cocinar a las siguientes generaciones?).
  • La cultura de la velocidad y la productividad:. Suena tentador ahorrar 15 minutos en la preparación de la cena. Pero ¿para qué? ¿Para ver el último capítulo de MasterChef?.
Esto nos ha llevado a dedicar mucho menos tiempo a cocinar que hace sólo unas décadas. Incluso ha cambiado el significado de la palabra 'cocinar'. Muchas de nuestras abuelas nos lanzarían una mirada cargada de desprecio por lo que hoy llamamos cocinar. Hervir pasta y añadirle salsa de bote no es cocinar. Prepararse un sandwich de jamón y queso no es cocinar. En los tiempos de mi abuela, cocinar pollo significaba ir al corral, agarrar la gallina por las patas, cortarle la cabeza, desplumarla, sacarle las tripas, preparar el acompañamiento, guisar el pollo... Me considero afortunado de haber vivido eso. No digo que debamos volver a ese extremo, pero hay un término medio entre eso, y lo que hoy día muchos entienden por cocinar.

Libérate!

Si no sabes cocinar, eres dependiente. Eres dependiente de algún miembro de tu familia, en el mejor de los casos, o eres dependiente de la industria alimenticia, y te aseguro que no están muy preocupados por tu salud.

Incluso si tienes el dinero para comer cada día en los mejores restaurantes, te puedo garantizar que no utilizan los mejores ingredientes.

Mejorar mis (limitadas) habilidades culinarias ha sido un reto que me he marcado en los últimos meses, para lo cual he adquirido varios libros de cocina. Hay miles, y seguramente cualquiera de ellos sea preferible a comer algo que viene en una caja, pero me entran escalofríos cuando veo libros de 'cocina saludable' con las recomendaciones habituales de la terrible pirámide alimenticia: muchos cereales, muchas harinas, muchos aceites vegetales, e incluso mucho azúcar.

Por desgracia, la mayoría de libros de cocina basados en alimentos realmente naturales, con enfoque ancestral, o Paleo, están en inglés. Recientemente Larissa y Alexander, de DietaPaleo.org, han publicado el primer libro de recetas Paleo en español, y después de probarlo durante unas semanas, no puedo más que recomendarlo.

Échale un vistazo, y aprende a cocinar de verdad!

Comentario:
"...Es en el compartimiento de la comida y en los corteses acompañamientos donde los seres humanos exhiben su fundamental distinción y separación del reino animal.

De todas las cosas que hacen los seres humanos, compartir la comida es lo menos 'evolutivo'. Ninguna otra especie ha seguido este camino de intercambio y apoyo mutuo que requiere ser capaz de conceptualizar el espacio y el tiempo abstracto. ¿Qué lógica de la naturaleza, tal y como la testificamos en el reino animal, seguiría una trayectoria tan ajena al mundo natural?

Como suele suceder, la comida comunal es un símbolo importante en casi todos los conjuntos religiosos antiguos. El reparto de los alimentos penetra hasta en las diferencias más fundamentales entre los puntos de vista sobre la humanidad y el mundo en general. ¿Tal vez los mismos dan testimonio de los Cro-Magnones contra los Neandertales? Creo que fue un ritual del Paleolítico que se transmitió como una pista para descubrir quién era y quién no era patológico en los tiempos antiguos. Basta pensar en 'La última cena' y su posible significado. ¿Qué era tan importante acerca de compartir una comida como para que se convirtiera en la pieza central de una religión? ¿Había algo en ello que era más viejo que el cristianismo tal como lo conocemos? Tal vez la 'última cena' fue algo así como: 'comed juntos - compartid los alimentos - en memoria de mí - no sois animales, sois seres espirituales.' Durante milenios, el pan ha sustituido el reparto original de la carne alrededor del fuego, pero la simbología sigue siendo la misma. El hecho es que parece que los cerebros más grandes y la mayoría del comportamiento más "humano" se originaron entre los que cocinaban y comían carne."


Da Vinci "La última cena" - un ejemplo de la importancia atribuida a comer comunalmente.
Para el lector interesado, SOTT recomienda fuertemente la lectura en el forocassiopaea.org del hilo Dieta Cetogénica: camino hacia la transformación, donde podrá conocer y aprender de la experiencia de quienes han experimentado con esta extraordinaria "forma de alimentarse". También, en la sección Dieta y Salud del foro, podrá encontrar varias recetas saludables para experimentar.

De manera adicional recomendamos la lectura de nuestro Enfoque Sott sobre la dieta paleolítica:

La dieta paleolítica revisada

Y el libro La solución paleolítica de Robb Wolf

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

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