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jueves, 2 de mayo de 2013

España: ¿Suicidios o Crimen de Estado?


Todos los datos permiten asegurar que una gran parte del incremento en el número de suicidios que se viene dando en España está relacionado con la forma en que se está gestionando la crisis. Actualmente, parece que en nuestro país se producen entre nueve y diez suicidios cada día y que un tercio de ellos, según se puso de manifiesto en un reciente congreso de Psiquiatría, son los que tienen que ver con problemas económicos de diverso tipo originados por la crisis.
Ya he comentado en artículos anteriores y más extensamente con Vicenç Navarro en el libro 'Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, 2012)', que en todos los países en los que se han aplicado políticas de ajuste neoliberal se ha podido detectar ese fenómeno, así que no es de extrañar que ahora se esté produciendo en España.

Y no hacen falta muchos estudios científicos para comprobar igualmente que una gran parte de esos suicidios se relacionan con los desahucios, que en estos momentos dejan sin vivienda a más de quinientas familias cada día en España. Ya son bastantes los casos en los que se han producido justo antes de que las autoridades y la policía procediesen a desalojar a las familias de sus viviendas en diferentes lugares de España.

Se trata de un verdadero drama que tiene una responsabilidad muy directa: las autoridades e instituciones del Estado que hasta el momento no han hecho nada efectivo para evitarlo. Todo lo contrario, lo han provocado con las políticas que vienen aplicando e incluso lo facilitan, como esos jueces que llegan a decretar que los desahucios se lleven a cabo sin previo aviso para evitar que la población acuda en ayuda solidaria de los afectados.

El Gobierno actual y el anterior han dedicado sumas millonarias a salvar y proteger a los banqueros y a los grandes propietarios, pero no han tomado ni una sola medida efectiva para acabar de una vez por todas con la desprotección de las familias de menos ingresos que pierden sus viviendas.

Cambiar las leyes para establecer medidas como la dación de pago, la creación de tribunales que gestionen la reestructuración de la deuda familiar, la disminución temporal de las cuotas para las personas sin ingresos o en paro, quitas familiares, u otras parecidas que podrían evitar los desahucios no comportan grandes dificultades legales ni supondrían demasiado coste económico (al revés, permitirían aumentar la demanda efectiva y así mejorar la situación económica). Por eso es injustificable que se sigan llevando a cabo desahucios que provocan docenas de suicidios y un sufrimiento personal y social tan extraordinario.

Que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo en unos pocos días para modificar la Constitución, y así contentar a los poderes financieros, y no lo hagan para adoptar medidas de rango muy inferior dirigidas a proteger a las miles de familias que se quedan en la calle solo refleja que se trata de dos organizaciones políticas que han perdido el norte para convertirse en simples piezas de un dominio oligárquico que ya es insoportable, y que requiere una respuesta social a la altura de su traición a los principios elementales de la ética, la justicia y el buen gobierno.

Es incomprensible, y empieza a producir una rabia inmensa, contemplar día a día a los parlamentarios ocupados en todo tipo de asuntos pero incapaces de acabar con el drama. Es desolador comprobar que los jueces no hayan reaccionado ya cuando llevan tanto tiempo como ejecutores de un derecho que es la antítesis de la justicia. Es patético e indignante ver a la policía defender día a día a las autoridades que echan a las gentes de sus casas y a los Bancos que se quedan con ellas, y golpear con saña a las pobres mujeres y hombres que las defienden. Es una vergüenza comprobar que hasta la jerarquía de la Iglesia Católica, que tanto habla de defender a la familia, llame a la policía para desalojar de sus templos (como en La Almudena de Madrid) a quienes quieren llamar la atención de la sociedad hacia lo que está pasando (en clara contradicción, hay que reconocerlo, con la inmensa mayoría de sus fieles de abajo que siempre suelen apoyarlos).


Comentario: El gran drama de los desahucios en España es un "buen" ejemplo del fenómeno de ponerización macrosocial descrito por Andrew Lobaczewski, la Patocracia. El comportamiento despiadado de las distintas instituciones españolas (Gobierno, Iglesia, Justicia, Fuerzas de Seguridad) demuestra que todos estos organismos han sido afectados por este fenómeno.

La invasión de factores patológicos ha llegado ya a su punto final, desarrollando una infección bacteriológica interna de todo el sistema. Tal tragedia también trae consigo algo "positivo", una inmensa cantidad de conocimiento ponerológico, del cual podemos extraer las leyes que gobiernan semejante proceso. Sin conocimiento del "verdadero mal", no podremos defendernos.

Es tremendo que no salga ni una sola palabra ni un gesto de ayuda del Jefe del Estado, que se dedica, por el contrario, a defender las políticas que provocan el paro y la pérdida de las viviendas, mintiendo sobre los efectos que están provocando sobre la sociedad y la situación económica solo para proteger los intereses de los grupos más poderosos. Es sencillamente insultante, que en lugar de defender a las miles de personas que sufren, el Gobierno no solo siga aplicando sin misericordia las políticas que agudizan la crisis, sino que se dedique a ir indultando semana tras semana a los pocos financieros y políticos delincuentes que habían sido condenados en los años anteriores. Y es un insulto a la inteligencia y un despropósito la Constitución que declara que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada", pero que a la vez no impide que se produzcan más de medio millar de desahucios diarios.

Cada vez que muere una persona desesperada por el paro o por la pérdida de vivienda, o a causa del peor tratamiento que reciben cuando son dependientes o están enfermas, aumenta algo más la responsabilidad de todas esas instituciones y personas. No podemos ni debemos aceptar que todo lo que está pasando en España, el daño tan grande que se le está haciendo a millones de personas, sea un simple accidente o algo inevitable. Es un daño orquestado, perfectamente evitable y que se produce solo porque se quiere beneficiar a otros grupos sociales. Por eso me parece que las personas que dirigen esas instituciones o que toman las decisiones tienen una auténtica responsabilidad criminal y no solo política que debería investigarse y depurarse cuanto antes.

Tendríamos que dejar de hablar ya de suicidios y de poner sobre la mesa la comisión de un verdadero crimen de Estado porque sus instituciones, que tienen la obligación de evitar el dolor de los ciudadanos y cuentan con medios para ello, son las que lo están provocando. La gente normal y corriente tiene derecho a defenderse e incluso el deber de levantarse contra los tiranos.

Comentario: ¿Tiranos? ¿O más bien psicópatas?

El mal ya no es una cuestión moral; ahora puede analizarse y comprenderse científicamente. Ponerología y psicopatía son dos conceptos fundamentales para entender de forma clara y objetiva el deplorable estado de los asuntos humanos en este mundo. No se trata de "tiranía" o de "codicia", se trata de la psicopatología y su influencia sobre la naturaleza del mal en la sociedad.

Para más información vea:

Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos (Parte 1)

Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos (Parte 2)

lunes, 29 de abril de 2013

¿Quién dirige a los gobiernos europeos contra la clase trabajadora?


Sería un error considerar que los dirigentes europeos se han quedado ciegos. Su motivación no es ni la vuelta al crecimiento económico, ni la reducción de las asimetrías dentro de la Unión Europea con la finalidad de construir un conjunto más coherente en el que retornaría la prosperidad. La patronal que guía los actos de los gobiernos quiere avanzar hacia una ofensiva más grande a escala europea, contra los derechos económicos y sociales conquistados tras el final de la segunda guerra mundial. Desde este punto de vista, son un éxito las políticas llevadas a cabo durante estos últimos años.
Ciudadanos indignados
Con políticas de austeridad que aumentan el desempleo, logran incrementar, cada vez más, la precarización del trabajo, disminuir su capacidad de resistencia y de lucha, reducir los salarios y los diversos subsidios sociales. Sin embargo, mantienen al mismo tiempo las enormes disparidades entre los trabajadores en la Unión Europea, con el fin de aumentar la competencia entre ellos.

Uno de los objetivos perseguidos por los dirigentes europeos es mejorar la capacidad de las empresas europeas para conquistar cuotas de mercado a sus competidores en el resto del mundo. Para ello, es necesario reducir radicalmente el coste del trabajo, retomando su expresión. Esto implica infligir a los trabajadores europeos una rotunda derrota. También se persiguen otros objetivos: llevar adelante la ofensiva contra los servicios públicos, evitar tanto como sea posible las quiebras bancarias, reforzar el poder de los ejecutivos (Comisión Europea, gobiernos nacionales) frente al poder legislativo, reforzar las restricciones impuestas por los tratados a fin de consolidar las políticas favorables al capital...

El coste político electoral puede ser elevado, pero globalmente las grandes familias políticas tradicionales que dominan el escenario europeo apuestan a que, aunque perdieran las elecciones, recuperarían el poder en las elecciones siguientes. De todos modos, pasar a la oposición no implica perder una serie de posiciones adquiridas en el aparato del Estado, en las instituciones europeas, etc., sin olvidar los poderes locales (ciudades, entes regionales, comunidades autónomas).

Lo que complica un poco el proyecto de los dirigentes europeos es la decisión del gobierno de Obama de profundizar radicalmente las políticas de austeridad siguiendo las aplicadas por el gobierno de Bush. Los recortes presupuestarios, en particular en los gastos públicos y sociales, crecerán en Estados Unidos. Esto no ayudará a las empresas europeas a ganar cuotas de mercado. Sólo Japón parece querer adoptar una tímida política de relanzamiento, lo que se tendrá que confirmar.

Conclusión: Según los objetivos antes descritos, la convergencia entre el FMI y los dirigentes europeos es total. Por lo demás, desde diciembre de 2012, momento en el que el gobierno de Obama anunció que iba a radicalizar las políticas de austeridad en Estados Unidos, ya no se han oído declaraciones críticas por parte de Christine Lagarde ni de otros directivos del FMI sobre la política practicada en Europa.

Por lo tanto, no hay que equivocarse sobre el sentido de las declaraciones del FMI: si bien ha tomado un poco de distancia con respecto a los dirigentes europeos, no es para convencerlos que abandonen las políticas estructurales favorables a las privatizaciones y a la profundización de la ofensiva contra las conquistas sociales de la posguerra. Lo que pretende es tener más peso en las decisiones y lo da a conocer. Se verá en los meses venideros si seguirá afirmando que conviene reducir un poco el ritmo con el que los dirigentes europeos quieren acercarse al equilibrio presupuestario. Aunque los trabajos de algunos gabinetes de investigación del FMI contienen argumentos que van, más o menos claramente, contra las políticas dominantes, la acción global del FMI no ha cambiado ni un ápice. Es esta acción lo que hay que combatircon todas nuestras fuerzas.

Comentario: Es decir, ¡los psicópatas gobiernan nuestro mundo! Para más información vea Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos

lunes, 22 de abril de 2013

De Chipre al fin del mundo pasando por el FMI



© desconocido
Con la explosión de Chipre se confirmó que los meses de calma en la Europa periférica solo eran el preludio de una nueva tempestad. Antes de que esa calma generase una visión optimista del futuro, el mazazo chipriota desencadenó una nueva oleada del pesimismo más crudo, nuevamente prefabricado por los maquiavelos que manejan el mundo a su antojo y construyen la realidad. Quedó demostrado que "2014", el año fijado por tecnócratas y políticos para la ansiada recuperación, no era más que un nombre dado a la línea del horizonte. Del mismo modo que esta se aleja cuanto más te acercas, se asigna a la recuperación económica una fecha que podrán ir reemplazando a discreción (por "2015", "2016", "2017"...).

Se sentaba así la base "realista" (si las perspectivas vuelven a ser negras, algo habrá que hacer) para las nuevas exigencias destructivas. Estas no tardaron en volver a hacerse patentes sobre España. Hace escasos días los medios informaron acerca de las órdenes de Bruselas (léase, de la Troika) para proceder a más "reformas" urgentes. Primero sonaron las presiones de Durao Barroso, el presidente de la Comisión Europea y anfitrión, años atrás, de "Los Azores" que emprendieron la metódica destrucción de Irak. Al día siguiente, las del comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Exigen, por ejemplo, más recortes en los derechos laborales, nuevas subidas de impuestos y otro "pensionazo". Y lo quieren ya. De hecho, se espera que el 26 de este mes el dócil Rajoy - aunque a la vez algo remiso por puro cálculo electoral - anuncie el paquete.

Casi al mismo tiempo llegaban los últimos datos sobre el desplome de la producción industrial en España: un 8,5% en el mes de febrero. Por si quedaran dudas de que "algo habrá que hacer"...
«Es irracional que los ahorradores mantengan su dinero en los bancos españoles». (Wolfgang Münchau, Financial Times).
Así es como la realidad se sigue acomodando a las directrices del FMI, ministerio de Economía de un Gobierno Mundial cada vez más visible. Recordemos, por ejemplo, que este organismo lleva tiempo reclamando una subida adicional del IVA, insatisfecho con las que ya elevaron el tipo máximo al 18 y al 21% sucesivamente. Algo similar venía ocurriendo con las pensiones, por limitarnos a otro ejemplo.

Chipre en la diana 

Hace unas semanas estallaba la noticia: anuncio del corralito chipriota y de la confiscación de parte de sus fondos a los depositantes ricos y pobres de varias entidades bancarias. Ambas medidas suponían un verdadero salto cualitativo en la "crisis económica" europea. La primera violaba un principio básico de la UE, la libre movilidad de capitales. La segunda era, con todo, aún más llamativa: de repente saltaba por los aires la seguridad oficialmente provista, en toda la Zona Euro, por la garantía de los depósitos de hasta cien mil euros.

Diseñada por los poderes internacionales que suelen resumirse en la llamada Troika, esta medida finalmente no llegó a concretarse tal cual. Como ocurre a menudo en el juego de los políticos, el anuncio inicial seguramente tenía no poco de globo sonda, en el marco de los experimentos con la realidad (tanto dialécticos como materiales) que tanto le gustan al Sistema en los últimos tiempos. La formulación inicial de la medida era una manera de probar reacciones, que ciertamente fueron muy adversas y "obligaron" a modificarla. Pero el mensaje sobre las torvas intenciones de quienes manejan Europa quedó claro para todos aquellos que no se dejan (auto)engañar: el Poder Global está dispuesto a saltarse, a la primera ocasión, las propias normas que él mismo establece. Es, de paso, una manera de ir preparando al personal.La inseguridad creada con ello hace añicos cualquier remanente de confianza en la llamada "construcción europea".

Pero un mínimo análisis, como el que aquí nos proponemos siquiera a modo de tentativa, revela otros detalles de importancia y no menos alarmantes.

Principios de usar y tirar 

La razón usada para dedicar miles de millones de dinero público a "rescatar" bancos, en particular los grandes, apelaba a salvaguardar los depósitos de la gente. De este modo, el conjunto del pueblo (no solo, como suele decirse, los "contribuyentes", lo que ya sería mucho) soportaba el coste de "sanear" una entidad bancaria - caso de Bankia - , aunque no todos tuviéramos dinero en ella. A esto se lo llama(ba), con justicia, "socializar las pérdidas". O sea, una forma de robar al conjunto de la sociedad para auxiliar a una empresa privada arruinada.

Ahora, súbitamente, esa razón ha cambiado. Según Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, «sacar el riesgo del sistema financiero y hacerlo caer sobre las espaldas de los contribuyentes - tal y como ha sucedido hasta la fecha con Irlanda y con España - no es la aproximación correcta». La pregunta inmediata es, entonces, a qué esperan para devolver ese dinero a los "contribuyentes" irlandeses, españoles y del resto de Europa.

Pero no parece que tengan tan buenas intenciones. El propio Dijsselbloem, en el marco de un nuevo globo sonda, anunció que la "solución" aplicada a Chipre puede ser válida en el futuro para otros países, lo que supondrá más golpes económicos a la ciudadanía (?) europea, en principio la "periférica". Tras algún posterior desmentido (más o menos parcial), la propia Comisión Europea reconoció que ese es el plan. Así pues, se ha empezado a consagrar un principio opuesto al que se venía utilizando: los depósitos dejan de ser "sagrados" y los depositantes (de momento, dicen, solo los de más de cien mil euros) son tratados como los accionistas - y otros inversores - de las entidades bancarias en crisis.

Vamos a tratar de ver más gráficamente lo que implica este (aparente) cambio de lógica:

Lógica A: "Tenemos una crisis económica grave que, entre otras cosas, afecta a la solvencia de la banca. No se puede consentir que los bancos se vengan abajo porque entonces peligrarían los depósitos de millones de ahorradores. Así pues, financiemos con dinero de todos el rescate de las entidades afectadas, de manera que se diluya el perjuicio económico."

Una excusa falaz. Primero, por la mencionada socialización de pérdidas que implica, máxime cuando se puede hacer pagar a los dueños - empezando por los opulentos banqueros, principales responsables de la mala gestión - y cuando apenas se atajan las enormes bolsas de fraude fiscal (en muchos casos, refugiadas en "paraísos" de esa índole por los propios bancos afectados). Segundo, porque, como implica dicha socialización de pérdidas, los fondos para ese "rescate" se detraen de un erario común, restándolos de partidas socialmente básicas como las más típicas del estado del bienestar: sanidad, educación...

Lógica B: "Lo verdaderamente correcto es que quienes paguen los rescates bancarios sean las personas más directamente relacionadas con los propios bancos, por ser las que han confiado en ellos, con el riesgo consiguiente. Esto incluye a los ahorradores, en particular a los que tienen los depósitos más voluminosos."

© vicman
Esta opción es (aún) más acorde con la ideología "neoliberal", sobre todo con sus escuelas teóricas. Por eso tiene sentido que haya encontrado el aplauso de conspicuos portavoces de la misma. Sostienen que, frente a la socialización de las pérdidas de un banco, es más justo "privatizarlas" (¡como si no fueran privadas ya!); es decir, que sea el propio ámbito interno de la banca afectada la que peche con las pérdidas y la recapitalización de la entidad.

En principio, esta "solución" suena bien, pero en realidad no es menos falaz. Primero, porque no es una verdadera alternativa de facto a la lógica A, sino que podría acumularse a ella: como ya hemos visto, no parece que la lógica B vaya a aplicarse con "efecto retroactivo". Esto significa que muchas personas pueden pagar por ambas (p. ej., como "contribuyentes" que ya lo hicieron antes y como ahorradores si a partir de ahora se ven afectados por las medidas contra los depósitos).

Pero es que además hay un grave "error" conceptual aquí, dada la naturaleza del bien (dinero) con que comercia la banca. Por decirlo escuetamente, no se puede equiparar el dinero de un accionista (propietario en cuanto tal) con el de un ahorrador. El primero es claramente capital de la compañía, no así el segundo. A este se le considera contablemente "pasivo", pero sin duda es de otra índole (ajena, no propia), y hasta esa misma denominación resulta problemática.

Los ahorradores son, sencillamente, los clientes de la empresa llamada banco. Jamás se pueden equiparar a los accionistas por el hecho de que ambos tengan dinero en ella. Son dineros distintos. El de los primeros es la propia mercancía con que se transa, mientras que el de los segundos - aunque las acciones sean negociables - es esencialmente la base o prerrequisito para que el negocio pueda ponerse en marcha o crecer; es decir, el capital.

La trampa está, por tanto, en hacernos creer que, como en ambos casos se trata de "dinero en el banco", accionistas y clientes pueden entrar por igual en el "saco" de los acreedores y, por tanto, es exigible que se responsabilicen igualmente de las pérdidas. Pero esto es como si al venirse abajo una compañía propietaria de garajes públicos, se quedasen con tu coche (o con el volante, un par de ruedas...) en caso de que tuvieras la desgracia de tenerlo allí guardado. O si por quebrar la peluquería a la que asiste Doña María, esta señora tuviera que quedarse calva. Por supuesto, usamos ejemplos y, como tales, aproximados. Pero se trata en los tres casos de empresas de servicios y no es difícil comprender que el dinero de los ahorradores es a los bancos lo que el vehículo es a los parkings y las cabelleras a las peluquerías.

Lo quieren todo 

Resulta particularmente lamentable que se equipare a un ahorrador con un especulador o incluso con un inversor. ¡No es lo mismo ahorrar, poco o mucho, que invertir o especular!, ni siquiera cuando se obtiene un interés a cambio (con esto tampoco estamos afirmando que todo accionista - ni que todo bonista o inversor - sea un especulador). Pero en la práctica se los está equiparando. ¿Por qué estas semanas, en relación con el ataque a Chipre, ciertos medios tienden a hablar de "depositantes" con preferencia sobre "ahorradores"?

El hecho es que robar a los ahorradores sigue siendo recapitalización externa, no interna, respecto a la empresa (bancaria) en cuestión. Sigue tratándose de una socialización de las pérdidas (con un ámbito más restringido, pero no por ello menos cierta). Esto, aunque lo disfracen, es lo que vienen bendiciendo tanto los "liberales" ortodoxos como el respetable gurú Juan Ramón Rallo (de quien ya hemos citado antes), cuanto el influyente diario El País, viejo emblema de la progresía, que en su editorial "Sembradores de miedo" afirmaba: «Incluir sin más a los depósitos en la secuencia de activos responsables carece de sentido jurídico, porque un depósito difiere esencialmente de una inversión». En principio, un interesante reconocimiento de lo que aquí venimos diciendo. Pero el "sin más" ya nos preparaba para lo que se añadía tras el punto y seguido: «Por eso solo puede someterse al riesgo de pérdida en casos especialísimos, como el de Chipre.» ¿Solo la Troika siembra miedo? [Más chocante es que algunas voces de la izquierda real no hayan sido mucho más críticas con la experiencia chipriota, pese a sus sin duda rotundas discrepancias de fondo: ver.]

© vicman
En este aspecto, y aunque no debiera sorprendernos demasiado, la incoherencia es realmente aún mayor entre los "liberales" como Rallo (versión "escuela austríaca"), que suelen oponerse al sistema bancario de reserva fraccional; es decir, a que se permita a los bancos mantener en sus arcas solo una fracción de los depósitos totales de sus clientes. Esa es la causa, llegadas las crisis, de los corralitos financieros, pero también lo es, en última instancia, de atropellos como el sufrido por los ahorradores chipriotas, finalmente solo aquellos con más de cien mil euros en sus cuentas. Si el banco no hubiera jugado con su dinero de la manera en que se lo permite el sistema de reserva fraccional, es obvio que no se habría llegado a la bancarrota presente.

Nos decían que garantizarían los depósitos en caso de crisis, pero quienes lo decían son los que ahora llegan con las "quitas" sobre esos ahorros. Los que deberían proteger al pueblo, y así se comprometieron, no solo no lo protegen sino que lo esquilman (de momento solo a una parte de él, pero no olvidemos el precedente en clave de intento más masivo).

Al pueblo se le vende la idea de que lo que pasa en Europa, y lo que viene sufriendo sobre todo la Europa periférica, es básicamente un problema económico de tipo nacionalista. "La Merkel" es la mala bestia que lo quiere todo para su país, no hay que darle más vueltas. Pero, aun cuando esa señora sea parte del problema, hay que estar muy ciegos para no ver que lo es solo en grado ejecutor (o sea, como criada - aunque con cierto caché - de instancias superiores a ella). Desde luego, el plan para asegurar ladestrucción de las economías no parte de Alemania, aunque de momento este país se beneficie relativamente de él a escala macroeconómica (y microeconómica en el caso de sus grandes bancos).

La Troika tiene tres patas siniestras, pero la más feroz y poderosa es la del FMI, que por algo es el representante directo del Gobierno Mundial. Esa entidad, con la Troika o sin ella, es responsable en grado máximo de todo lo que está aconteciendo en Europa. Estuvo, pese a que luego se quisiera culpar en exclusiva al mediocre gobierno chipriota, detrás del plan inicial de robar a todos los ahorradores (ver 12 y 3). Fue quien dictó el tope de deuda pública sobre el PIB (un 100%) que se impone a Chipre. Enseguida, una vez aplicada su "solución", empezó a presionar públicamente para que ese gobierno despidiera a miles de funcionarios y rebajase sueldos públicos. Y ahora, al socaire de la crisis chipriota, aprovecha para seguir promoviendo la «unión bancaria» europea, como parte de sus planes globalistas. Las directrices del Fondo, ya lo venimos diciendo (y ver de nuevo), las acaban siguiendo escrupulosamente sus lacayos de laEuropa muertaUna Europa que se ha creído rica y poderosa antes de la "crisis", pero que ya entonces era un continente cautivo del Imperio y, sobre todo, de la falta de unidad entre los pueblos que la componen.

Nos tienen atrapados, en realidad bajo un corralito permanente, aunque de momento, salvo el caso chipriota, solo latente. Ya llevan años enajenándonos derechos que antaño ellos mismos proclamaban intocables, y cada vez se atreverán con más, negándonos hasta el derecho a protestar (ver también). Tienen programada la destrucción del mundo tal cual lo conocemos, y está en sus manos decidir cuándo procederán a las próximas "quitas", pero entretanto - y callamos - nos siguen quitando algo todavía más importante que el dinero y que el estado del bienestar: el estado de derecho. La libertad. 

Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2013/4/13/de-chipre-al-fin-del-mundo-pasando-el-fmi

Comentario: Este tipo de síntomas de decadencia sistémica son comunes cuando nosotros, los seres humanos, el pueblo, permite que entes corruptos por naturaleza (psicópatas) suban a puestos de poder y se mantengan ahí por mucho tiempo, manejando y formando la sociedad, haciendo de las suyas y depredando el planeta desde sus raíces. La historia ha mostrado esto una y otra vez, con finales de lo más dramáticos y catastróficos. Uno de los ejemplos más conocidos es el Imperio Romano, cuya caída sistemática recibió un gran empujón y fue acelerada por la Naturaleza, con unas cuantas bolas de fuego y plagas que le dieron vuelta al mundo un par de veces. Posible pista de que la normalización y expansión de una una forma de vida virulentamente depredadora, totalmente anti-natural y fuera de balance (ponerización) con respecto al gran organismo que habitamos, activa cierta respuesta de la Naturaleza, que trata de recobrar el balance y evitar una destrucción más profunda; como una respuesta inmunológica, ante un virus que no percibe que morirá junto con el organismo que infecta.

Lecturas recomendadas:

Intenciones celestiales: Cometas y los cuernos de Moisés 
Nueva luz sobre la Peste Negra: La conexión cósmica
Treinta años de cultos y Cometas

lunes, 15 de abril de 2013

Variable del ajuste social: Quién es quién en la pirámide de la crisis global


© desconocido
En la pirámide del colapso recesivo global, para un rico o un clase media alta la "crisis" significa un "achicamiento del cinturón" (prescindir de productos suntuarios o de algún confort ), mientras que para un pobre o un clase media baja significa quedar desocupado o perder la capacidad de supervivencia. Esto marca la dinámica y la resolución de la crisis social que se avecina.

Cuando se refieren a la "crisis", los periodistas, intelectuales y analistas del sistema hablan en forma abstracta y genérica, sin precisar su impacto (discriminado por sector) en la pirámide social del sistema capitalista a escala global.

Así, por ejemplo, la prensa internacional en los últimos meses expresa, con total impunidad (y sin contrainformación masiva) cómo la crisis está "afectando a los más ricos" cuya pirámide está encabezada por los súper millonarios del ranking de la revista Forbes.

Los grandes medios y cadenas televisivas (que informan a las sociedades a escala masiva) tienen centrada su "preocupación" en las pérdidas de los grandes consorcios empresariales transnacionales, en la reducción de las grandes fortunas de los súper ricos o en la devaluación de los multimillonarios sueldos de los ejecutivos de las metrópolis de EEUU y Europa.

Y cuando se ocupan de los "efectos sociales" de la crisis, sólo toman como parámetro la reducción del consumo en los países centrales, a los que clasifican genéricamente como "sociedades", sin discriminar entre clases altas, medias o bajas que integran la pirámide social capitalista en EEUU, Europa y en las naciones "emergentes".

© desconocido
No dicen, por ejemplo, que la crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales que ya han comenzado por la periferia europea.

Casi no hay informes (y los que hay son manipulados y reducidos) de cómo la crisis de los países centrales ya impacta en las economías y en las sociedades de los países subdesarrollados de Asia, África y América Latina, donde se concentra la mayoría del hambre y la pobreza a escala planetaria.

De esta manera, los diarios, las radios y los canales televisivos ponen el acento de la "noticia" en la disminución de la cifra de la fortuna de los tres supermillonarios que encabezan el ranking Forbes: Bill Gates, Warren Buffett y Carlos Slim, cuyos patrimonios juntos sumaban en el año 2010 US$ 112.000 millones.

Por supuesto, que la prensa del sistema no aclaraba que esa cifra (en mano de sólo tres personas) equivalía a 0,8% del presupuesto de US$ 896 millones que la ONU y el Banco Mundial destinan a "combatir la pobreza en el mundo".

El programa para hacer frente a la crisis mundial de alimentos desarrollado por el Banco Mundial no alcanza ni siquiera al 1% de la suma acumulada por los tres capitalistas más ricos, pero esto no es "noticia" para la prensa del sistema que lamenta la reducción de sus patrimonios con la crisis.

Mientras la crisis del capitalismo exportada desde EEUU y los países centrales golpea a los países y sociedades más pobres y desprotegidos de Asia, África y América Latina, los grandes bancos y empresas de Wall Street y de Europa recrean una nueva "burbuja en la crisis" con ganancias siderales alimentadas por los salvatajes estatales con dinero de los impuestos.

El "récord" del índice Dow Jones (que reparte la más formidable tajada de rentabilidad capitalista con la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las finanzas mundiales.

Entre las primeras treinta mega empresas que controlan el sistema económico productivo mundial y que conforman el Dow Jones se encuentran los grandes pulpos de la especulación financiera que utilizan los billonarios fondos estatales de los "rescates" para producir una "burbuja ganancial" durante la crisis.

A la vez, y por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral, bancos y empresas mantienen sus tasa de rentabilidad al costo de más desempleo y depresión de la economía real.

El capitalismo industrial o comercial estadounidense, con el argumento de la "catástrofe económica" reduce "costo laboral" despidiendo empleados, reduciendo salarios y suprimiendo beneficios sociales, y "sobreexplotación" de la fuerza que queda ocupada.

Por su parte, el Estado baja "costo social" por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda, educación) que afectan principalmente a los planes de ayuda social a los sectores más vulnerables.

De esta manera, el sistema capitalista USA (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia).

Mientras los bancos centrales de EEUU y la Unión Europea utilizan US$ billones para "rescatar" a bancos y empresas (los que generaron la crisis), los gobiernos centrales imperiales desatan un proceso de "ajustes" sociales contra los sectores más pobres y vulnerables.

Este punto es central para comprender el carácter clasista de la crisis global capitalista que los analistas y medios del sistema presentan niveladamente como "igual para todos".

La crisis financiera recesiva (que se expande por todo el planeta) ya derivó en "crisis social" por medio de dos actores centrales: La baja de la capacidad de consumo y la desocupación.

La "crisis" afecta de manera diferente en la pirámide social: En las clases altas y medias se proyecta como una "reducción del consumo" (principalmente suntuario), en cambio en las clases bajas y marginales se expresa en la desocupación y en una restricción del consumo de los productos básicos para la supervivencia (principalmente alimentos y servicios esenciales).

Mientras un rico o clase media acomodado reducen servidumbre, viajes turísticos o consumos superfluos, un clase baja o pobre reduce compras de alimentos y consumo necesario para sobrevivir.

En resumen, en la pirámide del colapso recesivo global, para un rico o un clase media alta la "crisis social" significa un "achicamiento del cinturón" (prescindir de productos suntuarios o de algún confort), mientras que para un clase baja o pobre significa quedar desocupado y/o perder capacidad de supervivencia a través de la pérdida o de la reducción de su salario.

La masa asalariada (mayoritaria y peor paga) y los pobres, son a su vez los mayores perjudicados por la utilización fraudulenta (estafa con el Estado capitalista) de fondos de impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de las clases altas o medias altas.

En este cuadro, los ocupados pagan los "rescates capitalistas" con su salario y con lo que consumen, mientras que los desocupados y marginados sociales lo hacen a través de los pocos productos que pueden adquirir para su supervivencia inmediata.

Las primeras víctimas, las variables de ajuste, son las masas asalariadas y los sectores más vulnerables de la sociedad que pagan la crisis de los ricos con despidos y reducción de sus salarios, mientras que los sectores más desprotegidos sufren el impacto directo de los recortes de los planes sociales y de ayuda a la pobreza de los gobiernos.

Las masa más desprotegida y los asalariados "cautivos" pagan la crisis de tres maneras:

1) A través de las cargas fiscales a los salarios (que se le descuentan compulsivamente de su sueldo),

2) a través de los impuestos al consumo (que paga en el momento que compra alimentos o productos gravados para el consumidor),

3) A través de los despidos o reducciones de salarios, o de los "ajustes" del Estado con reducción de planes sociales y baja de los aportes patronales.

De manera tal, que en la crisis social se proyectan las mismas variables del resto de la economía capitalista: El peso de la crisis golpea con fuerza sobre la base del triángulo social más desposeído (obreros asalariados y pobres) mientras se atenúa en el medio y en el vértice (empresarios, ejecutivos y profesionales) , donde se concentra la mayoría de la riqueza acumulada por la explotación capitalista.

La misma ecuación (de proyección y efecto disímil de la crisis social) se produce en la pirámide de países capitalistas, claramente dividida entre el vértice (las naciones centrales), el medio (las naciones "emergentes") y la base (las naciones "en desarrollo").

El emergente social

© desconocido
Y volvemos al principio: Mientras las clases altas y medias altas proyectan la crisis como una "reducción del consumo suntuario", las clases bajas viven la crisis como perdida del trabajo y de los recursos básicos de supervivencia (principalmente alimentos y servicios esenciales).

Dentro de un sistema de producción mundial en crisis y sólo orientado a la búsqueda de rentabilidad se desarrollan dos efectos inversamente proporcionales: 1) Crecimiento récord de las fortunas personales y de los activos empresariales capitalistas, y 2) Crecimiento récord (como consigna la ONU) de los pobres y hambrientos que ya alcanzan la mitad de la población mundial.

En este escenario, los estallidos y revueltas sociales que alertan las propias instituciones del sistema como el el G-8 y el Banco Mundial no van a ser motorizados por los ricos que disminuyeron sus fortunas, ni por los ejecutivos o profesionales que disminuyeron sus ingresos, sino por los cientos de millones de obreros y empleados que van ser expulsados del mercado laboral.

Una mayoría de expertos coincide en que los sujetos y actores de la crisis social, los motorizadores de las revueltas sociales (tanto en los países centrales como en las periferias de Asia, África y América Latina) van ser los millones de desocupados y expulsados del mercado del consumo que no van a tener medios de subsistencia para sus familias.

De acuerdo con estas proyecciones, no es el mercado (en sus distintas variantes macroeconómicas), sino que son los expulsados del mercado (los excluidos sociales) los que van a protagonizar el desenlace decisivo de la crisis global capitalista que se avecina.

La crisis financiera y la crisis recesiva, cuyo emergente es la quiebra y cierre de bancos y empresas, pueden ser reguladas y controladas por medio de la inyección de billonarios fondos por los gobiernos y los bancos centrales imperiales.

En cambio, para los efectos sociales de la crisis financiera recesiva (la desocupación y el achicamiento del consumo) no existe otro remedio que reocupar a la mano de obra expulsada si se quiere evitar el colapso social y las revueltas populares.

La maquinaria mediática, que habla de "crisis global" mezclando en una misma bolsa de "perjudicados" a las víctimas (los sectores más bajos de la pirámide) con los victimarios (los ricos del vértice de la pirámide), tiene como misión central ocultar lo que anticipan las propias encuestas del sistema: Protestas y descontento creciente que se proyectan desde los países centrales a la periferia.

Esa rebelión social en gestación (como ya se mostró en Europa del Este) se empieza a expresar, a nivel de países centrales y periféricos, en un auge de la protesta social y en un cuestionamiento creciente del centralismo explotador y proteccionista de las potencias regentes.

A nivel social, el proceso recesivo con desocupación ya produjo (durante la escalada del petróleo y los alimentos) oleadas masivas de conflictos sociales protagonizados por dos actores centrales: Los pobres y los desocupados.

Y estos procesos llevaron a que los ricos, los del vértice de la pirámide (tanto de los países centrales como periféricos) también comenzaran a nuclearse todos juntos del lado de una sola trinchera: La represión policial y militar.

Los planificadores y estrategas del sistema ya tienen una respuesta para lo que viene: Democracia Blindada.

Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

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