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lunes, 2 de diciembre de 2013
10 consejos para ser completamente infeliz / (psicología inversa)
En un ejercicio de psicología inversa, te proponemos 10 razones para hacer de tu vida todo lo que no quisieras que sea.
La felicidad es un estado deseable, una meta que todos buscamos y que si bien no es asequible por medio de procedimientos específicos, al menos podrá convenirse en que se le encuentra como resultado de nuestras acciones cotidianas, ese hacer del día a día que, combinado con el azar propio de la existencia, deviene en una construcción paulatina de la plenitud, la satisfacción, la paz y en general esa suma de circunstancias a la que asignamos el nombre de felicidad.
A continuación compartimos un ejercicio paradójico: diez consejos no para ser feliz, sino para ser completamente infeliz, un ensayo lúdico para hacer ver esas situaciones en las que sería preferible no incurrir y, de este modo, posiblemente descubrirse en el polo opuesto del ánimo y las emociones.
-Haz cosas que odias. Consigue un trabajo que todos a tu alrededor aprueben, pero que realmente no disfrutes hacer. Quéjate de cuánto detestas hacer cada día eso mismo que, desde un principio, sabes que no quieres hacer.
-Evita enfrentar tus problemas. Busca todo lo que te permita evadirte del presente: alcohol, drogas, sexo, dormir, procrastinar, comer en exceso (o no comer del todo), al igual que comprar cosas que no necesitas para sentirte mejor por un asunto interior que no estás enfrentando.
-Trata de cambiar a todos a tu alrededor. El mundo debería girar en torno tuyo. No dejes que nadie te convenza de lo contrario: si alguien se comporta de manera que no apruebes, haz que lo sepa. Tú no eres el problema, son ellos.
-Quéjate. Fíjate siempre en el lado negativo de todo lo que se te presente, y busca que los demás también lo vean. Eso te hará parecer más inteligente con los pocos que quieran escucharte hablar de todo lo que detestas.
-Vive en el pasado. Todas esas horribles memorias de infancia y adolescencia son lo más preciado que tienes, el único lugar al que tienes derecho. Olvida el presente: vive tu vida como si recordaras la vida frustrada de alguien más.
-Obsesiónate con el futuro. Pensar en el pasado eventualmente te agotará. Cuando quieras quitarte un poco de estrés, piensa en todo lo terrible que te espera en el futuro: todas las tragedias, todos los malentendidos, todo lo que podría salir mal.
-Mantén relaciones tóxicas. Frecuenta la compañía de gente que, como tú, odie lo que hace y viva atado a reproches del pasado. Prefiere especialmente a aquellos que no crean en tus talentos, que no dejen de reprocharte cosas, que quieran que cambies quién eres para “poder amarte”.
-No confíes en nadie. Recuerda: el mundo gira en torno a ti, así que todos están esperando la manera de aprovecharse de ti. Sin embargo, procura comportarte hipócritamente, para que nadie sepa que en realidad guardas profundas sospechas sobre ellos.
-No te cuides. El cuerpo es un parque de diversiones desechable que puede ser educado para dormir poco y mal, no hacer ejercicio, comer comida chatarra y procesar alcohol en lugar de agua. Cuando te enfermes, la ciencia ya habrá encontrado una solución para tu problema.
-No le digas a la gente que quieres, que los quieres. Recuerda que la gente quiere aprovecharse de ti. Amar a alguien es peligroso. Lo mejor es ir en contra de esos violentos sentimientos y cambiarlos por una pasiva condescendencia, por una tolerancia distante o simple y llanamente por indiferencia.
http://faenasphere.com/#!/target=10-consejos-para-ser-completamente-infeliz
martes, 12 de noviembre de 2013
¿La depresión puede ser contagiosa?
Ahora traigo a colación otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Notre Dame en el cual se apreció que rodearse de gente positiva ayuda a curar la depresión y, viceversa.
La investigación se realizó con 103 parejas de estudiantes universitarios que compartían piso y que cursaban su primer año. Después del primer mes de estancia, se les pidió que completaran un cuestionario en el cual se evaluaron sus niveles de vulnerabilidad cognitiva y los síntomas depresivos. Tres y seis meses más tarde, todos volvieron a rellenar este cuestionario.
Así se apreció que cuando una persona muy vulnerable compartía espacio con otra persona que tenía síntomas depresivos, aumentaban las probabilidades de que el nivel de depresión de la primera aumentase. En otras palabras, si tenemos cierta predisposición a la depresión, compartir espacio con las personas deprimidas podría desencadenar los síntomas depresivos en nosotros. Lo interesante es que el contagio se produce en tan solo seis meses.
Vale aclarar que por "persona vulnerable" se entiende a aquella que responde de manera negativa ante las situaciones estresantes y que tiende a interpretar los fenómenos como algo que se escapa de su control o como un reflejo de su incapacidad. Estas características se van perfilando en la adolescencia y se instauran por completo en la edad adulta.
¿Por qué se produce el contagio?
El contagio emocional es un cambio en nuestro estado emocional que ocurre como resultado de las emociones que los otros nos transmiten, casi siempre de manera extraverbal. Los investigadores aún no brindan una explicación definitiva pero la causa podría esconderse ennuestras neuronas espejo, esas que se encargan de detectar las emociones de las personas que nos rodean y reproducirlas en nosotros, de esa manera somos más empáticos, nos logramos poner en el lugar del otro porque, de cierta manera, sentimos lo mismo. Obviamente, una persona que es vulnerable desde el punto de vista cognitivo, se dejará influenciar con mayor rapidez por las emociones de los demás y les pondrá menos resistencia.
También hay contagio positivo
La buena noticia es que cuando una persona que ya presentaba los primeros síntomas depresivos, compartía piso con alguien que mostraba actitudes positivas y seguras de sí, los índices de depresión tendían a disminuir. Un efecto que se comenzaba a notar ya a partir de los tres meses de convivencia.
Fuente: Haeffel, G. J. & Hames, J. L. (2013) Cognitive Vulnerability to Depression Can Be Contagious. Clinical Psychological Science.
lunes, 22 de abril de 2013
La depresión puede contagiarse en solo unos meses, revela un estudio
Una investigación realizada con estudiantes de universidad que compartían piso ha revelado que vivir con personas propensas a la depresión aumenta el riesgo de padecer este trastorno. Pero también ha constatado que puede suceder lo contrario: que individuos con un nivel bajo de vulnerabilidad cognitiva trasladen a otros propensos a la depresión su estado de ánimo. Los resultados sugieren que rodearse de gente positiva ayuda a curar la depresión.
Un estudio realizado con estudiantes de universidad que compartían piso ha revelado que una forma particular de pensar que hace a las personas vulnerables a la depresión puede contagiarse a otros individuos, aumentando en ellos los síntomas de depresión en solo seis meses.
Los resultados de esta investigación, llevada a cabo por los psicológicos Gerald Haeffel y Jennifer Hames de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, han aparecido publicados en Clinical Psychological Science que edita la Association for Psychological Science (APS) de Norteamérica.
El estudio ha demostrado que aquellas personas que responden negativamente a las situaciones estresantes de la vida y que tienden a interpretar cada evento como el resultado de factores que no pueden cambiar o como un reflejo de su propia deficiencia, son más vulnerables a la depresión.
Esta "vulnerabilidad cognitiva" es un factor de riesgo de depresión tan fundamental que puede utilizarse para predecir qué individuos son propensos a experimentar un futuro episodio de depresión, aunque nunca hayan padecido previamente este trastorno.
Las características propias de dicha vulnerabilidad cognitiva se concretan al inicio de la adolescencia, y permanecen estables en la edad adulta, pero Haeffel y Hames afirman en un comunicado de la APS que pueden ser moldeables en determinadas circunstancias.
El contagio positivo
Por el contrario, aquellos estudiantes a los que se les habían asignado compañeros con bajos niveles de vulnerabilidad cognitiva experimentaron una disminución en sus propios niveles. Este efecto de contagio resultó evidente en las evaluaciones realizadas tanto a los tres como a los seis meses.
Por otra parte, el riesgo de cambio en la vulnerabilidad cognitiva parece tener un efecto acumulativo, ya que aquellos estudiantes que mostraron un aumento de la vulnerabilidad cognitiva en los primeros tres meses de universidad presentaron casi el doble de nivel de síntomas depresivos a los seis meses que aquellos que no mostraron tal aumento en la evaluación realizada a los tres meses.
Los resultados proporcionan una prueba evidente del efecto contagio de los síntomas de depresión, lo que confirma la hipótesis inicial de los investigadores.
El contagio como terapia
A partir de estos hallazgos, Haeffel y Hames sugieren que el efecto contagio podría ser aprovechado para ayudar a tratar los síntomas de la depresión: "Nuestros descubrimientos sugieren que sería posible utilizar el entorno social de una persona como tratamiento, ya sea como complemento de otras intervenciones ya en marcha o como intervención independiente", escriben.
"Rodear a cualquier persona de otras que presentan un estilo cognitivo adaptativo debería ayudar a facilitar el cambio cognitivo como terapia", añaden.
Según los investigadores, los resultados de este estudio indican que puede ser el momento de reconsiderar la forma en que pensamos acerca de la vulnerabilidad cognitiva.
"Nuestro estudio demuestra que la vulnerabilidad cognitiva tiene el potencial de crecer y menguar con el tiempo, en función del contexto social. Esto significa que esta vulnerabilidad debe ser pensada como plástica, en lugar de inmutable", concluyen.
Referencia bibliográfica:
G. J. Haeffel, J. L. Hames. Cognitive Vulnerability to Depression Can Be Contagious. Clinical Psychological Science(2013). DOI: 10.1177/2167702613485075.
Un estudio realizado con estudiantes de universidad que compartían piso ha revelado que una forma particular de pensar que hace a las personas vulnerables a la depresión puede contagiarse a otros individuos, aumentando en ellos los síntomas de depresión en solo seis meses.
Los resultados de esta investigación, llevada a cabo por los psicológicos Gerald Haeffel y Jennifer Hames de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, han aparecido publicados en Clinical Psychological Science que edita la Association for Psychological Science (APS) de Norteamérica.
El estudio ha demostrado que aquellas personas que responden negativamente a las situaciones estresantes de la vida y que tienden a interpretar cada evento como el resultado de factores que no pueden cambiar o como un reflejo de su propia deficiencia, son más vulnerables a la depresión.
Esta "vulnerabilidad cognitiva" es un factor de riesgo de depresión tan fundamental que puede utilizarse para predecir qué individuos son propensos a experimentar un futuro episodio de depresión, aunque nunca hayan padecido previamente este trastorno.
Las características propias de dicha vulnerabilidad cognitiva se concretan al inicio de la adolescencia, y permanecen estables en la edad adulta, pero Haeffel y Hames afirman en un comunicado de la APS que pueden ser moldeables en determinadas circunstancias.
El contagio positivo
Por el contrario, aquellos estudiantes a los que se les habían asignado compañeros con bajos niveles de vulnerabilidad cognitiva experimentaron una disminución en sus propios niveles. Este efecto de contagio resultó evidente en las evaluaciones realizadas tanto a los tres como a los seis meses.
Por otra parte, el riesgo de cambio en la vulnerabilidad cognitiva parece tener un efecto acumulativo, ya que aquellos estudiantes que mostraron un aumento de la vulnerabilidad cognitiva en los primeros tres meses de universidad presentaron casi el doble de nivel de síntomas depresivos a los seis meses que aquellos que no mostraron tal aumento en la evaluación realizada a los tres meses.
Los resultados proporcionan una prueba evidente del efecto contagio de los síntomas de depresión, lo que confirma la hipótesis inicial de los investigadores.
El contagio como terapia
A partir de estos hallazgos, Haeffel y Hames sugieren que el efecto contagio podría ser aprovechado para ayudar a tratar los síntomas de la depresión: "Nuestros descubrimientos sugieren que sería posible utilizar el entorno social de una persona como tratamiento, ya sea como complemento de otras intervenciones ya en marcha o como intervención independiente", escriben.
"Rodear a cualquier persona de otras que presentan un estilo cognitivo adaptativo debería ayudar a facilitar el cambio cognitivo como terapia", añaden.
Según los investigadores, los resultados de este estudio indican que puede ser el momento de reconsiderar la forma en que pensamos acerca de la vulnerabilidad cognitiva.
"Nuestro estudio demuestra que la vulnerabilidad cognitiva tiene el potencial de crecer y menguar con el tiempo, en función del contexto social. Esto significa que esta vulnerabilidad debe ser pensada como plástica, en lugar de inmutable", concluyen.
Referencia bibliográfica:
G. J. Haeffel, J. L. Hames. Cognitive Vulnerability to Depression Can Be Contagious. Clinical Psychological Science(2013). DOI: 10.1177/2167702613485075.
lunes, 4 de marzo de 2013
Por qué la soledad nos enferma
Los médicos saben desde hace tiempo que la soledad no es buena para la salud mental, ya que tiene asociadas patologías como la depresión, el estrés, la ansiedad y la falta de autoestima.
Pero cada vez hay mas evidencias de que el aislamiento social está también conectado con otros problemas físicos.
Algunos estudios sugieren que la soledad puede causar enfermedades con consecuencias fatales.
En 2006, una investigación realizada con 2.800 mujeres que padecían cáncer de mama sugirió que aquellas pacientes que veían poco a familiares y amigos tenían hasta cinco veces más posibilidades de morir que aquellas con una vida social mas activa.
Es por eso que los científicos están intentando averiguar qué efectos tiene la soledad sobre el cuerpo.
Psicólogos de la Universidad de Chicago y de la Universidad Estatal de Ohio han demostrado que las personas que están socialmente aisladas desarrollan cambios en sus sistemas inmunológicos, que provocan una condición conocida como inflamación crónica.
Las inflamaciones temporales son necesarias para la cura de cortes o infecciones, pero si la inflación persiste en el tiempo puede llevar a padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Los investigadores de la Universidad de Chicago descubrieron que las personas solitarias encuentran más estresantes las actividades diarias que aquellas con una vida social más activa.
Los científicos creen que el cortisol, la hormona que el cuerpo libera como respuesta al estrés, causa inflamaciones y otras enfermedades.
Situaciones estresantes
El último estudio de la Universidad Estatal de Ohio se fijó en los niveles de inflamación en respuesta al estrés en personas solitarias.
La doctora Lisa Jeremka comparó a mujeres que han sobrevivido a un cáncer de mama con voluntarias sanas.
Las sometió a una conocida prueba llamada Test de Estrés Social de Trier, en la que, sin previo aviso, las participantes debían dar una charla frente a un panel explicando por qué eran las mejores candidatas para un puesto de trabajo.
Después se les pidió que hicieran una operación de aritmética frente al panel.
Los exámenes realizados tras este test mostraron que en ambos grupos, las personas solitarias eran las que presentaban un mayor nivel de inflamación.
"Si se está solo se pude tener un nivel de inflamación mayor sin importar si se padece una enfermedad crónica", señala la doctora Jeremka.
"Durante mucho tiempo a los médicos les costó reconocer la importancia de la soledad en la salud. Ahora sabemos que es necesario analizar y entender los contextos sociales de los pacientes".
El número de personas que viven solas está creciendo en todo el mundo. Muchos son ancianos, que se han quedado solos después de la muerte de sus parejas o cuando sus familias se han mudado.
Por ejemplo, en Reino Unido, la mitad de los mayores de 75 años viven solos y uno de cada diez padece de soledad aguda.
"Estar solo significa no sentirse conectado o cuidado, no tiene que ver con estar físicamente solo", señala doctora Lisa Jeremka.
"Necesitamos encontrar la manera de ayudar a la gente solitaria. Lamentablemente, no podemos decirle a todo el mundo que salga y encuentre a alguien que le quiera. Necesitamos crear redes de apoyo", concluye la experta.
Pero cada vez hay mas evidencias de que el aislamiento social está también conectado con otros problemas físicos.
Algunos estudios sugieren que la soledad puede causar enfermedades con consecuencias fatales.
En 2006, una investigación realizada con 2.800 mujeres que padecían cáncer de mama sugirió que aquellas pacientes que veían poco a familiares y amigos tenían hasta cinco veces más posibilidades de morir que aquellas con una vida social mas activa.
Es por eso que los científicos están intentando averiguar qué efectos tiene la soledad sobre el cuerpo.
Psicólogos de la Universidad de Chicago y de la Universidad Estatal de Ohio han demostrado que las personas que están socialmente aisladas desarrollan cambios en sus sistemas inmunológicos, que provocan una condición conocida como inflamación crónica.
Las inflamaciones temporales son necesarias para la cura de cortes o infecciones, pero si la inflación persiste en el tiempo puede llevar a padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Los investigadores de la Universidad de Chicago descubrieron que las personas solitarias encuentran más estresantes las actividades diarias que aquellas con una vida social más activa.
Los científicos creen que el cortisol, la hormona que el cuerpo libera como respuesta al estrés, causa inflamaciones y otras enfermedades.
Situaciones estresantes
El último estudio de la Universidad Estatal de Ohio se fijó en los niveles de inflamación en respuesta al estrés en personas solitarias.
La doctora Lisa Jeremka comparó a mujeres que han sobrevivido a un cáncer de mama con voluntarias sanas.
Las sometió a una conocida prueba llamada Test de Estrés Social de Trier, en la que, sin previo aviso, las participantes debían dar una charla frente a un panel explicando por qué eran las mejores candidatas para un puesto de trabajo.
Después se les pidió que hicieran una operación de aritmética frente al panel.
Los exámenes realizados tras este test mostraron que en ambos grupos, las personas solitarias eran las que presentaban un mayor nivel de inflamación.
"Si se está solo se pude tener un nivel de inflamación mayor sin importar si se padece una enfermedad crónica", señala la doctora Jeremka.
"Durante mucho tiempo a los médicos les costó reconocer la importancia de la soledad en la salud. Ahora sabemos que es necesario analizar y entender los contextos sociales de los pacientes".
El número de personas que viven solas está creciendo en todo el mundo. Muchos son ancianos, que se han quedado solos después de la muerte de sus parejas o cuando sus familias se han mudado.
Por ejemplo, en Reino Unido, la mitad de los mayores de 75 años viven solos y uno de cada diez padece de soledad aguda.
"Estar solo significa no sentirse conectado o cuidado, no tiene que ver con estar físicamente solo", señala doctora Lisa Jeremka.
"Necesitamos encontrar la manera de ayudar a la gente solitaria. Lamentablemente, no podemos decirle a todo el mundo que salga y encuentre a alguien que le quiera. Necesitamos crear redes de apoyo", concluye la experta.
Comentario: Les recomendamos que prueben Éiriú Eolas para combatir sentimientos de aislamiento. Miles de personas alrededor del mundo lo están haciendo y se están encontrando a sí mismas y a los demás. Para más información vea la versión en línea.
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Comentario: Una manera de enfocar este efecto en las personas es considerando la capacidad fisiológica llamada "resonancia límbica". Aquípodemos encontrar una definición:
"La resonancia límbica es la capacidad de compartir estados emocionales profundos que surgen del sistema límbico del cerebro. Estos estados incluyen los sentimientos promovidos por el circuito dopamínico de la armonía empática y los estados emocionales de miedo originados por el circuito noreprinefrínico, la ansiedad y la ira. El concepto fue propuesto por primera vez en el libro "A general theory of love". Se refiere a la capacidad de conexión empática y no verbal de los animales y que forma la base de nuestras conexiones sociales al igual que los fundamentos de varios modos de terapia y curación. Según los autores, profesores de psiquiatría de la UCSF, nuestros sistemas nerviosos no son independientes, sino que, de manera demostrable, están en consonancia con aquellos a nuestro alrededor con los que tenemos una relación estrecha. "En el resplandor de su nuevo cerebro, los mamíferos desarrollaron una capacidad que denominamos "resonancia límbica", una sinfonía de intercambio mutuo y adaptación interna en la que dos mamíferos pasan a estar en consonancia con los estados interiores del otro. Por ejemplo, los autores vuelven a contar detalladamente los conocidos experimentos de Harry Harlow que establecen la importancia del contacto físico y afecto en el desarrollo cognitivo y social del mono Rhesus. También hacen un uso extensivo de la investigación posterior a cargo de Tiffany Field del contacto madre/bebé, Paul D. MacLean sobre el cerebro triúnico (reptiloide, límbico, y neocórtex), y la obra de G.W.Kraemer.
[...] En "A handbook of Psychology" (2003) se traza un claro camino a partir de 1965 Winnicott identificando el concepto de madre e hijo como un organismo de relación o pareja y prosigue para examinar la interrelación de la respuesta social y emocional con el desarrollo neurológico y el papel del sistema límbico regulando la respuesta al estrés.
La Resonancia límbica también se conoce como "resonancia empática", como en el libro "Empathy in Mental Illness"(2007), que establece la importancia de la empatía o falta de ella en una amplia gama de patologías individuales y sociales. Los autores Farrow y Woodruff citan el trabajo de Maclean, 1985, que establece que "La empatía puede que sea el corazón del desarrollo de mamíferos, la regulación límbica y la organización social", así como la investigación hecha por Carr y otros, 2003, que utilizaron resonancia magnética funcional la actividad para localizar actividad cerebral durante la observación y la imitación de expresiones faciales emocionales, concluyendo que "entendemos los sentimientos de los demás a través de un mecanismo de representación de las acciones que da forma al contenido emocional y que nuestra resonancia empática se basa en la experiencia de nuestros cuerpos en acción y las emociones asociadas con los movimientos específicos del cuerpo". Otros estudios citados examinan la relación entre las neuronas especulares (o neuronas espejo, activas durante la actividad imitando tal) y el sistema límbico, como los de Chartrand y Bargh, 1999: "Las áreas de neuronas especulares parecen controlar esta interdependencia, esta intimidad, este sentido de la agencia colectiva que surge de las interacciones sociales y que está estrechamente vinculada a la capacidad de formar resonancia empática."
También les recomendamos el programa de respiración y meditación Éiriú Eolas, con el cuál podrá acceder y liberar las toxicidades físicas, emocionales y mentales.