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martes, 9 de abril de 2013

Laboratorios experimentales: los hornos crematorios de "población sobrante"





Las matanzas son diarias, sistemáticas, continuas, y nadie las contabiliza en una estadística general que seguramente sorprendería y sockearía por la intensidad numérica de las masacres que se suman ante la indiferencia mundial de gobiernos y de las sociedades idiotizadas y alienadas por la estructura mediática.
El humano, un animal supuestamente racional, hoy formado mental y psicológicamente por los programas y las pensamientos de acción del sistema capitalista que gobierna el planeta, es el único espécimen que desarrolló una estrategia y un plan de acción para dominar, controlar, y explotar a sus semejantes ejecutando políticas de extermino social y de rapiña medio ambiental más allá de sus necesidades individuales.

En perspectiva científica, el humano (formado por sistema capitalista) es un depredador en gran escala que, a diferencia de las otras especies, ya no mata por supervivencia, sino por construcción de dominio económico, político y social.

Dentro de los parámetros funcionales del sistema capitalista (establecido como "civilización única") la "población sobrante" son las masas expulsadas del circuito del consumo como emergente histórico de la dinámica de concentración de riqueza en pocas manos.

Estas masas, que se multiplican por las periferias de Asia, África y América Latina, no reúnen los estándares del consumo básico (supervivencia mínima) que requiere la estructura funcional del sistema para generar rentabilidad y nuevos ciclos de concentración de activos empresariales y fortunas personales.

Además, esa masas expulsadas del circuito del consumo, requieren (para darle una pantalla "compasiva" al sistema) de una estructura "asistencialista"compuesta por la ONU y las organizaciones internacionales que representan una carga y un "pasivo indeseable" en los balances de gobiernos y empresas trasnacionales a escala global.

Dentro del mercado y de la sociedad de consumo capitalista, la lógica de producción no se mide por la satisfacción de las necesidades básicas de la sociedad (comida, vivienda salud, educación etc.) sino por los parámetros de optimización de la rentabilidad privada.

La producción de bienes y servicios (esenciales para la supervivencia) controlada por el capitalismo está socializada, pero su utilización está privatizada: No responde a fines sociales de distribución equitativa de la riqueza producida por el trabajo social sino a objetivos de búsqueda de rentabilidad capitalista privada.

El objetivo estratégico central del sistema (su lógica y esencia funcional) está motorizado, en primer término, por la búsqueda de la rentabilidad para sus empresas y bancos transnacionales, su columna vertebral ejecutora de sistema económico dominante a escala planetaria.

Esta dinámica -históricamente probada- genera un resultante contradictorio: Achicamiento del consumo, concentración de riqueza en pocas manos, y expulsión del circuito del consumo y de la supervivencia de miles de millones de personas.

La población del mundo ya supera los 7.000 millones de personas, de la cuales sólo alrededor de 500 millones, las "clases altas" (ricos y súper ricos) se ubican en el status de "nivel óptimo" de consumo que requieren las necesidades operativas de rentabilidad de los bancos y empresas que hegemonizan la industria, el comercio y las finanzas del sistema capitalista impuesto a escala global.

Fuera de este triángulo del "consumo óptimo", compuesto en su vértice por el segmento de los ricos y "súper-ricos", alimentado por el sector concentrador de riqueza a escala global, se encuentran otros 2.500 millones de personas, las que (sin llegar al "consumo óptimo" de los "súper ricos") desarrollan un "consumo regular" de los bienes y servicios producidos y ofertados (para quien pague por ellos) por la estructura productiva capitalista.

Este sector está formado por los sectores llamados "clases medias" (en estratos de "alta" a "baja") que se ubican en el medio de la pirámide de la sociedad de consumo capitalista, tanto en los países centrales como en las áreas periféricas, emergentes o subdesarrolladas, de Asia, África y América Latina.


Como principio experimental, los nuevos hornos crematorios de "población sobrante" ahora cambiaron de denominación. Ya no se llaman hornos crematorios sino "guerra contraterrorista".
Debajo de estos segmentos, hay una franja de población de aproximadamente 3.500 millones de personas que oscilan entre la "pobreza estructural" (no cubren sus necesidades básicas) y la "indigencia" (carentes de medios de supervivencia), que conforman una "masa crítica" de expulsados del circuito del mercado masivo del consumo.

"Pobres estructurales" e "indigentes", marcan las fronteras de la exclusión social, y son el producto histórico más representativo, el emergente social de un sistema económico que no produce con fines sociales sino con fines de rentabilidad individual conseguida con la explotación del trabajo social.

Como el sistema dominante solo produce para quien pueda pagar por los bienes y servicios, esta masa expulsada del circuito del consumo (por la dinámica concentradora de riqueza en pocas manos) le "sobra" al sistema capitalista, y sólo una cantidad reducida (la masa integrada que va quedando detrás de las expulsiones periódicas) le produce ganancia a las grandes empresas y bancos transnacionales que controlan todos los eslabones del mercado y la producción mundial.

Y esta expulsión sistemática de los parámetros de supervivencia humana arroja un resultado:

Según la ONU, en el mundo ya hay más de 3.000 millones de personas que padecen hambre, pobreza o desnutrición, la cifra más alta de la historia, cerca de la mitad de la población mundial, que hoy ya se estima en alrededor de 7.000 millones de personas.

Según la ONU, con "menos del 1%" de los fondos económicos que han utilizado los gobiernos capitalistas centrales para salvar al sistema financiero global (bancos y empresas que han desatado la crisis económica), se podría resolver la calamidad y el sufrimiento de los miles de millones que son víctimas de la hambruna a escala mundial. ¿Y porqué no se hace? Por una razón de fondo: Los pobres, los desamparados, la "población sobrante", no son un "producto rentable" para el sistema capitalista.

No consumen, o lo poco que pueden consumir para supervivir en escalas marginales, no alcanza para mantener los estándares de rentabilidad que requiere el aparato productivo y la sociedad de consumo capitalista.

Por lo tanto, la fábrica de "población sobrante" del sistema capitalista, genera como emergente más inmediato bolsones de rebelión y de estallidos sociales que se potencian a niveles impensables dentro del colapso económico financiero desatado a escala mundial.

La "solución malthusiana"

¿Qué hacer con la "población sobrante", con los pobres, con los desintegrados expulsados del mercado del consumo capitalista?

¿Pueden volver a ser incluirlos dentro del mercado como consumidores regulares?

Para los expertos, en la actual configuración del sistema productivo mundial (sólo orientado al segmento de los que pueden pagar) es lógicamente improbable (sino imposible) reincorporar a la masa de "población sobrante" que sólo podría realizarse por medio de la "socialización" del producido de riqueza mundial.

Algo imposible de realizar dentro de los parámetros de rentabilidad privada que rige la estructura capitalista privada nivelada para todo el planeta.

¿Y que va a pasar cuando los pobres y los hambrientos, empiecen a estallar como una masa de rebelión violenta por las áreas emergentes y subdesarrolladas del sistema a escala global?

El sistema, más allá de un asistencialismo superficial, no está diseñado ni preparado para cubrir contingencias alimentarias a gran escala como ya se verificó con la crisis alimenntaria producida por la suba de alimentos en el 2008.

En la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria que se celebró en Roma, en noviembre pasado, el director general de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de Naciones Unidas, Jacques Diouf, ante la ausencia de los líderes políticos de los países ricos, señaló que "el problema del hambre no es una prioridad para los países más ricos".

El fracaso reiterado de las cumbres por la solución de la pobreza y del hambre, revela por si solo que los pobres y hambrientos del mundo (por una estricta valoración de la ecuación "costo-beneficio" capitalista) ya fueron abandonados a su suerte y condenados a muerte sin juicio previo.

El capitalismo, está probado, carece de una salida inclusiva y también de una salida asistencialista para la masa de población sobrante que se incrementa aceleradamente con la crisis económica del sistema.

Pague o haga dieta: Parece ser la receta final del sistema capitalista para la masa mundial de población sobrante, empobrecida y hambrienta, que permanece fuera del mercado del consumo.

¿Qué hacer con los pobres y hambrientos que pueden marchar en una rebelión sangrienta y desesperada hacia la conquista de comida por la fuerza en las grandes urbes? ¿Si el sistema no los puede incluir cuál es la solución?

Aquí llegamos al punto de "solución malthusiana" más descarnada. Si el sistema capitalista no los puede incluir y quiere sobrevivir, evitando una masiva rebelión de los pobres atacando sus metrópolis, por lógica, tiene que buscar y concretar una nueva forma quirúrgica de exterminarlos sin dejar rastro.

¿Nuevos hornos crematorios de "solución final" en gran escala?

Laboratorios experimentales

Como principio experimental, los nuevos hornos crematorios de "población sobrante" ahora cambiaron de denominación. Ya no se llaman hornos crematorios sino "guerra contraterrorista".

Bajo esa denominación, desde el 2001, funcionan operaciones militares de exterminio masivo que abarcan áreas estratégicas de "población sobrante" de Asia, África y Medio Oriente.

Los nuevos hornos crematorios son los bombardeos masivos a supuestos búnkeres de "terroristas" situados en áreas densamente pobladas de poblaciones civiles habitadas por pobres y marginales, conformados como nuevos laboratorios experimentales de "solución final" (incorporada) para contener las futuras rebeliones de hambrientos.

En Irak, distintas organizaciones internacionales estiman en más de un millón los muertos desde la ocupación, en Afganistán, las victimas se cuentan por centenares de miles en los distintos frentes militares imperiales de Asia y África, las víctimas se suman por decenas de miles.

Los exterminios militares continuados de Israel en Gaza y en Líbano, son apenas la punta de un iceberg de un genocidio en alta escala de "población sobrante" que desde el 2001, y en nombre de la "guerra contraterrorista", ha masacrado a millones de seres humanos en las áreas subdesarrolladas y pobres de Asia, África y Medio Oriente.

Las matanzas son diarias, sistemáticas, continuas, y nadie las contabiliza en una estadística general que seguramente sorprendería y sockearía por la intensidad numérica de las masacres que se suman ante la indiferencia mundial de gobiernos y de las sociedades idiotizadas y alienadas por la estructura mediática.

Mientras la población "incluida" goza de espectáculos, consume productos y depresión individualista, y vive sus problemas como el fin de la historia, hay una maquinaria militar aceitada que ejecuta "población sobrante" durante las 24 horas del día.

Esta nueva "solución final" maltushiana aplicada militarmente, que evoluciona de lo simple a lo complejo, tiene un clara línea de ejecución y continuidad en los procesos de ocupación militar (Irak y Afganistán) y en los distintos escenarios de "guerra contra el terrorismo" en Asia, África y Medio Oriente.

Líbano, Irak, Gaza, Afganistán, Irak, Pakistán, Sudán, Somalia, entre otros (al margen de los objetivos geopolíticos y militares que representan dentro del tablero de la guerra intercapitalista por el apoderamiento del petróleo y de los recursos estratégicos), son teatros experimentales de exterminio militar en masa de "población sobrante" que funcionan bajo la carátula operativa de la "guerra contra el terrorismo".

Bajo la total indiferencia de la población mundial "incluida", casi a diario, y en nombre de la "guerra contraterrorista", se registran matanzas militares de "población sobrante" que son tomadas como un "hecho natural" por la prensa del sistema. 

Gaza, Líbano, Afganistán, Pakistán, Irak, Sudán, Somalía, Nigeria,Yemen, son los ejemplos más sobresalientes de estos ensayos experimentales de supresión militar diaria de "población sobrante" que se suceden ante la total indiferencia de la sociedad mundial de los incluidos en el mercado del consumo.

En este escenario, luego de Líbano y de Gaza, la última experiencia más sobresaliente de exterminio militar relámpago de "población sobrante" en masa fue Sri Lanka, en mayo del año 2010.

En Sri Lanka (ex Ceilán), durante el año 2010, en lo que EEUU y las potencias occidentales calificaron como "fase final contra el terrorismo tamil" fueron asesinadas, en sólo cuatro semanas, más de 20.000 civiles, según una investigación del diario británico The Times.

La cifra, triplicó la información oficial aportada por la ONU y el gobierno títere ceilandés. A su vez, la operación de exterminio militar dejó a más 300.000 civiles con sus viviendas destruidas y sometidos a una catástrofe humanitaria sin precedentes.

La masacre, realizada mediante bombardeos aéreos y terrestres ininterrumpidos sobre poblaciones civiles, sentó un precedente de "práctica genocida impune", un procedimiento de exterminio militar aceptado y tolerado sobre la base de la complicidad del "silencio" de los gobiernos mundiales y de las organizaciones internacionales, a los que se sumaron (en calidad de grandes ocultadores y manipuladores) las grandes cadenas mediáticas y sus repetidoras locales a nivel de los cinco continentes. 

Pero el laboratorio nunca se detuvo. Más allá de sus cíclicas "masacres relámpago" las masacres funcionan durante las 24 horas del día como una aceitada maquinaria de exterminio masivo que no se detiene nunca.

En Afganistán, Irak, Pakistán, África y Medio Oriente, los operativos masacre de "población sobrante" son sistemáticos, y las cifras de muertos (que se suman a diario) no son registrados en forma general por las estadísticas oficiales ni por la prensa del sistema.

Son los nuevos hornos crematorios para exterminar a los excluidos "sobrantes" del sistema, que pasan desapercibidos por la malla de complicidad existente entre los medios de comunicación, los gobiernos y la sociedad de los "incluidos" a escala global.

Como le diría Bush a Obama: Se trata de la "guerra contraterrorista", estúpido.

Comentario: La historia de la humanidad está plagada de ejemplos como este, solo que hoy en día los exterminios son a gran escala bajo la indiferencia y el consentimiento de las grandes masas. ¿Hasta cuando?
Pero aquí no estamos hablando de zorras y conejos, estamos hablando de seres humanos y seres que parecen humanos - una intra-especie depredadora de extraordinaria astucia - que ha evolucionado en el crisol de la inteligencia humana para poder manejar efectivamente ese mecanismo de defensa que es distintivamente humano: la creatividad productiva e inteligente. [El regalo de los Magos a los Elegidos - Un ensayo de Navidad - Laura Knight Jadczyk]
Para más información de estos depredadores intra-especie vea: https://www.youtube.com/playlist?list=PLjjTtb2fdUVxoicXboTGR7oEZJqxyvlt6&feature=view_all

jueves, 7 de marzo de 2013

Los inspectores de la ONU pueden venir pero sólo de paseo



© Archivo Cooperativa.cl
Ridículas condiciones pone el gobierno de EEUU a los veedores de la ONU
"He sido invitado a Guantánamo, pero no para visitar prisioneros o conversar con ellos", dijo el jurista, tras presentar su informe anual al Consejo de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas, que se reúne en Ginebra.

Según Méndez, la invitación es "a dar una vuelta, hablar con las autoridades y que éstas me muestren las instalaciones, y no todas, sino algunas, y por supuesto bajo estas condiciones no puedo ir".

Recordó que su antecesor en el cargo, Manfred Novak, ya fue invitado en 2004 -bajo la Administración de George W. Bush- a la prisión de la base naval de Guantánamo, pero con las mismas restricciones, por lo que también declinó la propuesta.

En 2010, cuando se convirtió en relator contra la Tortura, Méndez renovó la solicitud -"pensando que recibiría autorización en términos diferentes"-, pero la respuesta de Estados Unidos fue idéntica a la de seis años antes, según contó.

El relator aseguró que continuará insistiendo "en ir a Guantánamo, pero en términos diferentes", así como a otras prisiones de Estados Unidos.

Cita con Manning

En otro pasaje de sus declaraciones, Méndez dijo que también pidió entrevistarse con Bradley Manning -el soldado que reconoció haber filtrado información clasificada de EE.UU., entre otros a Wikileaks-, pero se le respondió que podría hablar con él supuestamente en privado "sin garantías de que la conversación no sería registrada", lo que rechazó.

En el caso de Manning le preocupaba el aislamiento en el que se encontraba durante su detención, una situación que cambió tras ser trasladado a otra prisión.

Finalmente un entusiasta de la tortura será el director de la CIA


© The Associated Press / Carolyn Kaster
John Brennan
El Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos aprobó este martes el nombramiento de John Brennan como director de la CIA, la tercera y última vacante en el aparato de seguridad nacional del presidente Barack Obama.

Los senadores votaron a puerta cerrada por 12 votos contra 3 a favor de Brennan, un voto que aún debe ser ratificado por el pleno del Senado esta semana. A principios de este año, John Kerry fue confirmado al frente de la diplomacia estadounidense y Chuck Hagel en el Departamento de Defensa.

Comentario: para mayor información sugerimos a nuestros lectores el editorial de Joe Quinn La Manera Norteamericana de Vivir: Listas de matanza y torturas .

miércoles, 6 de marzo de 2013

El mapa de la tortura




© Desconocido
Si cabía alguna duda sobre el alcance de la tortura que ejecuta la CIA y el gobierno de los Estados Unidos sobre el mundo, ya está aclarada. Un mapa revela todos sus lugares no tan secretos... Varios medios internacionales publicaron un informe del Instituto Open Society, titulado Globalizando la Tortura: detenciones secretas y rendiciones extraordinarias de la Agencia Central de InteligenciaEl documento revela un mapa de dónde la CIA realiza actividades relacionadas con la tortura. El mapa cuenta una historia , ilustra en cuántos lugares tiene algún tipo de instalación o servicio, como cárceles secretas o permiso para realizar vuelos secretos. La polémica no se hizo esperar.

Otro medio digital muy leído en Estados Unidos, The Huffington Post, publicó un comentario del profesor Greg Grandin, de la Universidad de Nueva York... Dice el autor que 54 países participaron de varias maneras en el sistema de tortura que Estados Unidos impone al planeta. Casi ninguna parte del mundo se salva de tener en sus fronteras lugares donde se practica la tortura o se encarcela sin juicio. Ni norteamérica, donde está ubicado esta especie de comando central de la tortura, ni Europa, ni Medio Oriente, ni África ni Asia. Casi el mundo entero, sin embargo hay una parte que no alberga la tortura ejercida por Estados Unidos. El mapa lo dice con claridad: el horror de la tortura no se acepta en Latinoamérica. Grandin titula su artículo: La excepción latinoamericana.

Ni un solo país de la región, que antes Wahington llamaba su traspatio, participa en el abuso y el terrorismo de estado ejercido por el gigante del norte. Ni siquiera Colombia, un país tan cerca políticamente de Estados Unidos, y quien tiene en su territorio varias bases militares, tiene entre sus territorios, según afirma el mapa, lugares donde se practique la tortura. El análisis de este historiados norteamericano resulta muy interesante cuando refiere, que solo hay una gran mancha en el mapa de nuestra región: la Base Naval de Guantánamo, un territorio ilegalmente ocupado por Estados Unidos en Cuba, donde mantienen un centro de tortura, pero el autor no se queda callado con respecto a este tema el caso de la ilegal Base Naval de Guantánamo subraya el punto, "ya que Teddy Roosevelt se adjudicó ese territorio en perpetuidad a principios del siglo XX". Un lugar que ocupan ilegalmente, y que además usan para actividades ilegales, donde mantienen detenidas a personas sin juicio.

Llama la atención que Latinoamérica quede libre de este flagelo, teniendo en cuenta que la historia reciente demuestra que fue el centro de operaciones para ensayar lo que ejecutan ahora, ya que en los años 60, 70 y 80 se aplicaron probablemente las más férreas dictaduras de la historia, debido a la aplicación del plan Cóndor, diseñado desde Washington. Cientos de miles de personas en Latinoamérica fueron torturadas, asesinadas, desaparecidas o encarceladas sin juicio, debido en gran parte a la organización y el apoyo proveído por Estados Unidos a los regímenos totalitarios de aquel momento. Grandin recuerda que tres de los actuales presidentes de la región fueron víctimas de esta barbarie: el uruguayo José Mujica, la brasileña Dilma Roussef y el nicaraguense Daniel Ortega.

Cuando el principal conflicto de la guerra fría terminó en 1991, organizaciones derechos humanos comenzaron a desmantelar todos estos hechos. Pero, a pesar de la cercanía a Estados Unidos y al pasado reciente de tortura y crimen, hoy Latinoamérica y el Caribe no albergan, ni promueven, ni realizan tortura bajo los auspicios de Estados Unidos ni de nadie... Pocos años después de 1991 una generación de gobiernos de izquierda tomaron poder, y limitaron la influencia de Washington en la región. Cuando los ataques del 11 de septiembre, momento en el que comenzó la guerra contra el terror, y la nueva excusa de Washington para llevar la guerra y la tortura a donde quisieran, ya en América Latina presidía Hugo Chávez, más tarde ganó la presidencia de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, y después en Argentina fue elegido Néstor Kirchner. Luego en Ecuador ganó Rafael Correa, quien sin miedo y con absoluta firmeza expulsó a los militares estadounidenses de la base aérea de Manta.

Habrá quien piense que el hecho de que ese mapa publicado por el Instituto del Open Society, no incluya a Latinoamérica, es porque Estados Unidos no quiere tener en la región centros de tortura. No obstante, las evidencias cuenta algo distinto. Washington lo necesita e incluso lo ha pedido. Se sabe por cables de Wikileaks, que el Departamento de Estado norteamericano intentó que Brasil acogiera a prisioneros de la Base Naval de Guantánamo, a lo que Lula se negó muchas veces.

Cabe preguntarse: ¿Por qué en tantos lugares y no en Latinoamérica? Es el resultado del logro de gobiernos democráticos que defienden la soberanía por encima de todo, hasta por encima de las presiones económicas del país más rico del mundo. Es también una muestra de coherencia entre todos los países que integran la región, que ahora está más unida que nunca. Es una excelente noticia que al menos en esta parte del mundo, Estados Unidos no imponga su reino del terror, y es aún una mejor noticia, que esa parte del mundo sea nuestra América Latina.

viernes, 1 de marzo de 2013

La historia oculta de la tortura con agua




© Desconocido
Introducción de Tom Engelhardt
A veces, el mundo puede ser visualizado como algo muy simple, en blanco y negro. Permítanme darles un ejemplo. Imaginen que los iraníes secuestran a un ciudadano estadounidense en un tercer país. (Si prefieren, pueden reemplazar a los iraníes por militantes de Al Qaeda o por norcoreanos o chinos.) Lo acusan de ser un terrorista. Lo encierran en una cárcel sin presentar cargos en su contra, sin juicio ni sentencia diciendo que creen que posee información crucial (quizás incluso del tipo "bomba de tiempo" -y los iraníes tienen alguna experiencia genuina con bombas de tiempo). En las semanas posteriores, lo torturan con el "submarino" (le sumergen la cabeza en el agua) una y otra vez. Lo desnudan, le colocan un collar y una correa de perro. Le ponen una capucha, le tiran perros encima. Le echan agua helada y lo dejan desnudo en las noches frías. Lo cuelgan por los brazos del techo en la postura "strappado". Estoy seguro de que no tengo que continuar con más detalles. ¿Hay alguna duda sobre lo que nosotros (o nuestros líderes) diríamos o pensaríamos de los responsables de esto?
Los llamaríamos bárbaros. Diríamos que han pasado los límites de la civilización. Torturadores. Monstruos. La personificación del Mal. Nadie en el gobierno de EE.UU., al leer el reporte de inteligencia de la CIA sobre el trato dispensado a ese estadounidense se preguntaría: "¿Esto es tortura?" Nadie en Washington tendría la urgencia de calificar como "técnicas perfeccionadas de interrogación" a lo que le hicieron al detenido. Si en una audiencia de confirmación en el Senado, le preguntaran a un candidato a director de la CIA si los actos de los iraníes fueron, de hecho, un método de "tortura", y este respondiera que no es un experto en el tema, ni un abogado ni un experto legal y por lo tanto no podría catalogarla como tal, no sería confirmado en el cargo. Y probablemente no tendría ningún cargo en Washington por el resto de su vida. Si le preguntaran si cree que los iraníes que cometieron esos actos y sus superiores que les dieron las órdenes deben ser enjuiciados en EE.UU. o en una Corte Internacional, el presidente jamás diría que en este momento es mejor "mirar hacia delante, no hacia atrás", ni tampoco el departamento de justicia les daría luz verde.

¿Entiendes lo que quiero decir? Cuando el mal es el mal, todo queda muy claro. Solo es cuando, como dice Nick Turse, autor del libro Kill Anything that Moves: The Real American War in Vietnam, los brutales actos en cuestión son cometidos por estadounidenses, siguiendo órdenes de sus superiores, que las cosas se vuelven complejas, con matices, abiertas a interpretaciones, comprensibles en términos humanos y explicables en el contexto de que existe una "bomba de tiempo" (aunque esta sea imaginaria).

Trata de mantener la calma -aunque empieces a sentir una opresión en el pecho y que el corazón te late alocadamente. Trata de no caer en pánico cuando sientas que el agua te entra por la nariz y la boca, mientras tratas de contraer la garganta y calmar la respiración y mantener algo de aire en los pulmones y luchar contra la creciente sensación de ahogo. Trata de no pensar en la muerte, porque no hay nada que puedas hacer, porque estás atado, porque alguien te echa agua en la cara y te ahoga lenta y deliberadamente. Estás en sus manos. Te sientes en agonía.

En resumen, eres la víctima de "tortura con agua". O del "submarino". O del "tratamiento de ahogo". O de la "asfixia húmeda". O de cualquier otro sobrenombre dado a esta forma de brutalidad que hoy se la llama con el eufemismo de "waterboarding" (sumergimiento en agua).

Esta práctica se volvió ampliamente conocida en EE.UU. tras saberse que la CIA la había estado usando contra presuntos terroristas después del 11 de septiembre. Recientemente, resurgió el debate con las representaciones cinematográficas de la técnica en el premiado film Zero Dark Thirty (La noche más oscura) y las menciones en las audiencias de confirmación en el Senado del nuevo director de la CIA John Brennan. La tortura con agua, sin embargo, tiene una historia sorprendentemente larga, que se remonta al siglo XIV. Ha sido usada de manera constante por las fuerzas armadas de EE.UU. desde principios del siglo XX, cuando fue empleada por contra los luchadores filipinos que luchaban por la independencia de su país. Los militares estadounidenses continuarían usando este método brutal en las décadas siguientes, y durante las guerras en Asia también habría víctimas.

La tortura con agua en Vietnam 

Durante más de una década, he investigado las atrocidades cometidas en la guerra de Vietnam. Durante ese tiempo, he conocido tanto a gente que aplicó la tortura con agua a sus víctimas como a personas que fueron atormentadas con ella. Los estadounidenses y sus aliados de Vietnam del Sur usaban la usaban con regularidad contra los combatientes prisioneros y contra los civiles detenidos para obtener información o simplemente como una forma de castigo. Aunque el uso se mantuvo secreto, una foto de esta forma de tortura apareció en la portada del Washington Post, el 21 de enero de 1968.

El acceso a documentos, que habían sido mantenidos secretos durante mucho tiempo, ayudó a llenar los huecos. "Mantuve al sospechoso en el suelo, le coloqué un trapo sobre la cara, y luego eché agua sobre el trapo, forzando el agua en su boca", explicó el sargento David Carmon en su testimonio ante investigadores por delitos cometidos por el ejército, en diciembre de 1970. Según la sinopsis de la investigación, el sargento admitió haber usado tanto tortura con electricidad como con agua al interrogar a detenidos, que murieron poco después. Según los resúmenes de los testimonios de testigos oculares entre los miembros de la unidad de Carmon, el prisionero identificado como Nguyen Cong fue "golpeado y pateado", perdió el conocimiento y sufrió convulsiones. Un doctor que examinó a Nguyen, sin embargo, declaró que el prisionero no presentaba ninguna anomalía. Carmon y otro miembro del equipo de inteligencia militar luego "golpearon a los vietnamitas y les echaron agua en la cara con un bidón de cinco galones de agua", según un resumen de su declaración. Un informe oficial de mayo de 1971 dice que Nguyen Cong se desmayó y "fue llevado hasta su jaula de reclusión, donde lo encontraron muerto más tarde".

Años después, Carmon me dijo por e-mail que el abuso de prisioneros en Vietnam era generalizado y estimulado por los superiores. "Nada estaba prohibido, nada estaba más allá de los límites fuera de herir gravemente a un prisionero".

Trascendió que las víctimas de tortura con agua no eran solo los vietnamitas prisioneros sino también miembros del personal militar estadounidense. Algunos documentos que hallé en el Archivo Nacional de EE.UU. ofrecen un vistazo a una historia aterradora que pocos estadounidenses conocen.

"A mí me hicieron "un trabajo con agua", le dijo un ex prisionero estadounidense a un investigador militar, según un informe del ejército de 1969. "Me esposaron y me llevaron a la ducha... Me sostuvieron la cabeza debajo del agua durante cerca de dos minutos y cuando jalé hacia atrás para respirar, me golpearon en el pecho y el estómago. Esto duró unos 10 minutos, durante los cuales me golpearon tirándome al suelo dos veces. Hasta que pararon cuando les rogué que lo hicieran."

Otra víctima declaró que su compañero de celda había unido las colillas de los cigarrillos para armar uno completo. Cuando los guardias descubrieron el "contrabando" lo agarraron y lo empujaron hacia las duchas. "Tres de los guardias me sostenían mientras que el cuarto sostenía mi cabeza bajo el agua de la ducha", declaró. "Esto duró por un rato y yo pensaba que me iba a ahogar." Después, hicieron lo mismo con su compañero de celda, quien, al regresar a la celda admitió que "había confesado" como resultado de la tortura.

Hubo otro detenido que declaró que los prisioneros esposados eran llevados a las duchas. "Los guardias sostenían la cabeza del prisionero hacia atrás y lo obligaban a tragar agua", explicó. "Esto obligaba a que el preso resista lo que les daba una excusa a los guardias para golpearlo." También declaró que estos no eran hechos aislados. "He presenciado tratamientos como este aproximadamente nueve veces."

"Cruel o inusual"

Esto no fue, de hecho, la primera vez que ciudadanos estadounidenses fueran objeto de tortura con agua en alguna guerra en Asia. En la II Guerra Mundial, militares japoneses usaron la tortura con agua contra presos de EE.UU. "Me sometieron a lo que ellos llamaban la 'cura de agua'", declaró el teniente Chase Nielsen después de la guerra. Cuando le preguntaron sobre esa experiencia, respondió: "Sentía que me estaba ahogando, en el límite entre la vida y la muerte".

La misma tortura fue sufrida por los pilotos estadounidenses capturados durante la Guerra de Corea. Uno de ellos hizo la siguiente descripción: "Me doblaban la cabeza hacia atrás, me ponían una toalla en la cara y echaban agua sobre la toalla. No podía respirar... Cuando me desmayaba, me sacudían y comenzaban de nuevo".

Por los delitos cometidos contra los prisioneros, incluyendo la tortura con agua, algunos oficiales japoneses fueron condenados y sentenciados a cumplir largas condenas, mientras que otros les aplicaron la pena de muerte.

La respuesta legal a los torturadores estadounidenses en Vietnam fue muy diferente. Mientras que investigaban los alegatos contra el sargento Carmon, por ejemplo, los agentes del ejército descubrieron que en la unidad del sargento existía un patrón de conducta "cruel y de maltrato" contra los prisioneros en el periodo de marzo de 1968 a octubre de 1969. Según un informe oficial, los agentes determinaron que la evidencia respaldaba cargos formales contra 22 interrogadores, muchos de ellos implicados en el uso de tortura con agua, tortura con electricidad, golpes y otras formas de maltrato. Pero no les presentaron cargos, ni les hicieron corte marcial ni les dieron ningún castigo ni a Carmon ni a nadie, según los registros.

Hubo una impunidad similar hacia los estadounidenses que torturaron a sus conciudadanos en Vietnam -usando una de las formas más extrañas de tortura con agua. Aunque un informe de 1969 del Inspector General del Ejército se refiere a "alegatos de brutalidad y maltrato", haciendo notar que "el tratamiento con agua fue aplicado como una forma de castigo y constituye un maltrato de prisioneros", no fue enjuiciado ninguno de los miembros de las fuerzas armadas, ni mucho menos sentenciado a un larga condena ni ejecutado por sus crímenes. De hecho, los implicados -guardias militares del centro de detención informalmente conocido como la cárcel de Long Binh- se libraron, aparentemente, de cualquier castigo.

Este récord de impunidad ha continuado hasta años recientes. Mientras que la CIA reconoció el uso del submarino después del 11 de septiembre y el presidente Obama declaró que esta práctica es un método de tortura, su gobierno declaró que nadie será enjuiciado por usar ni este ni ninguna otra forma de "técnica perfeccionada de interrogación". Como le señaló un vocero de la CIA al medio ProPublica el año pasado, el Departamento de Justicia "declinó presentar cargos en todos los casos", después de revisar el tratamiento que la Agencia le había dado a más de 100 detenidos.

El informe de 1969 del Inspector General reporta de manera inequívoca la definición del "tratamiento con agua" impuesto por militares estadounidenses contra prisioneros de ese mismo país como "cruel e inusual". Sin embargo, los abogados del gobierno de Bush en la era posterior al 11 de septiembre, trataron de redefinir la asfixia con agua de prisioneros indefensos como algo que no llega a ser tortura, regresando básicamente a los estándares éticos de la Inquisición española.

Al menos el informe de 1969 sostenía que la tortura con agua "fue ejecutada sin autorización" contra aquellos prisioneros estadounidenses. La situación actual es radicalmente diferente. En años recientes, los que determinaron y aprobaron técnicas de tortura no fueron meros brutos de bajo nivel jerárquico y sus superiores inmediatos, sino funcionarios de alto rango de la Casa Blanca, como la Consejera de Seguridad Nacional Condoleeza Rice y el vicepresidente Dick Cheney. Por el libro de memorias del propio George W. Bush sabemos que este presidente dio una orden entusiasta ("Damm right!") autorizando el uso de la tortura con agua, de la misma manera que el presidente Obama se ha asegurado de que ninguna persona del gobierno involucrada en autorizar o facilitar la tortura tenga que rendir cuentas de sus actos.

En 1901, un oficial estadounidense fue sentenciado a 10 años de trabajo forzado por torturar con agua a un prisionero filipino. Hacia fines de la década de 1940, esta práctica de varios siglos era tan repudiada que a aquellos hallados culpables de usarla les daban una larga condena o, incluso, la pena de muerte. Hacia fines de la década de 1960, todavía era percibida como un castigo cruel e inusual, incluso cuando los torturadores estadounidenses de vietnamitas y de presos estadounidenses no fueron sometidos a juicio. En el siglo XXI, cuando la tortura con agua pasó de las duchas de las prisiones del sudeste asiático a la Casa Blanca, se transformó en una "técnica perfeccionada de interrogación". Hoy, el funcionario elegido por el presidente para dirigir la CIA, se niega a rotular al submarino como "tortura".

¿Qué dice sobre una sociedad cuando los códigos morales y éticos del tratamiento de presos va en retroceso? ¿Qué se supone que debemos pensar de los líderes que autorizan, promueven o protegen prácticas brutales y de los ciudadanos que los respaldan y permiten que esto suceda? ¿Qué significa cuando la tortura que, por definición, es cruel, se vuelve usual?

[Nota del autor: No soy el primero en escribir sobre la aplicación de la tortura con agua a prisioneros de EE.UU. en Vietnam. Véase el libro de Cecil B. Currey de 1999 Long Binh Jail: An Oral History of Vietnam's Notorious U.S. Military Prison (La cárcel de Long Binh: Una historia oral de la notoria prisión militar de EE.UU. en Vietnam). También recomiendo el relato, fascinante y desgarrador, de una víctima de tortura con agua, The Question (La pregunta), del periodista Henri Alleg, sobre la tortura que le infligieron militares franceses en Argelia en los años 50.]

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