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lunes, 25 de noviembre de 2013

El plan secreto de los poderes del capitalismo financiero


"Los poderes del capitalismo financiero tenían otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas, capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo en su conjunto. "
Profesor Caroll Quigley, Georgetown University, Tragedy and Hope (1966)
© Desconocido
Irak y Libia han sido eliminados, e Irán ha sido fuertemente boicoteado. Siria está ahora en la mira. ¿Por qué? He aquí un escenario que se pasa por alto.

En un artículo de agosto de 2013 titulado Larry Summers and the Secret 'End-game' Memo, Greg Palast publicó la evidencia de un plan secreto de finales de los años noventa ideado por Wall Street y funcionarios del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, para abrir la banca al lucrativo negocio de los derivados. Para llevar a cabo esto se requería de la relajación de las regulaciones bancarias, no sólo en los Estados Unidos sino a nivel mundial. El vehículo que sería utilizado fue el Acuerdo de Servicios Financieros (FSA por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial del Comercio.

El 'juego final' requeriría no sólo de coaccionar el apoyo entre los miembros de la OMC, sino eliminar a aquellos países que se negaran a unirse. Algunos países clave seguían resistiéndose a la OMC, incluyendo Irak, Libia, Irán y Siria. En estos países islámicos, los bancos son en su mayoría de propiedad estatal, y la 'usura', cobrar por el 'uso' del dinero, es vista como un pecado, si no como delito. Esto les pone en conflicto con el modelo occidental de extracción rentística por parte de intermediarios privados. Los bancos de propiedad pública son también una amenaza para el creciente negocio de los derivados, ya que los gobiernos con sus propios bancos, no necesitan de swaps sobre las tasas de interés, instrumentos de cobertura de incumplimiento crediticio (credit default swaps), o calificaciones de grado de inversión por agencias privadas de calificación con el fin de financiar sus operaciones.

La desregulación bancaria procedió según lo previsto, y el negocio de los derivados, promulgado e incentivado por el Gobierno, creció hasta un esquema piramidal de 700 billones de dólares. Altamente apalancado, completamente desregulado y peligrosamente insostenible, colapsó en 2008, cuando el banco de inversión Lehman Brothers se declaró en quiebra, llevándose a un gran segmento de la economía global consigo. Los países que lograron escapar, fueron aquellos sostenidos por los modelos de banca pública por fuera de la red bancaria internacional. No todos estos países eran islámicos. El 40% de los bancos de todo el mundo son de propiedad pública. Están en gran parte en los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que albergan al 40% de la población mundial. También escaparon de la crisis crediticia de 2008, pero al menos hicieron la pantomima de ajustarse a las normas bancarias occidentales. Este no fue el caso de las 'forajidas' naciones islámicas, en donde la usura fue prohibida por las enseñanzas islámicas. Para hacer del mundo un lugar seguro para la usura, estos estados forajidos tenían que ser silenciados por otros medios. Al no haber podido sucumbir ante la coerción económica, terminaron en la mira del poderío militar de los Estados Unidos.

He aquí algunos datos en apoyo de esta tesis.

La nota del juego final

En su artículo del 22 de agosto, Greg Palast publicó una captura de pantalla de una nota de 1997 de Timothy Geithner, entonces Secretario Asistente de Asuntos Internacionales bajo Robert Rubin, y este bajo Larry Summers, entonces Secretario Adjunto del Tesoro. Geithner se refirió en la nota al 'juego final de las negociaciones sobre servicios financieros de la OMC', e instó a Summers a ponerse en contacto con los directores ejecutivos de Goldman SachsMerrill LynchBank of AmericaCitibank y Chase Manhattan Bank, de quienes sus números de teléfono privados fueron proporcionados.

El juego de entonces era la desregulación de los bancos para que pudieran apostar en el nuevo campo lucrativo de los derivados. Para lograr esto se requería, en primer lugar, la derogación de la ley Glass-Steagall de 1933, que impuso una barrera entre la banca de inversión y banca de depósitos con el fin de proteger los fondos de los depositantes de las apuestas bancarias. Pero el plan requería de algo más que la simple desregulación de los bancos estadounidenses. Los controles bancarios tenían que ser eliminados a nivel mundial, para que el dinero no se fuera a las naciones con leyes bancarias más seguras. El 'juego final' era lograr esta desregulación global a través de una oscura adenda a los acuerdos comerciales internacionales implementados por la Organización Mundial del Comercio, llamada Acuerdo de Servicios Financieros. Palast escribió:
"Hasta que los banqueros comenzaron con su juego, los acuerdos de la OMC simplemente trataban con el comercio de bienes, esto es, mis automóviles por sus bananos. Las nuevas reglas, creadas por Summers y los bancos, obligarían a todas las naciones a aceptar el comercio en 'males', activos tóxicos como los derivados financieros.

Hasta los banqueros reescribieron el FSA, cada nación controlaba y constituía los bancos dentro de sus propias fronteras. Las nuevas reglas del juego obligarían a todas las naciones a abrir sus mercados al Citibank, JP Morgan y sus 'productos' de los derivados.

Y los 156 países de la OMC tendrían que derribar sus propias barreras al estilo Glass-Steagall entre los bancos comerciales de ahorros y los bancos de inversión que apostaban con los derivados.

La labor de convertir la FSA en el ariete de los banqueros le fue encomendada a Geithner, quien fue nombrado embajador ante la Organización Mundial del Comercio."
Los miembros de la OMC fueron inducidos a firmar el acuerdo bajo la amenaza de impedir su acceso a los mercados mundiales si se negaban, y todos firmaron, con excepción de Brasil. Luego Brasil fue amenazado con un embargo, pero su resistencia dio frutos, ya que solo este entre las naciones occidentales, sobrevivió y prosperó durante la crisis de 2007-2009. En cuanto a los otros:
El nuevo FSA quitó la tapa de la caja de Pandora del comercio de derivados en todo el mundo. Entre las operaciones notorias legalizadas: Goldman Sachs (donde el secretario del Tesoro Rubin había sido copresidente) impulsó un swap secreto de euroderivados con Grecia, que, en última instancia, destruyó a esa nación. Ecuador, con su propio sector bancario desregulado y demolido, estalló en disturbios. Argentina tuvo que vender sus empresas petroleras (a los españoles) y sus sistemas de agua (a Enron), mientras que sus profesores buscaban comida en los botes de basura. Entonces, los banqueros se enloquecieron en la Eurozona, y se tiraron de cabeza en los pozos de los derivados sin saber nadar, y el continente ahora está siendo vendido a Alemania en pequeñas y baratas piezas.
Los forajidos

Ese fue el destino de los países de la OMC, pero Palast no habló de los que no eran parte de esa organización, incluyendo a Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. Estos siete países fueron nombrados por el general estadounidense retirado Wesley Clark en una entrevista deDemocracy Now de 2007, como los nuevos 'estados forajidos' que serían objeto de ataque luego del 11 de septiembre de 2001. Dijo que alrededor de diez días después del 9-11, un general le comentó que la decisión de declararle la guerra a Irak había sido tomada. Más tarde, el mismo general le dijo que habían planeado capturar siete países en cinco años: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán.

¿Qué tenían en común estos países? Además de ser islámicos, no eran miembros ni de la OMC o del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés). Esto los dejó por fuera del largo brazo regulador del banco central de los banqueros centrales en Suiza. Otros países, que tampoco eran miembros del BIS, más tarde también fueron identificados como 'estados forajidos', incluyendo a Corea del Norte, Cuba y Afganistán.

El órgano regulador de los bancos hoy en día, se llama Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por sus siglas en inglés), y se encuentra en el BIS en Suiza. En 2009, los jefes de las naciones del G20 acordaron regirse por las reglas impuestas por el FSB, aparentemente para evitar otra crisis bancaria global. Sus normas no son meramente consultivas, sino vinculantes, y pueden crear y quebrar no sólo a los bancos, sino a naciones enteras. Esto fue demostrado por primera vez en 1989, cuando el Acuerdo Basilea I aumentó los requerimientos de capital en sólo un 2%, del 6% al 8%. El resultado fue forzar una reducción drástica de los préstamos por parte de los grandes bancos japoneses, que para entonces eran los acreedores más grandes y poderosos del mundo. Sin embargo, fueron subcapitalizados en relación con otros bancos. La economía japonesa se ​​hundió junto con sus bancos y aún hoy tiene que recuperarse por completo.

Entre otras regulaciones determinantes en proceso dentro del marco del FSB, están Basilea III y las nuevas reglas de rescate forzado. Basilea III está programado para imponer paralizantes requisitos de capital a los bancos públicos, cooperativos y comunitarios, coaccionando su venta a los grandes bancos multinacionales.

El modelo del 'rescate forzado' (bail-in) fue probado por primera vez en Chipre, y sigue las regulaciones impuestas por el FSB en 2011. Los bancos demasiado grandes para quebrar están obligados a redactar 'testamentos en vida' que establecen cómo van a evitar la insolvencia ante la ausencia de rescates gubernamentales. La solución del FSB es el 'rescate' por parte de los acreedores (incluyendo a los depositantes), convirtiendo a los depósitos en acciones de los bancos, efectivamente confiscándoles.

La alternativa de la banca pública

Los países que funcionan bajo el yugo de un sistema bancario privado extractivo, se ven obligados al 'ajuste estructural' y la austeridad a causa de su deuda impagable. Pero algunos países han logrado escapar. En el Medio Oriente, a estos se les señala de 'estados forajidos'. Sus bancos de propiedad estatal pueden emitir el crédito del Estado en nombre del Estado, aprovechando los fondos públicos para el uso público sin pagar un enorme tributo a intermediarios privados. El financiamiento estatal generoso les permite aportar generosamente a su pueblo.

Al igual que Libia e Irak antes de ser envueltos en la guerra, Siria proporciona educación gratuita a todos los niveles, y atención médica gratuita. También proporciona viviendas subsidiadas para todo el mundo (aunque algo de esto ha sido comprometido por la adopción de un programa de ajuste estructural del FMI en 2006, y la presencia de cerca de 2 millones de refugiados iraquíes y palestinos). Irán también proporciona educación superior casi gratuita y atención primaria en salud.

Al igual que Libia e Irak antes de su captura, Siria e Irán tienen bancos centrales de propiedad estatal que emiten la moneda nacional y están bajo el control del Gobierno. Ver si estos países tendrán éxito en mantener su soberanía financiera ante la enorme presión económica, política y militar, aún está por verse.

En cuanto a Larry Summers, se convirtió en presidente de Harvard, donde aprobó una apuesta en derivados sobre swaps de tipos de interés que hizo que la universidad perdiera más de mil millones de dólares. Dimitió en 2006 para gestionar un fondo de cobertura entre otras actividades, y se convirtió en el benefactor clave de la campaña del senador estatal Barack Obama.

Summers jugó un papel clave en la desregulación bancaria que trajo la crisis actual, causando que millones de ciudadanos estadounidenses perdieran sus empleos y hogares. Sin embargo, es la primera opción del presidente Obama para sustituir a Ben Bernanke como director de la Reserva Federal. ¿Por qué? 

Él ha demostrado que puede manipular el sistema para hacer del mundo un lugar seguro para 
Wall Street, y en un mundo al revés, en el que los banqueros mandan, ese parece ser el nombre del juego.

martes, 12 de noviembre de 2013

Los bancos públicos son clave para el capitalismo


La sección "Room for Debate" del New York Times Times recientemente organizó un debate llamado "In banking, should there be a public option?" (En la banca, ¿debería haber una 'opción pública'?) He aquí mi visión:

Preguntarse si los bancos públicos podrían interferir con el libre mercado, supone que tenemos libre mercado, lo que no es cierto. La banca está altamente subvencionada y monopolizada por Wall Street, que efectivamente ha 'comprado' el Congreso. Los bancos han sido rescatados por el Gobierno, cuando en un mercado libre se habrían ido a la quiebra. La Reserva Federal manipula descaradamente las tasas de interés de una manera que le sirve a Wall Street, prestando billones de dólares a un interés de casi cero, y empujando las tasas de interés tan artificialmente a la baja, que los gobiernos locales han perdido billones en swaps sobre las tasas de interés.

Los gobiernos estatales y municipales, ya cuentan con programas de crédito públicos, que generalmente no se consideran distorsiones del libre mercado. Estos existen porque los bancos privados no están prestando en algunos sectores que necesitan financiamiento. Montana financia a los ganaderos y agricultores novatos, el condado de Sonoma tiene su Programa de Independencia Energética, y San Francisco tiene media docena de programas de préstamos hipotecarios y de pequeñas empresas. A nivel mundial, los bancos públicos prestan de forma anticíclica, proveyendo de crédito cuando y donde otros bancos no lo harían. Esto no desplaza a los bancos privados. Alemania y Taiwán, que tienen fuertes sectores de banca pública, se encuentran entre los más competitivos mercados bancarios en el mundo.
© revista digital SISTEMA


En Dakota del Norte, el único estado con su propio 'miniFed', el Banco de Dakota del Norte , de propiedad estatal, dirige sus programas públicos de préstamos a través de los bancos comunitarios.

El Banco de Dakota del Norte coopera en lugar de competir con los bancos locales, ayudando con los requisitos de capital y liquidez. Su base de depósitos está compuesta casi en su totalidad de los ingresos del estado y sus entes. Dakota del Norte tiene más bancos por habitante que cualquier otro estado, porque no se han visto obligados a venderse a sus competidores de Wall Street. La Asociación de banqueros de Dakota del Norte respalda al Banco de Dakota del Norte, que tiene el mandato de apoyar la economía local.

El Banco de Dakota del Norte prácticamente no recibe depósitos individuales, pero un banco postal nacional podría hacerlo, al igual que los bancos postales habitualmente lo han hecho en otros países sin desestabilizar los mercados libres. Una cuarta parte de las familias estadounidenses están sub-bancarizadas o sin bancarizar. Con 3 billones de dólares de depósitos en exceso, Wall Street no quiere a estos pequeños depositantes.

En realidad necesitamos bancos de propiedad pública para que la economía de mercado capitalista funcione adecuadamente. La banca, el dinero y el crédito no son bienes de mercado, sino infraestructura económica, como las carreteras y los puentes son la infraestructura física. Al proporcionarle un financiamiento accesible y barato al sector de la libre empresa de la economía, los bancos públicos hacen que el comercio sea más vital y estable. La banca pública no es una idea radical, ha sido practicada en los Estados Unidos, con excelentes resultados, desde hace décadas; y en todo el mundo durante siglos.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Ecuador rompe su mandato ecológico y libera explotación petrolera en la Amazonia


© Desconocido
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, canceló lo que posiblemente fue la iniciativa ambiental más original de los últimos años en América Latina: impedir la explotación petrolera en la Amazonia. En su formulación más reciente, el gobierno ofrecía no extraer hidrocarburos solo si se completaba un fondo de compensación económica que cubriera aproximadamente la mitad de lo que esperaba ganar vendiendo ese crudo. Se buscaba preservar los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini (de allí la sigla ITT), que en parte se superponen con el parque nacional y reserva de biósfera Yasuní, que en sus 9820 kilómetros cuadrados, es una de las zonas de mayor riqueza ecológica del continente.

Después de seis años, Correa canceló esa iniciativa el pasado 15 de agosto, para dar paso al llamado "plan B", que permite la explotación petrolera en la zona. En un discurso por cadena nacional, lanzó ácidas críticas al ambientalismo, sostuvo que la comunidad internacional era hipócrita y le falló al país por no haber depositado dinero suficiente, e invocó repetidamente la miseria como factor clave para tomar la decisión de exportar el petróleo. Según Correa, con ese petróleo del Yasuní se conseguirán más de 18 mil millones de dólares, y que con ello, la Amazonía podría salir con "holgura" de la pobreza (video de una parte del discurso presidencial:)


Dentro de Ecuador, la medida ha despertado la reacción de organizaciones ambientalistas, y las federaciones indígenas ya anticiparon su oposición activa. Según las últimas encuestas de opinión pública, más del 90% de la población urbana estaba en contra de extraer petróleo del ITT Yasuní. Asimismo, distintas voces invocaron el marco constitucional para llamar a una consulta ciudadana sobre ese tipo de explotación. Este pasado sábado, en su programa de radio y televisión, Correa desafió a esos grupos a que no fueran "vagos" y recogieran las firmas necesarias para obligar a una consulta ciudadana (5% del patrón electoral) (la noticia aquí...).

Esta medida ecuatoriana tendrá efectos tanto sobre los países vecinos como a nivel internacional. Al desaparecer una de las propuestas icónicas de una alternativa postextractivista, se refuerzan los avances mineros y petroleros dentro de áreas naturales y territorios indígenas. En países como Bolivia, Perú y Colombia se repiten las presiones para comenzar a explotar áreas silvestres o tierras en manos de indígenas o campesinos.

Al desplomarse la iniciativa, los gobiernos vecinos reforzarán similares discursos donde se dice que no hay más opción que el extractivismo para superar la pobreza. Estamos presenciando un nuevo embate de avance la frontera petrolera sobre las selvas tropicales.

Otra vez derechos vs dineros
© Desconocido
La propuesta de dejar el crudo bajo tierra nació desde la sociedad civil mucho antes de la presencia política de Correa, y fue rescatada hacia 2007, por Alberto Acosta, quien era entonces el ministro de energía de su primer gobierno. En sus orígenes, la propuesta apuntaba a proteger la biodiversidad y pueblos indígenas dentro del área, cumpliendo con los nuevos derechos constitucionales ecuatorianos. En efecto, la Constitución mantenía los clásicos derechos ambientales de las personas, pero agregaba derechos propios de la Naturaleza o Pachamama. El Parque Yasuní era una candidato ideal, ya que dentro existían algunas explotaciones petroleras que le amenazaban, pero sobre los intereses de petroleras de expandirse sobre los campos llamados ITT.

A esos argumentos se sumó la idea de una compensación económica, solicitada a la comunidad internacional como muestra de solidaridad con el esfuerzo ecuatoriano. El problema es que ese componente económico cobró cada vez más fuerza. Se sostenía que como el Ecuador perdería mucho dinero al dejar de exportar el petróleo, los demás países lo deberían compensar con al menos la mitad de esos valores (estimados en unos 3 600 millones de dólares).

Al avanzar el tiempo, el compromiso con la conservación y los pueblos indígenas quedó en segundo plano, y el interés económico comenzó a ser justificado en el marco de los debates sobre cambio climático global. Las posturas más recientes del gobierno sostenían que al preservar el petróleo, éste no sería quemado, y por lo tanto se evitarían emisiones de gases con efecto invernadero. Consecuentemente la comunidad internacional debía pagar por esas emisiones evitadas, e incluso se intentó crear "bonos" atados a la reducción de emisiones contaminantes.

Todo esto entreverado con las idas y venidas del propio gobierno, que en más de una ocasión parecía torpedear su propia iniciativa, minando la confianza internacional en cualquier fondo. Sin dejar de olvidar que Correa llegó a burlarse de los donantes internacionales.

Tanto los cambios como los discursos dejan en claro que Correa, y sus colaboradores más cercanos, en realidad nunca entendieron el corazón de la propuesta. Eran los mandatos constitucionales de los derechos de las personas y la Naturaleza los que le obligaban a preservar el parque nacional. Para cualquier observador desapasionado es evidente que es muy difícil pedirle dinero a otras naciones por llevar a la práctica acciones a las que está obligado un gobierno. Para decirlo en forma más simple, es como si Colombia o Perú pidieran una compensación internacional por los gastos que deberían asumir para asegurar la salud o educación de sus niños.

Como primaron las consideraciones económicas, no puede sorprender que los atributos ecológicos del Yasuní, uno de los sitios de mayor biodiversidad del planeta, quedaran desatendidos. Por ello estuvieran ausentes en el discurso presidencial. Todo esto confirma que ese gobierno, poco a poco, está haciendo desaparecer los derechos de la Naturaleza. El mismo Correa lo dejó en claro cuando al final de su discurso se refirió a ellos como "supuestos derechos".

De esta manera, la decisión final no se fundamentó en el marco de los derechos, sino que se articuló como un ejercicio costo beneficio: como el fondo internacional de compensación resultó muy pequeño, lo más rentable era comenzar a vender el stock petrolero. Aquel fondo de compensación sólo recaudó en efectivo poco mas de 13 millones de dólares, y existían promesas por 116 millones, o sea, muy por debajo de los 3 600 millones esperados. El gobierno hizo las cuentas, y partiendo de reservas calculadas en la zona son de 920 millones de barriles, Correa prometió un ingreso de más de 18 mil millones. Son las matemáticas simples de un análisis costo beneficio.

Los impactos en Sudamérica

La decisión de Correa tendrá implicancias en el contexto continental de variadas maneras. Comencemos por señalar que refuerza la postura de gobiernos que se lanzan a la retórica sobre temas ambientales globales mientras debilitan su gestión ambiental interna.

Esta postura es sobre todo seguida por Evo Morales, quien tiene discursos muy radicales en los foros internacionales sobre cambio climático y propone derechos de la Pacha Mama planetarios, y esto sin duda es positivo. Pero el problema es que simultáneamente se desatiende ese compromiso dentro de su propio país. En Bolivia no se atacan decididamente, por ejemplo, las fuentes de emisiones (como la deforestación) o se aseguran los derechos de la Pacha Mama a nivel local (por ejemplo frente a mineras o petroleras). Por el contrario, la administración Morales quiere seguir un camino muy parecido al ecuatoriano, ingresando en áreas protegidas o territorios indígenas y campesinos para explorar y explotar minerales y petróleo.

De alguna manera, el camino seguido por Correa es similar. Su discurso se centró en el cambio climático y la hipocresía global, pero no en las demandas ambientales dentro del país. Siempre es más sencillo atacar a los países industrializado como contaminantes, que tomar medidas frente a los intereses internos que defienden el extractivismo.

Regresan actividades de exploración y explotación, con todos sus conocidos impactos ambientales a zonas amazónicas de enorme diversidad, y con ello toda la problemática social. Se siguen encogiendo las áreas verdaderamente silvestres y aumentará la fragmentación.

Paralelamente, si un gobierno autoproclamado como del socialismo del siglo XXI o de la nueva izquierda, redobla la explotación petrolera más allá de advertencias sociales y ambientales, otros países vecinos que siguen caminos similares podrán decir que son tan progresistas como Correa. Las diferencias entre Correa con Santos o Humala se reducen más y más.

Finalmente, se refuerza el corazón ideológico del fatalismo extractivista como único medio para atacar la pobreza. Son posiciones que se repiten en casi todos los países sudamericanos. Se está imponiendo una forma de entender el desarrollo, donde volvemos a caer en el papel de simples exportadores de materias primas, y la explotación de la Naturaleza no sólo es necesaria, sino que se la presenta como un mandato para asegurar el progreso.

Acaba de desplomarse en Ecuador la iniciativa ambiental más original frente a ese empuje petrolero sobre la Amazonia. Una vez más, la ambición petrolera pudo más que una ética de la conservación.-
Un análisis detallado sobre los distintos aspectos de la iniciativa de moratoria petrolera en el Yasúni, por A. Acosta, E. Gudynas, E. Martínez y J. Vogel se puede descargar aquí...

lunes, 19 de agosto de 2013

Nestlé se enriquece gracias a un agua que no le pertenece


© Corbis / AFP / RT
Los activistas medioambientales, así como economistas canadienses, alertan que la compañía agroalimentaria suiza Nestlé extrae 265 millones de litros de agua potable de la Valla Fraser en Canadá gratis y obtiene altas ganancias con su venta.

Los especialistas denuncian la falta de regulación en el ámbito de las aguas subterráneas por parte de las autoridades de las provincias canadienses donde opera Nestlé Waters Canada, una división de Nestlé Group, la compañía de alimentos más grande del mundo. Resulta que a la compañía no le cuesta casi nada la extracción de agua ya que no existen licencias para pozos subterráneos y el producto final -agua embotellada- se vende y trae ganancias considerables.

Otra cuestión es el problema de los recursos no renovables. Así, el esquema de la política de Nestlé es como en la Valla Fraser del distrito de Hope. La empresa se instala en las provincias con fuentes de agua y negocia con los gobiernos locales que son captados por las inversiones extranjeras, pero finalmente las fuentes de agua se agotan, mientras la compañía exploradora 'se lava las manos'.

Al no existir regulación jurídica y económica en cuanto a los acuíferos de Canadá, los residentes del distrito de Hope se quejan por el hecho de que se ven obligados a comprar el agua de su propio terreno. "Tenemos agua muy limpia y muy pura que es increíble. Y luego se la llevan y nos la venden en botellas plásticas", según una de las residentes de Hope, Sharlene Harrison-Hinds, citada por el periódico canadiense 'The Province'.

lunes, 3 de junio de 2013

Contrapunto: En el camino - sorteando obstáculos en la sociedad de consumo

© Desconocido
El deseo del individuo se enfrenta a las imposiciones y limitaciones de la sociedad, la libertad creativa vive en tensión con los impedimentos de un sistema que no la necesita. ¿Cómo resolver estas contradicciones? ¿Existe un punto en donde eso que creemos nuestra vocación verdadera se ajuste a las obligaciones del mundo?

Pareciera que cada vez es más difícil que cada quien haga lo que tiene que hacer en esta vida. Ya sea por el estado avanzado del sistema capitalista, que desdeña cualquier cosa que no deje verdadera ganancia económica; ya sea por el aumento en la población, que implica menos trabajos disponibles para la cantidad de gente que los quiere o los necesita; ya sea por el malestar en la cultura, cada vez más deslavada, diluida para acaparar al mayor público posible en detrimento de la calidad.

"Toda vida es creadora de muchas maneras", escribe Gabriel Zaid, "y lo mejor sería que, sobre la marcha, supiéramos convertir nuestra opresión en libertad, nuestra vida cotidiana en milagro". Aquí hay un punto clave y lamentable: la educación tradicional tiene por objeto homogeneizar a la humanidad para que funcione como engranaje dentro de un sistema. "Para mejor acomodarnos a la sociedad que instituimos, hemos renunciado a nuestra inmensa originalidad individual, tal vez la característica más sobresaliente de nuestra especie. Biológicamente, no somos arañas, ni abejas, ni hormigas; sin embargo, al igual que dichos insectos, nos hemos arracimado, estereotipado, especializado. Para dilapidar así una enorme riqueza natural". Roberto Rossellini: Un espíritu libre no debe aprender como esclavo. Y continúa: "Los sistemas educativos aplicados hasta nuestros días (...) han expresado la tendencia dominante a condicionar, esto es, limitar la capacidad potencial de cada individuo". De una forma u otra, a lo largo de la historia la victoria de los pocos sobre la mayoría ha sido contundente. Masas de gente funcionan como autómatas sin siquiera cuestionárselo porque así han sido condicionados desde la cuna. Para que cambie la estructura educativa hace falta voluntad de quienes llevan las riendas de la sociedad o un levantamiento generalizado de la base. Hoy ambas opciones me parecen muy lejanas.

Hablamos entonces de otra minoría, la que es consciente de su potencial único y sabe que debe seguir un camino que no se parece a ningún otro. Si es porque fue capaz de romper las cadenas impuestas o, por el contrario, nunca las tuvo, carece de importancia. El hecho es que sabe hacia donde va el camino, su camino. Una vez ahí, la lucha ante la adversidad es constante. Los obstáculos se multiplican, y es en ese sendero en el que no se deben hacer concesiones, aún más cuando se trata de una actividad creativa, un campo en el que la regla es el rechazo. Son necesarias muchas puertas cerradas antes de que una se abra.

Bill Waterson, el creador de la tira cómica Calvin & Hobesdice: "Durante años no recibí nada más que cartas de rechazo, y me vi forzado a aceptar a real job. A real job es un trabajo que odias. (...) Es un rudo choque darte cuenta cuán vacía y robótica puede ser la vida cuando el trabajo no te importa, y la única razón que estás ahí es para pagar las cuentas. (...) Soportar cinco años de rechazo requiere una fe en uno mismo que raya en delirio, o amar lo que haces". Hay una lucha de contrarios que no es fácil vencer, y que no tiene una meta concreta. El enfrentamiento entre lo que tienes que hacer y lo que la vida en sociedad te pide que hagas es cíclico, va y viene entre victorias y derrotas, porque nunca se llega a ninguna parte: la naturaleza del ser humano es andar por un camino que solo desemboca en la muerte.

También hay quienes piensan que la responsabilidad no es con uno mismo, sino con la raza humana. Es la opinión de Werner Herzog y de Andrei Tarkovsky, por ejemplo, dos de los grandes cineastas de nuestro tiempo. "Si el artista consigue crear algo, en mi opinión es sólo porque con ello satisface una necesidad ya existente de los hombres, aun cuando no sea consciente de ello. Y por eso siempre gana el espectador, mientras que el artista siempre pierde: abandona algo". Quien no está dispuesto a hacer concesiones invariablemente abandona algo, sacrifica cosas que pudieran hacer la vida un poco más fácil. El dinero y la comodidad son sacrificios evidentes, pero no son los únicos. Hay relaciones afectivas que se pueden ver afectadas, o la relación del individuo con la sociedad. Cuando eso sucede, en la cresta de la adversidad, la pena y el dolor pueden ser tan grandes que obligan a cuestionar el camino una vez más. Es probable que esto se repita, y pueden pasar dos cosas: tirar la toalla o reforzar el paso. Los golpes forjan carácter y educan.

"El sostén último de las obras objetivamente valiosas está en el sacrificio personal: en creer en lo que se cree, a pesar de las opiniones de los otros, a pesar de las consecuencias deprimentes que eso tiene en la práctica, a pesar de la familia, los mecenas, el mercado y el Estado. No es un buen augurio para la cultura que el sacrificio personal empiece a parecer inaceptable y hasta ridículo", cierra Zaid. Aunque el nivel tan avanzado del sistema capitalista tiene parte de la culpa, también es cierto que la unión entre vocación y éxito sucede a menudo como resultado de mucho tiempo, mucho trabajo y una buena dosis de desesperación en el camino. 

viernes, 31 de mayo de 2013

¿Quién posee el mundo? El 8% de los ricos ganan la mitad de los ingresos mundiales

© Desconocido
"La desigualdad mundial es mucho mayor que la desigualdad dentro de cualquier país concreto", declaró el economista Branko Milanovic después de estudiar la desigualdad de ingresos en el mundo. Milanovic tiene previsto publicar próximamente sus conclusiones detalladas en la revista 'Global Policy'.

El experto explica que, por ejemplo, la lista del PIB per cápita de diferentes países del año 2011 mostró que la cantidad de ingresos anuales oscilaba entre 231 dólares en la República Democrática del Congo, en África, y 171.465 dólares en Mónaco, en Europa. El segundo país más pobre y el segundo más rico fueron, respectivamente, Burundi, con 271 dólares, y Luxemburgo, con 114.232 dólares anuales per cápita. A modo de comparación, de acuerdo con el 'ranking', EE.UU. tenía una media anual por habitante de 48.112 dólares y China, de 5.445.

En cuanto a la riqueza personal, según Milanovic, el 1% más rico de la población del planeta posee casi la mitad de todos los activos personales. Este selecto grupo, especifica el economista, está integrado en un 12% por estadounidenses, y entre un 3% y un 6% por británicos, japoneses, alemanes y franceses.

Asimismo, Milanovic señala que este 1% lo forman generalmente 'viejos' ricos y familias que tienen sus propias empresas y han acumulado fortunas que heredan sus hijos, que pueden estudiar en las universidades más prestigiosas del mundo.

Milanovic aclaró también que el 1% de las personas más ricas del mundo vieron aumentar sus ingresos reales en más de un 60% en dos décadas (de 1988 a 2008), mientras que los ingresos del 5% de los habitantes más pobres del planeta, que se concentran en las regiones ecuatoriales, no experimentaron cambios.

jueves, 2 de mayo de 2013

España: ¿Suicidios o Crimen de Estado?


Todos los datos permiten asegurar que una gran parte del incremento en el número de suicidios que se viene dando en España está relacionado con la forma en que se está gestionando la crisis. Actualmente, parece que en nuestro país se producen entre nueve y diez suicidios cada día y que un tercio de ellos, según se puso de manifiesto en un reciente congreso de Psiquiatría, son los que tienen que ver con problemas económicos de diverso tipo originados por la crisis.
Ya he comentado en artículos anteriores y más extensamente con Vicenç Navarro en el libro 'Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, 2012)', que en todos los países en los que se han aplicado políticas de ajuste neoliberal se ha podido detectar ese fenómeno, así que no es de extrañar que ahora se esté produciendo en España.

Y no hacen falta muchos estudios científicos para comprobar igualmente que una gran parte de esos suicidios se relacionan con los desahucios, que en estos momentos dejan sin vivienda a más de quinientas familias cada día en España. Ya son bastantes los casos en los que se han producido justo antes de que las autoridades y la policía procediesen a desalojar a las familias de sus viviendas en diferentes lugares de España.

Se trata de un verdadero drama que tiene una responsabilidad muy directa: las autoridades e instituciones del Estado que hasta el momento no han hecho nada efectivo para evitarlo. Todo lo contrario, lo han provocado con las políticas que vienen aplicando e incluso lo facilitan, como esos jueces que llegan a decretar que los desahucios se lleven a cabo sin previo aviso para evitar que la población acuda en ayuda solidaria de los afectados.

El Gobierno actual y el anterior han dedicado sumas millonarias a salvar y proteger a los banqueros y a los grandes propietarios, pero no han tomado ni una sola medida efectiva para acabar de una vez por todas con la desprotección de las familias de menos ingresos que pierden sus viviendas.

Cambiar las leyes para establecer medidas como la dación de pago, la creación de tribunales que gestionen la reestructuración de la deuda familiar, la disminución temporal de las cuotas para las personas sin ingresos o en paro, quitas familiares, u otras parecidas que podrían evitar los desahucios no comportan grandes dificultades legales ni supondrían demasiado coste económico (al revés, permitirían aumentar la demanda efectiva y así mejorar la situación económica). Por eso es injustificable que se sigan llevando a cabo desahucios que provocan docenas de suicidios y un sufrimiento personal y social tan extraordinario.

Que los dos grandes partidos se pusieran de acuerdo en unos pocos días para modificar la Constitución, y así contentar a los poderes financieros, y no lo hagan para adoptar medidas de rango muy inferior dirigidas a proteger a las miles de familias que se quedan en la calle solo refleja que se trata de dos organizaciones políticas que han perdido el norte para convertirse en simples piezas de un dominio oligárquico que ya es insoportable, y que requiere una respuesta social a la altura de su traición a los principios elementales de la ética, la justicia y el buen gobierno.

Es incomprensible, y empieza a producir una rabia inmensa, contemplar día a día a los parlamentarios ocupados en todo tipo de asuntos pero incapaces de acabar con el drama. Es desolador comprobar que los jueces no hayan reaccionado ya cuando llevan tanto tiempo como ejecutores de un derecho que es la antítesis de la justicia. Es patético e indignante ver a la policía defender día a día a las autoridades que echan a las gentes de sus casas y a los Bancos que se quedan con ellas, y golpear con saña a las pobres mujeres y hombres que las defienden. Es una vergüenza comprobar que hasta la jerarquía de la Iglesia Católica, que tanto habla de defender a la familia, llame a la policía para desalojar de sus templos (como en La Almudena de Madrid) a quienes quieren llamar la atención de la sociedad hacia lo que está pasando (en clara contradicción, hay que reconocerlo, con la inmensa mayoría de sus fieles de abajo que siempre suelen apoyarlos).


Comentario: El gran drama de los desahucios en España es un "buen" ejemplo del fenómeno de ponerización macrosocial descrito por Andrew Lobaczewski, la Patocracia. El comportamiento despiadado de las distintas instituciones españolas (Gobierno, Iglesia, Justicia, Fuerzas de Seguridad) demuestra que todos estos organismos han sido afectados por este fenómeno.

La invasión de factores patológicos ha llegado ya a su punto final, desarrollando una infección bacteriológica interna de todo el sistema. Tal tragedia también trae consigo algo "positivo", una inmensa cantidad de conocimiento ponerológico, del cual podemos extraer las leyes que gobiernan semejante proceso. Sin conocimiento del "verdadero mal", no podremos defendernos.

Es tremendo que no salga ni una sola palabra ni un gesto de ayuda del Jefe del Estado, que se dedica, por el contrario, a defender las políticas que provocan el paro y la pérdida de las viviendas, mintiendo sobre los efectos que están provocando sobre la sociedad y la situación económica solo para proteger los intereses de los grupos más poderosos. Es sencillamente insultante, que en lugar de defender a las miles de personas que sufren, el Gobierno no solo siga aplicando sin misericordia las políticas que agudizan la crisis, sino que se dedique a ir indultando semana tras semana a los pocos financieros y políticos delincuentes que habían sido condenados en los años anteriores. Y es un insulto a la inteligencia y un despropósito la Constitución que declara que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada", pero que a la vez no impide que se produzcan más de medio millar de desahucios diarios.

Cada vez que muere una persona desesperada por el paro o por la pérdida de vivienda, o a causa del peor tratamiento que reciben cuando son dependientes o están enfermas, aumenta algo más la responsabilidad de todas esas instituciones y personas. No podemos ni debemos aceptar que todo lo que está pasando en España, el daño tan grande que se le está haciendo a millones de personas, sea un simple accidente o algo inevitable. Es un daño orquestado, perfectamente evitable y que se produce solo porque se quiere beneficiar a otros grupos sociales. Por eso me parece que las personas que dirigen esas instituciones o que toman las decisiones tienen una auténtica responsabilidad criminal y no solo política que debería investigarse y depurarse cuanto antes.

Tendríamos que dejar de hablar ya de suicidios y de poner sobre la mesa la comisión de un verdadero crimen de Estado porque sus instituciones, que tienen la obligación de evitar el dolor de los ciudadanos y cuentan con medios para ello, son las que lo están provocando. La gente normal y corriente tiene derecho a defenderse e incluso el deber de levantarse contra los tiranos.

Comentario: ¿Tiranos? ¿O más bien psicópatas?

El mal ya no es una cuestión moral; ahora puede analizarse y comprenderse científicamente. Ponerología y psicopatía son dos conceptos fundamentales para entender de forma clara y objetiva el deplorable estado de los asuntos humanos en este mundo. No se trata de "tiranía" o de "codicia", se trata de la psicopatología y su influencia sobre la naturaleza del mal en la sociedad.

Para más información vea:

Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos (Parte 1)

Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos (Parte 2)

viernes, 8 de marzo de 2013

La fotografía más impresionante de la contaminación en China


© desconocido
En la foto de la izquierda podemos ver la ciudad de Beijing en un día con poca contaminación, se pueden observar todos los edificios, mientras que en la foto de la derecha con dificultad podemos discernir las sombras de los edificios más cercanos.

La contaminación del aire se mide en partículas por metro cuadro de aire, se abrevia a PM2.5 ya que mide partículas de menos de 2.5 micrómetros de ancho. Mientras más alto sea el PM2.5, más contaminado y peligroso será el aire que respiramos.

Para poner las cosas en perspectiva, en Utah en los Estados Unidos hay un enorme debate porque la contaminación de Salt Lake City ha llegado hasta el 69, numero considerado nocivo para la salud. Según la Agencia de Protección Ambiental, si la contaminación llega a 300, adultos sanos deberían evitar toda actividad al aire libre. En Beijing y otras ciudades en China, al rango de contaminación puede pasar días estancado alrededor de 500 PM2.5.

La contaminación extrema se ha prolongado por varias semanas, al grado que los medios chinos han comenzado a hacer llamados al gobierno chino para reconsiderar el énfasis en el crecimiento económico a toda costa.

lunes, 4 de marzo de 2013

Detroit: así se hundió el Titanic del capitalismo estadounidense


© Desconocido
El ocaso de toda una gran ciudad en pleno corazón del imperio estadounidense. Un antiguo símbolo de su poderío industrial y del "sueño americano" donde hoy, sin embargo, se venden viviendas por el precio simbólico de un dólar, ya que nadie quiere habitar el inhóspito silencio de unos barrios abandonados que no tienen electricidad, ni agua, ni policía, ni escuelas. Porciones enteras de la ciudad han muerto. Otras están agonizando. Otras sobreviven, pero lo hacen rodeadas de un creciente marasmo de solares vacíos y calles abandonadas. Al igual que la calavera de Hamlet, el pulido esqueleto de Detroit nos mira con la sonrisa sardónica de los muertos, como queriendo decir "no os lo toméis a mal, amigos, ¡la economía de mercado es así!".

La prensa internacional lleva varios años recreándose en el asombro por lo sucedido en la ciudad más grande de Michigan y nosotros no podíamos ser menos, ya que el declive de Detroit es un fenómeno fascinante. Trágico, sin duda, pero fascinante. Primero por las imágenes que ha generado, especialmente en forma de "naturaleza muerta" arquitectónica. Han sido esas fotografías las que han atraído las miradas del mundo hacia una ciudad que llevaba décadas descomponiéndose en silencio. Hace un tiempo causó cierto impacto un reportaje de la revista Time en el que dos fotógrafos franceses - Yves Marchand y Romain Meffre, quienes además publicaron un libro llamado Ruins of Detroit - hacían un repaso a algunos rincones muy representativos de la decadencia de la ciudad. Podíamos ver estaciones de tren, aulas, consultorios de dentista, teatros, polígonos industriales, oficinas, bibliotecas... todos ellos lugares que ahora están vacíos, descascarillados por el tiempo y sumidos en un entrópico desorden. Un fantasmagórico espectáculo de objetos cotidianos a los que ya nadie va a dar uso, de pequeños pedazos de civilización que se han perdido y que nadie sabe cómo recuperar. Son escenas que se repiten una y otra vez a lo largo de una de las ciudades más grandes de los EE. UU. No estamos hablando de recovecos ignorados por hallarse en las inconvenientes e incómodas afueras, no, aunque a veces lo parezca porque aparecen rodeados de la nada. Algunos de los casos más espectaculares de grandes infraestructuras difuntas se encuentran en pleno centro de Detroit. Escenarios que podrían pertenecer a una película de ciencia-ficción apocalíptica, pero que son reales y yacen en plena espina dorsal de lo que una vez fue una de las metrópolis más importantes del mundo, la bandera de la infalible creación de riqueza del sistema. Ahora esa bandera sigue agitándose al viento, pero más bien como un trapo descuidado que se ha convertido en motivo de sonrojo para los profetas del "nada puede fallar". Personalmente, me llamó mucho la atención la frase de un vecino de Detroit que recogía un artículo: "cuando nos mudamos aquí hace diez años, le dije a mi mujer que iba a volver a fumar. Todo era tan apocalíptico que sentí la necesidad de volver a los viejos hábitos". Así es como una ciudad puede morir.

© WunderPhotos
Detroit bullendo de actividad en sus días de esplendor: una imagen que hoy resulta extrañamente distante.
A mediados del siglo XX, la orgullosa Detroit era la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos de América, únicamente por detrás de los consabidos grandes colosos: New York, Los Angeles y ChicagoHoy ha caído al puesto número 18 de la lista, por debajo de municipios de los que ustedes probablemente habrán escuchado hablar bastante menos, caso de Columbus, Jacksonville, Charlotte o Fort Worth. Y anda en camino de terminar cayendo incluso un puesto más, ya que su población podría ser superada en poco tiempo por la ciudad tejana de El Paso. Detroit es, junto a la problemática Baltimore, la única gran ciudad de los Estados Unidos que pierde población de manera sostenida. Y la situación no tiene visos de cambiar a corto plazo, pese a los desmentidos a la desesperada del actual alcalde Dave Bing, quien se empeña en que "los números deben de ser incorrectos". Voluntariosa pero inútil autodefensa muy propia de un político que no afronta la realidad de la sociedad que administra. Porque el censo oficial muestra una aplastante tendencia histórica: en 1950, el municipio contaba con 1 900 000 habitantes. Cuatro décadas más tarde, en 1990, había perdido casi la mitad y se había visto reducida a 1 000 000. Pero la cosa no se detuvo ahí; el éxodo se aceleró con el cambio de siglo y en los últimos censos oficiales se contabilizan unos 700.000 habitantes. Es decir: lo que antaño fue la cuarta pata de la gran mesa estadounidense ha perdido más de un millón de habitantes en medio siglo. Peor aún: desde el año 2000 se han marchado más de 200 000 personas del casco urbano. Es decir, la ciudad ha perdido un sobrecogedor 25% de su población... ¡en diez años! Se estima que quedan en Detroit unas 270 000 viviendas en pie, a repartir entre 160 000 familias. Y eso que muchas han sido demolidas o han desaparecido pasto de las llamas.

© (Photographium)
Durante los años 20, la industria manufacturera convirtió Detroit en la ciudad de mayor crecimiento en todo EEUU. 
¿Qué ha sucedido? Porque en sus buenos tiempos Detroit fue una Meca del empleo, uno de los lugares donde resultaba más fácil establecerse. Lucía con orgullo el sobrenombre de "Motor City": su inmensa industria del automóvil la había convertido en una metrópolis populosa y floreciente, en la que había trabajo, dinero, negocios, ganancias. Entre 1900 y 1930, la atracción que despertaba la inagotable oferta de trabajo multiplicó la población de la ciudad por seis. Llegaron cantidades ingentes de inmigrantes - blancos europeos y negros del sur - buscando salir adelante en la fabricación de coches, con lo que Detroit se convirtió en la ciudad de más rápido crecimiento de los EE. UU. General Motors, Ford y Crhysler constituyeron la santísima trinidad de corporaciones que convirtieron Michigan en el máximo propulsor de la industria manufacturera estadounidense.

Aquella prosperidad se transformó en lujuria arquitectónica. Se construyó. Y se siguió construyendo. La ciudad se vistió de lujo, con obras ambiciosas y un gusto adquirido por refinamientos culturales de los que incluso su población obrera podía sentirse orgullosa. Hacia 1950 se alcanzó el pico de población. Detroit llegó a conseguir que su nombre resonase más allá de las fronteras estadounidenses y no únicamente por ser la cuna y laboratorio del nativo más célebre de Michigan, Henry Ford, uno de los padres de la industria moderna, si acaso no "el" padre. La ciudad consiguió proyectar al exterior una personalidad propia, una cultura distintiva. Por ejemplo, durante los años 60 Detroit alcanzó celebridad universal gracias a la discográfica Motown, que fue para Detroit lo que los Beatles fueron para Liverpool o lo que Nirvana fue para Seattle. Hitos de la cultura popular que ponían una ciudad industrial en el mapamundi.

© Desconocido
El porcentaje de solares desocupados del núcleo urbano se ha disparado hasta límites verdaderamente surrealistas.
Por entonces, sin embargo, la ciudad ya había empezado a manifestar los síntomas de diversas enfermedades. En el barco de Detroit nunca se consiguió que todos remasen al unísono y la ciudad fue uno de los principales ejemplos de un fenómeno inconveniente: la segregación racial espontánea. Los blancos vivían en sus barrios y los negros en los suyos, generalmente en zonas más pobres. No se mezclaban. Cuando un negro progresaba gracias a su trabajo o a su talento y se mudaba a un barrio mejor, los blancos se sentían incómodos. Esto produjo un fenómeno que no fue exclusivo de Detroit, pero que sí fue particularmente marcado allí: el white flight, la salida de población blanca de clase media hacia los suburbios, más acomodados y más acogedores. Los negros permanecían en el centro, en el municipio de Detroit propiamente dicho, hasta que se convirtió en la ciudad con mayoría de población negra más grande del país. Mientras los municipios circundantes del área urbana estaban cada vez más poblados, la propia Detroit comenzaba a contar su población a la baja. Otro efecto directo del white flight fue la fuga de capitales: a medida que se marchaba la población blanca - que casi invariablemente disponía de mayores ingresos - la renta per capita en Detroit comenzaba a decaer. Había que unir a todo esto el progresivo descenso en la actividad industrial motivado por la incipiente deslocalización de las grandes empresas, la cual produjo un aumento del desempleo que afectó principalmente a la población negra del centro.

© (Daily Mail)
Woodward Avenue, ayer rebosante de vida, hoy un espectáculo de vacío y desolación en pleno centro de la ciudad. 
Se produjo una fractura social no solamente entre blancos y negros, sino incluso entre los propios afroamericanos: mientras una parte pudo aspirar a convertirse en clase media como en ningún otro lugar de los EE. UU. - con buenos trabajos, viviendas agradables en barrios tranquilos y optimistas aspiraciones de cara a futuro - , otros se veían presas del paro y la marginalidad. La delincuencia empezó a incrementarse, principalmente como consecuencia de la implantación de redes de tráfico de drogas. Guerras callejeras entre mafias negras y blancas para controlar el narcotráfico provocaron un incremento de la violencia. Detroit llegó a ser la capital nacional del asesinato, además de aparecer frecuentemente en las noticias a causa de disturbios diversos de carácter racial.

© Desconocido
El viejo estadio de béisbol de los Tigers de Detroit, antes y ahora. 
Durante los 70, pese a los crecientes problemas, la ciudad continuaba construyendo grandes edificios e infraestructuras. Puede que el declive social se fuese agravando, pero no hay quien se fije menos en la auténtica realidad de los números que aquellos que se pasan el día especulando con esos números (y la presente crisis nos ha dado buena muestra de ello). Detroit continuaba brillando de puertas afuera, así que había que seguir adelante con la función: se supone que la ambición siempre tiene premio y se erigieron hitos arquitectónicos espectaculares como el Renaissance Center, hoy un detalle característico del skyline de la ciudad. En el trasfondo, sin embargo, el desempleo, la pobreza y la violencia continuaban agravándose. Las empresas seguían marchándose para obtener mayores beneficios en lugares en los que hubiese mano de obra más barata y con menos aspiraciones laborales. La concesión de licencias para nuevas factorías estaba bajo mínimos. Incluso Motown, estandarte económico de la ciudad junto a los tres grandes del automóvil, optó por mudarse a Los Angeles. El barco de Detroit seguía flotando a duras penas, pero quienes habían visto agrandarse las vías de agua y tenían posibilidades para marcharse - como las corporaciones - no lo dudaron un instante. En general, casi todos los grandes núcleos industriales y manufactureros del nordeste estadounidense empezaron a sufrir las consecuencias de la deslocalización: es el hoy llamado "cinturón del óxido", la antigua constelación de centros productivos que se vieron repentinamente condenados a la inactividad cuando las grandes empresas descubrieron que podían ganar más dinero en otros lugares. Pero en ninguna otra parte tuvo este proceso consecuencias tan demoledoras como en Michigan, y muy especialmente en Detroit.

© Desconocido
La decrepitud del Michigan Theater, una tragedia shakesperiana en sí misma. 
Pese a todo, casi de manera paradójica, el renombre internacional de lo que aquí llamaríamos "la marca Detroit" no decayó en los años 80. Aunque ya se estaban cerrando infraestructuras y la tasa de desempleo estaba oficialmente situada en un 12% - bastante por encima de la media nacional - , la proyección mundial de la NBA le confirió un último motivo de orgullo a la ciudad. Los Detroit Pistons, gracias a una generación de jugadores conocida como los Bad Boys, se hicieron célebres justo en el momento en que el baloncesto profesional estadounidense fue transformado en un producto de consumo mundial, como McDonald's o la Coca Cola. Los pistones - no podían llamarse de otro modo jugando en representación de la capital mundial del automóvil - eran rudos, sucios y desde luego carismáticos. Casi sin pretenderlo reflejaron perfectamente la personalidad propia de la ciudad: dureza callejera y eficacia industrial a partes iguales. Eran el Reverso Tenebroso del showtime hollywoodiense de los Lakers, del cerebral esteticismo renacentista de las huestes de la europeizante y universitaria Boston, o de las hazañas atléticas de Chicago. Los Pistons eran puro Detroit, unos forajidos de las canchas liderados por Isiah Thomas que le plantaban cara a base de chulería Michigander al sonriente prestidigitador "Magic" Johnson, a aquel severo compositor de sonatas para aro y orquesta llamado Larry Bird, o al superhéroe de dibujo animado que conocimos como Michael Jordan. Eran tiempos de gloria para la Motor City. Serían los últimos. Porque el deporte muy a menudo engaña... para entonces la ciudad ya había entrado definitivamente en barrena. Que nos lo digan a nosotros, los españoles, flamantes campeones del mundo de fútbol. Sin trabajo, pero campeones.

© (Marchand/Meffre)
Los colegios abandonados son la perfecta metáfora del tenebroso futuro de Detroit. 
Los años 90 y el cambio de siglo trajeron consigo el desmoronamiento total. Las últimas grandes fábricas que aún quedaban también partieron en busca de empleados que trabajasen lo mismo o más por mucho menos dinero y la industria de Detroit, ya agonizante, firmó su certificado de defunción. Ya no solamente los negros del centro de Detroit se veían castigados por el desempleo, sino también los blancos del área metropolitana (caso de Flint, localidad natal de Michael Moore, cuyo colapso económico ha sido nutridamente documentado por el cineasta). La crisis mundial del 2008 ha terminado de acelerar la huida en masa de habitantes y la ciudad se ha desangrado. Las consecuencias de la diáspora han sido tremebundas para Detroit: a menudo han sido los más pobres quienes se han quedado, así que la renta per capita se ha desplomado todavía más, y lógicamente la capacidad recaudatoria del ayuntamiento se ha extinguido. La magnitud del desastre no puede ser exagerada: el consistorio se ha encontrado con gravísimos problemas de falta de presupuesto y ha tomado medidas extremas, llegando a retirar de barrios enteros el alumbrado eléctrico, el suministro de aguas y la recogida de basuras, así como la cobertura policial y de emergencias, todo porque sencillamente ya no hay dinero para mantenerlas. El propio ayuntamiento animaba a los ciudadanos a mudarse a aquellos barrios donde todavía se podían conservar los servicios básicos - aunque depauperados - en lo que constituye un alucinógeno ejemplo de ciudad del primer mundo que da por perdidos varios de sus miembros y ha decidido amputarlos para que no se extienda la gangrena. Regiones enteras de la metrópolis quedaron vacías. Las propias autoridades han decidido demoler edificios que habían quedado vacíos para no tener que hacerse cargo de su mantenimiento. Otros muchos han sido incendiados. Un vistazo a Google Earth resulta revelador: la cantidad de solares vacíos en pleno centro de la ciudad puede dejar boquiabierto a cualquiera.

© Desconocido
A principios de los 90, cuando fue tomada esta foto, el centro de Detroit ya mostraba un aspecto desolador. Hoy está todavía peor. 
Desamparo social y catástrofe educativa vinieron después, casi en forma de plaga bíblica. La actual crisis financiera, que EE. UU. sobrelleva con su acostumbrado ímpetu de siempre, no ha podido en cambio ser afrontada por Detroit. El desempleo registrado gira en torno al 20%, algo totalmente inaudito en una gran ciudad de la América moderna. Pero hablamos de la cifra oficial, porque no son pocos quienes la elevan considerablemente y llegan a hablar de la mitad de la población en edad de trabajar. El porcentaje de familias por debajo del umbral de la pobreza se calcula entre un 30-35%, de nuevo según cifras oficiales que podemos sospechar tiran por lo bajo. Económicamente hablando, Detroit casi está dejando de ser América, al menos tal y como los americanos quisieran entender su país. Naturalmente, las historias humanas que hay detrás de todo este curso de degradación resultan incontables y a menudo terriblemente desgarradoras. Como en toda crisis económica, fenómeno que los políticos y muchos medios de comunicación suelen limitarse a resumir alegremente con un puñado de números, el sufrimiento humano se convierte en un índice que no puede siquiera medirse, entre otras cosas porque la mayoría de las veces queda oculto en el anonimato de las víctimas. Pero ha surgido un reclamo inesperado: la arquitectura abandonada ejerce como portavoz silencioso de ese sufrimiento. Fotografías de colegios vacíos que nos hablan de los niños que ya no tienen aula, de los padres que ya no tienen trabajo, de los hoteles en donde ya nadie se hospeda porque en Detroit ya no hay negocio alguno que hacer y es un lugar de donde se huye, no a donde se va. Fotógrafos profesionales y aficionados de diversas partes del mundo comenzaron a acudir en busca de imágenes chocantes que normalmente asociamos con el tercer mundo o con la súbita caída de regímenes como el soviético. Grandes edificios dejados a su suerte, testimonio mudo y descorazonadoramente monumental de la ocasional futilidad de las grandes ambiciones colectivas cuando quienes han generado esas ambiciones han decidido que ya no ganan lo suficiente allí y se marchan para no volver.

© Desconocido
La Michigan Central Station, un asombroso monumento a los daños colaterales del capitalismo. 
Una de las presas más codiciadas por los cazadores de bodegones apocalípticos es la Michigan Central Station, que en su día fue uno de los varios motivos de orgullo para una ciudad que podía presumir de contar con la construcción ferroviaria más alta del mundo. Hoy, sin embargo, parece el decorado de una pesadilla distópica. Pocos lugares abandonados hay en el corazón de occidente con semejante atractivo simbólico para el objetivo de una cámara: su solemne y grandilocuente fachada fue concebida en pleno arrebato monumentalista del auge industrial. La estación se alza en solitario frente al Parque Roosevelt, sin otros edificios circundantes: una ubicación insular que durante su periodo de actividad se antojaba casi paradisíaca... qué mejor bienvenida al forastero que una estación rodeada de parques y grandes explanadas de verde césped. Hoy, sin embargo, ese mismo aislamiento la hace parecer un tétrico monolito legado por alguna civilización alienígena, abandonado allí para asombro de los humanos. El estado de abandono de su exterior produce el efecto óptico de hallarnos ante el vestigio de una era remota: vías reconquistadas por la mala hierba, pavimentos agrietados y arbustos que se empeñan en crecer incluso sobre el terrado del edificio del vestíbulo. Todavía más impresionante resulta el interior, aunque desgraciadamente no lo han sabido respetar los compulsivos estampadores de graffitis, incapaces - en sus cortas miras - de reconocer y admirar la grave y majestuosa decadencia catedralicia que los rodea. Todo un templo consagrado al olvido en el que las pueriles pintadas todavía parecen irrespetuosas y fuera de lugar, como si alguien vaciase su spray sobre un féretro sin pensar en la dignidad del difunto.

© Desconocido
Un asilo abandonado en cuyas paredes una pintada dice “Dios ha abandonado Detroit” 
No menos espectacular ha sido la estéril agonía del antaño esplendoroso United Artists Theater, situado también en pleno centro de Detroit, cuyo tablado ahora desahuciado es uno de los lugares más asombrosos de la ciudad, ya que parece el aterrador decorado de alguna secuencia de Alien, el octavo pasajero. En la ornamentación interior de la sala se distinguen todavía los recargados grutescos - inspirados en la arquitectura de España, por cierto - que un día simbolizaron el afán de los nuevos ricos michiganders por imitar los suntuarios libertinajes del barroco europeo. Ahora, sin embargo, esas formas aparecen desnudas y blanqueadas, como si fuesen el esqueleto de algún inmenso monstruo deforme o los restos inertes de un arrecife de coral. Viéndolo en su actual estado cuesta imaginar su pasado esplendor: el United Artists Theater fue una de las ambiciosas salas de proyección construidas por la compañía cinematográfica que Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanksfundaron como respuesta a la dictadura de los estudios tradicionales. Inaugurado en 1928, podía dar cabida a más de 2000 espectadores, pero además de ser un lujosísimo cine de babilónicas hechuras, el Theater sostuvo sobre su techo un edificio de 18 plantas repletas de opulentas oficinas para alquilar. Allí se siguieron proyectando películas de gran formato hasta los años 70, cuando el declive comercial de la cinematografía provocó que la sala fuese adoptada por la Orquesta Sinfónica de Michigan. Pero pasaron los años e incluso la orquesta se terminó marchando, hasta que ya solo quedaba en la planta baja del edificio un club nocturno, The Vault, que ocupaba el antiguo local de un banco y que había transformando las antiguas cámaras subterráneas en espacios nocturnos para el divertimento de las gentes cool del downtown. Aquel club fue el último espacio en resistir al abandono en un edificio donde la antigua sala de cine se dedicaba a criar polvo y donde ya nadie alquilaba ninguna de las oficinas. Cuando también The Vault cerró, el imponente United Artists Theater quedó completamente vacío. Todo el metal útil de cada una de las plantas fue retirado. Ahora, sin uso, el edificio espera una posible demolición.

© Desconocido
Impresionante espectáculo: el apocalíptico interior del otrora lujoso United Artists Theater. 
Por cierto, The Vault no ha sido el único negocio en aprovechar las extintas oficinas bancarias para nuevos usos. Tras la emigración en tropel de las instituciones financieras, sus antiguos locales han sido ocupados por todo tipo de inquilinos oportunistas que, de hecho, cubren todo el espectro de propósitos de servicio social: desde congregaciones baptistas a clubes de striptease. En otros casos, ni siquiera eso. Por ejemplo, la vida del National Bank no gozó de la prórroga del reciclaje y ahora el robusto portón de su cámara acorazada aparece tiñoso de óxido, mientras que los pequeños cajones de seguridad, ya vacíos, simbolizan lacónicamente toda la riqueza perdida de la ciudad del motor. Además de los bancos, la ciudad que reinó en el imperio del automóvil está ahora plagada de gasolineras abandonadas, con sus fachadas aún reclamando la atención a base de colorido maquillaje, como mujeres de la noche incapaces de hacer frente con dignidad a su inevitable decrepitud. Lo mismo puede decirse de los restaurantes y locales de comida rápida que lucen todavía lozanos en sus fachadas, aunque el interior aparece oscuro porque tras sus cristales ya no se sirven hamburguesas ni café: son negocios que a menudo han muerto en plena juventud.

© Desconocido
El salón de baile del Hotel Plaza, crudo retrato de la vanidad perdida de Detroit. 
No han tenido mucha más suerte los hoteles. Por ejemplo, el harinoso salón de baile del hotel Lee Plaza fue una de las estrellas en el famoso álbum funerario de la revista Time. Su rigor mortis fue descarnadamente inmortalizado por las cámaras, que captaron la estancia bien bañada por la luz diurna como para mostrar con cruel fidelidad hasta el último desconchón de las paredes. La foto era impactante, presidida como estaba por un piano varado sobre su costado como si fuese un buque después de un naufragio o una ballena agonizando en la playa, en mitad de un decrépito desorden que ni siquiera ofrece el consuelo de resultar solemne. En otro tiempo ese mismo lugar fue patio de recreo donde tenían lugar sofisticados juegos de sociedad; hoy es una tumba de marfil en la que no hay más cadáveres que unas cuantas sillas rotas y un piano desvencijado. No demasiado lejos se levantan dos hoteles de 13 plantas cada uno: el Eddystone y el Park Avenue. Construidos según los patrones de solidez racionalista de los años 20 y otrora repletos de huéspedes que visitaban la ciudad por negocios, son ahora dos mausoleos de mal aspecto, inútilmente erguidos sobre lo que quiso ser un parque y ahora se ha convertido en uno de tantos descampados mortecinos.

© (Andrew Moore)
Fascinante instantánea del laboratorio abandonado del Cass Technical High School. 
Tampoco se ha librado del naufragio, como ya comentábamos, el sistema educativo. El Cass Technical High School, por ejemplo, es ahora una especie de museo dedicado a lo que pudo haber sido y no fue. Algunas de sus dependencias, como los laboratorios, sufren un abandono tan pasmosamente estético que bien podría haber sido diseñado por un artista conceptual: cajones y portezuelas de madera abiertas en serie, quizá por buscadores de sustancias de dudoso uso, y encimeras devoradas por el fárrago de mil pequeños utensilios y fragmentos de objetos indefinidos, presidido todo por estanterías prácticamente intactas, repletas de probetas, tubos de ensayo y mecheros Bunsen que nadie se ha molestado en robar.

Algo similar sucede en la Jane Cooper Elementary School, donde un día se ayudaba a los pequeños michiganders a aprender a leer, escribir, sumar... a crecer en definitiva. Hoy es una descorazonadora parábola visual del futuro truncado de Detroit. Empezando por su antiguo auditorio, un teatrito donde los pequeños cantaban y actuaban para regocijo de sus padres. Las cortinas del telón están aún en su sitio, pero mientras que el auditorio abandonado aparecía prácticamente intacto en el reportaje de Time, constituyendo una visión tan hermosa como triste, al año siguiente ya había sido destrozado y pintarrajeado por los vándalos de turno... significativo el modo en que quienes deberían sentirse víctimas del declive de la escuela, quienes deberían querer conservar aquellos lugares intactos como monumento a su herido orgullo ciudadano, son precisamente quienes le han puesto la puntilla rompiéndolo todo y llenándolo de graffitis. Con todo, en algunas aulas las pizarra continúan colgadas. Curiosamente, o no tan curiosamente, nadie se ha llevado los libros, que bien se amontonan en cajas o se desparraman por los suelos de la biblioteca. Además de las escuelas, otros servicios públicos abandonados por las autoridades han producido imágenes igualmente impactantes, como la comisaría de policía de Highland Park, donde junto a ficheros y escritorios abandonados se desperdigaban decenas de fotografías de sospechosos, fichas con huellas dactilares e informes que ya no servirán de nada.

© Desconocido
Escuela elemental Jane Cooper hace unos años, abandonada pero todavía intacta en solemne recordatorio de la debacle educativa. 
© Desconocido
Un año después de la imagen anterior, la escuela ya había pagado el precio al ser arrasada por unos vándalos. 
Aunque, si hablamos de tamaño, los más grandes pecios del naufragio de Detroit proceden, cómo no, de su industria. Grandiosa, ciclópea, faraónica... todos los adjetivos se quedan cortos para describir la ruina durmiente de la Packard Plant, quizá una de las fábricas abandonadas más fabulosas del mundo. Bautizada inicialmente como Motor City Industrial Park, este complejo de producción de automóviles es otro El Dorado para cualquier fotógrafo ávido de sensaciones postarquitectónicas fuertes, cuya inmensa desolación bien puede rivalizar con los ceremoniosos despojos industriales y militares de la extinta URSS. Lo que allí se encuentra el fotógrafo no desmerece de la escenografía de películas o videojuegos: un laberinto de edificios rectangulares, callejones, túneles y explanadas alfombradas por escombros, árboles secos y arbustos sin vida. Todo metal y vidrio ha sido retirado para el reciclaje; edificios enteros se han visto reducidos a los meros huesos. Cuesta creer que hubo un día en que aquello bullía de actividad, en que allí se gestaba la prosperidad o al menos la existencia medianamente cómoda de tanta gente. El inmenso cascarón vacío del complejo se erige ahora como una broma de mal gusto; tan grande, que su abandono resulta insultante. Como curiosidad, la inmensa planta no está completamente vacía, sino que tiene un inquilino fijo: Allan Hill, antiguo homeless, desheredado del sistema que convirtió una de las naves del lugar en un espacio habitable. El viejo y solitario Hill ya no posee todos sus dientes pero se las ha arreglado para disponer de electricidad, agua e incluso Internet. Un ejemplo de supervivencia y dignidad por parte de un hombre rechazado por el sistema, que ahora habla de ese mismo sistema con calmo escepticismo.

© (Daily Mail)
La fábrica Packard, hoy una de las más tremebundas ruinas industriales del planeta.
Igualmente imponentes son los restos mortales del complejo River Rouge de la Ford: el interior de sus plantas de producción se antoja hoy un túnel que lleva a ninguna parte, un armazón de metal y cemento expuesto a la herrumbre, como si la torre Eiffel hubiese muerto de vieja, hubiese caído sobre su costado y descansara ahora en horizontal completamente desprovista de su antiguo señorío. Pero no solamente servicios, comercios e industrias han fenecido en Detroit. También barrios residenciales enteros han sucumbido como en una epidemia. Una ingente cantidad de viviendas han sido demolidas, otras incendiadas y otras muchas yacen en silencio, desbaratadas por el tiempo, que lo desmorona todo con una rapidez inesperada. En ciertas localizaciones, la retirada de todos los servicios municipales básicos ha agravado la diáspora y ha producido fenómenos chocantes como el de las viviendas en relativo buen estado que se venden por un dólar, para el que quiera establecerse en mitad de la zona cero... aunque por descontado nadie quiere habitar donde no hay ni luz, ni agua, ni seguridad, ni comercios donde adquirir productos básicos de consumo. En otros barrios con mejor suerte, las casas aún habitadas conviven con los solares vacíos, a los que a veces se les encuentra un uso peculiar: la ciudad puede presumir de contar con auténticos campos de maíz en algunas calles del centro, donde los vecinos han decidido emplear la tierra vacía como huerto particular.

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El pizpireto barrio burgués de Brush Park como muestra del fracaso de toda una ciudad. 
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Mansiones abandonadas en Brush Park. 
Particularmente pintoresco es lo sucedido en el barrio de Brush Park. En tiempos mejores, orgullosos michiganders de clase media-alta edificaron viviendas elegantes y mansiones siguiendo las más vistosas tendencias constructoras de la burguesía del viejo continente: arquitectura renacentista francesa, italianizante, victoriana, Beaux Arts, Art Decó, Segundo Imperio, Tudor, gótico veneciano, románico richardsoniano... todo en un mismo barrio, como en una gran caja de bombones. Pero de las 300 mansiones originales de Brush Park únicamente quedan unas 70 en pie; no pocas de ellas parecen ahora salidas de la película Psicosis: ventanas que nos contemplan con mirada hueca o veladas por una ceguera de contrachapado, fachadas a medio caer que se van derritiendo por la flacidez del abandono, desvanes abiertos a la intemperie, jardines secos o en el mejor de los casos rebosantes de enredaderas que devoran con avariciosa lujuria los edificios (como una casa de Walden Street cuya fachada está completamente cubierta por las hojas, creando un singular espectáculo en mitad de la urbe). De las mansiones que todavía quedan, muchas están en mal estado, pero varias se encuentran en proceso de intento de rescate, porque ese barrio es uno de los principales patrimonios artísticos y arquitectónicos de la ciudad, uno de los barrios en los que merece la pena invertir un esfuerzo.
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Piscina pública en Brush Park. Profundidad: “8 feet” 
También en Brush Park hallamos otras metáforas de ladrillo que nos hablan de un pasado mejor, como la antigua piscina pública, hoy un mero cajón de cemento sin agua que lo llene, todavía dividido en "calles" como la pista de aterrizaje donde se estrellaron los sueños de prosperidad de la ciudad. Es una cripta rectangular erigida con bloques de un anodino gris, su techo oxidado aparece encrespado de cables y focos que cuelgan: todo metal aprovechable e incluso las propias lámparas han sido retiradas. Como en una broma macabra, el mosaico del borde de la piscina todavía indica su profundidad: "8 feet", aunque ahora ya no hay agua que impida comprobar de un vistazo la distancia al fondo.

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Biblioteca pública abandonada. Al parecer, a nadie le interesa llevarse los libros. 
Son algunos ejemplos, pero se podrían citar muchos más. Se estima que aproximadamente un tercio del territorio de la ciudad se encuentra en estado de ruina o abandono. Las grandes empresas se han ido y la locomotora de la industria norteamericana se ha quedado detenida en la vía, mientras los arbustos crecen y los más espabilados desclavan las vigas para venderlas al peso. ¿Hay esperanza para Detroit? Hoy, las cifras oficiales hablan de un ligero repunte del trabajo disponible, y los más optimistas cifran el paro en un 18-20%. Pero no pocas voces hablan de un 40% o incluso un 50% de desempleo real, en mitad de un país que actualmente tiene un 8% de media, lo cual - en aquella nación y bajo sus condiciones de vida - ya es considerado demasiado alto. Instituciones como el Family Independence Program, un programa de asistencia social para familias de bajos recursos con niños a su cargo (ofrece unos 500 dólares mensuales a parejas sin ingresos con un hijo único y algo menos de 1000 dólares a familias numerosas con siete u ocho hijos) sitúa a un 34% de la población bajo el umbral de pobreza, pero nuevamente se barajan cifras alternativas que llegan al 60%.

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Las pintadas reivinidicando la dignidad de la ciudad se multiplican: “Detroit no es un cadáver, Detroit vivirá”. 
Las discusiones políticas en torno al hundimiento del buque insignia de la industria manufacturera estadounidense podrían alargarse hasta el infinito. Algunos hablarían del derecho de las grandes empresas a buscar más beneficios en otras localizaciones, otros harían alusión a la responsabilidad social de dichas empresas y de las autoridades que les permiten alzar el vuelo sin consecuencias. Probablemente no exista una respuesta simple que satisfaga a todas las opiniones, pero la realidad de la situación, eso sí, es incontestable. Detroit se ha venido abajo. La "gran D" se ha transformado en una ciudad del tercer mundo inmersa en la nación que se precia de liderar el primero. Incluso el propio gobierno de Michigan, con sede en Lansing, le ha dado la espalda a la mayor población del estado, a la que se contempla con disgusto y reluctancia. Detroit es un agujero presupuestario y las instituciones municipales están sumidas en una lucha por mantenerse en funcionamiento, mientras el gobierno estatal soñaría con ceder de buena gana la ciudad a otro estado o incluso a Canadá.

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La pobreza y la proliferación de solares vacíos han generado el curioso fenómeno de la agricultura urbana. 
La gente de Detroit, como suele suceder, ha respondido al cataclismo de las formas más dispares imaginables. Algunos han optado por la delincuencia o el vandalismo. Los hay también que vagan por las calles en busca de despojos, en muchos casos rendidos ante la desesperanza. Otros optan por apelar a la dignidad ciudadana, por ejemplo creando programas espontáneos de "granjas urbanas" para autoabastecerse de alimentos frescos cultivados en los muchos solares vacíos que hay entre unos edificios y otros. Los hay que han llegado hasta el punto de inspirarse en formas de supervivencia local concebidas en el tercer mundo, como un sistema de reciclaje de aguas con el que los vecinos de pequeñas zonas mantienen el valioso fluido circulando a despecho de las fallas institucionales. Mientras tanto, los mapaches y otros animales salvajes han empezado a merodear de nuevo por la ciudad del automóvil, que no los veía en sus calles desde tiempos inmemoriales.

El barco se ha hundido. Esto debería producir una profunda reflexión. Fue la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos y, si sucedió allí, podría suceder en cualquier parte. Porque lo que la caída de Detroit ha demostrado es que una ciudad no es el conjunto sus edificios, ni de sus infraestructuras, ni de sus instituciones. Una ciudad es su gente. Si la gente se marcha, la ciudad muere. Y la gente se marcha cuando no tiene trabajo. ¿Inevitable? Quién sabe. ¿Triste? Desde luego. El Titanic se hunde, queda para la opinión de cada cual ponerle nombre al iceberg.
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