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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un buen control de nuestras emociones favorece la salud cardiovascular


La inteligencia emocional es un concepto que en los últimos años se ha popularizado en muchos ámbitos, tanto profesionales como personales. Se define como la capacidad de las personas para percibir, usar, comprender y manejar las emociones propias y ajenas. Pues bien, investigadores españoles de la Universidad de Málaga acaban de descubrir que dicha regulación de las emociones no nos ayuda sólo en nuestro bienestar psicológico, sino que puede ayudar a tener una mejor salud cardiovascular.

En concreto, el trabajo ha constatado que la regulación emocional (RE) se relaciona con un indicador fiable de variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) y que ejerce el poder de moderar el efecto negativo que tiene la edad (más de en el tiempo entre los latidos del años) corazón. El estudio se ha publicado en la Revista Española de Cardiología (REC).

La VFC es una herramienta que, en cardiología, se utiliza para valorar el estado de salud del corazón: unos niveles bajos de la misma están directamente vinculados con la edad, con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares y con un mayor índice de mortalidad por causa cardíaca. En resumen, unos buenos índices de VFC son un buen indicador de longevidad y salud.

En la nota de prensa publicada por la Sociedad Española de Cardiología, Ruth Castillo, que ha formado parte de la investigación, declara: "las emociones están presentes constantemente, algunas veces podemos manejarlas pero otras, especialmente si son negativas y de mayor intensidad, no conseguimos manejarlas adecuadamente y pueden impactar en nuestro cuerpo". Cierto es, como indica ella misma, que las emociones forman parte de nuestro día a día, y están particularmente presentes en el ámbito laboral y llegan a afectar de manera decisiva a nuestra salud.

Según la experta, lo novedoso de esta investigación es que se ha demostrado que si una persona es capaz de poner en marcha estrategias adecuadas ante una situación emocionalmente intensa, está ayudando a que su corazón funcione mejor y se adapte más adecuadamente a las exigencias diarias.

La regulación emocional

La RE es una habilidad central en la inteligencia emocional. Facilita el desarrollo de estrategias efectivas para reducir el impacto de emociones negativas, por lo que funciona como protector ante situaciones desafiantes e incluso da respuestas fisiológicamente más adaptativas.

Ante una situación emocionalmente intensa, como la ansiedad, el estrés o la frustración, se ponen en marcha recursos o estrategias para afrontarla. Un control inadecuado de las emociones podría ser tratar de evitar el problema, obsesionarse o autoculparse. Son todo estrategias inadecuadas que no resuelven el problema y, por el contrario, perjudican el funcionamiento mental y físico.

Un buen control de las emociones, no obstante, activa estrategias que, además de ayudar a solucionar de manera efectiva la situación conflictiva, son más beneficiosas para nuestra salud, como ha constatado el estudio.

Otras estrategias inadecuadas para controlar la ansiedad podrían ser, por ejemplo, fumar, beber alcohol o morderse las uñas. Y para controlar la ira, distraerse, gritar, atacar al otro/a, reprimirse, insultar o dar puñetazos en una pared.

Métodos de regulación

Según la investigadora de la Universidad de Málaga, algunas de las respuestas fisiológicamente más adaptativas y mucho más efectivas son larespiración, la relajación muscular, la distracción e incluso la manera que tenemos de hablarnos a nosotros mismos (auto-diálogo).

También existen otras estrategias, como la denominada detención del pensamiento, con objeto de identificar aquellos pensamientos negativos y tratar de sustituirlos por otros más positivos. Otra estrategia más simple y útil para muchas personas son el ejercicio.

Fuente | Sociedad Española de Cardiología

Comentario: Una buena técnica de respiración y meditación que ayuda a mantener unos buenos índices de VFC, además de ayudar a controlar nuestras emociones, es Éiriú Eolas.
Además, EE es una técnica que ha probado ser de gran ayuda para reducir el estrés, calmar y enfocar la mente, crear mejores conexiones entre la mente y el cuerpo, y por lo tanto, mejorar la calidad de vida, aumentando la sensación de conexión con otros en la comunidad.

Ésta técnica le ayudará a tener mejor salud en general, un sistema inmune más fuerte, mejor control de los impulsos, la reducción de la inflamación, etc. También le ayudará a sanar heridas emocionales; cualquier cosa que le prevenga de llevar una vida saludable y satisfactoria.

Para conocer más de cerca como funciona esta técnica revolucionaria, no se pierdan nuestro Enfoque SOTT:

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viernes, 6 de septiembre de 2013

El sistema de neuronas espejo y el procesamiento facial de las emociones: El caso del miedo


© desconocido
(dp) Duchenne de Boulogne, The Muscle of Fright, of Terror, 1862.
Desde su descubrimiento en la corteza ventral premotora, área F5, del cerebro del macaco, las neuronas espejo se han convertido en el santo grial de la neurociencia sirviendo de base neurofisiológica para la empatía, imitación, entendimiento de las acciones e intenciones, lenguaje... Estudios recientes sugieren que el sistema de neuronas espejo contribuye también a procesar información emocional, pero niegan que la amígdala, región por excelencia responsable de procesar cierto tipo de emociones, sea parte de tal sistema. Parece ser que el sistema de neuronas espejo se reorganiza funcionalmente para compensar daños en la amígdala en algunos pacientes.

Las expresiones faciales de la emoción son señales fundamentales para el organismo porque de ellas depende la comunicación social. Discriminar correctamente las expresiones faciales es necesario para navegar exitosamente el mundo de las relaciones interpersonales.

Recientes investigaciones neuropsicológicas y con neuroimagen (Calder, 2011) han arrojado luz sobre cómo el cerebro responde ante las expresiones faciales de la emoción. En concreto, el procesamiento de la emoción facial de miedo corre a cargo de una estructura cerebral situada en la profundidad de los lóbulos cerebrales, llamada la amígdala por su forma de almendra. Pacientes con lesiones en esta estructura tienen dificultades en procesar la emoción del miedo expresada en las caras.

Otro tipo de estructura neural relevante para entender el procesamiento de las expresiones de miedo son las neuronas espejo (NE). Éstas son una clase especial de neuronas que se activan tanto cuando el individuo observa como cuando ejecuta una cierta acción. Originariamente descubiertas en el área F5 de la corteza ventral prefrontal del cerebro del macaco, hay evidencias de su existencia en el cerebro humano y de su asociación a múltiples funciones cognitivas, como el lenguaje, la interpretación de las acciones o la empatía. Las áreas neurales donde se han encontrado evidencias de la posible existencia de NE en el cerebro humano son el pars opercularis del giro frontal inferior posterior y el lóbulo parietal inferior rostral, aunque también se han encontrado evidencias en áreas como la ínsula, cíngulo anterior y giro temporal superior. Estudios con autistas, que tienen afectada la comunicación social, encuentran una respuesta de activación anormal en el sistema de NE (Enticott y col., 2012). Además, las personas que puntúan alto en cuestionarios o escalas que miden la empatía tienen una activación más robusta del sistema de NE (Gazzola, Aziz-Zadeh y Keysers, 2006).

Los modelos explicativos más recientes sobre el procesamiento de la emoción afirman que el sistema de NE está, al igual que la amígdala, implicado en el reconocimiento e interpretación de las expresiones faciales de la emoción (Bastianseen, Thioux y Keysers, 2009). Algunos de estos modelos sostienen que las anormalidades en la red de NE pueden dar también lugar a déficits en el reconocimiento de las emociones de la cara, al igual que sucede con los daños que afectan a la amígdala. De hecho, el que tanto el sistema de NE como la amígdala estén implicados en el procesamiento de las emociones ha propiciado la hipótesis de que quizás la amígdala sea parte integral del sistema de NE (Carr y col., 2003).

Para aclarar esta cuestión, Yoan Mihov y colaboradores (Becker y col., 2012; Mihov y col., 2013) investigaron a dos gemelas monozigóticas con una lesión bilateral equivalente en la amígdala, resultado de la enfermedad congénita de Urbach-Wiethe. La paciente 2 había mostrado con anterioridad un déficit en el reconocimiento de la emoción de miedo, pero en cambio, la paciente 1 había mostrado un reconocimiento normal de la emoción unido a una respuesta aumentada del sistema de NE (lo cual se detecta mediante técnicas de resonancia magnética funcional). Esta respuesta aumentada del sistema de NE podría estar compensando su daño en la amígdala.

Mihov y colegas hipotetizaron que la paciente 1 mostraría también una imitación normal de expresiones faciales de miedo, junto con una supra-activación del sistema de NE Además, los autores pensaron que, si la amígdala fuese un componente esencial del sistema de NE, entonces la paciente 2 tendría un déficit también en la imitación de expresiones faciales de miedo.

Un primer experimento consistió en realizar las tareas de observar pasivamente o imitar distintos gestos (movimiento manual, expresión de miedo, y expresión neutra), presentados mediante videoclips de 3s de duración. En un experimento posterior, todos los participantes (las dos pacientes y 15 voluntarias control con edad y nivel educativo ajustados a ellas) imitaron la misma serie de estímulos durante una sesión de resonancia magnética funcional. Mientras que el primer experimento fue comportamental, el segundo experimento pretendía visualizar las regiones cerebrales implicadas en dichas tareas a través de la sesión con neuroimagen para, de esta forma, contrastar la activación cerebral de las pacientes con el grupo control.

En ambos experimentos las dos pacientes mostraron una imitación intacta de expresiones faciales de miedo. Dado que la paciente 2, con lesión en la amígdala, era incapaz de identificar, pero capaz de imitar, la expresión facial del miedo, esto sugiere que la amígdala interviene sólo en la percepción, pero no en la producción de esa expresión facial. De ahí se sigue que la amígdala no es parte del sistema de NE. Un hallazgo adicional fue que la paciente 1, pero no la paciente 2, mostró una supra-activación frontoparietal del sistema de NE. Esto es congruente con la hipótesis de que el sistema de NE, en algunas personas, ayuda a compensar los déficits en la percepción de las expresiones faciales de la emoción producido por el daño bilateral en la amígdala.

En conclusión, pese al papel fundamental de la amígdala en la percepción de información social (concretamente, en la inducción y experiencia del miedo), estos datos sugieren que esta estructura neural no es parte del sistema de NE. Sin embargo, a veces el sistema de NE puede compensar adaptativamente los daños sufridos en la amígdala. Aunque se necesitan futuras investigaciones para aclarar el papel de las NE como mecanismo sustituto o compensador de la amígdala, se puede decir tentativamente que el sistema de NE se puede reorganizar funcionalmente con la experiencia.



Referencias


Bastianseen, J., Thioux, M., y Keysers, C. (2009). Evidence for mirror systems in emotions. Philosophical Transactions of the Royal Society of London. B Biological Sciences, 364, 2391-2404.

Becker, B., Mihov, Y., Scheele, D., Kendrik, K., Feinstein, J., Matush, A., Aydin, M., Reich, H., Urbach, H., Oros-Peusquens, A., Shah, N., Kunz, W., Schlaepfer, T., Zilles, K., Maier, W., y Hurlemann, R. (2012). Fear processing and social networking in the absence of a functional amygdala. Biological Psychiatry, 72, 70-77.

Calder, A. (2011). Does facial identity and facial expression recognition involve separate visual routes? En: A. Calder, M. Johnson y J. Haxby (Eds). The Oxford Handbook of Face Perception. Oxford: Oxford University Press.

Carr, L., Iacoboni, M., Dubeau, M., Mazziotta, J., y Lenzi, G. (2003). Neural mechanisms of empathy in humans: A relay from neural systems for imitation to limbic areas. Proceedings of the Nationall Academy of Sciences, USA, 100, 5497-5502.

Enticott, P., Kennedy, H., Rinehart, N., Tonge, B., Bradshaw, J., Taffe, J., Daskalakis, Z., y Fitgerald, P. (2012). Mirror neuron activity associated with social impairments but not age in autism spectrum disorder. Biological Psychiatry, 71, 427-433.

Gazzola, V., Aziz-Zadeh, L., y Kysers, C. (2006). Empathy and somatotopic auditory mirror system in humans. Current Biology, 16, 1824-1829.

Mihov, Y., Kendrick, K., Becker, B., Zschernack, J., Reich, H., Maier, W., Keysers, C., y Hurlemann, R. (2013). Mirroring fear in the absence of a functional amygdala. Biological Psychiatry, 73, e9-e11.

martes, 19 de marzo de 2013

Nuestro estado de ánimo podría influir en nuestras decisiones morales


© byccapacitacion
La ética y la moral son dos aspectos que me parecen fundamentales en la personalidad de cualquier individuo. Tener una personalidad fuerte y unas ideas claras, relativamente influenciables (tampoco hace falta no escuchar las opiniones ajenas, porque esto suele ayudarnos bastante) pero claras al fin de al cabo, es muy importante en nuestra vida diaria. Dentro de estas ideas están nuestros principios morales, siempre y cuando no seamos políticos y los vendamos al mejor postor como si fueran camisetas.

Pero, ¿nuestro estado de ánimo puede cambiar estos principios morales? Pues, aunque suene extraño, puede que sí.

Pensemos por un momento en el ejemplo que comentan en Scientific American.Imaginemonos al pie de un puente sobre algunas vías de tranvía. A continuación, un tranvía fuera de control se dirige hacía cinco personas inconscientes que se colocan en medio de la vía. A nuestro lado hay un hombre grande, y existe la posibilidad de salvar la vida de esas cinco personas a cambio de empujar al hombre desde el puente hacía el tranvía. Su cuerpo dentendría el tranvía y habríamos salvado a cinco personas de morir a cambio de dejar morir a una.

¿Qué deberíamos hacer? ¿Empujamos al hombre para salvar a las otras cinco personas o nos quedamos mirando y les dejaríamos morir?Independientemente de la opción elegida, la que sea, reflejaría nuestras convicciones morales. Pero, ¿estas convicciones podrían ser influidas por nuestro estado de ánimo de ese momento? En un primer momento pensaremos que no, pero un estudio publicado en Cognition, a cargo de investigadores alemanes, describe otra cosa.

Según dicha investigación, se ha demostrado que el estado de ánimo de las personas puede influir fuertemente en la respuesta a un escenario hipotético de juicio moral como el que os acabo de describir. Al principio del estudio ya se mostró una diferencia entre las decisiones morales personales (como el juicio moral que os he detallado) y las decisiones morales impersonales, como el hecho de quedarnos o devolver el dinero encontrado en una cartera perdida.

Resulta que las áreas cerebrales responsables de procesar la información emocional parecen estar más fuertemente comprometidas al hacer los juicios morales de decisiones personales que las decisiones impersonales. Es decir, las emociones juegan un papel bastante importante en este tipo de escenarios morales hipotéticos, mientras que la parte racional y calculadora está más "apagada".

Por otra parte, los investigadores diferencian entre dos hipótesis. La primera, el "pensamiento moral", que vendría a decir que, de la misma forma que nuestra atención puede cambiar nuestra forma de procesamiento mental según la percepción de la situación, el estado de ánimo también podría influir en nuestro procesamiento del pensamiento, dando lugar a diferentes patrones de pensamiento moral.

La segunda hipótesis, la de la "emocion moral", sugiere que las emociones pueden cambiar directamente como nos sentimos acerca de la elección moral que hemos tomado. Es decir, estar de buen humor podría hacernos sentir mejor (o peor) sobre nuestra decisión, y por lo tanto hacer más (o menos) probable que nos dispongamos a dar el empujón al hombre.

Para comprobar estas dos hipótesis, a falta de una prueba de neuroimagen adecuada, se influyo en el estado de ánimo de los participantes en este estudio. Se les dispuso en dos tipos de música diferentes para alterar su estado, unos tenían un ánimo positivo y otros negativo. Posteriormente, se les plantearon preguntas. A algunos se les preguntó "¿Crees que es apropiado ser activo y empujar al hombre?"; mientras que a otros se les planteó otra pregunta, "¿Crees que es apropiado ser pasiv@ y no empujar al hombre?".

Los participantes con buen estado de ánimo estaban más inclinados a aceptar la pregunta, dependiendo de la forma en que estaba hecha. Es decir, si se les preguntaba por ser activo y empujar, tendían a decir que si. Y si se les hacía la pregunta de si estaba bien o no empujar, eran más propensos a no empujar. De la misma forma se encontró un patrón opuesto en los que tenían un estado de ánimo negativo. Es decir, la forma de hacer la pregunta, junto al estado de ánimo del participante, acababan influyendo en la respuesta.

Por tanto, según los investigadores, si el estado de ánimo tuviera el poder de influir el solo en la decisión moral (hipótesis de la "emoción moral"), la forma de plantear la pregunta debería dar lo mismo, pero no fue así. Por tanto, la hipótesis del "pensamiento moral" cuadra más con el estudio.

Aún así, estos resultados plantean aún más preguntas, como el hecho de que la lógica y las emociones suelen ser procesos competitivos. Pero estos resultados plantean que no es así, sino que ambas, lógica y emoción, interactúan entre si y trabajan de forma estrecha para acabar determinando nuestro comportamiento.

En definitiva, según esta investigación, nuestros principios morales pueden cambiar "fácilmente" solo con cambiar nuestro estado de ánimo y la forma de plantear el juicio moral, aunque pueden existir miles de factores implicados en nuestra vida diaria que podrían alterar nuestras decisiones.

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