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viernes, 20 de septiembre de 2013

El colapso financiero y la solución islandesa


© Desconocido
Traducido por Noticias de Abajo
Artículo original: Dissident Voice

Muchos analistas financieros coinciden en que otra crisis financiera es prácticamente inevitable.

El analista Steve Denning, que escribe en la destacada revista financiera Forbes, dice en un artículo titulado "Grandes bancos y productos derivados: ¿Por qué otra crisis financiera es inevitable?", que si bien la corrupción y los escándalos financieros son sin duda un grave peligro para la estabilidad del sistema financiero mundial, hay otro problema mucho peor:
"...Un riesgo que todavía está presente: la falta de transparencia en las operaciones de productos derivados, que ahora suman un valor nominal de 700 billones de dólares. Eso es más de diez veces el tamaño de toda la economía mundial. Sin embargo, aunque parezca increíble, tenemos muy poca información sobre esto o sus posibles consecuencias para la solidez financiera de alguno de los grandes bancos.

Además el mercado de derivados sigue aumentando. El valor ficticio total del mercado mundial de derivados, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2007, era de unos 500 billones de dólares... El mercado de derivados de venta libre habría crecido a un valor nominal de al menos 648 billones de dólares a partir de 2011... Es probable que el mercado actual ronde los 707 billones de dólares, o quizás sea aún más, decía el analista Jenny Walsh en El Barco de Papel:
"El mercado ha crecido de una forma desmesurada, de manera que la economía mundial está en riesgo de sufrir un colapso, incluso si un pequeño porcentaje de contratosdejan de cumplirse. Su tamaño e influencia potencial son difíciles de comprender, y aún mucho menos, de evaluar."
La mayor parte de este comercio de productos derivados es realizado por los grandes bancos, que asumen generalmente que el riesgo probable de ganancias o pérdidas por los productos derivados es mucho más pequeña que su valor nominal. Wells Fargo, por ejemplo, dice que el concepto no es, si se observa de una manera aislada, una medida significativa del perfil de riesgo de los instrumentos y muchos de sus derivados se compensan entre sí.

Sin embargo, como vimos en el año 2008, se puede perder una sustancial parte de la cantidad teórica si algo sale mal, sobre todo si la apuesta se basa en otras apuestas, generando pérdidas en otras organizaciones que se encuentran involucradas al mismo tiempo. El efecto dominó puede extenderse de manera impredecible.

Los Bancos no dicen a los inversores la cantidad teórica que podrían perder en el peor de los casos, ni están obligados a hacerlo. Incluso un inversor inteligente que lee la letra pequeña no es capaz de evaluar el riesgo, y si las grandes apuestas fracasan, todo el sistema financiero puede acabar en un gran colapso mundial".


Está claro que algunas de las inversiones irán mal, con lo que una crisis financiera global es sólo cuestión de tiempo. Sabiendo que lo inevitable ha de llegar, ¿qué es lo que se puede hacer para prevenir un enorme sufrimiento, cuando los 700 billones de la megaburbuja de productos derivados finalmente estalle?

La respuesta es simple: basta con dejar que suceda el colapso y dejar que los Bancos se hundan con él, especialmente los grandes, y junto a ellos todo el Sistema financiero.

Pero no tenga miedo. Un colapso financiero no lleva inevitablemente a un colapso económico total.

¿Qué cómo lo sé? Porque lo he visto precisamente aquí, donde yo vivo, en Islandia.

Cuando los tres grandes bancos se derrumbaron ( para el estándar de Islandia eran bancos grandes, más grandes que la economía de todo el país), el Gobierno de Islandia y su capacidad económica no podía rescatarlos. Así que el Gobierno de Islandia dejó que los bancos quebrasen, junto con su negocio internacional y sus inversiones especulativas, para a continuación apoderarse de las oficinas locales, de los cajeros automáticos y de los trabajadores y crear nuevos bancos al margen de ellos. Y mientras que el patrimonio de los Accionistas fue aniquilado, todas las cuentas de los depositantes del país estaban garantizadas por la refinanciación de los nuevos bancos, imprimiendo (creado electrónicamente) el dinero que había sido destruido.

Esto significa que a pesar de la caída del negocio bancario ordinario, la mayoría de los clientes del país continuaron como antes.

Ésta era la única vía de escape para el Gobierno de Islandia, y durante las primeras semanas después del colapso se produjo un boicot por el estamento bancario internacional. El país se encuentra en la lista de los países terroristas que ayudan a los países canallas. Las transferencias de dinero electrónico al exterior ya no fue posible, ni siquiera en moneda extranjera.

A pesar de los enormes daños a corto plazo para la economía islandesa debido a este boicot, la economía islandesa salió adelante. Los peces seguían en el mar y podían ser capturados; las ovejas seguían comiendo la hierba y las patatas crecían en los campos. Las plantas de energía siguieron trabajando ( aunque con enormes deudas con los bancos extranjeros), pero el agua caliente seguía manando de la tierra.

Cuando el boicot finalizó, la industria pesquera islandesa pudo vender sus productos como antes y la industria turística emergió, ya que con la devaluación de la corona islandesa se había vuelto más asequible para los extranjeros visitar nuestro hermoso país.

En otras palabras, mientras que el sistema financiero se había estrellado, la economía real aún estaba viva y coleando, con plena capacidad de producción. Y el Gobierno se aseguró de que existiesen los servicios financieros necesarios para facilitar el comercio, lo que se hizo a través de los bancos de propiedad estatal.

Claro que hubo repercusiones económicas, ya que incluso las empresas no financieras se declararon en quiebra al tener una enorme deuda, especialmente deuda en moneda extranjera. Algunos propietarios que habían conseguido préstamos en el exterior perdieron sus casas. El desempleo aumentó desde apenas el 2% a casi el 10%, pero con los subsidios de paro las personas sobrevivieron.

Mientras que aquellos que estaban muy endeudados tuvieron que hacer uso en ocasiones de los centros de distribución de alimentos y los comedores de beneficencia, pero nadie murió de hambre, ni nadie durmió en la calle, a excepción de los alcohólicos y drogadictos.

En 2009 y 2010 la economía se contrajo con fuerza. No era una sorpresa, ya que buena parte de ella se había cimentado sobre el sector financiero en los últimos cinco años. La industria de la construcción también se vino abajo, afectando a las clases más humildes, ya que ni las empresas ni el Gobierno podían permitirse el lujo de construir casas nuevas. Sin embargo, desde 2011 la economía empezó a crecer y la tasa de paro bajó de nuevo. En abril de este año (2013) , la tasa de paro era de sólo el 4,9% y en julio había descendido al 3,9%. Sólo la mitad de estas personas habían estado sin trabajo durante más de seis meses.

Si comparamos estas cifras con las de cualquier otro país europeo, especialmente con los países del sur de Europa, que han tratado de rescatar a sus grandes bancos en quiebra:
"La tasa de empleo desestacionalizada en la zona euro era del 12,1% en julio de 2013, similar al mes de junio; en julio de 2012 era del 11,5%. la tasa de desempleo en la UE-28 era del 11% en julio de 2013, similar a la de junio; en julio de 2012 era del 10,5%.

Entre los Estados miembros, las tasas de desempleo más baja se registran en Austria (4,8%), Alemania (5,3%) y Luxemburgo (5,7%); y las tasas más altas se registran en Grecia (27,6% en mayo de 2013) y en España (26,3%).

Luxemburgo... nunca ha sufrido un colapso financiero total, y se encuentra mucho mejor que otros países europeos, pero aún así tiene una tasa de desempleo un 2% superior a la de Islandia en la actualidad.

Chipre, con una población de 1,1 millón de habitantes, es un Estado insular como Islandia, tiene una tasa de desempleo del 15,6%, tasa a la que nunca ha llegado Islandia ni en el peor período del colapso financiero".
Y aquí las cifras de los Estados Unidos, donde se han empleado grandes cantidades de dinero para rescatar a los bancos en quiebra:
"A partir de julio de 2013, la tasa de desempleo en los Estados Unidos era del 7,4%, es decir, 12 millones de personas, mientras que la tasa de desempleo U-6, que incluye los desempleos de corta duración, fue del 14,3%, es decir, 22,2 millones de personas".
Aunque se podría pensar que la rápida recuperación de Islandia tiene algo que ver con su pequeño tamaño, aún así se podría pensar que la solución islandesa a la crisis financiera puede haber sido la más aceptable.

La solución islandesa muestra que incluso un colapso financiero no tiene por qué conducir a un colapso económico total, ya que uno y otro no son lo mismo.

Si se mantienen los servicios financieros básicos, que sirven a las personas y al sector productivo real, a través del Estado, aunque sólo sea de forma temporal ( bajo la presión internacional, 2 de los 3 principales bancos islandeses se han vuelto a privatizar) la economía puede sentirse afectada, pero no totalmente destruida.

La paranoia que se apodera de algunas personas, sobre todo en los Estados Unidos, no tiene una base real. Estados Unidos podría sobrevivir y recuperarse sin su sistema financiero especulativo.

La Banca pública o una reforma monetaria, al igual que en los Estados Unidos una vuelta al Greenback Dólar, sería una solución viable para hacer frente a la inestabilidad del sistema financiero actual, así como superar el problema de la enorme deuda pública.

El principal obstáculo para la recuperación económica de Estados Unidos y la mayoría de países occidentales es la enorme deuda que tienen con las entidades financieras.

Y esta es la razón por la que los colapsos financieros llevan a colapsos económicos, con sufrimiento para millones y millones de personas.

Una vez que todo esto cambie y las democracias occidentales tengan Gobiernos que tenga en cuenta las necesidades de las personas, surgirán muchas ideas viables para que los países adquieran una independencia económica de los mercados mundiales, por lo que el incumplimiento o la reducción de su deuda pública, impagable, no daría lugar a escasez de recursos económicos ni a sufrimiento de las personas.

He recogido algunas de estas ideas, sobre las que escribiré en mi próximo artículo.
La autora, Eva Human, trabaja en el sector de la salud, es blogger, poeta, escritora de novelas de ciencia ficción, activista por la paz y los derechos humanos, reside en Islandia.
Sus sitios web: Eve's Thoughts, Eve's Poems and When Hope Came. Visite el sitio web de Eva.
Fuente del artículo: http://dissidentvoice.org/2013/09/financial-collapse-and-the-icelandic-solution/#more-50754

lunes, 1 de julio de 2013

Aprueban la entrada de Letonia en el euro


© Desconocido
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) han aprobado este viernes en Bruselas la entrada de Letonia en el euro a partir del 1 de enero de 2014.

Esta decisión se toma pocos días después de que la Comisión Europea (CE) concluyera que Letonia había logrado "un alto grado de convergencia sostenible".

"El Consejo Europeo ha celebrado la adopción del euro por parte de Letonia el 1 de enero de 2014 y ha felicitado a Letonia por el cumplimiento de todos los criterios de convergencia", ha anunciado su presidente, Herman Van Rompuy, en su cuenta de Twitter.

El 9 de julio, los ministros de Economía y Finanzas del bloque europeo (Ecofin) adoptarán la decisión final sobre la entrada de Letonia en la moneda única como el decimoctavo miembro de la eurozona.

A principios de este mes, el comisionado de la UE para Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, elogió el deseo de Letonia de ingresar a la eurozona y lo describió como un signo de confianza en la moneda única.

miércoles, 26 de junio de 2013

Austeridad y control político del conocimiento


Ya he explicado en otros artículos y en el libro Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero que escribí con Vicenç Navarro que los recortes de gasto que llevan consigo las políticas de austeridad son un auténtico engaño.

Se justifican diciendo que solo con ellos se puede recortar la deuda para que a continuación vuelva a generarse crecimiento y empleo, pero lo que demuestran los estudios empíricos es lo contrario. Al recortar el gasto en etapas de recesión (ya de por sí de gasto insuficiente) lo que sucede es que disminuye la actividad, el empleo y los ingresos y que, por tanto, finalmente aumenta aún más la deuda.

Además, cuando estas políticas de recortes se presentan como de austeridad tienen también otro efecto no menos importante a la hora de garantizar el sometimiento de la población. Cuando lo que se reclama es la austeridad -algo con lo que nadie puede estar en desacuerdo- se está sugiriendo que es imprescindible una terapia frente a un despilfarro anterior. O, como suele decirse, para pagar el pecado de haber vivido "por encima de nuestras posibilidades". Su imposición genera en la gente un sentimiento de culpa que atemoriza, confunde y paraliza.

Pero, con independencia de ello, los recortes de gasto público social también llevan consigo otras consecuencias muy peligrosas de los que se habla aún menos. Por ejemplo, un mayor control político del conocimiento.

Con la excusa de que hay que recortar gastos se ha reducido la financiación a la universidad pública y se están aprovechando los recortes para concederle un papel mucho más determinante aún en toda la actividad universitaria a la evaluación de la actividad investigadora del personal universitario, que en España se realiza desde hace años mediante los llamados sexenios (unos complementos salariales que nacieron para retribuir la productividad investigadora y que se han convertido en medida de su "calidad") y los procedimientos de acreditación que llevan a cabo las agencias de evaluación nacional o autonómicas.

Yo soy totalmente partidario de que se evalúe la actividad docente e investigadora de los universitarios. Y de hecho, cuando fui vicerrector de ordenación académica y profesorado de la universidad de Málaga entre 1987 y 1990, puse en marcha uno de los primeros procedimientos de evaluación que se realizaron en España, tanto en los dos primeros ciclos como en el doctorado.

Pero lo que ahora se está produciendo es un verdadero control político del conocimiento cuando se empiezan a establecer las nuevas obligaciones docentes (horas de clase) o cuando se hace depender la participación en comisiones de selección, la dirección de tesis doctorales o la promoción a las diferentes categorías contractuales o del funcionariado, entre otras cosas, en función de los sexenios o de la acreditación conseguidos en procesos de evaluación que, sobre todo en algunas áreas del conocimiento, son claramente arbitrarios y muy sesgados ideológicamente.

En España como en otros países, estos procesos se basan originalmente en criterios puramente cuantitativos que simplifican al extremo la valoración de la producción científica, reduciendo o eliminando por completo cualquier atisbo de debate o controversia sobre su calidad efectiva, mediante la aplicación de índices que solo pueden tener en cuenta (en el mejor de los casos) el número de publicaciones más o menos ponderado por rangos no menos discutibles referentes a las revistas donde aparecen, y el número de citas.

Los efectos de este tipo de evaluaciones son claros. Los investigadores, en lugar de tener como objetivo de su actividad científica el descubrir nuevos conocimientos, han de orientarla necesariamente a obtener el mayor número de publicaciones consideradas como valiosas por dichos indicadores. Así ha de ser, pues de ello va a depender sus financiación, su promoción profesional, su capacidad de decisión y su incardinación en la academia o incluso las horas de clase que van a tener que impartir.

Ese incentivo perverso tiene multitud de efectos negativos. Así, se promueve la firma colectiva como práctica oportunista para lograr más y más rápidas aportaciones susceptibles de ser valoradas positivamente aunque en la mayoría de las veces eso no responda ni a la realidad de la actividad realizada por cada investigador, ni a necesidades de división del trabajo científico que se realiza.

Además, la exigencia de multiplicar al máximo la publicaciones lleva a que resulte más rentable a los investigadores el dedicarse a versionarsin descanso un trabajo, descubrimiento o planteamiento o modelo original a base de introducir muy pequeñas variaciones posteriores que se dirigen a diferentes revistas, sin que ninguna de ellas suponga alguna novedad importante o un incremento efectivo del conocimiento.

Un estudio realizado en Francia al respecto ha mostrado claramente que aunque el numero de publicaciones en el área de economía se ha triplicado desde la mitad de los años 90 del siglo pasado no puede decirse que haya mejorado sustancialmente su calidad ( Bosquet, C., Combes, P-Ph., y Linnemer, L., "La publication d'articles de recherche en économie en France en 2008. Disparités actuelles et évolutions depuis 1998". Rapport pour la Direction générale de la recherche et de l'innovation, DGRI , 2010 ).

Cualquier investigador que se comporte con un mínimo de racionalidad en este régimen de evaluación debe consagrar mucho más tiempo y esfuerzo a multiplicar las publicaciones preparando diversas versiones y a estar presente allí donde se puede conseguir influencia o redes que faciliten la publicación, que a investigar. Y así resulta que estos métodos de evaluación, aparentemente encaminados a medir la productividad y la calidad académica, incentivan comportamientos que limitan ésta última y que se basan en un sentido claramente distorsionado de la primera. No reflejan la productividad como una mayor capacidad de aportar conocimiento efectivo sino como la de colocar menores dosis de él en mayor número de publicaciones. Se promueve la productividad "publicacional", si vale el barbarismo, que no tiene mucho que ver en estas condiciones con la productividad científica.

La evaluación cuantitativa de los resultados del conocimiento tiene otro efecto no menos negativo. Para poder llevarla a cabo es por lo que se ha ido limitando a tomar en consideración los artículos publicados en revistas, que pueden ser jerarquizados y catalogados en función de dónde se publiquen, en detrimento del conocimiento publicado en libros o cualquier otro tipo de monografías, que hoy día no tienen prácticamente valor alguno, o muy escaso, a la hora de acreditarse o de ser evaluado para recibir sexenios.

Las consecuencias de esto último son variadas. Una es que los investigadores que quieran ser evaluados positivamente solo deben abordar temas que se puedan exponer en el espacio reducido y en la forma convencional que se suele establecer en las revistas. Tienen que renunciar así a exponer pasos intermedios, derivaciones de sus análisis, matices y, sobre todo, las dudas y preguntas y las cuestiones transversales y sintéticas que cada vez son más necesarias para poder conocer la realidad, pero que es casi imposible trasladar a los espacios muy especializados y por definición más cerrados, en todos los sentidos del término, de las revistas.

La generalización de la publicación en revistas ha estandarizado la expresión del conocimiento y el conocimiento mismo al establecer no solo el encuadre formal de los textos sino los contenidos, los enfoques, e incluso los postulados e hipótesis de partida "convenientes" en cada una de ellas, de modo que salirse de ese saber establecido conduce de modo prácticamente inevitable al ostracismo y a la imposibilidad de ser evaluado positivamente, pues es seguro que no se podrá publicar en las revistas que sirven de referencia como de mayor calidad e impacto.

Es por eso que el poder de evaluación efectivo recae en última instancia en los equipos que mantienen y evalúan las publicaciones en las revistas que encabezan los ranking de las más destacadas: las que están formados por miembros de los departamentos y grupos de investigación más destacados, que son aquellos cuyos miembros publican en las revistas más destacadas. Así se crea un círculo vicioso de conformismo y de redes de autentico clientelismo en donde es muy difícil que penetre la luz de enfoques novedosos, alternativos o contrarios a lo que habitualmente se publica en esas revistas por los autores solo de aquello que sus evaluadores consideran que es publicable, y que lógicamente nunca podrá ser diferente de lo que sostienen o defienden. ¿Cómo tratar de publicar en una revista si el autor o autores no se ajustan a los criterios de publicación o enfoques normalizados que mantiene?

En definitiva, el predominio de este tipo de evaluación ahoga la disidencia, la duda, la innovación, la ruptura con el saber establecido..., es decir, justo los factores que sabemos perfectamente que han sido siempre los que han promovido realmente el conocimiento y los que han hecho que de verdad avance la ciencia.

Lógicamente, no puede ser muy ajeno a todo ello el hecho de que la gestión de los trabajos que se incluyen en el Journal Citation Reports (JCR en la jerga de los investigadores) que sirve como base de referencia sacrosanta de la evaluación cuantitativa esté controlado por una sola y poderosa multinacional, Thompson Reuters, o que estos métodos de evaluación se hayan comenzado a aplicar con especial disciplina en ciencias sociales, y muy especialmente en economía, justo en los años en que se vienen imponiendo las políticas neoliberales. No es casualidad que éstas se justifiquen con el paradigma neoclásico que predomina en las publicaciones de las revistas mejor consideradas y lo cierto es que pueden aplicarse más cómodamente en la medida en que eludan más ampliamente la crítica social. Lo que puede conseguirse cuando el pensamiento económico y social en general se hiperespecializa y pierde el contacto con la realidad al desarrollar un tipo de conocimiento encerrado en sí mismo, abstracto y completamente ajeno a la complejidad e interconectividad que tienen los fenómenos económicos y sociales.

Ahora bien, si en casi todo el mundo viene ocurriendo todo esto, en España la situación es mucho más grave porque los procesos de evaluación son opacos y ni siquiera los criterios cuantitativos se aplican objetivamente sino a nuestra carpetovetónica manera clientelar y corrupta.

Aquí predomina una arbitrariedad constante que da lugar a decisiones contradictorias, a resoluciones caprichosas y sin fundamento alguno, que muchas veces no pueden disimular que se toman ad hoc o incluso ex post de haber decidido el resultado. En el caso particular de la economía, que mejor conozco, se han hecho fuertes grupos de poder de clara significación ideológica o al menos, por decirlo más sutilmente, de evidente connivencia paradigmática, que aplicando este tipo de criterios van consolidando una forma de investigar conservadora y uniformada que poco a poco va dejando fuera del juego académico a quienes optan por generar cualquier otro tipo de conocimiento o por difundirlo a través de otras publicaciones, cuyo impacto, por cierto, suele mucho mayor, la mayoría de las veces, que el de las revistas convencionales.

Al igual que pasa fuera de España, la producción bibliográfica mejor valorada en economía presenta, eso sí, una gran variedad de temáticas, pero una extraordinaria homogeneidad que se traduce en un gran irrealismo y abstracción, en una gran coincidencia en las perspectiva de análisis y en la asunción de conclusiones que terminan justificando un mismo tipo de políticas.

Es por eso que puede afirmarse que la imposición de este tipo sesgado de evaluación, en todos los campos del saber científico pero sobre todo en los que tienen más que ver con juicios de valor y con las diferentes preferencias sociales, como la economía, es un claro intento de control (político) del conocimiento que se acelera en estos momentos gracias a la oportunidad que proporcionan los recortes asociados a las políticas de austeridad.

Los resultados de son tan paradójicos y significativos como el que mencionaba recientemente el profesor de Sociología de la Universidad de Oviedo, Holm-Detlev Köhler : la investigadora Saskia Sassen que acaba de recibir el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, "una de las científicas más importantes de nuestra época, no ha conseguido ningún sexenio, ninguna acreditación, frente a los criterios de nuestras agencias de evaluación, que anteponen siempre el mismo criterio: tres publicaciones JCR (Journal Citation Reports) en los últimos cinco años. Sassen no tiene ni una, sino que ha publicado libros e informes, fruto de proyectos de investigación de verdad y referencias fundamentales para académicos comprometidos, ha publicado numerosos artículos en medios de gran difusión, etc., pero se ha resistido a la práctica de inflar su currículum con artículos estandarizados sin interés ni lectores, más allá de círculos de amigos de citación mutua".

martes, 14 de mayo de 2013

Grecia saldrá del euro en 2013... y España en 2014 por la imposibilidad de crear empleo




Grecia saldrá del euro en 2013 y España en 2014, y será el paro y la incapacidad de ambos países de crear empleo el motivo del ‘nuevo Lehman’, que provocará una caída de 9 meses en los mercados antes de experimentar un fuerte rebote, como ocurrió en 2008.
Al menos eso defiende Charles Robertson, de Renaissance Capital, en su último informe macroeconómico en el que argumenta que el proceso será “rápido” e “impredecible” y recuerda cómo, durante la Gran Depresión, países con tasas de desempleo similares a las que sufre actualmente España abandonaron los tipos fijos del patrón oro para superar la crisis. España necesita la devaluación para ser competitiva y volver a crecer, como en los años 80, cuando con un paro del 20% se sirvió de debilitar la peseta para ayudar a crear puestos de trabajo.
Una tesis que dista mucho del momento de complacencia que viven los mercados y especialmente España, alimentado por algún dato positivo, un desplome de los costes de financiación, el rally del Ibex 35 y la pérdida de fuerza de la petición de rescate.
La clave está en el “grado de dolor que puede aguantar la población” y asegura que se va a “poner a prueba la fortaleza y resistencia de los españoles como nunca antes en la historia se ha hecho con una sociedad”.
Robertson parte de la previsión del Fondo Monetario Internacional del pasado mes de octubre, cuando aseguró que el crecimiento máximo que España puede esperar en 2017 es de apenas un 1,7%, muy bajo para que el país pueda crear empleo -teniendo en cuenta que desde 1981 el paro no ha disminuido con crecimientos inferiores al 2,5%- incluso asumiendo que la reforma laboral rebaje ese crecimiento al 1,5%-1,7%. De hecho, con estos números, la firma de inversión avisa de un paro cercano al 30% dentro de cuatro años. 
Incluso si se atiende a las previsiones de la Comisión Europea o de la OCDE, con tasa de desempleo del 26%-27%, lo cierto es que los españoles van a llegar a 2014 sin ningún tipo de esperanza de mejora y, aunque realmente la economía comience una fuerte recuperación para entonces, sus efectos no se sentirán en la población hasta más adelante.
Por ese motivo, asume que los españoles –que ya mostraron su enfado contra el Gobierno anterior con un descalabro histórico del PSOE en las urnas en 2011- constatarán que “Mariano Rajoy les ha fallado” y “la gente tomará las calles para exigir el cambio”. Aun si el Partido Popular aguantara hasta las elecciones de diciembre de 2015, “es difícil que el electorado tenga paciencia” y si bien en estos momentos no hay alternativa política, “tampoco nadie en Grecia había oído hablar de Alexis Tsipras antes de mayo de 2012, y en junio era uno de los candidatos plausibles a primer ministro”.
Los antecedentes del patrón oro
Aunque esta situación parece descabellada, una de las cosas que nos ha enseñado la historia es que el abandono de un régimen de tipo de cambio fijo es algo completamente impredecible, incluso con tres meses de antelación.
Así, por ejemplo, el presidente Franklin D. Roosevelt prometió no sacar a EEUU del patrón oro durante la campaña de las elecciones de 1932 y al poco de llegar a la Casa Blanca la situación económica del país le obligó a ello. Lo mismo ocurrió en el Reino Unido en 1931, después de que el gobierno de coalición se viera abocado a llevar a cabo fuertes recortes, como el de los salarios públicos; o en los Países Bajos, que con un paro del 32,7% hizo lo propio en 1396.
“Actualmente nos encontramos en el momento equivalente a 1934, un año después de que EEUU abandonara el patrón oro (con un desempleo de entre el 21% y el 25%) y tres años después de que el Reino Unido liderara a un número de países europeos en la salida del tipo fijo del oro”, asegura Robertson. “Estos países, desde Suecia a Reino Unido, sufrieron menos la Gran Depresión, mientras los que devaluaron más tarde, Francia, Países Bajos y Polonia, sufrieron más tiempo”.
Todo esto, trasladado al momento actual, nos viene a decir que no debemos preocuparnos en exceso por Irlanda, Portugal o Italia, con tasas de paro de entre un 15,5% y un 10,6%, y sí por España y Grecia.
Grecia comenzará la recuperación antes que España
De hecho, si el experto fija en 2014 la salida de España del euro, Grecia tiene el camino de su salida más avanzado y se producirá tan pronto como este mismo año, con la caída del Gobierno provocada por una población que ya no puede aguantar más el estrangulamiento de los recortes impuestos desde Bruselas y la llegada de Alexis Tsipras al poder.
Así, después del shock inicial, con el normal caos económico posterior a una devaluación y un default -que no será tanto ya que los inversores han venido progresivamente reduciendo su exposición sobre el país- y que se podría traducir en caídas de entre un 10% y un 20% en las bolsas durante un trimestre, “para finales de 2014, la recuperación de exportaciones griegas habrá comenzado y el fuerte crecimiento y la creación de empleo en 2015 será tentador para España, como elboom de Reino Unido y Alemania a mediados de 1930 lo fue para los Países Bajos o Francia en 1936”.
Respecto a la posible oposición de Alemania a una ruptura del euro y las teorías que apuntan a que el motor de Europa necesita una moneda débil y que la revalorización de la divisa destruiría su competitividad, el analista de Renaissance Capital argumenta que “Alemania es un país de ahorro” y esto significa que “esos ahorros proveerán de una fuente barata de financiación al sistema bancario y, en consecuencia, al sector privado, que invertirá en ser más eficiente”. De hecho, con la apreciación del marco en los años 80 frente al dólar, que pasó de los 3,2 a los 1,5 dólares, la base exportadora de Alemania no se destruyó.
Por otro lado, sobre las palabras que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, pronunció en agosto acerca de la irreversibilidad del euro, y que hará todo lo que sea necesario y "será suficiente", que se materializaron en el anuncio de un programa de compra de bonos en septiembre, Robertson asegura que “el apoyo del BCE es más una aspirina, que una cura” y asegura que “lo que realmente necesita España, y lo que necesita cualquier país cuando su economía es débil, son tipos de interés negativos en términos reales”.
El espejismo de los últimos brotes verdes
Así, sobre los últimos brotes verdes que se empiezan a ver en forma deproductividad y balanza comercial, el experto asegura que la mejora de los costes laborales procede en parte de la caída de los salarios, pero también del aumento del desempleo al 25%. “Si el paro subiera al 50%, el dato sería probablemente mejor aún, pero no es políticamente sostenible. España necesita creación de empleo, y urgentemente, y eso no está en el mandato del BCE”. Y es que también la productividad creció durante la Gran Depresión…
En cuanto al aumento de las exportaciones de bienes y servicios, estas representan un 35% del PIB, lo que supone poca variación desde el 34% en 2011 o del 32% en 2001. Y el PIB ha caído un 15% desde 2007. “El aumento de la balanza por cuenta corriente de en torno al 2% del PIB desde un déficit del 10% parece positivo, pero se debe al colapso de la demanda interna, lo que supone que España no saca capital fuera del país, pero tampoco entra”.
Con todo, la cuestión más importante para los inversores de cara a los próximos años es si España abandona la Eurozona. Si finalmente ocurre, como asegura Robertson, veremos una reacción similar en los mercados a la que ocurrió en el último trimestre de 2008 tras la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, en septiembre de ese año, con desplomes del 50% en la renta variable, para después rebotar con fuerza entre los tres a nueve meses siguientes. En este escenario, muchos bancos tendrán que ser nacionalizados y el mundo experimentará otro shock económico global.

martes, 2 de abril de 2013

Aumentan despidos en países de la Unión Europea


© uworkers.or

Caracas, 30 de marzo de 2013.- Un informe de la Unión Europea reveló un aumento significativo de los despidos en los países del bloque, con España en primer lugar, debido a las reestructuraciones de las grandes empresas en los últimos meses.

El estudio, que se aplicó en los 27 países integrantes del bloque, revela que en España desde diciembre de 2012 a febrero de este año han sido despedidos 15.486 personas de empresas como Iberia (transporte aéreo), Vodafone (telefonía) y Caja Duero (caja de ahorro española), reseñó Prensa Latina.

En segundo lugar se ubica Francia, con 12.618 despidos en ese mismo período. Inmediatamente está Alemania, con 12.264, y Reino Unido, con 8.907 recortes.

En quinto lugar se encuentra Italia, donde fueron despedidos 7.779 trabajadores entre diciembre y febrero, mientras que en Bélgica se disminuyeron 6.810 puestos de trabajo.

Por sectores, el informe señala que en la industria se registraron 36.964 despidos, 19.585 en bancos, 8.819 en transporte y en comunicación e información, 6.951.

Este creciente número de despidos, y por consiguiente aumento de desempleo, ha sido una constante desde el inicio de la crisis económica. Además de los planes de reestructuración de las empresas, han incidido en esta tasa los recortes presupuestarios aplicados por los gobiernos de los países de la Unión Europea.

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