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jueves, 5 de diciembre de 2013

La nueva isla japonesa surgida de un volcán duplica su tamaño

La recién formada isla japonesa surgida a unos 1.000 kilómetros al sur de Tokio debido a la fuerte actividad volcánica ha duplicado su tamaño en las últimas dos semanas, informó hoy el Servicio japonés de Guardacostas.

© EFE / Guardia costera japonesa
Erupción del volcán que ha creado una nueva isla en Japón
El nuevo islote mide ahora 250 metros de ancho y 200 de largo y se encuentra situado al sureste de la deshabitada isla volcánica de Nishinoshima, que pertenece al pequeño archipiélago de Ogasawara (en la prefectura de Tokio), muy alejado de la principal isla de Japón.

El Servicio japonés de Guardacostas sobrevoló el islote el lunes y divisó un tercer cráter en la isla del que emerge magma volcánico. Un experto vulcanólogo nipón sobrevoló la semana pasada el pequeño islote y aseguró que la nueva isla será permanente, dado que parece que el magma se ha solidificado y endurecido en la superficie.

Su tamaño ya se había incrementado en más de 20 metros de altitud la semana pasada después de que el servicio japonés de Guardacostas observara el pasado 21 de noviembre por primera vez la actividad volcánica. Durante ese día, los guardacostas nipones recogieron unas espectaculares imágenes en las que se podía observar una columna de humo blanco de unos 600 metros y otra nube de ceniza negra provocada por las violentas explosiones generadas en el interior del volcán.

Esta es la primera erupción que se produce junto a Nishinoshima en cerca de 40 años, después de que esta isla aumentara su tamaño entre 1973 y 1974 debido también a la intensa actividad volcánica.

Nishinoshima se encuentra a 130 kilómetros de la isla habitada más próxima, por lo que se considera que su actividad volcánica no pone ninguna población en peligro
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martes, 13 de agosto de 2013

TEPCO dice que el muro subterráneo es incapaz de frenar el vertido de agua contaminada al mar


© EPA
Agua subterránea radiactiva de Fukushima sobrepasa su muro aislante al mar.
La Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO), encargada de gestionar la central nuclear Fukushima-1, ha afirmado este sábado que el muro subterráneo construido para frenar el vertido de agua contaminada al mar es incapaz de frenar el flujo de agua radiactiva.

Ingenieros de la compañía comenzaron a edificar el muro para evitar el vertido, si bien se ha confirmado que el nivel de agua es superior a la altura máxima del mismo, según ha informado la cadena de televisión pública japonesa, NHK.

La principal alternativa es construir una especie de "muro helado" alrededor de Fukushima-1 que sea impermeable a los vertidos radiactivos y reforzarlo con una capa superficial para impedir que el agua de lluvia cale en el subsuelo.

Sin embargo, se trata de un proyecto muy complejo y costoso --unos 40.000 millones de yenes (unos 309 millones de euros)--, por lo que aún está en el aire, a la espera de que reciba el visto bueno de las autoridades locales, regionales y del Gobierno.

El miércoles, el Gobierno de Japón reveló que diariamente se vierten al océano Pacífico 300 toneladas de agua radiactiva desde la central nuclear, cantidad suficiente para llenar una piscina olímpica en una semana.

El Ministerio de Economía, Comercio e Industria explicó que diariamente se vierten al subsuelo 1.000 toneladas de agua desde la central nuclear, de las cuales unas 300 contienen sustancias altamente radiactivas que llegan al Pacífico.

Las autoridades niponas aseguraron que las 700 toneladas restantes no están contaminadas. Aún así, de ellas, 300 consiguen llegar al océano, mientras que las otras 400 se acumulan en los sótanos de los reactores uno y cuatro.

Los problemas en Fukushima-1 se deben al terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron la costa de la prefectura japonesa, dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania.

Fukushima-1 estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

viernes, 3 de mayo de 2013

[Proyecto Seal] De cuando EEUU experimentó con una 'bomba tsunami'


© Desconocido
El término japonés 'tsunami' se ha hecho ampliamente popular en los últimos años, convirtiéndose en el modo habitual con el que la mayoría de personas y medios de comunicación se refieren a lo que toda la vida habíamos conocido como 'maremoto'.

Un tsunami (o maremoto, si preferís) es la consecuencia de un terremoto que se origina en el fondo del mar. El movimiento de la tierra hace que se produzca un desplazamiento del lecho marino y del agua que tiene encima. De esta manera, el agua del océano, al tratar de recuperar su estado habitual, genera olas de grandes dimensiones que se desplazan a gran velocidad.

Famosos son los destrozos y desgracias que han ocasionado estas violentas agitaciones de las aguas del mar y de reciente recuerdo son las consecuencias de las acontecidas tras el terremoto de Japón de 2011, Chile en 2010 o en el Océano Indico en 2004.

Pero así como tenemos presente estos desastres durante la última década, podemos encontrar que hace setenta años el ejército de los Estados Unidos junto al de Nueva Zelanda estuvo experimentando una mortífera y devastadora 'bomba tsunami' con la que destruir por completo ciudades y objetivos militares costeros.

De sobra es conocido el interés de los estadounidenses por participar en la Segunda Guerra Mundial y mientras esperaban la oportunidad de intervenir (que se les presentó a través del ataque japonés a Pearl Harbor) estuvo experimentando con diferentes métodos de destrucción masiva.

Por una parte habían puesto en marcha el ambicioso Proyecto Manhattan con el que trabajaban en la creación de potente armamento nuclear, de donde salieron las dos bombas atómicas que fueron lanzadas sobre Nagasaki e Hiroshima. Pero por otro lado un importante equipo de investigadores estudiaba un método devastador con el que crear el mayor desastre posible a través de bombas instaladas en el fondo del mar y que produjeran gigantescas olas capaces de destruir cualquier objetivo.

La idea surgió tras observar un oficial de la marina de EEUU como se utilizaban explosiones controladas para limpiar los arrecifes de coral en el Océano Pacífico, las cuales creaban grandes olas muy similares a las que se ocasionan tras un maremoto.

El lugar geográfico escogido donde experimentar fue la península de Whangaparaoa (en Nueva Zelanda) y alrededor del archipiélago deNueva Caledonia (al sudoeste del océano Pacífico). Durante 1944 y los primeros meses de 1945 hasta 3.700 explosiones marinas se realizaron en aquellos lugares, consiguiéndose olas destructivas que alcanzaron hasta los doce metros de altura.

Tras declarar la guerra a Japón la 'bomba tsunami' era el método escogido, algo que el propio gobierno británico (que ejercían el control sobre Nueva Zelanda) apoyaba y ofrecía ayuda en su investigación a través de ceder el espacio marítimo para las pruebas.

Todos los ensayos se realizaron a pequeña escala, ya que eran conscientes del potencial destructivo del agua en forma de ola gigante e incontrolada.

Se llegó a la conclusión que con una batería de unas diez potentes cargas, convenientemente repartidas por el fondo del mar, y conteniendo cerca de dos mil toneladas de explosivos, colocadas a una distancia de ocho kilómetros de la costa, podría causar una ola gigante capaz de destruir cualquier objetivo militar y una ciudad de tamaño mediano al completo.

Era ideal y totalmente viable para atacar los intereses japoneses, pero la finalización de la potente bomba nuclear que se estaba desarrollando en el Laboratorio Nacional Los Álamos (en Nuevo México) hizo que se dejase a un lado el Proyecto Seal (como se bautizó a la línea de investigación de la bomba tsunami) y decantarse finalmente por lanzar las bombas atómicas, tal y como sucedió el 6 y 9 de agosto de 1945.

Los documentos referentes al Proyecto Seal y la bomba tsunami fueron desclasificados en el año 1999, pasando prácticamente desapercibidos hasta que el cineasta y escritor neozelandés Ray Warudio con ellos, recientemente, examinando unos archivos militares mientras buscaba información con la que documentarse para un futuro proyecto cinematográfico.

martes, 19 de marzo de 2013

A 68 años del crimen más abominable de la historia


© Desconocido
El pasado sábado, 9 de marzo, se cumplió el sexagésimo octavo aniversario del peor atentado terrorista de la historia: el Gran Bombardeo Incendiario al Barrio Obrero de Tokio, en el que fueron quemados vivos unos 150,000 seres humanos, en más de un 90% niños, mujeres y hombres viejos.

EL PRECIO DE LA SANGRE


Jamás en la historia de la humanidad se ha producido un crimen mayor al que el Imperio perpetró en Japón el 9 y 10 de marzo de 1945. No fue una acción de guerra, pues el cuartel general del Primer Ejército Japonés, el más importante del país, y el Palacio Imperial, en el que se encontraba Hirohito, no fueron impactados ni por una simple bala, a pesar de que se encontraban a pocos kilómetros del barrio obrero.

Fue, en el más estricto sentido del concepto, un atentado macro-terrorista, el más cobarde, el más infame, el más monstruoso que recuerda la violentísima historia de la especie humana; peor, por el número de muertes en un solo día, que el bombardeo nuclear a Hiroshima.

A principios de marzo de aquel año 1945, los aviadores de guerra del Imperio ya habían asesinado a cientos de miles de civiles inocentes en las principales ciudades de Japón. La venganza había sido en extremo desproporcional a la ofensa, ya que en el ataque a Pearl Harbor habían muerto militares que se hallaban en los barcos destruidos o personas que trabajaban en las bases naval y aérea, no cientos de miles de niños, mujeres y hombres viejos... en sus hogares, escuelas, guarderías, asilos, centros de trabajo, parques, hospitales, ciudades abiertas.

El ataque a Pearl Harbor, tres años y medio antes, había sido perpetrado por oficiales de la fuerza naval japonesa, no por el pueblo japonés, al que no se le consultó si quería o no que se atacasen las bases hawaianas ni si deseaba o no involucrarse en algo tan terrible como una guerra mundial.

Ya desde hacía varios meses, el Imperio le había impuesto a Japón un bloqueo naval que ponía en peligro su acceso a las materias primas, sobre todo el petróleo. Era una flagrante violación del derecho internacional ya que Estados Unidos y Japón no sólo no se hallaban en guerra, sino que mantenían normales relaciones diplomáticas a nivel de embajadores. De no haber existido aquel bloqueo, la armada japonesa no hubiese atacado a Pearl Harbor, pero el Imperio no podía vivir en paz en medio de una guerra. Tenía que entrar de todas formas en ella porque sin guerra no hay ganancia, o sea imperio.

EL ROBO DE HAWAI

Hay que analizar el ataque a Pearl Harbor - que el Imperio usa como "justificación" para todos los crímenes de lesa humanidad que perpetró contra el pueblo japonés - no sólo desde el punto de vista de lo que aquella acción representó para la historia, o sea un ataque "imprevisto", sino desde otros ángulos.

El Imperio no tenía, ni tiene, ningún derecho a estar en Hawai. En 1893, Hawai era un país libre, habitado por unos cien mil seres humanos y gobernado por Liliukalani, una reina tan sencilla y tan sensible que caminaba, sin escoltas, por las calles de Honolulu y componía poesías y canciones que recitaba y cantaba, acompañada de su pueblo, en los parques de la ciudad. El país no tenía ejército y la policía era muy pequeña, pues el delito casi no existía.

Varios empresarios, en su mayoría de Massachusetts, que tenían intereses en las industrias del azúcar y la piña, armaron a una banda de 300 delincuentes, asaltaron el poder, obligaron a la reina Liliukalani a huir a Filipinas y crearon una "república libre". Una escuadra naval del Imperio se había situado frente a Honolulu para apoyar a los golpistas si la acción no tenía un triunfo fulminante. Cinco años después, esta república "libre" se anexó al Imperio, como había hecho Tejas medio siglo antes.

Si se hubiera hecho un plebiscito en 1893, el 99% del pueblo hawaiano hubiera apoyado a la Reina y rechazado a los bandidos.

LOS DOS CULPABLES

Franklyn Delano Roosevelt y los altos mandos militares del Imperio sabían que una escuadra japonesa se estaba aproximando a Hawai y que un ataque a Pearl Harbor era inminente.

Documentos de la Marina de Guerra de Estados Unidos que fueron revelados por el Freedom of Information Act - Acta de Libertad de Información - prueban que la Inteligencia naval de EU descifró 83 mensajes secretos que el almirante Isoroku Yamamoto, Comandante en Jefe de la marina japonesa, le envió, del 17 al 25 de noviembre de 1941, a varios portaaviones para que avanzaran hacia Hawái. Uno de los mensajes del día 25 decía: "la fuerza de ataque debe mantener sus movimientos en estricto secreto y en estrecha guardia contra submarinos y aviones, deberá avanzar hacia aguas de Hawái para que, en el comienzo de las hostilidades, ataque a la fuerza principal de la flota de EU en Hawái y le inflija un golpe mortal (The task force, keeping its movements strictly secret and maintaining close guard against submarines and aircraft, shall advance into Hawaiian waters and, upon the very opening of hostilities, shall attack the main force of the United States fleet in Hawaii and deal it a mortal blow)

Es imposible que la Inteligencia naval de EU no le hubiese comunicado a la Casa Blanca esta gravísima información, por lo que en la matanza de Pearl Harbor, Roosevelt tuvo tanta responsabilidad como Hirohito. 2,402 militares estadounidenses fueron sacrificados para que el Complejo Militar-Industrial- Terrorista pudiera, al fin, con un atraso de casi dos años y medio, entrar en la guerra mundial y hacer su zafra de manantiales de sangre por montañas de dinero. La venganza del Imperio por lo de Pearl Harbor fue asesinar a más de dos millones de civiles inocentes en cobardes y monstruosos bombardeos aéreos incendiarios y nucleares.

Roosevelt y los altos jefes militares no alertaron a las bases de Pearl Harbor porque necesitaban que Japón iniciara las hostilidades para justificar la entrada de este país en la guerra y ya no sólo contra Japón, sino contra las otras potencias del EjeLo que le interesaba al Imperio era la guerra, no la vida de sus militares en Hawai, para aumentar su poder en el mundo y que su inmensa industria armamentista siguiera ganando una fabulosa fortuna.

De haber seguido siendo Hawai un país libre después de 1893 y, sobre todo, de haber actuado Roosevelt como un gobernante sensible, no un macro-asesino, aquel ataque japonés no se hubiera producido, pues la escuadra del Imperio en Hawai era más poderosa que la japonesa que se le acercaba y hubiese salido a su encuentro en alta mar, en cuyo caso los japoneses no hubieran podido perpetrar ningún ataque furtivo.

LA BARBARIE INAUDITA

Como jefe de todas las operaciones de bombardeo aéreo contra Japón, el general Curtis LeMay, con la aprobación directa de Roosevelt, dirigió los escuadrones de superfortalezas B-29 que atacaron y redujeron a ceniza gran parte de las 64 ciudades más importantes de Japón, con un saldo mortal de unos dos millones de civiles no-combatientes, sobre todo niños, mujeres y hombres viejos.

Para que los bombardeos incendiarios quemaran vivas a un mayor número de personas, LeMay ordenó que se le quitaran a los B-29 los cañones defensivos de la parte posterior para llenar aun más las naves con bombas de racimo E-46 y otras hechas de magnesio, fósforo blanco y napalm. Los aviones volaban a menos de 9,000 pies sobre las ciudades para que los ataques contra la población civil fuesen más efectivos

Al igual que en todos los otros bombardeos, el objetivo del de aquel 9 y 10 de marzo, no fue destruir fortalezas ni concentraciones de tropas ni puestos de mando; sino asesinar en el menor tiempo posible a la mayor cantidad de niños, mujeres y hombres de la tercera edad para sembrar el más absoluto terror en la población civil. En este caso, a la que vivía en el barrio obrero de Tokio, un perímetro de 24 kilómetros cuadrados, seis de largo por cuatro de ancho. En esta área vivía un millón doscientos seres humanos. No eran soldados ni funcionarios del gobierno ni gente importante: eran obreros o familiares de obreros que vivían en casas humildes y padecían el terror fugaz de la guerra y el eterno terror de la miseria.

Había aquel día en el barrio obrero muy pocos hombres adultos porque el servicio militar obligatorio era ya para todos los hombres de 16 a 62 años inclusive, y los soldados no estaban en las ciudades, sino en los cuarteles y las trincheras de las costas. Por lo que, del 1.2 millones de seres humanos que se hallaban en el barrio obrero aquel día, más del 90% eran niños menores de 16 años, viejos mayores de 62 y mujeres de todas las edades.

A doce kilómetros, se hallaba el Cuartel General del Primer Ejército Japonés, protegido por treinta mil soldados y cientos de altos oficiales. A siete kilómetros, estaba el Palacio Imperial, en el que aquella noche se encontraba Hirohito.

La barbarie comenzó a las 11 y media de la noche del día 9 y concluyó un poco después de las tres de la madrugada del día 10.

330 superfortalezas B-29 perpetraron la monstruosa masacre ultra-terrorista. La primera oleada estaba formada por doce aviones Pathfinders que crearon un círculo de fuego alrededor del barrio para que los cientos de aviones que llegasen después lanzaran sus bombas dentro del área señalada. Media hora después, decenas de aviones tanques lanzaron miles de galones de gasolina. Entonces llegaron los B-29 que lanzaron 1,665 toneladas de bombas incendiarias, entre ellas las M-18 y M-69, éstas expandían el fuego a 35 metros del punto de explosión. Cuatro escuadrones aéreos tuvieron la misión de volar a muy baja altura para ametrallar a las pobres gentes que trataban de escapar del gran anillo de fuego.

¡La misión del Imperio era la de asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar, asesinar con calor, asesinar con candela, asesinar con humo, asesinar con bombas, asesinar con balas, absolutamente asesinar ... y no soldados, sino niños, mujeres y hombres viejos!

Avivado aun más el gran incendio por los llamados vientos de cuaresma, de unos 40 kilómetros por hora, el barrio obrero se convirtió en una inmensa hoguera, en el fuego más asesino que haya existido a todo lo largo de la historia, con temperaturas de hasta 1,800 grados Fahrenheit. El resplandor de aquella gigantesca pira humana se veía a 240 kilómetros de distancia.

Los pilotos vomitaban por el intenso olor a carne humana quemada: ellos eran los terroristas menores porque los grandes terroristas, los que no sólo no hicieron nada para evitar la guerra, sino que la propiciaron, estaban a buen resguardo de la lejana candela, en la Casa Blanca, el Pentágono, la Cancillería y Wall Street.

Por la mañana, las 270,000 pobres viviendas estaban reducidas a cenizas y, sobre ellas o a su alrededor, yacían más de 100,000 cadáveres carbonizados como los que se ven en la foto que ilustra este artículo. Unas 50,000 personas murieron unas horas después o en los días siguientes. Más de 300,000 sufrieron quemaduras, muchas de ellas graves. 900,000 perdieron su hogar. Del total de muertos, más de 60,000 eran niños

miércoles, 13 de marzo de 2013

Fukushima se quedará sin trabajadores


© Desconocido
Japón prometió desmantelar los reactores nucleares dañados por el terremoto y el tsunami en Fukushima. Pero Hiroyuki Watanabe, concejal de la ciudad de Iwaki, a 30 kilómetros del lugar de la tragedia, recibió con recelo el anuncio, el día que se cumplieron dos años de la tragedia.

"Veo que las dificultades en Fukushima aumentan, no disminuyen. Uno de los mayores problemas que afronta el país es la falta de trabajadores calificados que puedan hacer frente a los enormes desafíos que tenemos por delante", dijo a IPS este lunes 11.

La ciudad de Iwaki se ubica en la prefectura de Fukushima, la que el 11 de marzo de 2011 se llevó la peor parte del desastre en cadena: terremoto, tsunami y accidente nuclear.

En esa ciudad también se encuentra J-Village, excentro de entrenamiento de fútbol y actual entrada a la zona que rodea la planta nuclear.

Unos 3.000 trabajadores van todos los días desde el nuevo campamento base hasta donde están los reactores dañados. Se ponen un traje que los protege de la radiación y se suben a los autobuses que demoran casi una hora en llevarlos al lugar de trabajo.

Watanabe dijo que debe luchar por los derechos de esos trabajadores que pasan ocho horas al día en un entorno peligroso.

"Están en riesgo de contaminación radiactiva. Son empleados de compañías que no los tratan bien en lo que respecta a las condiciones laborales y salariales. Mi trabajo es protegerlos y asegurarme de que sus empleadores y el gobierno los tratan bien", arguyó.

Watanabe, miembro del Partido Comunista de la asamblea local, no es el único con esa posición. Los problemas cada vez más difíciles en la lucha de Japón por resolver la situación de los reactores dañados hicieron que los sindicatos crearan organizaciones separadas para atender las cuestiones específicas que atañen a los empleados de la planta nuclear.

Keiji Watanabe, secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores Generales, dijo que urge crear una protección sólida para empleados de ese sector. El desmantelamiento de la planta podría llevar cuatro décadas. 

"La grave situación en Fukushima, así como los posibles accidentes en otras plantas nucleares de Japón, requerirán del trabajo de decenas de miles de hombres y mujeres en las próximas décadas", dijo a IPS este sindicalista, sin vinculo familiar con el concejal de igual apellido.

"Esta situación sin precedentes nos despertó a la terrible necesidad de crear unidades que puedan lidiar con las cuestiones laborales que surjan", añadió.

Una de las grandes críticas de los sindicalistas es la falta de normas claras para los trabajadores nucleares. Actualmente, los empleados, divididos según su calificación profesional y su edad, son contratados por cientos de empresas subcontratadas por Tokyo Electric Power (Tepco), operadora la planta de Fukushima.

Varios trabajadores de esas empresas subcontratadas denunciaron el sistema de "comisiones" de las agencias de empleo temporal.

Como asignación especial, se agregan 90 dólares diarios al salario del personal temporal contratado para limpiar los desechos radiactivos y realizar trabajos de reparación.

Pero según Hiroshi Goto, quien trabajó en el reactor de Fukushima Dai Ichi, los empleadores les deducen 50 por ciento de sus ingresos.

"Es intolerable", dijo Goto a la conocida revista mensual Sekai. Los trabajadores no saben reclamar mejores condiciones laborales a Tepco.

La presión sindical hizo que Japón fijara estándares estrictos de contaminación nacional. Esas condiciones harán que escaseen los trabajadores, pues muchos de ellos tendrán que dejar de trabajar para cuidar su salud.

Las difíciles condiciones de empleo ya causaron un rápido descenso en el personal dispuesto a trabajar en Fukushima.

La mayoría de los 3.000 empleados de los reactores son residentes de la zona de Fukushima que perdieron su empleo en el sector agrícola por la contaminación del suelo, alertó Watanabe, concejal de Iwaki.

"La mayoría son personas mayores que necesitan un trabajo para sobrevivir, y eso podría obligar a Japón a importar mano de obra para cubrir la inminente crisis", apuntó.

En este contexto, el conservador primer ministro, Shinzo Abe, anunció que los reactores nucleares se volverán a utilizar una vez que se haya confirmado su seguridad para que el país recupere estabilidad en el suministro de energía.

En este país, 30 por ciento del suministro eléctrico procede de la energía nuclear.

Mientras, casi 60.000 residentes de Fukushima siguen sin poder volver a sus hogares y sin perspectivas de poder hacerlo debido a los trabajos de limpieza.

"Dos años después del colapso de Fukushima, todavía buscamos respuestas para allanar el camino hacia el futuro. La situación sigue siendo una lección de pesadilla para Japón", concluyó el concejal Watanabe.

Un volcán japonés escupe relámpagos


© La F.M.
El volcán Sakurajima entró por última vez en erupción el pasado enero, fecha en la que fue tomada la foto.
La foto corresponde al volcán Sakurajima, situado en la isla Kyushu, al sur del país, y es una de las raras ocasiones en las que se capta un volcán en erupción en el que también surgen relámpagos. ¿Por qué ocurre este fenómeno? Es todo un misterio, pero la imagen que nos deja, difundida por la NASA, es simplemente espectacular.

El volcán Sakurajima entró por última vez en erupción el pasado enero, fecha en la que fue tomada la foto. La explicación de por qué surgen relámpagos en los volcanes es cuestión de debate entre la comunidad científica.

Una posible causa es que las burbujas de magma que escupe el volcán están cargadas de electricidad y, al moverse, crean campos eléctricos de signo opuesto, lo que hace que surjan los rayos.
Otra explicación apuntaría al polvo volcánico que se crea durante la erupción, que también podría estar cargado de electricidad. Los relámpagos son un fenómeno cotidiano, cae uno cada 40 segundos en la Tierra, según la NASA. Verlos al borde de la cima de un volcán, en plena erupción, es tan raro como fascinante.

lunes, 11 de marzo de 2013

Dos años después de Fukushima


© Desconocido
Una catástrofe que cambió el mundo...
La triple catástrofe del 11 de marzo de 2011 constituyó un importante punto de inflexión en la historia contemporánea de Japón, pero su alcance político no es unívoco. Marcó una ruptura radical en la visión que muchos japoneses tenían de las autoridades y las instituciones de su país y dio lugar a una revuelta ciudadana profundamente progresista. Ahora bien, todo esto se produjo en medio de una profunda inestabilidad de la situación geopolítica de Asia oriental: al sentimiento popular de inseguridad se le añadió una gran incertidumbre sobre la evolución de la relación de fuerzas entre las distintas potencias regionales, la cual suscitó el renacimiento de movimientos militaristas y nacionalistas reaccionarios.

El terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011 tuvieron fuertes implicaciones sociales y económicas, sobre todo en el área directamente afectada, el nordeste de Japón, donde la mayoría de la población afectada se encuentra impotente y muy dependiente. Las redes institucionales, sociales y familiares tradicionales han saltado por los aires. El choque psicológico es profundo, debido a la desaparición física de espacios comunitarios (pueblos, barrios...), la pérdida de seres queridos, la ausencia de información fiable, la soledad y el sentimiento de no tener ya ningún control sobre el futuro. Frente a la enorme impotencia administrativa que ha mostrado el Estado durante estos tiempos de crisis, las organizaciones militantes regionales (sindicatos, asociaciones...) han realizado un trabajo notable para ofrecer los primeros auxilios y generar una actividad colectiva hacia los refugiados. Para llevarla a cabo han contado con el apoyo de redes nacionales e internacionales, pero sus recursos ante la amplitud de la catástrofe son, a todas luces, limitados. El movimiento obrero japonés, por su parte, está muy debilitado y burocratizado para implicar al conjunto del país en los retos que ha puesto encima de la mesa la catástrofe.

En este contexto y dada la extrema gravedad del accidente en la central de Fukushima la cuestión nuclear dominó la escena política en el periodo posterior al 11 de marzo.

El consenso pronuclear que existía hasta entonces en Japón, saltó por los aires. Las confesiones realizadas por las personalidades implicadas en este sector económico y la publicación de documentos inéditos mostraron que ese consenso estaba basado en mentiras, corrupción y la complicidad del sector público con el privado; en la negación de los riesgos relacionados con la radioactividad y con la posibilidad de graves accidentes. Las mentiras continuaron incluso durante y después de la catástrofe, hasta el punto de que las madres de las zonas contaminadas no sabían qué precauciones adoptar para proteger a sus hijos (más sensibles que las personas adultas a las dosis de radiación relativamente bajas). Antes del accidente los colectivos ciudadanos contra las centrales tenían, sobre todo, un carácter local. Tras el accidente, el movimiento antinuclear ha adquirido una dimensión nacional que, en ocasiones, ha llegado a movilizar a decenas de miles de personas, cosa que nunca antes se había visto en el archipiélago. Por razones diversas, una tras otra, las centrales nucleares fueron parando su actividad y en mayo de 2012 no había ninguna en funcionamiento. En julio, Naoto Kan, Primer Ministro en el momento de la catástrofe, se manifestó a favor de un Japón sin nucleares.

En 2012, muchos sondeos otorgaban una amplia mayoría a favor de una salida de la energía nuclear. Sin embargo, a principios de febrero de 2013, los sondeos mostraron que el 56% era favorable a una política de relanzamiento de las centrales, tal y como pregona el nuevo gobierno de Shinzo Ave. ¿A qué se debe este cambio?

Inestabilidad regional y contraofensiva nuclear

Tras la catástrofe de Fukushima, el lobby nuclear se puso a la defensiva. La evolución de la situación en Asia Oriental le ha dado la ocasión de retomar la ofensiva. El lanzamiento de misiles norcoreanos, aunque algunos fueran fallidos, alimentó el miedo a una amenaza militar. Y, sobre todo, el conflicto de soberanía con China se agudizó. Tokio administra las islas Senkaku (en japonés) o Diaku (en chino). Pekín rechazó siempre que Japón las anexionara pero, hacía décadas, los dos gobiernos evitaban hacer de esta cuestión un "punto caliente" de sus relaciones.

Los llamados "puntos calientes" territoriales se encontraban (y se encuentran aún) más al Oeste: China reivindica, con un fuerte despliegue militar, las islas Parecels y Spratley contra el Vietnam, Malasia, Brunei, Filipinas..., pero se mantenía discreta en la delimitación de sus fronteras marítimas con Japón.

En setiembre de 2012, Tokio abrió la gran caja de pandora: el gobierno "nacionalizó" las islas Senkaku, que estaban en manos de un propietario privado. Pekín reaccionó enviando a la zona navíos y aviones, y declarando después que quería cartografiar el micro-archipiélago... La tensión subió de tono cuando el gobierno japonés acusó a un barco de guerra chino de haber apuntado con su radar de ataque a uno de sus destructores.

Esto no quiere decir que vayamos hacia una guerra entre potencias, pero sí que estamos ante un conflicto territorial activo, que va a durar.

Si lo que hasta ahora estaba circunscrito al marco diplomático se convierte en un conflicto explosivo, es debido a que cada Estado codicia las riquezas sub-marinas del Mar de la China Meridional. Y también porque cada uno de ellos tiene interés en alimentar un nacionalismo de gran potencia: tanto por razones internas (desviar la atención de la crisis social), como porque las relaciones de fuerza están en plena evolución. China se reafirma como potencia militar y no quiere verse bloqueada por una "primera línea de islas" que va desde Senkaku/Diaku hasta Spratley y Paracels. Los Estados Unidos refuerzan la presencia de la VII Flota. Sin embargo, Tokio no tiene asegurado que la protección de Washington continuará indefinidamente.

En ese contexto, por primera vez se oyen voces autorizadas de Japón declarando, de forma más o menos explícita, que el archipiélago debería dotarse de armas nucleares. Está a punto de caer un tabú fundamental de este país que, en 1945, vivió en propia carne los crímenes contra la humanidad de Hiroshima y Nagasaki. Cada vez se evoca más la supresión del Art. 9 de la pacifista Constitución nipona que consigna su renuncia a la guerra. Se adoptan medidas concretas (y se anuncian otras nuevas) orientadas a acrecentar el poder militar de las "fuerzas de autodefensa": incremento del presupuesto militar, redespliegue de cazas F-15, puesta en órbita de un satélite óptico de gran precisión, etc.

El lobby nuclear argumenta que quien quiera la seguridad energética en estos tiempos turbulentos, debe querer la energía nuclear para no depender de las vías de aprovisionamiento marítimas. Al igual que quien quiere la bomba: la industria nuclear "civil" proveerá las materias fisibles necesarias a los militares. Esta campaña alarmista ha tenido éxito entre la población japonesa.

Confrontada a esta nueva situación, la izquierda civil japonesa realizó un llamamiento para que cada país de la región se opusiera al incremento de los nacionalismos xenófobos y militaristas. Denuncia la voluntad de recurrir a una historia mitificada para apropiarse de islotes deshabitados. Platea una gestión compartida de los mares en interés de los pueblos y respetando las exigencias ecológicas.

Se han conformado dos bloques políticamente opuestos, lo que constituye toda una novedad. De un lado, el lobby nuclear, las corrientes militaristas y en general la derecha nacionalista. De otro, el movimiento antinuclear (civil), los últimos supervivientes de Hiroshima/Nagasaki o quienes les representan (los alcaldes), los pacifistas que defiendes la Constitución, la población que lucha en la isla de Okinawa contra las bases estadounidenses, personalidades como el premio Nobel de Literatura Kenzaburo Oe... Sin embargo, el movimiento antinuclear nipón se enfrenta a una situación política difícil para la que no estaba preparado.

A falta de una alternativa política a la izquierda, el rechazo de la energía nuclear tras Fukushima fue capitalizada en el terreno electoral por los partidos de centro-derecha, que pronto cayeron en desgracia por su incompetencia. Se consolidan nuevas formaciones políticas populistas de derecha radical; primero en la región de Osaka y después en Tokio. Por el momento, es el Partido Liberal Demócrata, partido mayoritario de la post-guerra, el que ha reconquistado el poder con Shinzo Abe. Se ha beneficiado de la abstención de los sectores desencantados de la población, de una bien amañada reputación de buen gestor y de trasladar para después de la campaña electoral las malas noticias ,como la firma Tratado transpacífico de Libre Cambio, cuyos efectos sociales serán desastrosos.

Internacionalización del movimiento antinuclear

No hay posibilidad de que la central de Fukushima vuelva a la normalidad. La crisis nuclear va para largo.

El movimiento ciudadano del archipiélago continúa luchando día a día: piquetes ante la sede de Tepco (el operador de Fukushima), denuncias de las víctimas, oposición a la reapertura de las centrales... En noviembre pasado, Japón acogió la segunda conferencia internacional para un mundo libre de nucleares. En él se tejieron estrechos vínculos entre las luchas que se desarrollan en diversos países de la región, como en Corea del Sur o India. Por primera vez, el Fórum Popular Asia-Europa realizó una declaración a favor de abandonar la energía nuclear. Y en marzo de 2013 están convocadas numerosas movilizaciones en torno al segundo aniversario de la catástrofe.

La onda de choque de Fukushima continúa ampliándose.

jueves, 28 de febrero de 2013

Aumenta el riesgo de cáncer en las poblaciones más cercanas a Fukushima


© KIM KYUNG HOON / REUTERS
Asegura que para el resto de la población nipona y para la población mundial no hay riesgo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido este jueves de que existe un mayor riesgo de padecer algunos tipos de cáncer entre los japoneses que se vieron más afectados por el accidente nuclear de Fukushima en marzo de 2011, si bien el riesgo para la salud de la población nipona en general y de la mundial en su conjunto es mínimo.

La agencia de la ONU ha publicado este jueves un informe realizado por expertos internacionales sobre los riesgos para la salud vinculados por la tragedia de Fukushima, provocada por el terremoto y posterior tsunami que afectó esta región japonesa el 11 de marzo de 2011.

Estos expertos han llegado a la conclusión de que para la población en general, tanto en Japón como en el resto del mundo, los riesgos que se predicen para la salud "son bajos y no se han observado incrementos en las cifras de cáncer por encima de lo normal".

Sin embargo, "el riesgo estimado para algunos cánceres específicos en ciertos estratos de la población de la prefectura de Fukushima ha aumentado", de ahí el que sea necesario "vigilancia continuada a largo plazo y revisiones médicas de estas personas".

La directora de Salud Pública y Medioambiente de la OMS, Maria Neira, ha explicado que "el desglose de los datos en base a la edad, el sexo y la proximidad con la central nuclear muestra un mayor riesgo de cáncer para las personas que residen en las zonas más contaminadas". "Fuera de ellas, incluso dentro de la prefectura de Fukushima, no se prevén incrementos de la incidencia del cáncer", ha precisado.

Así, según la OMS, se prevé un 4 por ciento más de todos los cánceres en órganos entre las mujeres que se vieron expuestas cuando eran niñas, quienes también tendrán un 6 por ciento más de riesgo de contraer cáncer de pecho.

Este grupo de población tendrá también un 70 por ciento más de probabilidades de contraer cáncer de tiroides --normalmente el riesgo de este tipo de cáncer es de un 0,75 por ciento--. En cuanto a los hombres que se vieron expuestos al accidente nuclear en su infancia, tendrán un 7 por ciento más de riesgo de contraer leucemia.

Trabajadores de Fukushima

En cuanto a los trabajadores de los servicios de emergencia que trabajaron en la central tras la tragedia, se estima que"unos dos tercios" de ellos tienen riesgo de contraer cáncer con las mismas probabilidades que el resto de la población, mientras que el tercio restante tiene un mayor riesgo.

Por otra parte, el informe, que consta de 200 páginas, señala que no se prevé un aumento del número de abortos, partos de niños muertos y otros problemas mentales y físicos que pueden afectar a recién nacidos tras el accidente debido a la radiación.

Asimismo, los expertos también han analizado el impacto psicosocial que podría tener sobre la salud y el bienestar el accidente nuclear. En este sentido, la OMS ha incidido en que este aspecto no debe ignorarse en el marco de la respuesta global.

Según Neira, "es necesario una vigilancia sanitaria a largo plazo de las personas con mayor riesgo, así como que se preste el seguimiento médico necesario y servicios de apoyo".

"Además de reforzar el apoyo médico y los servicios, es necesario un seguimiento medioambiental, en particular de los alimentos y el agua, con el fin de reducir la potencial exposición a la radiación en el futuro", ha indicado por su parte la directora en funciones del Departamento de Seguridad Alimentaria de la OMS, Angelika Tritscher.

jueves, 7 de febrero de 2013

Aumenta a 9 muertos por el tsunami en las Islas Salomón y con más de 50 réplicas


© Reuters
Las Islas Salomón, en el Pacífico Sur, fueron sacudidas por varios sismos de hasta 7 grados en la escala Richter después del tsunami que el martes causó al menos 9 muertos, incluido un niño.

La réplica más violenta de 7 grados de magnitud ocurrió en el sureste del archipiélago, en la provincia de Santa Cruz, cerca de donde golpeó el terremoto de 8 grados del martes que provocó el maremoto, y a 9 kilómetros de profundidad bajo el nivel del mar.

Los equipos de emergencia y sanitarios evalúan los daños y atienden a los heridos en las 3 aldeas destruidas por el tsunami cercanas a Lata, la capital provincial.

Las olas también dañaron la pista de aterrizaje del aeropuerto local, lo que afectará la llegada de ayuda humanitaria.
© Reuters
Más de 50 Réplicas

Al terremoto de 8 grados le sucedieron más de 50 réplicas, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

El Centro de Alerta de Tsunami del Pacífico emitió una alarma para la región que canceló 2 horas después, después de que golpeara el tsunami en Salomón y otro de 11 centímetros de altura abatiera las costas de Vanuatu sin causar daños.

En 2007, un terremoto de 8,1 grados causó 52 muertos en las Salomón, formadas por un millar de islas y una población de unas 523.000 personas.

Este archipiélago se asienta sobre el llamado "Anillo de Fuego del Pacífico", un área de gran actividad sísmica y volcánica sacudida por unos 7.000 temblores al año, la mayoría moderados.

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

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