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lunes, 2 de diciembre de 2013

Esto es lo que firmas (y no lees) cuando te das de alta en WhatsApp





La relación del usuario medio con WhatsApp es un poco de amor-odio. Todos sabemos que no es muy seguro que digamos, que hay otras alternativas a priori mejores y que la privacidad está algo difuminada, como en todos los servicios de comunicación que han aflorado en los últimos años. Todos lo sabemos, pero seguimos ahí. Al fin y al cabo, ahí están nuestros amigos y, sin ellos, las redes sociales y los chats no tienen ningún sentido.

¿De veras nos preocupan estas cuestiones? Yo diría que sí, y más ahora que la NSA y sus polémicas nos han recordado que lo personal no siempre lo es tanto y que debemos andarnos con cuidado cuando navegamos por la Red. Entonces, ¿por qué casi nadie se molesta en leer el contrato vinculante que acepta cuando se registra en un servicio como WhatsApp? Pues, oye, porque estamos muy liados y son documentos muy largos y aburridos

Lo entendemos perfectamente, los acompañamos en el sentimiento, y por eso hemos decidido hacerlo nosotros. Con la ayuda del jurista TIC Jorge Morell (@Jorge_Morell), autor de la web Términos y Condiciones, trataremos de dar respuesta a diez sencillas preguntas.

¿Para qué podrán usar tus contenidos?

Al enviar “actualizaciones de estado” mediante WhatsApp, les concedes una licencia no exclusiva, gratuita, sublicenciable y transferible para usarlas, reproducirlas, distribuirlas, crear obras derivadas a partir de ellas, exhibirlas o comunicarlas. Pero, ¿qué entiende la empresa por “actualizaciones de estado”? Pues tu estado, tu foto de perfil, la información sobre tu última hora de conexión y “otras comunicaciones que envíes”. ¿Otras? ¿Cuáles?

La regla general es que todas las actualizaciones de estado son visibles por cualquier usuario de WhatsApp que tenga tu número de telefóno y no haya sido bloqueado. ¿Quiere decir eso que mis mensajes también están ahí para que todo el mundo los lea? No, porque justo ahí establecen una excepción. Esos mensajes, así como tu localización cuando la compartes y todos los archivos que envías a un amigo o a un grupo (esos GIFs de gatitos que tanto te gustan) solo pueden verlos los elegidos, sus legítimos receptores.

¿Te ha quedado más o menos claro? ¿No del todo? Resumimos: cualquier usuario de WhatsApp que tenga tu teléfono (y no haya sido bloqueado) puede ver tu estado (el típico “Hey there! I am using WhatsApp”), tu foto de perfil, la última vez a la que te conectaste o si estás en línea y, lógicamente, tu número de móvil. En cambio, los mensajes de texto, las localizaciones, los audios y los archivos enviados a una persona o a un grupo solo los ven esa persona o los miembros de ese grupo. ¿’Capicci’?

Pero volvamos al tema de las licencias. Como hemos dicho, concedes una a WhatsApp sobre tus actualizaciones de estado (en sentido general), pero además concedes otra a cada uno de los usuarios que te tengan agregado. Se trata de una licencia no exclusiva para acceder a tus actualizaciones de estado, que termina en el mismo momento en que las elimines. Vamos, que les das permiso para leerlas (algo, por otra parte, bastante lógico).

¿Qué datos personales cedes?

En primer lugar, WhatsApp tiene los datos que tú mismo le has entregado, fundamentalmente tu número de móvil y tu agenda de contactos, que revisará periódicamente en busca de usuarios que ya estén en la plataforma (para que puedas interactuar con ellos) y teléfonos de los que aún no estén (por si los quieres invitar). Eso sí, aseguran explícitamente que no recopilarán nombres, direcciones o correos electrónicos. Única y exclusivamente números. Bastante razonable, ¿no?

Además, según se indica en sus documentos legales, la empresa podría recabar en ciertos casos los datos de tu tarjeta de crédito u otra información de pago. ¿Qué sentido tiene esto si los ‘app’ la pagas a través de Google Play o la App Store? ¿Es una puerta abierta a micropagos dentro de la aplicación al estilo de los ‘stickers’ de Line? Torres más altas han caído, así que nunca se sabe.

Por otra parte, y esto es importante, WhatsApp asegura que no copia, almacena o archiva el contenido de los mensajes que envías. Es un simple intermediario. Lo que escribes pasa por sus servidores solo de forma provisional y en cuanto llega al receptor se borra. Con una excepción: si el usuario al que estás escribiendo no está conectado, los mensajes se mantendrán en el servidor un máximo de 30 días a la espera de ser entregados. Pasado ese plazo, se borrarán.

Por cierto, debes saber que esos datos personales se almacenan y procesan en Estados Unidos, con independencia de dónde residas. ¿Y a ti qué? Bueno… A priori ofrece menos garantías porque las leyes del Viejo Continente se centran más en proteger al usuario.

¿Qué puede hacer con esos datos?

Antes que nada, una característica que distingue a WhatsApp de muchos de sus competidores es que renuncia de forma explícita a la publicidad. Eso quiere decir que, al menos de momento, tus datos no serán utilizados, como en otros servicios, para personalizar anuncios o recomendar marcas a tus contactos. En sus documentos legales lo reiteran: “Actualmente WhatsApp no tiene anuncios y esperamos que siga siendo así para siempre. No tenemos intención de introducir publicidad en el producto”. ¿Nunca? ¿En serio? Ojo, que aquí viene el pero… “Pero si alguna vez lo hiciéramos, actualizaríamos esta sección”. Así que, de momento, no hay razón para preocuparse, pero tendremos que estar pendientes en el futuro.

Entonces, ¿para qué utilizan tus datos? Principalmente, para que puedas usar el servicio y para mejorarlo, aunque también se reservan el derecho a utilizar tu número de teléfono para informarte de cambios sustanciales. Por lo demás, WhatsApp no revela tus datos a terceros sin tu consentimiento excepto por motivos de seguridad, para mantener o mejorar el servicio, por causas legales, por un requerimiento judicial o gubernamental, para defender los intereses de la empresa o como resultado de la compra o fusión de la compañía.

¿Puedes darte de baja? ¿Cómo?

Los términos y condiciones de WhatsApp no aclaran casi nada sobre esta cuestión, pero si echamos manos de su sección de Preguntas Frecuentes entendemos alguna cosa más. Básicamente hay dos opciones: desactivar tu cuenta o eliminarla. La primera es la mejor solución si pierdes o te roban el teléfono, porque dispondrás de 30 días para recuperarla en otro dispositivo y recibirás de golpe todos los mensajes que te hayan enviado durante ese tiempo. La segunda opción, el borrado, es irreversible y hace que finalice la licencia sobre tus contenidos que concediste a WhatsApp.

¿Cuánto tiempo retendrán tus datos si decides marcharte?

No está del todo claro. Sabemos que los mensajes que envías directamente a tus contactos solo pasan por los servidores de WhatsApp de forma provisional y, en el peor de los casos, si no pueden ser entregados, se almacenan durante un máximo de 30 días. Sabemos que podrían pedirte el número de tu tarjeta de crédito, pero también lo borrarían en un máximo de 30 días tras eliminar tu cuenta. Esto está claro, pero ¿qué sucede con tu número de móvil, tu agenda de contactos y lo que WhatsApp denomina actualizaciones de estado?

Eso no lo sabemos, y no es porque no hayamos buscado bien. De hecho, parece que no somos los únicos que se lo preguntan, ya que a principios de año las autoridades de protección de datos de Holanda y Canadá abrieron una investigación para determinar si el servicio de mensajería incumple las leyes sobre privacidad de estos países, entre otras cosas por no dejar del todo claro qué información personal retiene y por cuánto tiempo.

¿Cuál es la edad mínima para darse de alta?

Son 16 años. Por debajo de esa edad solo se puede utilizar con autorización paterna o si eres un menor emancipado. Además, si WhatsApp descubre que algún usuario no cumple con ese requisito, eliminará su cuenta.

¿Cómo de extensas son las políticas? ¿Están en español?

WhatsApp presenta sus Condiciones del Servicio y Política de Privacidad como un solo texto de 6.405 palabras. No es demasiado en comparación con las de otras empresas, pero aún así es más que leerse seis veces ‘El Cuervo’, el poema más famoso de Edgar Allan Poe.

Además, no están en español y, al menos a corto plazo, no se los espera. Hay un proyecto en marcha para traducir la web y las aplicaciones de la marca a nuestro idioma, entre otros, pero no hemos podido encontrar en él los documentos legales (bastante lógico al tratar una materia delicada).

¿Pueden cambiar los términos? ¿Con qué condiciones?

Sí, en cualquier momento, y es responsabilidad tuya estar al tanto de las modificaciones. Si no estás de acuerdo con ellas, deberás eliminar tu cuenta, porque el hecho de seguir utilizando el servicio supone la aceptación de sus Condiciones y Política de Privacidad. El último cambio hasta la fecha se produjo el 7 de julio.

¿A qué legislación están sujetos?

A las del estado de California, en Estados Unidos. Concretamente, cualquier demanda contra la compañía por infracción de sus términos y condiciones debería resolverse ante un tribunal del condado de Santa Clara, en Silicon Valley. Sin embargo, en la práctica, estamos muy probablemente ante una cláusula abusiva y que no podría aplicarse a un particular. Diferente podría ser el caso de las empresas y otras personas jurídicas.

¿Hay algo más que debas saber?

En el apartado de curiosidades, los documentos legales de WhatsApp son una auténtica mina de oro. Por ejemplo, al final de una cláusula en la que detallan los supuestos en los que tendrías que indemnizar a la empresa, hacen una chocante afirmación que aparentemente no viene a cuento: “No apoyamos ni fomentamos el consumo ilegal de alcohol o tabaco”. Es bueno saberlo.

Pero aún más alocada es la cuestión de los usuarios “cansinos” (“annoying” en el original en inglés). Atención a esto. La empresa puede eliminar tu cuenta si eres un “cansino”, y eso lo determinarán, “de forma caprichosa o no”, sus “empleados, agentes, subagentes, superagentes o superhéroes”. Cuánta retranca en un texto por lo general abstruso.

No te vayas, que aún hay más. WhatsApp puede decidir que una actualización de estado no es apropiada por razones de “longitud o limitado interés”. O sea que abstente de enviar a tus amigos los documentos legales de WhatsApp vía WhatsApp porque son largos y aburridos. Y tampoco se te ocurra mandar uno de esos dibujitos hechos con emoticonos o ristras interminables de letras.

Y dos últimas cosas. No olvides poner los dos rombos antes de enviar fotos picantes porque “el contenido adulto debe estar identificado como tal” y notifica inmediatamente a WhatsApp cualquier “brecha de seguridad o uso no autorizado de tu teléfono móvil”. Recuerda que ellos no se hacen responsables por los daños que la aplicación pueda ocasionar a tu dispositivo, pero tú si deberás indemnizarles si les echas abajo el changarro.

Fuente: Lo Cierto

lunes, 9 de septiembre de 2013

EE.UU. espiaba a Sudamérica desde la isla Ascensión


© Corbis
EE.UU. vigilaba a Sudamérica desde la pequeña isla británica de Ascensión, según informa el diario brasileño 'Itsoé'.

Según cita la agencia EFE, el diario brasileño 'Itsoé' publicó la información sobre la base en la pequeña isla de Ascensión, territorio británico de ultramar en el océano Atlántico (cercana a la isla de Santa Elena) , que es la parte del sistema de espionaje global 'Echelon', en el cual además de EE.UU. participan también los Gobiernos de Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia. La existencia de la red secreta de espionaje global fue documentalmente puesta en evidencia por el exmiembro de la CIA, Edward Snowden.

Las capacidades técnicas del centro en Ascensión permiten captar conversaciones telefónicas, correos electrónicos y publicaciones en las redes sociales. Se captaban dos millones de comunicaciones por hora casi en toda Sudamérica. En el alcance de la base se encuentran Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia y Venezuela. Los datos captados en el Atlántico después fueron analizados en el centro de inteligencia de Fort Meade, Maryland, EE.UU.

El diario brasileño también cita las palabras del exembajador de EE.UU. en Brasil, Thomas Shannon, quien acaba de cumplir su misión. El diplomático justificó la red de espionaje secreta por razones de "seguridad nacional [estadounidense]" y aseguró que muchas de las informaciones obtenidas de esta forma fueron compartidas con Brasilia.

Los nuevos datos revelan la envergadura del sistema de espionaje norteamericano, que está cercando a América Latina, y sobre todo a las economías emergentes como Brasil.

viernes, 12 de julio de 2013

Venezuela, Colombia y México, objetivos de la Inteligencia de EEUU


La Inteligencia estadounidense ha realizado labores de espionaje en gran parte de los países latinoamericanos, entre ellos Venezuela, Argentina, Colombia y Ecuador, según ha desvelado este martes el diario 'O Globo' que cita informes confidenciales de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos filtrados por el extrabajador de la NSA Edward Snowden.

El periódico comenzó el domingo a desvelar algunas informaciones sobre el trabajo de la NSA y de la Agencia Central de Información (CIA) de Estados Unidos en Latinoamérica, especialmente en Brasil, donde la Inteligencia norteamericana ostenta una de las 16 estaciones de la red de espionaje global diseñada por sus servicios secretos.

El diario 'O Globo' también desveló el domingo que Brasil era "objetivo prioritario" del espionaje estadounidense, al nivel de países como Pakistán, Rusia, China o Irán.

Colombia también figura entre los principales objetivos de Washington, especialmente por los movimientos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), al igual que México y Brasil. En estos tres países se realizaron los mayores controles de rastreo de llamadas telefónicas y el acceso a internet a través del programa PRISM.

Las informaciones desveladas este martes indican que la NSA y la CIA tenían interés en diferentes ámbitos de los países latinoamericanos, como la producción de petróleo en Venezuela o el sector energético de México.

Según los papeles, estados Unidos habría desarrollado una serie de operaciones bajo el nombre en clave de 'Silverzephyr' - una línea de ferrocarriles de la década de 1940 - para vigilar las "líneas de acceso para la transmisión de información a través de un socio", en referencia a una compañía de telecomunicaciones, cuyo nombre no se desvela en los documentos.

Chile, Argentina, Perú, Paraguay, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y El Salvador figuran entre los países que habrían sido espiados "de forma constante, pero en menor intensidad", según 'O Globo', a través del software 'Fairview'.

El periódico además menciona que hasta 2002, Washington mantenía un programa de agentes secretos que se hacían pasar por diplomáticos en Brasil, Colombia, Panamá, México y Venezuela. "La NSA mantuvo al menos hasta 2002 una base de recopilación de datos en Centroamérica, ubicada en Puerto Rico, según los mapas de la agencia", ha indicado el diario.

lunes, 24 de junio de 2013

El significado esencial del espionaje masivo de EEUU


Traducido para Rebelión por Silvia Arana 

© Desconocido
Introducción

Las revelaciones sobre cómo el gobierno de Obama usa a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, según sus siglas en inglés) para espiar secretamente las comunicaciones de cientos de millones de ciudadanos de EE.UU. y otros países ha generado denuncias en todo el mundo. En EE.UU. no hubo ninguna protesta masiva, a pesar de la amplia cobertura periodística y de la oposición de las organizaciones pro libertades civiles. Los líderes del Congreso, tanto del partido demócrata como del republicano, al igual que los jueces más importantes aprobaron un programa de espionaje doméstico sin precedentes... Aún peor, cuando se hicieron públicas las operaciones de espionaje a gran escala, los líderes principales del Senado y del Congreso reafirmaron su respaldo a todas y a cada una de las intromisiones en las las comunicaciones electrónicas y escritas de ciudadanos estadounidenses. El presidente Obama y su fiscal general Holder defendieron firme y abiertamente las operaciones globales de espionaje de la NSA.

Las cuestiones que surgen de este vasto aparato policíaco secreto y de la penetración y control que ejerce sobre la sociedad civil, atentando contra la libertad de expresión de los ciudadanos, va mucho más allá de meras "violaciones de la privacidad", como la calificaron muchos expertos legales.

La mayoría de los defensores de las libertades civiles se enfocan en las violaciones de los derechos individuales, garantías constitucionales y derechos a la privacidad de los ciudadanos. Estas son cuestiones legales importantes y esta postura es correcta. Sin embargo, las críticas constitucionales-legales no van lo suficientemente lejos: no tocan los temas fundamentales; evitan hacer cuestionamientos políticos básicos.

¿Por qué un aparato tan masivo de espionaje global manejado por el estado policial se volvió tan esencial para el régimen gobernante? ¿Por qué el conjunto de los líderes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial hicieron declaraciones públicas en las que repudiaron todas las garantías constitucionales de manera tan descarada? ¿Por qué los dirigentes electos defendieron el espionaje político global contra la ciudadanía? ¿Qué tipo de políticos existen en un estado policial? ¿Qué tipo de políticas de largo término, de gran escala, a nivel interno e internacional son ilegales e inconstitucionales como para justificar el desarrollo de una vasta red de espionaje doméstico y una infraestructura de tecno-espionaje de billones de dólares manejada por el estado corporativo en una época de "austeridad" presupuestaria caracterizada por los recortes en los programas sociales?

El segundo grupo de preguntas surge del uso de los datos obtenidos por el espionaje. Hasta el momento, la mayoría de los críticos cuestionaron la existencia del espionaje masivo implementado por el estado pero evitaron el tema crucial sobre qué medidas toman a continuación, o como resultado del espionaje, contra los individuos, grupos o movimientos espiados. La pregunta esencial es: ¿Qué represalias y sanciones se producen como resultado de la "información" que ha sido recolectada, clasificada y aplicada por estas redes de espionaje manejadas por el estado policial? Ahora que el "secreto" del espionaje extendido realizado por el estado policial forma parte de la conversación pública, el próximo paso debería ser la revelación de las operaciones secretas contra aquellos espiados por las redes de espionaje luego de haber sido rotulados como un "riesgo para la seguridad nacional".

Las políticas detrás del estado policial

La razón fundamental para la transformación del estado en un enorme aparato de espionaje es el carácter profundamente destructivo de las políticas interna e internacional implementadas violentamente por el gobierno. La vasta expansión del aparato del estado policial no es una respuesta a los atentados del 11 de septiembre. El crecimiento geométrico de espías, presupuestos policiales secretos y la vasta intromisión en las comunicaciones de los ciudadanos coincide con las guerras globales. La decisión de militarizar la política global de EE.UU. requiere de una redistribución radical del presupuesto, del recorte del gasto social a favor del crecimiento del imperio; de la destrucción de la salud pública y del seguro social para beneficio de Wall Street. Estas son políticas que aumentan drásticamente las ganancias de los banqueros y de las corporaciones mientras que castigan a los trabajadores con impuestos regresivos.

Las guerras internacionales extendidas y prolongadas fueron financiadas a expensas del bienestar de los ciudadanos. Esta política generó un deterioro en el estándar de vida de varias decenas de millones de ciudadanos y una creciente insatisfacción en la población. El potencial de resistencia social, como quedó evidenciado por el movimiento de breve vida "Ocupar Wall Street", contó con el respaldo del 80% de la población. La respuesta positiva fue una alarma para el estado y condujo a una escalada de las medidas tomadas por el estado policial. El espionaje masivo tiene como fin identificar a los ciudadanos que se opongan a las guerras imperiales y a la destrucción del sistema de asistencia social; se los rotula como "amenazas para la seguridad" como una manera de controlarlos usando los poderes policiales arbitrarios. La expansión de los poderes presidenciales para hacer la guerra ha sido acompañado con el incremento del tamaño y del alcance del aparato estatal de espionaje: cuanto más ataques con drones se hacen en el exterior bajo órdenes presidenciales, mayor es la cantidad de intervenciones militares, y mayor es la necesidad de una élite política presidencial que fortalezca la vigilancia de los ciudadanos para prevenir un contraataque popular. En este contexto, la política de espionaje masivo es llevada a cabo como una "acción preventiva". A mayor operaciones del estado policial, mayor será el miedo y la inseguridad entre los ciudadanos y activistas disidentes.

El ataque al estándar de vida de la clase trabajadora y de la clase media de EE.UU. con el fin de financiar las guerras, y no la llamada "guerra contra el terrorismo, es la causa de que el estado haya desarrollado ataques cibernéticos masivos contra la ciudadanía estadounidense. No se trata solamente de la violación de la privacidad individual; sino que consiste, fundamentalmente, en la infracción estatal de los derechos colectivos de los ciudadanos organizados para participar libremente en la oposición pública contra políticas socioeconómicas regresivas y para cuestionar el imperio. Junto a la proliferación de instituciones burocráticas, con más de un millón de recolectores de "datos de seguridad", existen decenas de miles de "operadores de campo", analistas e inquisidores, actuando arbitrariamente para rotular a los ciudadanos disidentes como "riesgos de seguridad" e imponer represalias según sus necesidades políticas de sus jefes políticos.

El aparato del estado policial tiene sus propias reglas de auto-protección y auto-perpetuación; tiene sus propias conexiones y hasta puede llegar a competir con el Pentágono. El estado policial se conecta y protege a los amos de Wall Street y a los propagandistas de la clase media -¡incluso hasta cuando los espíe (porque debe hacerlo)!

El estado policial es un instrumento del Poder Ejecutivo, un canal para sus prerrogativas y poderes arbitrarios. Sin embargo, en temas administrativos, posee un grado de "autonomía" para atacar conductas disidentes. Lo que queda claro es el alto grado de cohesión, disciplina vertical y defensa mutua, desde arriba hacia abajo en la jerarquía. El hecho de que un solo denunciante de conciencia, Edward Snowden, emerja de entre cientos de miles de espías, es una excepción solitaria que confirma la regla: Hay menos desertores entre los millones de miembros de la red de espionaje de EE.UU. que en todas las familias mafiosas de Europa y América del Norte.


Comentario: Dejamos el beneficio de la duda sobre la "buena conciencia" de Snowden, ya que existe la posibilidad de que no sea quién dice ser. Para más información, le recomendamos el siguiente artículo (en inglés):

My creeping concern that the NSA leaker is not who he purports to be...


El aparato de espionaje doméstico opera con impunidad gracias a su red de poderosos aliados internos e internacionales. Todos los líderes legislativos de ambos partidos están informados y son cómplices de las operaciones de espionaje. Ramas relacionadas del gobierno, como la agencia impositiva (Internal Revenue Services, IRS) cooperan proporcionando información y persiguiendo a los grupos o individuos bajo vigilancia. Israel es un aliado clave del IRS, como ha sido documentado por la prensa israelí (Haaretz, 8 de junio, 2013). Dos firmas israelíes de alta tecnología (Verint y Narus) con conexiones con la policía secreta israelí (MOSSAD) proveyeron el software de espionaje usado por la NSA y esto, por supuesto, abrió una ventana hacia el espionaje israelí en EE.UU. contra los estadounidenses opuestos al estado sionista. El escritor y crítico, Steve Lendman, señala que los amos del espionaje israelí, usando sus "empresas de fachada", han tenido desde hace tiempo la impunidad para "robar información comercial e industrial". Y que debido al poder y a la influencia de los presidentes de las 52 organizaciones judías-estadounidenses, los funcionarios del Ministerio de Justicia dieron la orden de suspender docenas de casos de espionaje israelí. Los estrechos vínculos entre Israel y el aparato de espionaje de EE.UU. evitan un verdadero escrutinio de las operaciones y de los objetivos políticos -a un precio muy alto para la seguridad de los ciudadanos de EE.UU. En años recientes se destacan dos incidentes: "expertos" de seguridad israelí fueron contratados para asesorar al Departamento de Seguridad Nacional de Pennsylvania en su trabajo de investigación; y la represión gubernamental "estilo Stasi" contra críticos y ambientalistas (comparados con "los terroristas de Al Qaeda" por Israel). Cuando esto fue revelado, en 2010, tuvo que renunciar el Director James Power. En 2003, el gobernador de New Jersey, Jim McGreevy nombró a su amante, un agente del gobierno de Israel; después, a fines de 2004, renunció y denunció al israelí Golan Cipel por extorsión. Estos ejemplos son una pequeña muestra para ilustrar la magnitud de la intersección entre las tácticas del estado policial israelí y la represión interna en EE.UU.

Las consecuencias políticas y económicas del estado-espía

Las denuncias de las operaciones masivas de espionaje son un paso positivo, hasta ahora. Pero igualmente importante es la pregunta "¿qué viene después del acto de espiar?". Ahora sabemos que cientos de millones de estadounidenses fueron y son espiados por el estado. Sabemos que el espionaje masivo es una política oficial del Ejecutivo que cuenta con la aprobación de los líderes legislativos. Pero solo tenemos información fragmentada de las medidas represivas derivadas de la vigilancia de "los sospechosos". Podemos asumir que hay una división del trabajo entre los recolectores de información, los analistas de inteligencia y los agentes que hacen trabajo de campo en la vigilancia de "grupos e individuos peligrosos", basado en un criterio interno que solo la policía secreta conoce. Los agentes de espionaje clave se encargan de elaborar y aplicar los criterios para calificar a alguien como un "riesgo de seguridad". Los individuos y grupos que expresan posturas críticas de la política interior y exterior del gobierno son catalogados como un "riesgo"; aquellos que protestan activamente están en la categoría de "riesgo mayor", incluso aunque no hayan violado ninguna ley. La cuestión de la legalidad de las acciones y posturas de un ciudadano ni siquiera entra en la ecuación de los amos del espionaje; ni tampoco la valoración de la legalidad de los actos de espionaje contra los ciudadanos. El criterio determinante de un riesgo de seguridad está por encima de cualquier consideración o defensa de la Constitución.

Sabemos por una gran cantidad de casos públicos que personas críticas del tema legal, fueron ilegalmente espiadas, arrestadas, sometidas a juicio y encarceladas -sus vidas y las vidas de sus familias y amigos sufrieron un altísimo costo . Sabemos que cientos de hogares, sitios de trabajo de personas bajo sospecha han sufrido redadas tipo "excursiones en busca de quién sabe qué". Sabemos que familiares, asociados, vecinos, clientes y empleados de los "sospechosos" han sido interrogados, presionados e intimidados. Sobretodo, sabemos que decenas de millones de ciudadanos respetuosos de las leyes, que tienen posturas críticas de la economía interna y de las guerras en el extranjero, han sido censurados por el miedo, con mucho fundamento, a las operaciones masivas ejecutadas por el estado policial. En esta atmósfera intimidatoria, cualquier conversación crítica o palabra emitida en cualquier contexto o enviada por algún medio puede ser interpretada, por espías sin nombre ni rostro, como una "amenaza de seguridad" -y el nombre de uno puede entrar así en la lista secreta, y cada vez más larga, de "terroristas potenciales". La mera presencia y dimensiones del estado policial ya es intimidante. Mientras tanto, hay ciudadanos que sostendrían que el estado policial es necesario para protegerlos de los terroristas. Pero, ¿cuántos se sienten obligados a respaldar un estado terrorista solo para alejar cualquier sospecha, con el fin de no ser incluido en la lista de sospechoso? ¿Cuántos estadounidenses con mentalidad crítica tienen miedo del estado y jamás van a pronunciar en público lo que susurran en casa?

Cuánto más grande sea la policía secreta, mayor será su capacidad operativa. Cuánto más regresiva sea la política económica interna, mayor será el miedo y el desprecio de la élite política.

Incluso mientras el presidente Obama y sus socios demócratas y republicanos hacen alarde de su estado policial y de su eficiencia en el cumplimiento de la "función de seguridad", la vasta mayoría de los estadounidenses toman conciencia de que el miedo creado hacia dentro del país sirve a los intereses de librar guerras imperiales en el extranjero; la cobardía frente al estado policial solo incentiva mayores recortes en los estándares de vida. ¿Cuándo se darán cuenta que el hecho de exponer el espionaje es solamente el principio de una solución? ¿Cuándo reconocerán que la tarea de terminar con el estado policial es esencial para desmantelar el costoso imperio y hacer que EE.UU. sea una nación segura y próspera?

martes, 2 de abril de 2013

Las empresas de telefonía podrían vender la información que emiten las ondas cerebrales


© Corbis/RT
Las compañías telefónicas reúnen tanta información sobre los usuarios de móviles que pronto podrán vender la información basada en las ondas cerebrales de miles de personas, advierten algunos analistas de derecho.

Las interfaces cerebro-computador (BCI, por sus siglas en inglés) se han utilizado ampliamente con fines médicos y en la investigación médica desde los años 20 del siglo pasado. Pero con la tecnología que cada día se desarrolla más, resulta que cualquier dispositivo móvil moderno contiene herramientas técnicas que funcionan a través del registro de la actividad cerebral y que pueden transmitir información a otro dispositivo.

En este sentido la electroencefalografía (EEG) es la forma más común y se utiliza por los médicos para captar y analizar las señales del cerebro de los pacientes y transferir los mensajes a otros dispositivos, como miembros artificiales, sillas de ruedas, o caja de voz. También puede detectar señales eléctricas producidas por ondas cerebrales, controlar los niveles de atención y el estado emocional.

Actualmente algunos analistas estadounidenses hablan sobre la existencia de la denominada industria 'neuromarketing', donde los investigadores de mercado utilizan datos de estos dispositivos BCI para medir el nivel de atención y las respuestas emocionales de grupos de personas a diferentes anuncios y productos.

Pero su preocupación principal consiste en que las empresas telefónicas pueden ofrecer no solo información acerca de hasta qué punto los usuarios prestan atención a un anuncio, sino que pueden venderlas a las compañías de seguros de salud, advierten el estudiante del BostonCollege Law School, Sean Vitka, y Grady Johnson, del Open Technology Institute.

"Con estos dispositivos, sobre todo con un gran conjunto de datos suficientes que están al alcance de muchos, las empresas telefónicas podrán identificar los indicadores de riesgo para cosas como el suicidio, la depresión o la inestabilidad emocional. Todo lo que es realmente personal para nosotros como individuos, pero peligroso para ellos en definitiva", reflejaron en su trabajo los analistas estadounidenses.

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