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viernes, 15 de marzo de 2013

Por cada soldado occidental muerto en Iraq cayeron 24 civiles



Un iraquí frente a dos soldados estadounidenses el 11 de marzo de 2008 cerca de Bagdad. / DOD
Un total de 116.903 civiles iraquíes murieron en la guerra que sucedió a la invasión de Iraq, de la que se cumplen 10 años.

Por cada militar occidental muerto en la Guerra de Iraq (2003-2011) cayeron 24 civiles no combatientes. Así se desprende de un nuevo estudio sobre las bajas registradasdurante el conflicto desencadenado tras la invasión de este país por parte de EEUU y sus aliados el 20 de marzo de 2003, hace ahora 10 años.

El trabajo señala que durante la guerra murieron 116.903 civiles frente a 4.804 combatientes de las fuerzas aliadas incluyendo EEUU, que sufrió la gran mayoría de las bajas. Las cifras ponen de manifiesto que la Guerra de Iraq pudo ser el conflicto más sangriento para la población civil del siglo XXI y uno de los peores registrados si se atiende a la proporción de no combatientes muertos por cada militar.

Los datos sobre bajas forman parte de una colección de estudios sobre la Guerra de Iraq que publica hoy la revista británica The Lancet. Varios artículos diseccionan el impacto de la guerra en la población civil, las bajas militares, los efectos devastadores que la migración de millones de refugiados ha tenido en este país y el alto nivel de contaminación que registran algunas zonas en las que se usó armamento con uranio empobrecido.

"Decidimos usar los recuentos de víctimas más bajos, otros estudios registraban muchas más bajas civiles así que nuestros resultados manejan cifras científicamente conservadoras", reconoce a Materia Barry Levy, médico y profesor de la Universidad Tufts (EEUU) y coautor de uno de los estudios publicados en The Lancet.

La proporción de 24 civiles muertos por cada militar de la coalición caído es "una de las más altas registradas", reconoce Levy. Su trabajo ha revisado "más de 100" estudios sobre la Guerra de Iraq publicados en revistas científicas. Sin embargo, su cifra de civiles iraquíes muertos viene de Iraq Body Count (IBC), una iniciativa independiente que comenzó a contar las bajas de la guerra ante la falta de datos oficiales. Cada una de las bajas que contabiliza está confirmada por dos fuentes (por ejemplo un medio de comunicación y un registro hospitalario o policial). Esta contabilidad independiente es fiable para muchos expertos, aunque arroja cifras más bajas que otros recuentos. "Nuestras cifras indican que de todas las bajas registradas en Iraq, el 75% eran civiles", explica a Materia Josh Dougherty, unos de los expertos que trabajan en IBC.

Un horror "evitable"

"Creo que el número real debe rondar los 30 civiles muertos por cada caído de la coalición", opina Mike Spagat, un investigador de la Universidad de Londres que participó en un estudio que cruzó los datos de IBC y los revelados por WikiLeaks en 2010. "Puede que la guerra de Iraq no esté muy lejos de ser el conflicto con una mayor proporción de civiles muertos", comenta Spagat, que no ha participado en los estudios de The Lancet.

El análisis de Levy recorre más heridas de guerra. Por ejemplo, resalta que millones de iraquíes se han visto obligados a emigrar por el conflicto. Muchos han sufrido violaciones de sus derechos humanos y el estado de guerra ha reducido el acceso de muchos ciudadanos a servicios básicos. Entre las tropas de la coalición, la guerra ha dejado decenas de miles de heridos (31.000 estadounidenses) y una "alta incidencia de enfermedades mentales" entre los combatientes. Según los datos de Levy, el 19% de todos los militares enviados a Iraq reconocieron tener problemas mentales. Su trabajo concluye: "Si los problemas que causaron la guerra se hubieran resuelto de forma no violenta, todos estos impactos en la salud se habrían evitado".

Se desconoce cuántos militares iraquíes perdieron la vida

La Guerra de Iraq casi se gana antes de empezar. Un artículo de opinión publicado hoy en The Lancet rememora cómo el Departamento de Defensa de EEUU calculó que, tras la invasión de Iraq fijada para el 20 de marzo de 2003, la guerra habría terminado en tres meses y sin apenas bajas. La rápida toma de Bagdad reforzó esos cálculos para después hacerlos añicos. El conflicto de Iraq duró ocho largos años en los que la guerra de guerrillas y los ataques suicidas rompieron los esquemas de los militares estadounidenses.

"Hasta mediados de 2004 el sistema para contabilizar bajas quedó desmantelado", explica Joshua Dougherty, del IBC. Esta iniciativa independiente para contar las bajas de guerra "fue la primera en llenar el vacío" de cifras impuesto por las autoridades, reconoce Frederick Burkle, investigador de la Universidad de Harvard, en su artículo para The Lancet. Desde entonces las cifras de civiles y militares iraquíes muertos en la guerra han bailado dependiendo de las fuentes. Expertos de IBC y otros centros de investigación se quejan de que el Gobierno iraqí da cifras de bajas sustancialmente más bajas que las reales. Tomando las cifras de militares iraquíes muertos de IBC (el 25% de un total de 168,466 bajas iraquíes hasta 2012), la tasa de este conflicto bajaría a 24 civiles muertos por cada 10 militares de cualquier nacionalidad. Lo más escalofriante es que esa proporción está muy por debajo de la media que registran la mayoría de las guerras de la segunda mitad del siglo XX: diez civiles muertos por cada militar.

REFERENCIA

'Adverse health consequences of the Iraq War'

jueves, 7 de marzo de 2013

EE.UU. reconoce resultados negativos de su intervención en Irak


© Desconocido
Un informe del Gobierno al Congreso publicado hoy reconoce que Estados Unidos gastó demasiados recursos en Irak desde la invasión en marzo de 2003, pero obtuvo muy pocos resultados. El Inspector General Especial para la Reconstrucción de Irak, Stuart Bowen, dijo que 10 años después y tras invertir más de 60 mil millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses, el país del Levante es tan inestable que sus propios líderes se cuestionan la validez de la intervención.

El esfuerzo de reconstrucción alcanzó un nivel mucho mayor de lo que se había previsto, a un ritmo de casi 15 millones de dólares diarios, y los resultados no se correspondieron con los fondos gastados.

En total, incluyendo todos los costos militares y diplomáticos, más otras ayudas, Washington invirtió al menos 767 mil millones de dólares desde el inicio de la intervención militar.

Alrededor de un tercio del dinero se utilizó en entrenar y equipar a las fuerzas de seguridad iraquíes, pero estas actualmente carecen de capacidades para garantizar la estabilidad del país y controlar las fronteras terrestres, aéreas y marítimas, agrega el texto.

En entrevistas con Bowen, el primer ministro iraquí Nouri al-Maliki dijo que hubo mucho derroche en el empleo de los fondos, y las tareas de reconstrucción tuvieron resultados muy desfavorables en general.

El Gobierno iraquí está afectado por la corrupción, las calles de Bagdad están semidestruídas por los efectos de los atentados explosivos que se producen a diario, un cuarto de los 31 millones de habitantes viven por debajo del límite de la pobreza, y muy pocos disfrutan de electricidad y agua potable, añade el informe.

La senadora republicana por el estado de Maine, Susan Collins, señaló que ha sido un esfuerzo extraordinariamente frustrante, el dinero se gastó de forma irresponsable y con alto nivel de corrupción.

Los efectos desastrosos en Irak son un adelanto de lo que puede suceder en Afganistán, donde hasta ahora Washington gastó más de 90 mil millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses, en una campaña que en lo esencial culminará en diciembre de 2014, señala hoy un artículo del diario Stars and Stripes.

Las tareas de reconstrucción en ese país asiático enfrentarán resultados similares, si no se mejora su supervisión, porque al igual que en Irak, los funcionarios están demasiado ansiosos en concretar los proyectos en medio de una guerra civil, y la mayoría de las veces los emprendían sin un plan sólido de ejecución.

Más de cuatro mil 480 militares estadounidenses murieron en Irak entre 2003 y 2012, mientras en Afganistán el número de bajas fatales de norteamericanos asciende a unas dos mil 178 de 2001 a la fecha. 

martes, 19 de febrero de 2013

Una década después de la invasión, Iraq al borde del abismo


© Desconocido

Poco después de que la campaña conjunta de bombardeos británico-estadounidense "Operación Zorro del Desierto" devastara zonas de Iraq en diciembre de 1998, me encontraba en el vestíbulo del Hotel Palestina en Bagdad lamentándome a un amigo.

Me disgustaba el hecho de que nuestra apretada agenda en Iraq - visitando principalmente hospitales atestados de heridos o de víctimas del uranio empobrecido- no me hubiera dejado tiempo para comprar unos cuantos libros en árabe para llevárselos a mi pequeña al volver a EEUU. Cuando estaba a punto de embarcarme en un largo viaje en autobús para regresar a Jordania, un hombre iraquí con un poblado mostacho y una barba cuidadosamente recortada se me acercó. "Esto es para su hija", me dijo sonriendo mientras me tendía una bolsa de plástico. La bolsa incluía alrededor de una docena de libros con imágenes en vivos colores de cuentos infantiles tradicionales iraquíes. Nunca había visto a ese hombre antes y es probable que nunca lo volviera a ver. Era un huésped del hotel y de alguna forma se enteró de mi dilema. Mientras intentaba profusa, aunque velozmente, darle las gracias antes de llegar hasta mi asiento en el autobús, me insistió en que no era necesario decir nada. "Somos hermanos y su hija es como mi hija", me dijo.

Esta actitud no me sorprendió demasiado. La generosidad de acción y de espíritu es una característica distintiva de los iraquíes y los árabes somos bien conscientes de ello. Otras cualidades iraquíes incluyen el orgullo y la perseverancia, el primero atribuido al hecho de que Mesopotamia - que abarcaba la mayor parte del moderno Iraq actual- fue la "cuna de la civilización", y la segunda es fruto de las indecibles situaciones de dureza experimentadas por los iraquíes a lo largo de su historia moderna.

Fue Gran Bretaña la que desencadenó la tragedia moderna de Iraq, empezando por la toma de Bagdad en 1917 y la arriesgada remodelación de un país para ajustarlo perfectamente a las necesidades coloniales e intereses económicos de Londres. Se podría argumentar que ese primer e inigualable desorden creado por los invasores británicos continuó haciendo estragos a lo largo del tiempo, manifestándose de varias formas - que incluyen el sectarismo, la violencia política y los feudos fronterizos entre Iraq y sus vecinos- hasta este mismo día.

Aunque, desde luego, es ahora EEUU quien se lleva la mayor parte del mérito de haber revertido cuanto el pueblo iraquí había logrado para conseguir su siempre elusiva soberanía. Fue el Secretario de Estado estadounidense James Baker quien, según se supo, amenazó al Ministro de Asuntos Exteriores iraquí Tariq Aziz en una reunión celebrada en Ginebra en 1991, diciéndole que EEUU iba a destruir a Iraq "devolviéndolo a la Edad de Piedra". La guerra de EEUU, que se extendió desde 1990 a 2011, incluyó un devastador bloqueo y acabó con una brutal invasión. Todas estas acciones bélicas fueron tan poco escrupulosas como violentas. Además de una cifra abrumadora de víctimas humanas, conllevaron una horrenda estrategia política que perseguía explotar las fallas sectarias y de otro tipo existentes en el país y desencadenar un cúmulo de guerras civiles y odios sectarios de los que es probable que Iraq no se recupere en muchos años.

Para los estadounidenses no fue sino una mera estrategia dirigida a disminuir la presión sobre sus propios soldados y los soldados aliados, que tuvieron que enfrentar una firme resistencia en cuanto pusieron un pie en Iraq. Sin embargo, para los iraquíes fue una pesadilla petrificante que no puede expresarse ni con palabras ni con números. Aunque los números, por supuesto, tampoco faltan. Según estimaciones de las Naciones Unidas citadas por la BBC, entre mayo y junio de 2006, "murieron, a causa de la violencia en Iraq, una media de más de 100 civiles al día". Los conservadores cálculos de la ONU también situaron la cifra de civiles muertos durante 2006 en 34.000. Ese fue el año en el que la estrategia estadounidense de "divide y vencerás" demostró tener más éxito.

Con el correr de los años, la mayor parte de la gente que estaba fuera de Iraq - como ocurre en otros conflictos donde la prolongada violencia hace que se desentiendan de los totales regulares de muertos- se insensibilizó sencillamente ante la cifra de muertos. Es como si cuantas más personas murieran, menos valor sus vidas tuvieran.

Sin embargo, el hecho es que EEUU y Gran Bretaña habían destruido al alimón el moderno Iraq, y no hay remordimiento o disculpa - aunque, para empezar, no se ha ofrecido nada que se le parezca siquiera- que pueda alterar eso. Los antiguos amos coloniales de Iraq y los nuevos carecían de base moral o legal alguna para invadir un país ya devastado por las sanciones. También carecían del menor sentimiento de misericordia por haber destruido a toda una generación y haber sentado las bases de futuros conflictos que prometen ser tan sangrientos como los pasados.

Cuando la última - supuestamente- brigada de combate estadounidense hubo abandonado Iraq en diciembre de 2011, se suponía que ese debía ser el fin de una era. Los historiadores saben muy bien que los conflictos no terminan con un decreto presidencial o con una retirada de tropas. Iraq entró simplemente en una nueva fase de conflicto y EEUU, Gran Bretaña y otros siguieron siendo partes integrales del mismo.

La realidad posterior a la invasión y la guerra es que Iraq quedó dividido en zonas de influencia basadas en líneas puramente étnicas y sectarias. En la clasificación de los medios de comunicación occidentales de ganadores y perdedores, los sunníes, culpados por haber sido favorecidos por el ex Presidente iraquí Sadam Husein, aparecieron como los grandes perdedores. Aunque las nuevas elites políticas de Iraq se dividían entre políticos chiíes y kurdos (cada partido con su propio ejército privado, algunos concentrados en Bagdad y otros en la región autónoma del Kurdistán), hubo diversos grupos militantes que responsabilizaron a la población chií de la desgracia de los sunníes. El 8 de febrero estallaron ocho coches-bomba en lo que se reconoció rápidamente como "áreas chiíes", matando a 34 personas. Unos días antes, el 4 de febrero, 22 personas murieron también de forma similar.

Los enfrentamientos sectarios en Iraq, responsables de la muerte de decenas de miles de seres, han vuelto a reaparecer. Los sunníes iraquíes, incluyendo las principales tribus y partidos políticos, están exigiendo igualdad y que se ponga fin a su privación de derechos en el relativamente nuevo y distorsionado sistema político iraquí bajo el Primer Ministro Nuri al-Maliki. Se han organizado protestas masivas y huelgas continuas con un mensaje político claro y unificado. Sin embargo, otras numerosas partes están explotando la polarización en todas las formas imaginables: para saldar viejas cuentas, para poner el país al borde de la guerra civil, para amplificar el caos que se vive actualmente en varios países árabes, sobre todo en Siria, y, en algunos casos, para ajustar límites sectarios de forma que se creen buenas oportunidades para los negocios.

Así es, la división sectaria y los negocios en el Iraq de hoy van de la mano. Reuters informaba que Exxon Mobil contrató a Jeffrey James, un ex embajador de EEUU en Iraq (desde 2010 a 2012) como "asesor". ¿Por qué no? Es un ejemplo de cómo la diplomacia de postguerra y los negocios son aliados naturales, pero hay algo más. Aprovechándose de la autonomía de la región del Kurdistán, la gigantesca corporación multinacional del gas y el petróleo ha conseguido acuerdos lucrativos que no han contado con el gobierno central en Bagdad. Éste está, desde finales del pasado año, acumulando tropas cerca de la disputada región rica en petróleo. El gobierno kurdo ha hecho lo mismo. Al no poder determinar qué parte tiene la sartén por el mango en el conflicto que se está gestando y por tanto en el futuro control de los recursos energéticos, Exxon Mobile está dudando entre respetar sus contratos con los kurdos o buscar quizá contratos más lucrativos en el sur. James podría tener buenas ideas al respecto, especialmente si utiliza la influencia política conseguida durante su gestión como embajador.

El futuro de Iraq están determinándolo en estos momentos diversas fuerzas y casi ninguna de ellas está compuesta por nacionales iraquíes que tengan una visión de unidad. El pueblo iraquí -atrapado entre el amargo sectarismo, el extremismo, unas determinadas elites hambrientas de riquezas y poder, los actores regionales potentes, los intereses occidentales y un legado bélico muy violento- está sufriendo de forma tal que ningún puro análisis político o estadística pueden captar su angustia. La orgullosa nación que siempre contó con un impresionante potencial humano y notables perspectivas económicas está hecha añicos.

El escritor iraquí Husein Al-alaq, que vive en el Reino Unido, escribió sobre el próximo décimo aniversario de la invasión de Iraq ofreciendo un tributo a las "víctimas silenciosas" del país: los niños. Según el Ministerio iraquí de Trabajo y Asuntos Sociales, hay en estos momentos alrededor de 4,5 millones de niños huérfanos y, de ellos, "un estremecedor 70%" ha perdido a sus padres en la invasión de 2003.

"De esa cifra total, unos 600.000 niños están viviendo en la calle, sin refugio ni comida para sobrevivir", escribió Al-alak. Los que viven en los pocos orfanatos estatales existentes "carecen actualmente de lo más esencial".

Todavía pienso en el amable iraquí que le regaló a mi hija una colección de cuentos iraquíes. También pienso en sus hijos. Uno de los libros que compró era el de Simbad, que en el libro aparecía como un muchacho valiente y guapo que amaba tanto la aventura como a su país. No importa cuán cruel pudiera ser su destino, Simbad regresaba siempre a Iraq y empezaba de nuevo como si nada hubiera pasado.

Ramzy Baroud (www.ramzybaroud.net) es un columnista sindicado a nivel internacional y editor de PalestineChronicle.com. Es autor de los libros The Second Palestinian Intifada: A Chronicle of a People's Struggle and My Father Was a Freedom Fighter: Gaza's Untold Story (Pluto Press, London).

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