Mostrando entradas con la etiqueta pobresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pobresa. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de septiembre de 2013

Pobreza y deudas disminuyen la inteligencia


Un estudio revela que la falta de dinero ocupa mucha energía mental y provoca que disminuyan las capacidades cognitivas.
© Milenio Novedades
Sendhil Mullainathan, economista de la Universidad de Harvard y coautor del trabajo.
Los esfuerzos para enfrentar los problemas económicos básicos debilitan lascapacidades mentalesde las personas que tienen poco dineropara resolverlos, lo que les deja poca energía cognitiva para dedicarla a otras actividades como su educación, señaló un estudio publicado ayer en Estados Unidos, publicó el sitio web de Milenio, citando como fuente a AFP.

Esta movilización de capacidades cerebrales para superar situaciones estresantes, como el hecho de saber si se tendrá el dinero suficiente para alimentar a la familia o pagar el próximo alquiler de la vivienda, puede suponer una reducción de hasta 13 puntos del coeficiente intelectual (CI) de una persona, es decir, un descenso de 10 por ciento con respecto a la media de la población.

Una disminución de este tipo de las capacidades mentales equivale a la sufrida tras una noche sin dormir, precisaron los investigadores, cuyo estudio fue publicado en la revista estadunidense Science.
"Para muchos pobres, estos problemas se vuelven tan persistentes que es difícil concentrarse en otras cosas como la educación, la formación profesional, o incluso la organización de su tiempo", explicó Sendhil Mullainathan, economista de la Universidad de Harvard y uno de los principales autores de la investigación divulgada.
"Esto no significa que los pobres sean menos inteligentes que los demás, sino que la falta de recursos económicos moviliza mucha energía mental... Es como un ordenador que funciona lento porque está cargando un video muy largo", ejemplificó el experto.
"La pobrezase ve a menudo como resultado de un fracaso personal o consecuencia del hecho de haber sido criado en un entorno desfavorable, pero nuestro estudio muestra que la falta de recursos financieros puede por sí misma deteriorar las funciones cognitivas", abundó por su parte Jiayingt Zhao, otro de los autores que se desempeña como profesor adjunto de psicología en la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá.
La investigación

Para realizar este estudio los investigadores primero llevaron a cabo experimentos con 400 personas tomadas al azar en un centro comercial de Nueva Jersey, Estados Unidos, entre 2010 y 2011, con un ingreso medio anual de entre 20 mil y 70 mil dólares por año.

Los científicos sometieron a los participantes repartidos en dos grupos - uno formado de los de menores ingresos y otro con los que ganaban más - a diferentes situaciones, como tener que pagar una gran reparación de su vehículos (mil 500 dólares) o una factura mucho menos elevada (150 dólares), y después les efectuaron pruebas cognitivas y de control.

Enfrentados a problemas financieros fácilmente superables, los que tenían remuneraciones bajas obtuvieron resultados comparables a los ricos en estas pruebas. Pero si el problema económico era más difícil de resolver, los menos favorecidos registraron resultados netamente inferiores en las pruebas, con una diferencia de hasta 13 puntos del CI.

Después, los autores del estudio repitieron este experimento en India con agricultores que cultivaban caña de azúcar y que recibían la remuneración por su labor una vez al año, por lo que tenían una mayor disposición de dinero un mes después de la cosecha, pero les hacía falta un mes antes de terminar sus ingresos del año precedente.

Al ser sometidos a las mismas pruebas cognitivas que los grupos de Nueva Jersey, los agricultores indios vieron aumentar su CI casi 10 puntos después de la cosecha en relación al mes precedente, precisaron los investigadores.

Los resultados de estos trabajos pueden tener implicaciones en materia de políticas sociales, e inspirar soluciones a problemas vinculados con la pobreza sin incrementar en cambio el monto de la ayuda financiera. Se trataría sobre todo de atender las preocupaciones que hacen reducir la carga cognitiva de los que tienen menos dinero, señalaron los autores.

"Uno de los grandes desafíos en Estados Unidos para las familias de bajos ingresos es encontrar una guardería para sus pequeños", señaló Eldar Shafir, profesor de psicología de la Universidad de Princenton, otro coautor del estudio.

"Es un enorme peso sobre sus capacidades mentales que, si se resolviera, permitiría a estas personas ir a trabajar e incrementar su coeficiente intelectual", opinó el especialista para ejemplificar cómo una política pública de apoyo a personas de escasos recursos puede mejorar su inteligencia.

La migraña altera el cerebro

Por otro lado, un análisis publicado en la revista Neurology reveló que la migrañapuede generar daños permanentes en las estructuras cerebrales.

Tradicionalmente se cree que este padecimiento es "de síntomas leves y sin efectos duraderos en el cerebro", comentó el doctor Messoud Ashina, de la Universidad de Copenhague; sin embargo, explicó que este mal puede alterar de forma permanente las estructuras del cerebro de maneras múltiples.

Los investigadores constataron que la afección incrementa la probabilidad de lesiones, anomalías en la sustancia blanca y alteración del volumen del cerebro, en comparación con los que no sufren de ese mal. Además, el riesgo aumenta en quienes padecen migraña con aura (alteraciones visuales).

Los científicos analizaron 19 estudios, 13 de ellos clínicos, donde los participantes se sometieron a una imagen de resonancia magnética del cerebro. Los resultados mostraron en pacientes con alteraciones visuales un aumento del riesgo de lesiones en sustancia blanca de 68 por ciento y 34% en aquellos con migraña común.

Ashina acotó que faltan estudios para clarificar el vínculo entre los cambios estructurales del cerebro y la frecuencia y duración de la migraña, así como los efectos de estas lesiones en las funciones mentales.

jueves, 2 de mayo de 2013

Mitad de Nueva York cerca del umbral de pobreza


Casi la mitad de los ciudadanos de Nueva York (noreste) gana menos del 150% de la cifra que representa el umbral de la pobreza en la urbe de ese país.

Según el informe realizado por las autoridades del Centro de Oportunidades Económicas de Estados Unidos (EE.UU.), el número de neoyorquinos que superó el umbral establecido en 2011 fue de un 46 %.

El escrito menciona que los índices de pobreza en Nueva York crecieron entre 2008 y 2011, en tres zonas en concreto: Brooklyn con una subida de 1,6 puntos; Queens, con un 4,8; y Staten Island, con un 3,9.

Una familia neoyorquina de dos adultos y dos niños es considerada oficialmente pobre si sus ingresos anuales no superan los 31 mil dólares, cifra que ha sido determinada en base al precio sumamente alto de la vivienda y comida, entre otras cosas, entro de la calidad de vida de la ciudad estadounidense.

Entretanto, ayudas y subsidios gubernamentales han impedido que las tasas de pobreza en esta ciudad sean aún mayores.

El precio de la vivienda es significativamente mayor en Nueva York que en otras ciudades de EE UU. Por esta razón la Comisión para las Oportunidades Económicas propuso que se emplearan nuevos parámetros, bajo los cuales se estudian las ayudas indirectas que la población recibe (exenciones fiscales o cupones de comida) y se tienen en cuenta un amplio abanico de factores.

Más crisis… más suicidios


© Desconocido
La crisis económica y los planes de austeridad impuestos en varios países de Europa y en Estados Unidos están causando un aumento en los casos de depresión, suicidios y gestos desesperados como el de Luigi Preiti en Italia, que desencadenó un tiroteo el día de la juramentación del nuevo gobierno en Roma. 

Alrededor de 10.000 personas se suicidaron y un millón cayeron en depresión en Norteamérica y Europa a lo largo de los últimos diez años de "Gran Recesión", afirman un economista de Oxford, David Stuckler, y un médico de Stanford, Sanjay Basu, en el libro "The Body Economic: Why Austerity Kills". 

En Italia en particular la crisis avanza hacia el primer lugar entre las motivaciones que impulsan al suicidio, tanto que los motivos económicos en la base de la decisión al parecer alcanzaron un "20-30 por ciento" de casos más respecto del pasado. 

La tendencia en la causa de suicidios fue analizada por el director del Observatorio de Salud en las regiones italianas, Walter Ricciardi, al presentar la décima edición del Informe Osservasalute 2012. 

El documento registró, también este año, un boom en el consumo de medicamentos antidepresivos. 

Son números para manejar con cautela respecto de un fenómeno que "todavía estamos estudiando", precisó el experto: pero, sobre todo entre los hombres, las dificultades económicas parecen impulsar el suicidio cada vez más. 

En países como Italia, observó sin embargo Ricciardi, la tasa de suicidios sigue siendo contenida. En 2009, el dato más reciente del informe, los suicidios fueron 3.870 frente a los 3.607 de 2006: pero pese al "pequeño" número de casos, se trata de un aumento "importante". 

Aunque es difícil hablar de motivaciones seguras, hubo al menos 25 suicidios desde principios de año entre empresarios, obreros, desocupados y jubilados. Los últimos casos, el 17 de abril, corresponden a cinco hombres que se suicidaron el mismo día. 

También la depresión hace pie en Italia: cada vez más gente toma antidepresivos y en diez años las dosis diarias consumidas se cuadruplicaron. 

Pero hay otro enemigo que acecha en tiempos de dificultad: se trata del juego de azar patológico, otro problema que al parecer afecta también a Preiti. 

El problema abarca en Italia a unas 800.000 personas, mientras hay alrededor de dos millones en riesgo de dependencia. 

"Hay un cortocircuito entre algunos ciudadanos, generado por el malestar que busca una compensación en el juego de azar. Pero este último se vuelve obsesión y genera un malestar todavía mayor", observó el ex ministro de Salud Renato Balduzzi a propósito del gesto patológico de Preiti. 

(Con información de ANSA)

martes, 2 de abril de 2013

Los hijos de la "pobreza crónica"


© Desconocido
Nos acostumbramos a verlos y dejan de existir. Abramos los ojos...
Urugual - La sociedad (casi sin distinción de banderas políticas o clases sociales), los llama "hurgadores". Es el nombre del estigma. En la basura encuentran lo que el negocio del "reciclaje" demanda; procuran su comida diaria entre las sobras de alimentos que otros tiran. Recorren las calles, día y noche. A pie, en carros tirados por caballos, a veces en bicicleta. Viven en asentamientos y barrios donde manda la pobreza extrema. Si bien los "clasificadores registrados" suman 5.500, se sabe que superan los 15.000 en todo el país. Sus familias están integradas, mayoritariamente, por personas jóvenes. El 40% tiene menos de 18 años, y el 35 % menos de 14 años. Es el trabajo infantil y adolescente que "clasifica residuos". Son los hijos de una "pobreza crónica" que continúa agrediéndolos. 

Los últimos datos son aplastantes. El 30% de los niños y adolescentes que viven en "hogares de clasificadores de residuos" en Montevideo, presentan "problemas de rezago educativo"; 45% de ellos habita en viviendas sin acceso a agua potable; 65% no tiene saneamiento; 61,3% tiene el "baño incompleto". Casi 7 de cada diez viven en hogares donde se "clasifica" en la casa, lo que agrava los "riesgos sanitarios".

Estas son algunas de las conclusiones del documento "Niños, niñas y adolescentes en hogares clasificadores de residuos de Montevideo" (1) que fue presentado el jueves 21 de marzo, y elaborado en el marco de la Iniciativa Pobreza y Medio Ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El documento es simultáneo al estudio sobre "la dimensión ambiental de la pobreza urbana" realizado por el programa de Naciones Unidas.

Uno de los aspectos que se investigó fue que comida consumen los niños y adolescentes de estas familias. En ese sentido, se observó que alrededor del 50% de los niños entre 0 y 4 años reside en hogares donde "consumen la comida recolectada". Es decir, la encontrada en un conteiner callejero, en un basural o no se sabe dónde. Además, 10% de los consultados declaró no cocinar lo alimentos recolectados. Esto, dice el informe, "constituye un importante riesgo sanitario".

El informe da cuenta que los niños y adolescentes de "hogares de clasificadores" se encuentran "expuestos" a importantes riesgos para la salud, porque residen en viviendas con problemas de humedad, ventilación, inundación, ubicados en terrenos con presencia de contaminantes y cercanos a lugares tóxicos. Alrededor de la mitad de los niños de entre 0 y 4 años reside en viviendas que carecen de agua potable y seis de cada diez en casas sin baño o con baño sin cisterna y sin saneamiento, "factores que afectan directamente la salud y aumentan la probabilidad de contraer enfermedades como diarrea".

Un porcentaje importante de niños y adolescentes de las zonas estudiadas "vive a menos de 500 metros de lugares tóxicos", siendo los de mayor prevalencia los basurales y lugares de quema de basura. Esto es "esperable" -señala el documento-, pues los "hogares clasificadores de residuos" tienden a asentarse en las cercanías de vertederos y basurales, "generando situaciones de alto riesgo sanitario". En el terreno donde se encuentra la vivienda se detecta la presencia de contaminantes y metales, lo cual "afecta directamente la salud de los integrantes del hogar", principalmente los que se encuentran en mayor contacto con el predio, niños y niñas entre 0 y 5 años. De igual manera, se observó que un porcentaje importante de niños y adolescentes se ubica en terrenos de quema de cables (tarea que se realiza para extraer el cobre que luego es vendido al peso), canteras de rellenos y presencia de otros contaminantes.

Por otra parte, la realidad indica que son muchos "los que clasifican basura dentro de sus propias casas, donde incluso viven con animales". Así, los niños se encuentran en contacto con la basura y se incorporan a la actividad del reciclaje a edades muy tempranas, inicialmente en contacto indirecto o como forma de colaborar con el hogar.

El documento advierte que la gran mayoría de niños y adolescentes pertenecientes a "hogares clasificadores" se encuentra afectada por el tipo de miseria de más difícil reversión: la "pobreza crónica", producto de generaciones que no han conocido otro modo de ganarse la vida. Más del 70% de los menores de 14 años de "hogares clasificadores" se encuentra en situación de "pobreza crónica" y en "una situación de alta vulnerabilidad". El documento del PNUD habla de personas que "no conocen otro modo de vida", que comienzan a trabajar junto con sus padres, como éstos lo hicieron en su momento junto con sus abuelos. Además, "factores habitacionales y ambientales inciden en la condición de pobreza y favorecen su transmisión inter-generacional".

En cuanto al trabajo infantil y adolescente, las dos investigaciones coinciden: el 25% de los menores de 14 años realiza tareas de recolección de basura y esa cifra sube al 33,3% en el caso de los mayores de esa edad.

Nota

1) El estudio que fue elaborado con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Vivienda, y la embajada de España, se basó en un universo de 1.121 hogares ubicados en las zonas más pobres de Montevideo.

viernes, 15 de marzo de 2013


El siguiente video presenta infografía sobre la distribución de la riqueza en Estados Unidos, destacando tanto la desigualdad y la diferencia entre la percepción de la desigualdad y los números reales. La realidad a menudo no es lo que pensamos que es:

A medida que la ocupación de Wall Street por cientos de manifestantes entraba en su tercera semana - y las protestas se extendieron a otras ciudades como Boston y Los Angeles - Los manifestantes han aprobado un nuevo eslogan: ". Nosotros somos el 99% " Este lema se refiere al carácter económico de lucha entre el 99% de los estadounidenses y el 1% de los estadounidenses más ricos, que cada vez más acumulan una mayor proporción de la riqueza nacional en detrimento de la clase media.

Puede sorprenderlo a usted exactamente lo rico que son este 1% de los estadounidenses. ThinkProgress ha reunido cinco hechos acerca de esta clase de súper ricos estadounidenses:

1.- El 1 por ciento de los estadounidenses posee el 40 por ciento de la riqueza de la Nación: Como el premio Nobel Joseph Stiglitz señala, los más ricos de este 1% de los estadounidenses poseen el 40% de la riqueza de la nación. El sociólogo William Domhoff ilustra esta disparidad de riqueza utilizando las cifras de 2007, donde el 1% posee la propiedad del 42 por ciento de la riqueza financiera del país (con un valor neto total menos el valor de su casa). ¿Cuánto cuesta lo que posee el 80% de los que están en el nivel inferior? Sólo el 7 por ciento:

Como señala Stiglitz, esta disparidad es mucho peor de lo que era en el pasado, tan sólo hace 25 años el 1% de la propiedad del 33% de la riqueza nacional.

2. El 1 por ciento de los estadounidenses llevan a sus el 24 por ciento de la renta nacional: mientras los más ricos del 1% de los estadounidenses llevan a la casa casi una cuarta parte del ingreso nacional hoy, en 1976 se llevaban a casa sólo un 9% - es decir, su participación en el ingreso nacional se ha triplicado en apenas tres décadas.

3. El 1% de los estadounidenses son propietarios de la mitad de las existencias del país, bonos y fondos mutuos: El Instituto de Estudios Políticos ilustra esta enorme disparidad en la propiedad de la inversión financiera, y señaló que el 50% de los estadounidenses tienen sólo 0.5% de estas inversiones:

4. El 1% de los estadounidenses tienen el 5% de la deuda personal de la Nación:
Utilizando las cifras de 2007, el sociólogo William Domhoff señala que el 1% tiene un 5% de la deuda personal del país, mientras que la parte inferior del 90% tienen un 73% del total de la deuda:

5. El 1% está tomando más de los ingresos de la Nación que en cualquier otro momento desde la década de 1920: no sólo ese 1% son los más ricos de los estadounidenses que se llevan a casa una porción enorme de la renta nacional, pero su participación en estos ingresos es mayor que en cualquier otro momento desde la Gran Depresión, como el Centro de Prioridades Presupuestarias y de Política ilustra en este gráfico con los datos de 2007:


Comentario: Como la profesora Elizabeth Warren ha explicado, "no hay nadie en este país que se hizo rico por su cuenta. Nadie ... Una parte del contrato social subyacente es tomar una parte, y luego devolver el favor para el próximo que venga. Cada vez más, eso no se está produciendo, dando a los manifestantes amplias razones para salir a la calle".

miércoles, 13 de marzo de 2013

Miles de personas reclaman en las calles en defensa del empleo "Ni despidos, ni reformas, ni imposiciones"


© Desconocido
Las calles de Bilbo e Iruñea se poblaron de miles de personas convocadas por más de 300 comités de empresas, sindicatos y organizaciones sociales y políticas que reclamaron en defensa del empleo y contra la reforma laboral y los recortes sociales decretados por el Ejecutivo español.

La marcha de Bilbo estuvo encabezada por un pancarta con el lema "Enplegua defenda dezagun. Ni despidos, ni reformas, ni imposiciones» portada por representantes de distintos comités de empresas. Detrás iban sucesivamente las pancartas de cada una de las empresas que acudieron, como Cementos Leona, Alfa, Sar Qua vitae, Laminaciones Arregi o TMA.

Durante la protesta se profirieron consignas como "El paro es terrorismo patronal" o "Sin empleo no hay futuro" y se pudo ver a trabajadores de empresas como Cementos Lemona, ABB Galindo, Corrugados Azpeitia o Panda.

En nombre de los comités convocantes, Itxaso Viñe, de la empresa Eurest, que trabaja en comedores escolares y limpieza de Osakidetza -que según su comité ha despedido al menos a quince personas a pesar de que no tiene pérdidas-, expresó la satisfacción de los convocantes por la respuesta recibida, con el apoyo de 300 comités de empresa de firmas vascas.

Viñe manifestó que «todos los que estamos aquí sabemos que la destrucción de empleo es un problema social; creemos que tienen que tomar nota tanto el Gobierno vasco como el navarro, de que hoy aquí la sociedad les está diciendo no a sus políticas, que al servicio de la patronal destruyen empleo. A partir de mañana volveremos a nuestras empresas con las fuerzas renovadas, que nos van a llevar a seguir luchando contra la destrucción de empleo».

La manifestación contó con el apoyo de los máximos dirigentes de los sindicatos vascos, que siguieron la marcha en un segundo plano. Estuvieron los secretarios generales de LAB (Ainhoa Etxaide), UGT-Euskadi (Dámaso Casado) y CCOO-Euskadi (Unai Sordo), y así como responsables de Hiru, ESK y STEE-EILAS. También participaron políticos como el secretario general de EA, Unai Ziarreta, los parlamentarios de EH Bildu Peio Urizar (EA) y Rebeka Ubera (Aralar), así como mimebros de la izquierda abertzale.

Desde LAB, Ainhoa Etxaide declaró que han apoyaron la movilización porque «aquí esta la única defensa real y efectiva del empleo en Euskal Herria. Hoy son únicamente los trabajadores los que de una forma organizada han decidido defender sus puestos de trabajo, porque saben que es la única forma de poner fin a la destrucción de empleo», puntualizó.

Yolanda Barcina en el recuerdo

En Iruñea, también fueron miles -6.000 según los organizadores- las personas que se movilizaron por el empleo y contra la reforma laboral, convocadas por 58 comités de empresa, un centenar de pequeñas empresas de Nafarroa y apoyada por LAB, CGT, ESK, Solidari, Herri Ekimena, Sortzen-Ikasbatuaz, Elkartzen, Ikasle Abertzaleak, Sasoia, Colectivo de Parados y Paradas de Iruñerria, AHT Gelditu! y Agoitzaldea Bizirik.

En la manifestación, que surgió como iniciativa de los comités de cocinas hospitalarias, Aena, Tracasa, Sunsundegui, Plásticos Brello e Inapre, a los que posteriormente se sumaron otros, tomaron parte, entre otros, el coordinador de LAB en el herrialde, Igor Arroyo, la parlamentaria de Bildu Bakartxo Ruiz, y el portavoz de la izquierda abertzale Pernando Barrena.

Por otra parte, a convocatoria de Agoitzaldea Bizirik, un grupo de vecinos y vecinas de la comarca de Agoitz marcharon hasta Iruñea a pie para participar en la manifestación. A partir de Atarrabia fueron acompañados por varios centenares de personas. Al igual que Sakana, la comarca de Agoiz también denuncia el abandono de la zona por parte del Gobierno navarro y pide inversión pública para el desarrollo de la comarca.

También destacó la presencia de las extrabajadoras de las Cocinas públicas, que el viernes se encerraron el la Iglesia de San Lorenzo para exigir la reversión del servicio. Ayer salieron del encierro para incorporarse a la marcha.

Los participantes en la movilización corearon consignas como "Menos dietas, más trabajo" -en referencia a los cobros de dirigentes de UPN y PSN por acudir a reuniones de la CAN-, "Reforma laboral, terrorismo patronal" o "Barcina dimisión, banqueros a prisión", hasta llegar a la Plaza del Castillo, donde intervinieron Itziar Lukanbio, presidenta del comité de empresa de Jangarria, y Oskar Telletxea, del de Sunsundegui.

El trabajador de la compañía carrocera señaló a los medios de comunicación que el objetivo de la manifestación era salir a la calle «en defensa del empleo, en defensa de los derechos de los trabajadores y en contra de la reforma laboral». Telletxea insistió en que con esta marcha y con la de Bilbo se trata de que sean los propios trabajadores los «protagonistas» de la defensa de sus derechos laborales.

Finalmente, expresó su esperanzaen que la movilización «no sea un punto y final, sino que sea el inicio de más iniciativas que se puedan llevar adelante para defender la dignidad de la clase obrera».

Otra marcha el 20 de abril

A la marcha de Iruñea se incorporó entre aplausos el Colectivo de Parados y Paradas de Iruñerria. Por la mañana, representantes de esta iniciativa ofrecieron una rueda de prensa en la que anunciaron la convocatoria de otra manifestación para el 20 de abril en Iruñea bajo el lema «En defensa de los derechos sociales. Pobreziarik ez»

En su comparecencia, el Colectivo de Parados reivindicó el reparto del trabajo y la prohibición de las horas extras. Asimismo, abogó por la dación en pago en relación a los desahucios, reivindicó la tarjeta sanitaria «para todas las personas», «garantías para las personas en situación de dependencia», así como la Renta Básica.

lunes, 11 de marzo de 2013

Un hombre se suicida en Bilbao cuando iba a ser desahuciado


© Desconocido
Un hombre de unos 50 años, J.A.D., se ha lanzado al vacío desde su domicilio en Bilbao cuando iba a ser desahuciado por el impago del alquiler.

Fuentes de la Ertzaintza han confirmado que el suceso se ha producido alrededor de las 10 horas de la mañana en el cuarto piso letra C de la calle Txakolin en Ibarrekolanda.

El suceso se ha producido cuando entraba en la vivienda la comitiva judicial con un cerrajero para cambiar la cerradura y se han encontrado con la vivienda ya vacía y una silla junto a la ventana por la que se había arrojado.

Dicha comitiva había llamado repetivamente a la puerta del afectado y, al no responder éste, el cerrajero se dispuso a desbloquearla, primero por medio de una tarjeta y después utilizando un taladro.

El hombre estaba separado, residía en el edificio desde hacía tres años y tenía una hija de 13 años que estaba habitualmente con él. La mujer vive a solo unas manzanas.

Marta Uriarte, portavoz de Stop Desahucios ha afirmado que el fallecido tenía trabajo como eventual del Gobierno vasco, por lo que no se sabe qué le ha llevado a no pagar el alquiler a los propietarios del piso. En esta zona los alquileres están a unos 600 euros mensuales.

Varios de los residentes aseguran que el fallecido no había comunicado a nadie que tuviese problemas relacionados con el pago de la vivienda. Tomasa Lesmes, vecina de la misma planta, ha apuntado este mediodía que a la víctima se la vio en la tarde de ayer frecuentando uno de los bares de la calle junto a sus amigos con absoluta normalidad.

Tampoco hay signos, según los mismos vecinos, de que los arrendadores estuviesen pasando por una situación económica difícil.

Este es el segundo suicidio que se produce en Bizkaia por causa de un desahucio, después del de Amaia Egaña que se lanzó al vacío de su domicilio de Barakaldo cuando iban a echarla de su casa.

Concentración en Sarriko

© Desconocido
Cientos de personas han participado esta tarde a las 20.00 horas en una manifestación de repulsa. La concentración, celebrada frente a la estación de Sarriko del barrio de Ibarrekolanda, ha sido convocada por las asociaciones contra los desahucios y apoyada por otros colectivos sociales, vecinales y sindicales.

La comitiva ha partido de la plaza de Sarriko y ha finalizado en el lugar donde falleció J.A.D.

A la marcha han acudido el concejal de Asuntos Sociales de Bilbao, Eduardo Maíz (PNV), ediles bilbaínos de Bildu y PSE-EE, como su portavoz, Alfonso Gil, así como representantes sindicales.

Además, han estado presentes dirigentes sindicales como Mikel Noval (ELA) o Carlos Trevilla (UGT) y políticos como Javier Madrazo (EB), Tasio Erkizia (izquierda abertzale) y Arantza Urkaregi (Sortu).

En declaraciones a los periodistas antes del inicio de la marcha, el concejal de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Bilbao, Eduardo Maíz, ha trasladado sus condolencias a los allegados del fallecido y ha explicado que los Servicios Sociales del Ayuntamiento no tenían constancia del caso de José Antonio D.G. porque éste no se había puesto en contacto con ellos para pedirles ayuda.

El edil ha animado a los ciudadanos con problemas similares a que acudan a los Servicios Sociales del Ayuntamiento donde les podrán prestar asistencia económica, psicológica y jurídica. Además, ha recordado que el pleno del consistorio acordó destinar 30 pisos de Viviendas Municipales para atender casos de este tipo.

Un portavoz de Stop Desahucios Bizkaia, Javier Muñoz, ha pedido al Gobierno cambios legislativos para evitar que se siga produciendo "un suicidio a la semana" en España por parte de personas que se enfrentan a la pérdida de su vivienda por no poder pagarla.

Al igual que el concejal, Muñoz ha animado a todas aquellas personas que tengan problemas de impago de sus viviendas a que se dirijan a las asociaciones que trabajan en este campo para recibir apoyo y asesoramiento.

Este jueves se concentrarán ante las sedes del Gobierno vasco en duelo por la muerte de J.A.D. los trabajadores de mantenimiento de la administración autonómica, donde trabajaba el fallecido, una protesta apoyada por los sindicatos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Detroit: así se hundió el Titanic del capitalismo estadounidense


© Desconocido
El ocaso de toda una gran ciudad en pleno corazón del imperio estadounidense. Un antiguo símbolo de su poderío industrial y del "sueño americano" donde hoy, sin embargo, se venden viviendas por el precio simbólico de un dólar, ya que nadie quiere habitar el inhóspito silencio de unos barrios abandonados que no tienen electricidad, ni agua, ni policía, ni escuelas. Porciones enteras de la ciudad han muerto. Otras están agonizando. Otras sobreviven, pero lo hacen rodeadas de un creciente marasmo de solares vacíos y calles abandonadas. Al igual que la calavera de Hamlet, el pulido esqueleto de Detroit nos mira con la sonrisa sardónica de los muertos, como queriendo decir "no os lo toméis a mal, amigos, ¡la economía de mercado es así!".

La prensa internacional lleva varios años recreándose en el asombro por lo sucedido en la ciudad más grande de Michigan y nosotros no podíamos ser menos, ya que el declive de Detroit es un fenómeno fascinante. Trágico, sin duda, pero fascinante. Primero por las imágenes que ha generado, especialmente en forma de "naturaleza muerta" arquitectónica. Han sido esas fotografías las que han atraído las miradas del mundo hacia una ciudad que llevaba décadas descomponiéndose en silencio. Hace un tiempo causó cierto impacto un reportaje de la revista Time en el que dos fotógrafos franceses - Yves Marchand y Romain Meffre, quienes además publicaron un libro llamado Ruins of Detroit - hacían un repaso a algunos rincones muy representativos de la decadencia de la ciudad. Podíamos ver estaciones de tren, aulas, consultorios de dentista, teatros, polígonos industriales, oficinas, bibliotecas... todos ellos lugares que ahora están vacíos, descascarillados por el tiempo y sumidos en un entrópico desorden. Un fantasmagórico espectáculo de objetos cotidianos a los que ya nadie va a dar uso, de pequeños pedazos de civilización que se han perdido y que nadie sabe cómo recuperar. Son escenas que se repiten una y otra vez a lo largo de una de las ciudades más grandes de los EE. UU. No estamos hablando de recovecos ignorados por hallarse en las inconvenientes e incómodas afueras, no, aunque a veces lo parezca porque aparecen rodeados de la nada. Algunos de los casos más espectaculares de grandes infraestructuras difuntas se encuentran en pleno centro de Detroit. Escenarios que podrían pertenecer a una película de ciencia-ficción apocalíptica, pero que son reales y yacen en plena espina dorsal de lo que una vez fue una de las metrópolis más importantes del mundo, la bandera de la infalible creación de riqueza del sistema. Ahora esa bandera sigue agitándose al viento, pero más bien como un trapo descuidado que se ha convertido en motivo de sonrojo para los profetas del "nada puede fallar". Personalmente, me llamó mucho la atención la frase de un vecino de Detroit que recogía un artículo: "cuando nos mudamos aquí hace diez años, le dije a mi mujer que iba a volver a fumar. Todo era tan apocalíptico que sentí la necesidad de volver a los viejos hábitos". Así es como una ciudad puede morir.

© WunderPhotos
Detroit bullendo de actividad en sus días de esplendor: una imagen que hoy resulta extrañamente distante.
A mediados del siglo XX, la orgullosa Detroit era la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos de América, únicamente por detrás de los consabidos grandes colosos: New York, Los Angeles y ChicagoHoy ha caído al puesto número 18 de la lista, por debajo de municipios de los que ustedes probablemente habrán escuchado hablar bastante menos, caso de Columbus, Jacksonville, Charlotte o Fort Worth. Y anda en camino de terminar cayendo incluso un puesto más, ya que su población podría ser superada en poco tiempo por la ciudad tejana de El Paso. Detroit es, junto a la problemática Baltimore, la única gran ciudad de los Estados Unidos que pierde población de manera sostenida. Y la situación no tiene visos de cambiar a corto plazo, pese a los desmentidos a la desesperada del actual alcalde Dave Bing, quien se empeña en que "los números deben de ser incorrectos". Voluntariosa pero inútil autodefensa muy propia de un político que no afronta la realidad de la sociedad que administra. Porque el censo oficial muestra una aplastante tendencia histórica: en 1950, el municipio contaba con 1 900 000 habitantes. Cuatro décadas más tarde, en 1990, había perdido casi la mitad y se había visto reducida a 1 000 000. Pero la cosa no se detuvo ahí; el éxodo se aceleró con el cambio de siglo y en los últimos censos oficiales se contabilizan unos 700.000 habitantes. Es decir: lo que antaño fue la cuarta pata de la gran mesa estadounidense ha perdido más de un millón de habitantes en medio siglo. Peor aún: desde el año 2000 se han marchado más de 200 000 personas del casco urbano. Es decir, la ciudad ha perdido un sobrecogedor 25% de su población... ¡en diez años! Se estima que quedan en Detroit unas 270 000 viviendas en pie, a repartir entre 160 000 familias. Y eso que muchas han sido demolidas o han desaparecido pasto de las llamas.

© (Photographium)
Durante los años 20, la industria manufacturera convirtió Detroit en la ciudad de mayor crecimiento en todo EEUU. 
¿Qué ha sucedido? Porque en sus buenos tiempos Detroit fue una Meca del empleo, uno de los lugares donde resultaba más fácil establecerse. Lucía con orgullo el sobrenombre de "Motor City": su inmensa industria del automóvil la había convertido en una metrópolis populosa y floreciente, en la que había trabajo, dinero, negocios, ganancias. Entre 1900 y 1930, la atracción que despertaba la inagotable oferta de trabajo multiplicó la población de la ciudad por seis. Llegaron cantidades ingentes de inmigrantes - blancos europeos y negros del sur - buscando salir adelante en la fabricación de coches, con lo que Detroit se convirtió en la ciudad de más rápido crecimiento de los EE. UU. General Motors, Ford y Crhysler constituyeron la santísima trinidad de corporaciones que convirtieron Michigan en el máximo propulsor de la industria manufacturera estadounidense.

Aquella prosperidad se transformó en lujuria arquitectónica. Se construyó. Y se siguió construyendo. La ciudad se vistió de lujo, con obras ambiciosas y un gusto adquirido por refinamientos culturales de los que incluso su población obrera podía sentirse orgullosa. Hacia 1950 se alcanzó el pico de población. Detroit llegó a conseguir que su nombre resonase más allá de las fronteras estadounidenses y no únicamente por ser la cuna y laboratorio del nativo más célebre de Michigan, Henry Ford, uno de los padres de la industria moderna, si acaso no "el" padre. La ciudad consiguió proyectar al exterior una personalidad propia, una cultura distintiva. Por ejemplo, durante los años 60 Detroit alcanzó celebridad universal gracias a la discográfica Motown, que fue para Detroit lo que los Beatles fueron para Liverpool o lo que Nirvana fue para Seattle. Hitos de la cultura popular que ponían una ciudad industrial en el mapamundi.

© Desconocido
El porcentaje de solares desocupados del núcleo urbano se ha disparado hasta límites verdaderamente surrealistas.
Por entonces, sin embargo, la ciudad ya había empezado a manifestar los síntomas de diversas enfermedades. En el barco de Detroit nunca se consiguió que todos remasen al unísono y la ciudad fue uno de los principales ejemplos de un fenómeno inconveniente: la segregación racial espontánea. Los blancos vivían en sus barrios y los negros en los suyos, generalmente en zonas más pobres. No se mezclaban. Cuando un negro progresaba gracias a su trabajo o a su talento y se mudaba a un barrio mejor, los blancos se sentían incómodos. Esto produjo un fenómeno que no fue exclusivo de Detroit, pero que sí fue particularmente marcado allí: el white flight, la salida de población blanca de clase media hacia los suburbios, más acomodados y más acogedores. Los negros permanecían en el centro, en el municipio de Detroit propiamente dicho, hasta que se convirtió en la ciudad con mayoría de población negra más grande del país. Mientras los municipios circundantes del área urbana estaban cada vez más poblados, la propia Detroit comenzaba a contar su población a la baja. Otro efecto directo del white flight fue la fuga de capitales: a medida que se marchaba la población blanca - que casi invariablemente disponía de mayores ingresos - la renta per capita en Detroit comenzaba a decaer. Había que unir a todo esto el progresivo descenso en la actividad industrial motivado por la incipiente deslocalización de las grandes empresas, la cual produjo un aumento del desempleo que afectó principalmente a la población negra del centro.

© (Daily Mail)
Woodward Avenue, ayer rebosante de vida, hoy un espectáculo de vacío y desolación en pleno centro de la ciudad. 
Se produjo una fractura social no solamente entre blancos y negros, sino incluso entre los propios afroamericanos: mientras una parte pudo aspirar a convertirse en clase media como en ningún otro lugar de los EE. UU. - con buenos trabajos, viviendas agradables en barrios tranquilos y optimistas aspiraciones de cara a futuro - , otros se veían presas del paro y la marginalidad. La delincuencia empezó a incrementarse, principalmente como consecuencia de la implantación de redes de tráfico de drogas. Guerras callejeras entre mafias negras y blancas para controlar el narcotráfico provocaron un incremento de la violencia. Detroit llegó a ser la capital nacional del asesinato, además de aparecer frecuentemente en las noticias a causa de disturbios diversos de carácter racial.

© Desconocido
El viejo estadio de béisbol de los Tigers de Detroit, antes y ahora. 
Durante los 70, pese a los crecientes problemas, la ciudad continuaba construyendo grandes edificios e infraestructuras. Puede que el declive social se fuese agravando, pero no hay quien se fije menos en la auténtica realidad de los números que aquellos que se pasan el día especulando con esos números (y la presente crisis nos ha dado buena muestra de ello). Detroit continuaba brillando de puertas afuera, así que había que seguir adelante con la función: se supone que la ambición siempre tiene premio y se erigieron hitos arquitectónicos espectaculares como el Renaissance Center, hoy un detalle característico del skyline de la ciudad. En el trasfondo, sin embargo, el desempleo, la pobreza y la violencia continuaban agravándose. Las empresas seguían marchándose para obtener mayores beneficios en lugares en los que hubiese mano de obra más barata y con menos aspiraciones laborales. La concesión de licencias para nuevas factorías estaba bajo mínimos. Incluso Motown, estandarte económico de la ciudad junto a los tres grandes del automóvil, optó por mudarse a Los Angeles. El barco de Detroit seguía flotando a duras penas, pero quienes habían visto agrandarse las vías de agua y tenían posibilidades para marcharse - como las corporaciones - no lo dudaron un instante. En general, casi todos los grandes núcleos industriales y manufactureros del nordeste estadounidense empezaron a sufrir las consecuencias de la deslocalización: es el hoy llamado "cinturón del óxido", la antigua constelación de centros productivos que se vieron repentinamente condenados a la inactividad cuando las grandes empresas descubrieron que podían ganar más dinero en otros lugares. Pero en ninguna otra parte tuvo este proceso consecuencias tan demoledoras como en Michigan, y muy especialmente en Detroit.

© Desconocido
La decrepitud del Michigan Theater, una tragedia shakesperiana en sí misma. 
Pese a todo, casi de manera paradójica, el renombre internacional de lo que aquí llamaríamos "la marca Detroit" no decayó en los años 80. Aunque ya se estaban cerrando infraestructuras y la tasa de desempleo estaba oficialmente situada en un 12% - bastante por encima de la media nacional - , la proyección mundial de la NBA le confirió un último motivo de orgullo a la ciudad. Los Detroit Pistons, gracias a una generación de jugadores conocida como los Bad Boys, se hicieron célebres justo en el momento en que el baloncesto profesional estadounidense fue transformado en un producto de consumo mundial, como McDonald's o la Coca Cola. Los pistones - no podían llamarse de otro modo jugando en representación de la capital mundial del automóvil - eran rudos, sucios y desde luego carismáticos. Casi sin pretenderlo reflejaron perfectamente la personalidad propia de la ciudad: dureza callejera y eficacia industrial a partes iguales. Eran el Reverso Tenebroso del showtime hollywoodiense de los Lakers, del cerebral esteticismo renacentista de las huestes de la europeizante y universitaria Boston, o de las hazañas atléticas de Chicago. Los Pistons eran puro Detroit, unos forajidos de las canchas liderados por Isiah Thomas que le plantaban cara a base de chulería Michigander al sonriente prestidigitador "Magic" Johnson, a aquel severo compositor de sonatas para aro y orquesta llamado Larry Bird, o al superhéroe de dibujo animado que conocimos como Michael Jordan. Eran tiempos de gloria para la Motor City. Serían los últimos. Porque el deporte muy a menudo engaña... para entonces la ciudad ya había entrado definitivamente en barrena. Que nos lo digan a nosotros, los españoles, flamantes campeones del mundo de fútbol. Sin trabajo, pero campeones.

© (Marchand/Meffre)
Los colegios abandonados son la perfecta metáfora del tenebroso futuro de Detroit. 
Los años 90 y el cambio de siglo trajeron consigo el desmoronamiento total. Las últimas grandes fábricas que aún quedaban también partieron en busca de empleados que trabajasen lo mismo o más por mucho menos dinero y la industria de Detroit, ya agonizante, firmó su certificado de defunción. Ya no solamente los negros del centro de Detroit se veían castigados por el desempleo, sino también los blancos del área metropolitana (caso de Flint, localidad natal de Michael Moore, cuyo colapso económico ha sido nutridamente documentado por el cineasta). La crisis mundial del 2008 ha terminado de acelerar la huida en masa de habitantes y la ciudad se ha desangrado. Las consecuencias de la diáspora han sido tremebundas para Detroit: a menudo han sido los más pobres quienes se han quedado, así que la renta per capita se ha desplomado todavía más, y lógicamente la capacidad recaudatoria del ayuntamiento se ha extinguido. La magnitud del desastre no puede ser exagerada: el consistorio se ha encontrado con gravísimos problemas de falta de presupuesto y ha tomado medidas extremas, llegando a retirar de barrios enteros el alumbrado eléctrico, el suministro de aguas y la recogida de basuras, así como la cobertura policial y de emergencias, todo porque sencillamente ya no hay dinero para mantenerlas. El propio ayuntamiento animaba a los ciudadanos a mudarse a aquellos barrios donde todavía se podían conservar los servicios básicos - aunque depauperados - en lo que constituye un alucinógeno ejemplo de ciudad del primer mundo que da por perdidos varios de sus miembros y ha decidido amputarlos para que no se extienda la gangrena. Regiones enteras de la metrópolis quedaron vacías. Las propias autoridades han decidido demoler edificios que habían quedado vacíos para no tener que hacerse cargo de su mantenimiento. Otros muchos han sido incendiados. Un vistazo a Google Earth resulta revelador: la cantidad de solares vacíos en pleno centro de la ciudad puede dejar boquiabierto a cualquiera.

© Desconocido
A principios de los 90, cuando fue tomada esta foto, el centro de Detroit ya mostraba un aspecto desolador. Hoy está todavía peor. 
Desamparo social y catástrofe educativa vinieron después, casi en forma de plaga bíblica. La actual crisis financiera, que EE. UU. sobrelleva con su acostumbrado ímpetu de siempre, no ha podido en cambio ser afrontada por Detroit. El desempleo registrado gira en torno al 20%, algo totalmente inaudito en una gran ciudad de la América moderna. Pero hablamos de la cifra oficial, porque no son pocos quienes la elevan considerablemente y llegan a hablar de la mitad de la población en edad de trabajar. El porcentaje de familias por debajo del umbral de la pobreza se calcula entre un 30-35%, de nuevo según cifras oficiales que podemos sospechar tiran por lo bajo. Económicamente hablando, Detroit casi está dejando de ser América, al menos tal y como los americanos quisieran entender su país. Naturalmente, las historias humanas que hay detrás de todo este curso de degradación resultan incontables y a menudo terriblemente desgarradoras. Como en toda crisis económica, fenómeno que los políticos y muchos medios de comunicación suelen limitarse a resumir alegremente con un puñado de números, el sufrimiento humano se convierte en un índice que no puede siquiera medirse, entre otras cosas porque la mayoría de las veces queda oculto en el anonimato de las víctimas. Pero ha surgido un reclamo inesperado: la arquitectura abandonada ejerce como portavoz silencioso de ese sufrimiento. Fotografías de colegios vacíos que nos hablan de los niños que ya no tienen aula, de los padres que ya no tienen trabajo, de los hoteles en donde ya nadie se hospeda porque en Detroit ya no hay negocio alguno que hacer y es un lugar de donde se huye, no a donde se va. Fotógrafos profesionales y aficionados de diversas partes del mundo comenzaron a acudir en busca de imágenes chocantes que normalmente asociamos con el tercer mundo o con la súbita caída de regímenes como el soviético. Grandes edificios dejados a su suerte, testimonio mudo y descorazonadoramente monumental de la ocasional futilidad de las grandes ambiciones colectivas cuando quienes han generado esas ambiciones han decidido que ya no ganan lo suficiente allí y se marchan para no volver.

© Desconocido
La Michigan Central Station, un asombroso monumento a los daños colaterales del capitalismo. 
Una de las presas más codiciadas por los cazadores de bodegones apocalípticos es la Michigan Central Station, que en su día fue uno de los varios motivos de orgullo para una ciudad que podía presumir de contar con la construcción ferroviaria más alta del mundo. Hoy, sin embargo, parece el decorado de una pesadilla distópica. Pocos lugares abandonados hay en el corazón de occidente con semejante atractivo simbólico para el objetivo de una cámara: su solemne y grandilocuente fachada fue concebida en pleno arrebato monumentalista del auge industrial. La estación se alza en solitario frente al Parque Roosevelt, sin otros edificios circundantes: una ubicación insular que durante su periodo de actividad se antojaba casi paradisíaca... qué mejor bienvenida al forastero que una estación rodeada de parques y grandes explanadas de verde césped. Hoy, sin embargo, ese mismo aislamiento la hace parecer un tétrico monolito legado por alguna civilización alienígena, abandonado allí para asombro de los humanos. El estado de abandono de su exterior produce el efecto óptico de hallarnos ante el vestigio de una era remota: vías reconquistadas por la mala hierba, pavimentos agrietados y arbustos que se empeñan en crecer incluso sobre el terrado del edificio del vestíbulo. Todavía más impresionante resulta el interior, aunque desgraciadamente no lo han sabido respetar los compulsivos estampadores de graffitis, incapaces - en sus cortas miras - de reconocer y admirar la grave y majestuosa decadencia catedralicia que los rodea. Todo un templo consagrado al olvido en el que las pueriles pintadas todavía parecen irrespetuosas y fuera de lugar, como si alguien vaciase su spray sobre un féretro sin pensar en la dignidad del difunto.

© Desconocido
Un asilo abandonado en cuyas paredes una pintada dice “Dios ha abandonado Detroit” 
No menos espectacular ha sido la estéril agonía del antaño esplendoroso United Artists Theater, situado también en pleno centro de Detroit, cuyo tablado ahora desahuciado es uno de los lugares más asombrosos de la ciudad, ya que parece el aterrador decorado de alguna secuencia de Alien, el octavo pasajero. En la ornamentación interior de la sala se distinguen todavía los recargados grutescos - inspirados en la arquitectura de España, por cierto - que un día simbolizaron el afán de los nuevos ricos michiganders por imitar los suntuarios libertinajes del barroco europeo. Ahora, sin embargo, esas formas aparecen desnudas y blanqueadas, como si fuesen el esqueleto de algún inmenso monstruo deforme o los restos inertes de un arrecife de coral. Viéndolo en su actual estado cuesta imaginar su pasado esplendor: el United Artists Theater fue una de las ambiciosas salas de proyección construidas por la compañía cinematográfica que Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanksfundaron como respuesta a la dictadura de los estudios tradicionales. Inaugurado en 1928, podía dar cabida a más de 2000 espectadores, pero además de ser un lujosísimo cine de babilónicas hechuras, el Theater sostuvo sobre su techo un edificio de 18 plantas repletas de opulentas oficinas para alquilar. Allí se siguieron proyectando películas de gran formato hasta los años 70, cuando el declive comercial de la cinematografía provocó que la sala fuese adoptada por la Orquesta Sinfónica de Michigan. Pero pasaron los años e incluso la orquesta se terminó marchando, hasta que ya solo quedaba en la planta baja del edificio un club nocturno, The Vault, que ocupaba el antiguo local de un banco y que había transformando las antiguas cámaras subterráneas en espacios nocturnos para el divertimento de las gentes cool del downtown. Aquel club fue el último espacio en resistir al abandono en un edificio donde la antigua sala de cine se dedicaba a criar polvo y donde ya nadie alquilaba ninguna de las oficinas. Cuando también The Vault cerró, el imponente United Artists Theater quedó completamente vacío. Todo el metal útil de cada una de las plantas fue retirado. Ahora, sin uso, el edificio espera una posible demolición.

© Desconocido
Impresionante espectáculo: el apocalíptico interior del otrora lujoso United Artists Theater. 
Por cierto, The Vault no ha sido el único negocio en aprovechar las extintas oficinas bancarias para nuevos usos. Tras la emigración en tropel de las instituciones financieras, sus antiguos locales han sido ocupados por todo tipo de inquilinos oportunistas que, de hecho, cubren todo el espectro de propósitos de servicio social: desde congregaciones baptistas a clubes de striptease. En otros casos, ni siquiera eso. Por ejemplo, la vida del National Bank no gozó de la prórroga del reciclaje y ahora el robusto portón de su cámara acorazada aparece tiñoso de óxido, mientras que los pequeños cajones de seguridad, ya vacíos, simbolizan lacónicamente toda la riqueza perdida de la ciudad del motor. Además de los bancos, la ciudad que reinó en el imperio del automóvil está ahora plagada de gasolineras abandonadas, con sus fachadas aún reclamando la atención a base de colorido maquillaje, como mujeres de la noche incapaces de hacer frente con dignidad a su inevitable decrepitud. Lo mismo puede decirse de los restaurantes y locales de comida rápida que lucen todavía lozanos en sus fachadas, aunque el interior aparece oscuro porque tras sus cristales ya no se sirven hamburguesas ni café: son negocios que a menudo han muerto en plena juventud.

© Desconocido
El salón de baile del Hotel Plaza, crudo retrato de la vanidad perdida de Detroit. 
No han tenido mucha más suerte los hoteles. Por ejemplo, el harinoso salón de baile del hotel Lee Plaza fue una de las estrellas en el famoso álbum funerario de la revista Time. Su rigor mortis fue descarnadamente inmortalizado por las cámaras, que captaron la estancia bien bañada por la luz diurna como para mostrar con cruel fidelidad hasta el último desconchón de las paredes. La foto era impactante, presidida como estaba por un piano varado sobre su costado como si fuese un buque después de un naufragio o una ballena agonizando en la playa, en mitad de un decrépito desorden que ni siquiera ofrece el consuelo de resultar solemne. En otro tiempo ese mismo lugar fue patio de recreo donde tenían lugar sofisticados juegos de sociedad; hoy es una tumba de marfil en la que no hay más cadáveres que unas cuantas sillas rotas y un piano desvencijado. No demasiado lejos se levantan dos hoteles de 13 plantas cada uno: el Eddystone y el Park Avenue. Construidos según los patrones de solidez racionalista de los años 20 y otrora repletos de huéspedes que visitaban la ciudad por negocios, son ahora dos mausoleos de mal aspecto, inútilmente erguidos sobre lo que quiso ser un parque y ahora se ha convertido en uno de tantos descampados mortecinos.

© (Andrew Moore)
Fascinante instantánea del laboratorio abandonado del Cass Technical High School. 
Tampoco se ha librado del naufragio, como ya comentábamos, el sistema educativo. El Cass Technical High School, por ejemplo, es ahora una especie de museo dedicado a lo que pudo haber sido y no fue. Algunas de sus dependencias, como los laboratorios, sufren un abandono tan pasmosamente estético que bien podría haber sido diseñado por un artista conceptual: cajones y portezuelas de madera abiertas en serie, quizá por buscadores de sustancias de dudoso uso, y encimeras devoradas por el fárrago de mil pequeños utensilios y fragmentos de objetos indefinidos, presidido todo por estanterías prácticamente intactas, repletas de probetas, tubos de ensayo y mecheros Bunsen que nadie se ha molestado en robar.

Algo similar sucede en la Jane Cooper Elementary School, donde un día se ayudaba a los pequeños michiganders a aprender a leer, escribir, sumar... a crecer en definitiva. Hoy es una descorazonadora parábola visual del futuro truncado de Detroit. Empezando por su antiguo auditorio, un teatrito donde los pequeños cantaban y actuaban para regocijo de sus padres. Las cortinas del telón están aún en su sitio, pero mientras que el auditorio abandonado aparecía prácticamente intacto en el reportaje de Time, constituyendo una visión tan hermosa como triste, al año siguiente ya había sido destrozado y pintarrajeado por los vándalos de turno... significativo el modo en que quienes deberían sentirse víctimas del declive de la escuela, quienes deberían querer conservar aquellos lugares intactos como monumento a su herido orgullo ciudadano, son precisamente quienes le han puesto la puntilla rompiéndolo todo y llenándolo de graffitis. Con todo, en algunas aulas las pizarra continúan colgadas. Curiosamente, o no tan curiosamente, nadie se ha llevado los libros, que bien se amontonan en cajas o se desparraman por los suelos de la biblioteca. Además de las escuelas, otros servicios públicos abandonados por las autoridades han producido imágenes igualmente impactantes, como la comisaría de policía de Highland Park, donde junto a ficheros y escritorios abandonados se desperdigaban decenas de fotografías de sospechosos, fichas con huellas dactilares e informes que ya no servirán de nada.

© Desconocido
Escuela elemental Jane Cooper hace unos años, abandonada pero todavía intacta en solemne recordatorio de la debacle educativa. 
© Desconocido
Un año después de la imagen anterior, la escuela ya había pagado el precio al ser arrasada por unos vándalos. 
Aunque, si hablamos de tamaño, los más grandes pecios del naufragio de Detroit proceden, cómo no, de su industria. Grandiosa, ciclópea, faraónica... todos los adjetivos se quedan cortos para describir la ruina durmiente de la Packard Plant, quizá una de las fábricas abandonadas más fabulosas del mundo. Bautizada inicialmente como Motor City Industrial Park, este complejo de producción de automóviles es otro El Dorado para cualquier fotógrafo ávido de sensaciones postarquitectónicas fuertes, cuya inmensa desolación bien puede rivalizar con los ceremoniosos despojos industriales y militares de la extinta URSS. Lo que allí se encuentra el fotógrafo no desmerece de la escenografía de películas o videojuegos: un laberinto de edificios rectangulares, callejones, túneles y explanadas alfombradas por escombros, árboles secos y arbustos sin vida. Todo metal y vidrio ha sido retirado para el reciclaje; edificios enteros se han visto reducidos a los meros huesos. Cuesta creer que hubo un día en que aquello bullía de actividad, en que allí se gestaba la prosperidad o al menos la existencia medianamente cómoda de tanta gente. El inmenso cascarón vacío del complejo se erige ahora como una broma de mal gusto; tan grande, que su abandono resulta insultante. Como curiosidad, la inmensa planta no está completamente vacía, sino que tiene un inquilino fijo: Allan Hill, antiguo homeless, desheredado del sistema que convirtió una de las naves del lugar en un espacio habitable. El viejo y solitario Hill ya no posee todos sus dientes pero se las ha arreglado para disponer de electricidad, agua e incluso Internet. Un ejemplo de supervivencia y dignidad por parte de un hombre rechazado por el sistema, que ahora habla de ese mismo sistema con calmo escepticismo.

© (Daily Mail)
La fábrica Packard, hoy una de las más tremebundas ruinas industriales del planeta.
Igualmente imponentes son los restos mortales del complejo River Rouge de la Ford: el interior de sus plantas de producción se antoja hoy un túnel que lleva a ninguna parte, un armazón de metal y cemento expuesto a la herrumbre, como si la torre Eiffel hubiese muerto de vieja, hubiese caído sobre su costado y descansara ahora en horizontal completamente desprovista de su antiguo señorío. Pero no solamente servicios, comercios e industrias han fenecido en Detroit. También barrios residenciales enteros han sucumbido como en una epidemia. Una ingente cantidad de viviendas han sido demolidas, otras incendiadas y otras muchas yacen en silencio, desbaratadas por el tiempo, que lo desmorona todo con una rapidez inesperada. En ciertas localizaciones, la retirada de todos los servicios municipales básicos ha agravado la diáspora y ha producido fenómenos chocantes como el de las viviendas en relativo buen estado que se venden por un dólar, para el que quiera establecerse en mitad de la zona cero... aunque por descontado nadie quiere habitar donde no hay ni luz, ni agua, ni seguridad, ni comercios donde adquirir productos básicos de consumo. En otros barrios con mejor suerte, las casas aún habitadas conviven con los solares vacíos, a los que a veces se les encuentra un uso peculiar: la ciudad puede presumir de contar con auténticos campos de maíz en algunas calles del centro, donde los vecinos han decidido emplear la tierra vacía como huerto particular.

© Desconocido
El pizpireto barrio burgués de Brush Park como muestra del fracaso de toda una ciudad. 
© Desconocido
Mansiones abandonadas en Brush Park. 
Particularmente pintoresco es lo sucedido en el barrio de Brush Park. En tiempos mejores, orgullosos michiganders de clase media-alta edificaron viviendas elegantes y mansiones siguiendo las más vistosas tendencias constructoras de la burguesía del viejo continente: arquitectura renacentista francesa, italianizante, victoriana, Beaux Arts, Art Decó, Segundo Imperio, Tudor, gótico veneciano, románico richardsoniano... todo en un mismo barrio, como en una gran caja de bombones. Pero de las 300 mansiones originales de Brush Park únicamente quedan unas 70 en pie; no pocas de ellas parecen ahora salidas de la película Psicosis: ventanas que nos contemplan con mirada hueca o veladas por una ceguera de contrachapado, fachadas a medio caer que se van derritiendo por la flacidez del abandono, desvanes abiertos a la intemperie, jardines secos o en el mejor de los casos rebosantes de enredaderas que devoran con avariciosa lujuria los edificios (como una casa de Walden Street cuya fachada está completamente cubierta por las hojas, creando un singular espectáculo en mitad de la urbe). De las mansiones que todavía quedan, muchas están en mal estado, pero varias se encuentran en proceso de intento de rescate, porque ese barrio es uno de los principales patrimonios artísticos y arquitectónicos de la ciudad, uno de los barrios en los que merece la pena invertir un esfuerzo.
© Desconocido
Piscina pública en Brush Park. Profundidad: “8 feet” 
También en Brush Park hallamos otras metáforas de ladrillo que nos hablan de un pasado mejor, como la antigua piscina pública, hoy un mero cajón de cemento sin agua que lo llene, todavía dividido en "calles" como la pista de aterrizaje donde se estrellaron los sueños de prosperidad de la ciudad. Es una cripta rectangular erigida con bloques de un anodino gris, su techo oxidado aparece encrespado de cables y focos que cuelgan: todo metal aprovechable e incluso las propias lámparas han sido retiradas. Como en una broma macabra, el mosaico del borde de la piscina todavía indica su profundidad: "8 feet", aunque ahora ya no hay agua que impida comprobar de un vistazo la distancia al fondo.

© Desconocido
Biblioteca pública abandonada. Al parecer, a nadie le interesa llevarse los libros. 
Son algunos ejemplos, pero se podrían citar muchos más. Se estima que aproximadamente un tercio del territorio de la ciudad se encuentra en estado de ruina o abandono. Las grandes empresas se han ido y la locomotora de la industria norteamericana se ha quedado detenida en la vía, mientras los arbustos crecen y los más espabilados desclavan las vigas para venderlas al peso. ¿Hay esperanza para Detroit? Hoy, las cifras oficiales hablan de un ligero repunte del trabajo disponible, y los más optimistas cifran el paro en un 18-20%. Pero no pocas voces hablan de un 40% o incluso un 50% de desempleo real, en mitad de un país que actualmente tiene un 8% de media, lo cual - en aquella nación y bajo sus condiciones de vida - ya es considerado demasiado alto. Instituciones como el Family Independence Program, un programa de asistencia social para familias de bajos recursos con niños a su cargo (ofrece unos 500 dólares mensuales a parejas sin ingresos con un hijo único y algo menos de 1000 dólares a familias numerosas con siete u ocho hijos) sitúa a un 34% de la población bajo el umbral de pobreza, pero nuevamente se barajan cifras alternativas que llegan al 60%.

© Desconocido
Las pintadas reivinidicando la dignidad de la ciudad se multiplican: “Detroit no es un cadáver, Detroit vivirá”. 
Las discusiones políticas en torno al hundimiento del buque insignia de la industria manufacturera estadounidense podrían alargarse hasta el infinito. Algunos hablarían del derecho de las grandes empresas a buscar más beneficios en otras localizaciones, otros harían alusión a la responsabilidad social de dichas empresas y de las autoridades que les permiten alzar el vuelo sin consecuencias. Probablemente no exista una respuesta simple que satisfaga a todas las opiniones, pero la realidad de la situación, eso sí, es incontestable. Detroit se ha venido abajo. La "gran D" se ha transformado en una ciudad del tercer mundo inmersa en la nación que se precia de liderar el primero. Incluso el propio gobierno de Michigan, con sede en Lansing, le ha dado la espalda a la mayor población del estado, a la que se contempla con disgusto y reluctancia. Detroit es un agujero presupuestario y las instituciones municipales están sumidas en una lucha por mantenerse en funcionamiento, mientras el gobierno estatal soñaría con ceder de buena gana la ciudad a otro estado o incluso a Canadá.

© Desconocido
La pobreza y la proliferación de solares vacíos han generado el curioso fenómeno de la agricultura urbana. 
La gente de Detroit, como suele suceder, ha respondido al cataclismo de las formas más dispares imaginables. Algunos han optado por la delincuencia o el vandalismo. Los hay también que vagan por las calles en busca de despojos, en muchos casos rendidos ante la desesperanza. Otros optan por apelar a la dignidad ciudadana, por ejemplo creando programas espontáneos de "granjas urbanas" para autoabastecerse de alimentos frescos cultivados en los muchos solares vacíos que hay entre unos edificios y otros. Los hay que han llegado hasta el punto de inspirarse en formas de supervivencia local concebidas en el tercer mundo, como un sistema de reciclaje de aguas con el que los vecinos de pequeñas zonas mantienen el valioso fluido circulando a despecho de las fallas institucionales. Mientras tanto, los mapaches y otros animales salvajes han empezado a merodear de nuevo por la ciudad del automóvil, que no los veía en sus calles desde tiempos inmemoriales.

El barco se ha hundido. Esto debería producir una profunda reflexión. Fue la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos y, si sucedió allí, podría suceder en cualquier parte. Porque lo que la caída de Detroit ha demostrado es que una ciudad no es el conjunto sus edificios, ni de sus infraestructuras, ni de sus instituciones. Una ciudad es su gente. Si la gente se marcha, la ciudad muere. Y la gente se marcha cuando no tiene trabajo. ¿Inevitable? Quién sabe. ¿Triste? Desde luego. El Titanic se hunde, queda para la opinión de cada cual ponerle nombre al iceberg.
© Desconocido
Google+  FB Share  

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

 0:14: 🔥 El coronel Douglas McGregor advierte sobre la situación peligrosa en la que se encuentra Israel y la falta de apoyo de Estados Uni...