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jueves, 26 de septiembre de 2013

Tirador de Washington habría recibido ‘ataques cerebrales electrónicos’


Aaron Alexis, el contratista civil y ex-reservista naval que mató a 13 personas cuando abrió fuego en Navy Yard en Washington D. C. la semana pasada, dejó una nota culpando por sus acciones a los meses de ataques cerebrales electrónicos, según los resultados de una investigación inicial.



Los cuerpos de seguridad dijeron que un documento electrónico que dejado por Alexis, mostró que mantuvo una “creencia delirante” que estaba siendo controlada o influenciada por ondas electromagnéticas de frecuencia extremadamente baja (ELF por sus siglas en inglés).”He sido objeto de ataques de ultra baja frecuencia en los 3 últimos meses, y para ser honesto eso es lo que me ha llevado a esto”, indicó Alexis en una parte del documento.

Había también otros indicadores para apoyar esta creencia, según los resultados de la investigación inicial, que investigadores y analistas dijeron que les dio una mayor comprensión de los eventos que condujeron a la masacre del 16 de septiembre. Otros indicadores incluyen el grabado en el arma de Alexis, “Mi arma ELF” y “Terminar con el tormento” en un lado del receptor de la escopeta Remington 870 de Alexis que fue recuperada en la escena.

La tecnología ELF fue un programa de comunicaciones submarinas sub-tonales navales, pero existen algunas teorías conspirativas que afirman que el gobierno de Estados Unidos ha militarizado estas frecuencias neurales remotas. Esto permitiría al gobierno monitorear y manipular a ciudadanos desprevenidos.

El ejército de Estados Unidos posee programas llamados Voz al Cráneo, la Fuerza Aérea tiene otro conocido como “Sonido Microondas” y la naval, el “Proyecto Medusa”. La Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA) también creó un programa llamado “Proyector Sónico”. Según un informe en 2005 del diario The Washington Post, el gobierno de Estados Unidos ha estado trabajando en programas mentales donde las personas escuchan voces.

Por otro lado, el Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) afirmó hace una semana que Alexis se quejaba de imsomnio y se le dio el medicamento Trazodone, que es una medicina para dormir y hubo “repetición de receta médica” durante dos diferentes visitas a los centros médicos del VA a finales de agosto. Los efectos secundarios de Trazodone incluyen tendencias suicidas, ataques de pánico, despersonalización y enfado.

Fuente/BNO News
Traducción/ Ivana Cardinale

martes, 17 de septiembre de 2013

El silencioso golpe militar que se apoderó de Washington


Traducido para Rebelión por LB

La ominosa metamorfosis del Imperio. "En lugar de soldados al paso de la oca tenemos la aparentemente más inofensiva militarización total de la cultura"


En la pared tengo colgada la primera página del 'Daily Express' del 5 septiembre de 1945 con las siguientes palabras: "Escribo esto como una advertencia al mundo". Así comenzaba el informe de Wilfred Burchett sobre Hiroshima. Fue la noticia bomba del siglo. Con motivo del solitario y peligroso viaje con el que desafió a las autoridades de ocupación estadounidenses Burchett fue puesto en la picota, sobre todo por parte de sus colegas empotrados. Avisó de que un acto premeditado de asesinato en masa a una escala épica acababa de dar el pistoletazo de salida a una nueva era de terror.

En la actualidad, [la advertencia de] Wilfred Buirchett está siendo revindicada por los hechos casi a diario. La criminalidad intrínseca de la bomba atómica ha quedado corroborada por los Archivos Nacionales de EEUU y por las ulteriores décadas de militarismo camuflado como democracia. El psicodrama sirio es un ejemplo de ello. Una vez más somos rehenes de la perspectiva de un terrorismo cuya naturaleza e historia siguen negando incluso los críticos más liberales. La gran verdad innombrable es que el enemigo más peligroso de la humanidad está al otro lado del Atlántico.

La farsa de John Kerry y las piruetas de Barack Obama son temporales. El acuerdo de paz ruso sobre armas químicas será tratado al cabo del tiempo con el desprecio que todos los militaristas reservan para la diplomacia. Con al-Qaida figurando ahora entre sus aliados y con los golpistas armados por EEUU sólidamente instalados en El Cairo, EEUU pretende aplastar a los últimos Estados independientes de Oriente Próximo: primero Siria, luego Irán. "Esta operación [en Siria]", dijo el exministro de exteriores francés Roland Dumas en junio, "viene de muy atrás. Fue preparada, pre-concebida y planeada".

Cuando el público está "psicológicamente marcado", como describió el reportero del Canal 4 Jonathan Rugman la abrumadora oposición del pueblo británico a un ataque contra Siria, la supresión de la verdad se convierte en tarea urgente. Sea o no cierto que Bashar al-Assad o los "rebeldes" utilizaran gas en los suburbios de Damasco, es EEUU, no Siria, el país del mundo que utiliza esas terribles armas de forma más prolífica.

En 1970 el Senado informó: "EEUU ha vertido en Vietnam una cantidad de sustancias químicas tóxicas (dioxinas) equivalente a 2,7 kilos por cabeza". Aquella fue la denominada Operación Hades, más tarde rebautizada más amablemente como Operación Ranch Hand, origen de lo que los médicos vietnamitas denominan "ciclo de catástrofe fetal". He visto a generaciones enteras de niños afectados por deformaciones familiares y monstruosas. John Kerry, a cuyo expediente militar le chorrea la sangre, seguro que los recuerda. También los he visto en Irak, donde EEUU utilizó uranio empobrecido y fósforo blanco, igual que hicieron los israelíes en Gaza. Para ellos no hubo las "líneas rojas" de Obama, ni tampoco psicodrama de enfrentamiento.

El repetitivo y estéril debate sobre si "nosotros" debemos "tomar medidas" contra "dictadores" seleccionados (es decir, si debemos vitorear a EEUU y a sus acólitos en otra nueva matanza aérea) forma parte de nuestro lavado de cerebro. Richard Falk, profesor emérito de Derecho Internacional y relator especial de la ONU sobre Palestina, lo describe como "una pantalla legal/moral unidireccional con ínfulas de superioridad moral y llena de imágenes positivas sobre los valores occidentales e imágenes de inocencia amenazada cuyo fin es legitimar una campaña de violencia política sin restricciones". Esto "está tan ampliamente aceptado que es prácticamente imposible de cuestionar".

Se trata de la mayor mentira, parida por "realistas liberales" de la política anglo-estadounidense y por académicos y medios autoerigidos en gestores de la crisis mundial más que como causantes de ella. Eliminando el factor humanidad del estudio de los países y congelando su discurso con una jerga al servicio de los designios de las potencias occidentales, endosan la etiqueta de "fallido", "delincuente" o "malvado" a los Estados a los que luego inflingirán su "intervención humanitaria".

Un ataque contra Siria o Irán o contra cualquier otro "demonio" estadounidense se basará en una variante de moda, la "Responsabilidad de Proteger", o R2P, cuyo fanático pregonero es el ex ministro de Relaciones Exteriores australiano Gareth Evans, copresidente de un "centro mundial" con base en Nueva York. Evans y sus grupos de presión generosamente financiados juegan un papel propagandístico vital instando a la "comunidad internacional" a atacar a países sobre los que "el Consejo de Seguridad rechaza aprobar alguna propuesta o que rehúsa abordarla en un plazo razonable".

Lo de Evans viene de lejos. El personaje ya apareció en mi película de 1994, 'Death of a Nation', que reveló la magnitud del genocidio en Timor Oriental. El risueño hombre de Canberra alza su copa de champán para brindar por su homólogo indonesio mientras sobrevuelan Timor Oriental en un avión australiano tras haber firmado un tratado para piratear el petróleo y gas del devastado país en el que el tirano Suharto asesinó o mató de hambre a un tercio de la población.

Durante el mandato del "débil" Obama el militarismo ha crecido quizá como nunca antes. Aunque no haya ni un solo tanque en el césped de la Casa Blanca, en Washington se ha producido un golpe de Estado militar. En 2008, mientras sus devotos liberales se enjuagaban las lágrimas, Obama aceptó en su totalidad el Pentágono que le legaba su predecesor George Bush, completo con todas sus guerras y crímenes de guerra. Mientras que la Constitución va siendo reemplazada por un incipiente Estado policial, los mismos que destruyeron Irak a base de conmoción y pavor, que convirtieron Afganistán en una pila de escombros y que redujeron Libia a una pesadilla hobbesiana, esos mismos son los que están ascendiendo en la administración estadounidense. Detrás de su enmedallada fachada, son más los antiguos soldados estadounidenses que se están suicidando que los que mueren en los campos de batalla. El año pasado 6.500 veteranos se quitaron la vida. A colocar más banderas.

El historiador Norman Pollack llama a esto "liberalfascismo": "En lugar de soldados marchando al paso de la oca tenemos la aparentemente más inofensiva militarización total de la cultura. Y en lugar del líder grandilocuente tenemos a un reformista fallido que trabaja alegremente en la planificación y ejecución de asesinatos sin dejar de sonreír un instante". Todos los martes, el "humanitario" Obama supervisa personalmente una red terrorista mundial de aviones no tripulados que reduce a "papilla" a las personas, a sus rescatadores y a sus dolientes. En las zonas de confort de Occidente, el primer líder negro en el país de la esclavitud todavía se siente bien, como si su mera existencia supusiera un avance social, independientemente del rastro de sangre que va dejando. Esta obediencia a un símbolo ha destruido prácticamente el movimiento estadounidense contra la guerra. Esa es la particular hazaña de Obama.

En Gran Bretaña las distracciones derivadas de la falsificación de la imagen y la identidad políticas no han triunfado completamente. La agitación ya ha comenzado, pero las personas de conciencia deberían darse prisa. Los jueces de Nuremberg fueron escuetos: "Los ciudadanos particulares tienen la obligación de violar las leyes nacionales para impedir que se perpetren crímenes contra la paz y la humanidad". La gente normal de Siria, y mucha otra más gente, igual que nuestra propia autoestima, no se merecen menos en estos momentos.

The Guardian.

Comentario: Para una perspectiva más amplia de la que ofrecen los medios de comunicación convencionales, no se pierdan nuestros últimos Enfoques SOTT sobre el tema "Siria":

Enfoque SOTT: Elección de armas

Enfoque SOTT: Siria, armas químicas, y los correos electrónicos de Britam Defence

Enfoque SOTT: ¿Por qué los EE.UU. e Israel dependen de Hamas y Hezbolá para justificar su existencia belicista?

Enfoque SOTT: Respuesta al Discurso de John Kerry sobre la 'Evidencia' Siria

Obama está mintiendo al mundo. No solo al-Assad no mató a su propio pueblo, sino que su pueblo, de hecho, ha sido secuestrado y gaseado hasta la muerte mientras se filma y se presenta como "evidencia" de que "al-Assad mata a su propio pueblo":


martes, 16 de abril de 2013

Boston: ¿quién y por qué?¿Terrorismo de estado?


© RT
De acuerdo con los datos disponibles, los estallidos ocurridos ayer en el sitio donde se realizaba el maratón de Boston, Massachusetts, los cuales dejan un saldo trágico de al menos tres muertos y varias decenas de heridos, fueron producidos por artefactos colocados deliberadamente en el lugar y son, por ello, expresión de un designio terrorista por demás condenable. Poco después de los hechos el presidente Barack Obama, en una conferencia de prensa, habló de responsables, aunque reconoció que su gobierno aún no sabía quién hizo esto o por qué. Tal interrogante obliga a recordar la pregunta que su antecesor George W. Bush se formuló tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 (11-S) en Nueva York y Washington: ¿Por qué nos odian?

A reserva de contar con mayor información, el suceso pone sobre la mesa el tema de la seguridad interior de Estados Unidos, en cuyo nombre diversos gobiernos del país vecino han definido una política exterior tan belicista como catastrófica, recortado libertades civiles y gastado centenares de miles de millones de dólares sin que ello se haya traducido en mayor seguridad para los habitantes de la superpotencia.

Es pertinente recordar que, tras los atentados del 11-S, en Nueva York y Washington, la Casa Blanca focalizó las amenazas terroristas en organizaciones extranjeras, fundamentalmente islámicas, así como en gobiernos que le eran políticamente desafectos, como el que encabezaba Saddam Hussein en Irak, pese a que desde ese país árabe nunca se emprendió un ataque contra objetivos estadunidenses. De esa forma, Washington ofreció ejemplos explicativos a su propia pregunta, en la medida en que dejó sembrados, con el arrasamiento de Afganistán y de Irak, vastos y justificados rencores antiestadunidenses.

Otra de las consecuencias de la política de seguridad adoptada tras el 11-S - que fue, en realidad, de reposicionamiento estratégico de Washington en Asia Central y Medio Oriente - fue que se olvidó la variada y prolífica historia del terrorismo interno estadunidense, en la que confluyen el supremacismo blanco, grupos de ultraderecha, organizaciones integristas cristianas y hasta formaciones radicales de causas ambientalistas y animalistas. De hecho, antes del 11-S el atentado terrorista más grave dentro de Estados Unidos había sido la demolición con explosivos del edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma City, ataque en el que murieron 168 personas y resultaron heridas unas 700; tal acción fue perpetrada hace casi 18 años (el 19 de abril de 1995) por una pequeña conspiración de ultraderechistas, encabezada por Timothy McVeigh, ex militar condecorado que combatió en la primera guerra estadunidense contra Irak (1991).

Desde otra perspectiva, la siempre ambigua relación de las autoridades estadunidenses con el terrorismo pasa por el uso directo de esa práctica, en su modalidad de terrorismo de Estado, o por su promoción en contra de regímenes a los que Washington considera enemigos o potencialmente peligrosos. Recuérdese, por ejemplo, la larga historia de ataques terroristas perpetrados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en Guatemala, Cuba y Nicaragua, o los sangrientos bombardeos contra objetivos civiles en diversas partes del mundo y en diversas épocas por la fuerza aérea y la Armada estadunidenses.

Sería deseable que las autoridades del país vecino tuvieran en cuenta referencias como las aquí apuntadas para hallar quién está detrás de los condenables ataques de ayer en Boston y determinar el motivo por el cual fueron perpetrados.

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

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