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martes, 12 de noviembre de 2013

Dime qué idioma hablas y te diré cómo aprendiste a contar


Se nos olvida con frecuencia que las matemáticas son una ciencia creada por nosotros. Todas las operaciones (sumar, restar, multiplicar o dividir) han sido concebidas para tratar de plasmar en un papel situaciones que observamos en el mundo real. Sumar y multiplicar implica acumulación de objetos, restar implica la eliminación de objetos y dividir implica su repartición. Los números son entes abstractos, que no "existen" en la naturaleza (sin embargo, la naturaleza puede realizar "operaciones matemáticas" con sus componentes, como sucede en las plantas que saben dividir).

Aun así, nuestro cerebro tiene unos ligeros conceptos matemáticos integrados de forma temprana en todos nosotros. Aunque con cuatro años la mayoría no sepamos sumar y restar, si sabemos contar hasta cuatro objetos. Para números mayores de cuatro aprendemos en la escuela técnicas de conteo: el típico uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Gracias a que aprendemos a contar somos capaces de manipular números mayores, pero el mecanismo detrás de este contaje innato hasta cuatro sigue siendo relativamente desconocido. A lo largo de nuestra vida aún nos quedan rastros de este "conteo inicial", por ejemplo, somos capaces de reconocer la cantidad de objetos de un solo vistazo en una escena siempre y cuando sean cinco o menos. Para números mayores necesitamos detenernos a contar.

Recientemente se ha publicado un estudio en el que se obtiene una posible pista para entender este mecanismo innato, y parece que todo tiene que ver con el idioma del niño o niña. En el estudio hicieron test para comprobar la capacidad numérica en niños de dos a cuatro años con diferentes lenguas maternas. Para comprobar su primitivo conocimiento numérico jugaron a juegos en los que debían poner la misma cantidad de objetos en diferentes lados de una línea. Si los niños no reconocían correctamente cuantos objetos había a un lado serían incapaces de imitar la misma cantidad en el lado contrario. El objetivo del estudio era descubrir si había diferencias en el aprendizaje de los cuatro primeros números que se aprenden hasta los cuatro años, y si estas diferencias eran debidas al idioma aprendido por el niño.

Hace unos años el antropólogo Peter Gordon visitó una población indígena aislada de 200 habitantes en la Amazonia brasileña: los indiospiraha del río Maici, cuyo idioma solo tenía tres números: uno (hói), dos (hoí) y muchos (aibai). Peter jugó al mismo juego de situar la misma cantidad de objetos a ambos lados de una marca, comprobando que los habitantes de la aldea fallaban al tratar de situar más de dos objetos en un lado. Para esta tribu, cinco objetos y seis objetos son "muchos" objetos, sin distinción alguna en su cantidad, (tradicionalmente no usan dinero y su trueque se realiza "a ojo"). Quizás la enseñanza de técnicas para contar y la utilización de varios números en el idioma nos permita contar más, pero el contaje inicial sí que esté relacionado con el idioma, de ahí el estudio con los niños.

Los resultados del estudio fueron muy interesantes. No todos los niños aprenden a contar hasta cuatro a la misma velocidad: los niños de habla japonesa y china son los que más tardan en entender el concepto del número uno. En cambio, los niños eslovenos y árabes (dos lenguas sin ninguna relación geográfica) son los más rápidos en aprender a contar hasta tres objetos. Los niños ingleses y españoles se situarían en medio de estos dos grupos.

Se cree que estas diferencias de aprendizaje residen en ciertas características de los idiomas: en japonés y chino no existe una palabra designada para el plural, como sucede por ejemplo en el inglés y en el español (un gato, dos gatos), por ese motivo tardan más tiempo en asimilar la diferencia de cantidad de los objetos. En cambio, en el árabe y en el esloveno existen palabras propias para referirse a un objeto, dos objetos o más de dos objetos. Por ejemplo, en esloveno un botón se escribe gumb, dos botones son gumba, y tres o más botones son gumbi. Estas diferencias ayuda a los niños pequeños a entender las diferencias numéricas mas rápidamente.

En otro artículo anterior ya nos habíamos referido a la importancia del idioma en el aprendizaje del bebé, y hablamos sobre el motivo por el cual los niños ingleses tardan más en aprender los colores frente a los niños españoles (la causa reside en el orden de adjetivo y nombre, que está invertido en el inglés). Todos estos estudios demuestran que nuestro aprendizaje temprano y nuestra interpretación de la realidad dependen en gran medida de nuestro idioma. Es muy probable que nuestra interpretación de la realidad también cambie según nuestro idioma natal, ¿no vemos el mundo igual que un francés o un japonés?.

Fuente| Popular ScienceEl Pais

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El sueño consolida el aprendizaje motor

© Desconocido
Cada vez está más demostrado que el sueño ayuda a consolidar lo que se aprende durante el día. Es por eso por lo que no dormir las suficientes horas cuando, por ejemplo, tenemos un examen al día siguiente, no consolidaremos suficientemente bien lo aprendido durante ese día. En una entrada anterior de Medciencia, ya se comentó y explicó por qué dormir es más importante que estudiar cuando tenemos un examen.

Ahora, una investigación de la Universidad de Brown (EEUU) publicada en Journal of Neuroscience, ha estudiado la relación que existe entre el sueño y el aprendizaje motor, así como cuáles son las áreas que están implicadas en este tipo de aprendizaje.
"Los mecanismos de consolidación de la memoria respecto al aprendizaje motor eran inciertos. Nosotros tratamos de averiguar qué parte del cerebro lo lleva a cabo durante el sueño, independientemente de lo que sucede durante la vigilia", declara Masako Tamaki, autor principal del estudio.
Además, en esta investigación se escaneó el cerebro mediante tres tipos de imágenes con el fin de localizar el área responsable del aprendizaje motor durante el sueño.

l sueño consolida el aprendizaje motor

En el estudio, hubo nueve participantes, de los cuales seis integraron el grupo de control. Todos los voluntarios durmieron primeramente tres noches en el laboratorio para que se acostumbraran al ambiente en el que iban a ser estudiados más a fondo.

Posteriormente, tuvieron que aprender una tarea secuencial de golpeo de dedos, una tarea con una coordinación similar a escribir o tocar el piano. Tras la tarea, tres participantes durmieron durante 3 horas y los otros seis que constituyeron el grupo de control permanecieron sin dormir durante ese tiempo.

Finalmente, se les pidieron que realizaran la misma tarea y, tras los datos experimentales correspondientes, se demostró que los que durmieron realizaron la tarea con mayor rapidez y precisión que los que permanecieron despiertos.

Importante papel del área motora suplementaria

Durante el último día del experimento, los investigadores escanearon a cada voluntario y encontraron actividad cerebral en ocho regiones (cuatro regiones distintas en cada uno de los dos lados del cerebro).

Pero lo que más sorprendió a los científicos, es que la mayor actividad cerebral no se registró en la región M1 que rige el control motor, sino en el área motora suplementaria, en la circunvolución frontal superior.

Conclusión

Tras los resultados del experimento, Yuka Sasaki, coautor del estudio, concluyó:
"El sueño no es sólo una pérdida de tiempo. Es una actividad intensiva para el cerebro que ayuda a consolidar el aprendizaje, porque hay más energía disponible o porque las distracciones son menores".
Actualmente, el equipo de Sasaki y Tamaki ha creado un nuevo laboratorio de sueño en el que han comenzado un proyecto para estudiar cómo el cerebro consolida el aprendizaje visual.

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