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jueves, 7 de febrero de 2013

Guerra en Mali: Las víctimas civiles silenciadas por Francia



El colaborador de RT Gonzalo Wancha informa desde Mali sobre los daños colaterales que quedan en segundo plano del "discurso victorioso militarista" de París.

"Tras una reciente fase de la operación francesa, las tres principales ciudades del norte de Mali se consideran liberadas de los rebeldes", informa el colaborador de RT Gonzalo Wancha. Sin embargo, los terroristas no han sido derrotados, simplemente se han replegado y han huido. En general, esta guerra está siendo muy desproporcionada en cuanto al saldo de víctimas, señala Wancha.

En la localidad de Konna, conoció uno de los casos más significativos que "ejemplifican lo imprecisa que está siendo esta guerra. Esta pequeña localidad del centro de Mali fue tomada durante tres días por las milicias del Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO) que huyeron al norte, con la llegada de los franceses.


"El saldo final de la liberación de esta pequeña localidad es cuanto menos desolador. Según nuestras pesquisas, la aviación francesa terminó con la vida de solo dos rebeldes, pero la factura más cara de estos combates la han pagado los vecinos: 14 personas habrían fallecido bajo las bombas galas", asegura el colaborador de RT.

"Cuando cayeron las bombas yo no estaba en casa, estaba rezando cuando me dijeron que mi familia había sido bombardeada, han destrozado todo lo que tengo, mi familia y mi modo de subsistencia", denuncia el campesino de Konna, Idrís Meiga, que perdió a su mujer y a sus tres hijos de seis a 11 años de edad.

Idrís Meiga reza ante las tumbas de sus familiares.

Gonzalo Wancha habló también con la familia Kampó que relató su tragedia. "Cuando comenzaron los bombardeos, la población entera huyó aterrada, los Kampó perdieron a dos de sus hijos que en la huida cayeron al río sin saber nadar", dice Wancha.

"La desgracia está presente en cada uno de los hogares de Konna, algunas voces se alzan ahora en contra del discurso victorioso militarista para recordar que todos los crímenes de guerra han de ser investigados y resueltos, atendiendo a la Convención de Ginebra de 1949", concluye.

martes, 29 de enero de 2013

Mali: Una guerra puede esconder la llegada de otra


© Presidencia de la república francesa
Desde la época de Nicolas Sarkozy, con Laurent Gbagbo, Muammar el-Kadhafi y Bachar al-Assad, la diplomacia francesa viene practicando el beso de Judas. El 19 de diciembre de 2012, el presidente Francois Hollanda llega a Argel para “besar” a su homólogo argelino Abdelaziz Bouteflika. Tres semanas después, el mismo Hollande enciende la antorcha de la guerra en Mali… para incendiar Argelia. 
Preparada desde hace mucho tiempo y anunciada con 6 meses de anticipación por el presidente francés Francois Hollande, la intervención francesa en Mali ha sido presentada como una decisión urgente tomada en respuesta a incidentes dramáticos e inesperados. Esa puesta en escena no sólo tiene como objetivo apoderarse del oro y el uranio malienses sino que abre además el camino a la desestabilización de Argelia.

Como dice el proverbio francés, «El apetito viene al comer». Después de recolonizar Costa de Marfil y Libia, y de tratar de apoderarse de Siria, Francia mira nuevamente hacia Mali para tratar de atacar el flanco de Argelia.

Durante la agresión contra Libia, franceses y británicos recurrieron ampliamente a la utilización de islamistas para combatir el poder establecido en Trípoli ya que, después de lograr la ocupación de Bengazi, los separatistas de la región libia de Cirenaica no estaban interesados en derrocar a Muammar el-Kadhafi. En el momento de la caída de la Yamahiria, yo fui personalmente testigo del recibimiento que los miembros del Consejo Nacional de Transición reservaron a los dirigentes de AQMI [1] en el hotel Corinthia, que acababa de ser tomado por un grupo británico especializado traído expresamente de Irak. Era evidente que el próximo blanco del colonialismo occidental sería Argelia y que AQMI tendría un papel que desempeñar en ello. Pero yo no veía en aquel momento qué conflicto podía ser utilizado para justificar una injerencia internacional.

Y París orquestó un escenario que introduce la guerra en Argelia, desde Mali.

Poco antes de que la OTAN tomara Trípoli, los franceses lograron sobornar varios grupos tuareg. Tuvieron tiempo de financiarlos abundantemente y de armarlos, pero ya era tarde para que desempeñaran algún papel en el terreno. Con el fin de la guerra, esos grupos regresaron al desierto.

Los tuareg son un pueblo nómada que se mueve en el Sahara central y en los bordes del Sahel, o sea en un vasto espacio dividido entre Libia y Argelia, así como Mali y Níger. Obtuvieron la protección de los dos primeros Estados, pero fueron abandonados por los otros dos. Debido a ello, desde los años 1960 los tuareg no han dejado de cuestionar la soberanía de Mali y de Níger sobre las tierras del pueblo tuareg. Lógicamente, los grupos que Francia armó decidieron utilizar esas armas para concretar sus reclamos en Mali. El Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) toma entonces el poder en casi todo el norte de Mali, donde viven sus miembros. Pero un grupúsculo de islamistas tuareg, conocido como Ansar Dine y vinculado a AQMI, aprovecha la situación para imponer la sharia en varias localidades.

El 21 de marzo de 2012 se produce en Mali un extraño golpe de Estado. Un misterioso «Comité Nacional por la Reconstrucción de la Democracia y la Restauración del Estado» (CNRDRE) derroca al presidente Amadou Toumani Touré y proclama su intención de restaurar la autoridad maliense en el norte del país. El resultado es una gran confusión dado que los golpistas son completamente incapaces de explicar de qué modo su acción puede traer alguna mejoría en la situación del país. El derrocamiento del presidente Toumani Touré resulta particularmente extraño ya que se produce sólo 5 semanas antes de la elección presidencial ya programada y el presidente saliente no aspira a la reelección. El CNRDRE, que se compone de oficiales formados en Estados Unidos, impide la realización de la elección presidencial y entrega el poder a uno de los candidatos, el francófilo Dioncounda Traoré. El traspaso del poder - sin elecciones - es legalizado por la CEDEAO [2], cuyo presidente no es otro que Alassane Ouattara, puesto en el poder un año antes mediante una intervención militar de Francia en Costa de Marfil.

El golpe de Estado acentúa la división étnica en Mali. Unidades de élite del ejército maliense (formadas en Estados Unidos) comandadas por elementos de la comunidad tuareg se unen a la rebelión con todo su armamento.

El 10 de enero, Ansar Dine - con el apoyo de otros grupos islamistas - ataca la ciudad de Konna. Y sale así del territorio tuareg para extender la imposición de la ley islámica al sur de Mali. El presidente de transición Dioncounda Traoré decreta el estado de urgencia y solicita la ayuda de Francia. París interviene, en cuestión de horas, para impedir que la capital, Bamako, caiga en manos de los islamistas. Asombrosamente previsora, la presidencia de Francia ya había preposicionado en Mali elementos pertenecientes al 1er Regimiento Paracaidista de Infantería de Marina (conocido en Francia como «la coloniale») y al 13er Regimiento de Dragones Paracaidistas, varios helicópteros del Comando de Operaciones Especiales, 3 aviones Mirage 2000D, 2Mirage F-1, 3 aviones de transporte C135, un avión de transporte táctico pesado C130 Hercule y otro avión de transporte táctico C160 Transall.

En realidad, es muy poco probable que Ansar Dine haya representado en algún momento una verdadera amenaza ya que la verdadera fuerza combatiente no son los islamistas sino los nacionalistas tuareg, que no tenían ninguna intención de avanzar hacia el sur de Mali.

Argelia es uno de los numerosos Estados a los que Francia solicita ayuda para concretar su intervención militar en Mali. Argel se ve entonces ante una difícil disyuntiva: colaborar con la antigua potencia colonial o arriesgarse a enfrentar un reflujo terrestre de los islamistas. Después de un periodo de duda, el gobierno argelino acepta abrir su espacio aéreo al tránsito de los militares franceses. A pesar de todo, un grupo islamista no identificado ataca una instalación de producción de gas de British Petroleumen el sur de Argelia, donde se apodera de un centenar de rehenes, no sólo argelinos y franceses sino de diferentes nacionalidades. Evidentemente, el objetivo es internacionalizar el conflicto transportándolo a Argelia.

La técnica injerencista de Francia reproduce la anteriormente utilizada por la administración Bush: utilizar grupos islamistas para crear conflictos y, posteriormente, intervenir e instalarse en el terreno con el pretexto de resolver esos mismos conflictos. Es por eso que la retórica del presidente francés Francois Hollande reproduce la retorica de la «guerra contra el terrorismo», ya desechada por Washington. En ese rejuego aparecen nuevamente los protagonistas habituales: Qatar ha comprado acciones en las grandes empresas francesas presentes en Mali y el emir de Ansar Dine está estrechamente vinculado con Arabia Saudita.

El bombero-incendiario es además aprendiz de brujo. Francia ha decidido reforzar su dispositivo antiterrorista en el territorio nacional, el planVigipirate. París no teme en realidad que se produzca una acción de los islamistas malienses en territorio francés, sino un reflujo de los yihadistas presentes en Siria. En efecto, hace 2 años la DCRI [3] favoreció el reclutamiento de jóvenes musulmanes franceses dispuestos a luchar contra el Estado sirio como miembros del Ejército «Sirio Libre». La desbandada de este último está provocando actualmente el regreso de esos yihadistas al país natal, donde pudieran verse tentados - por solidaridad con Ansar Dine - a utilizar las mismas técnicas terroristas que les enseñaron en la guerra contra Siria. 
[1] Siglas de "al-Qaeda del Magreb Islámico". Nota del Traductor. 

[2] Comunidad Económica de Estados de África Occidental 

[3] Siglas en francés de la Dirección Central de Inteligencia Interieur, el servicio de inteligencia del ministerio del Interior de Francia. NdT.

Crónica de un fracaso programado en Malí





Ha respaldado la liberalización de la producción de algodón impuesta por el Banco Mundial, que aceleró el éxodo rural y la emigración, bloqueando esta última, aunque las remesas de los expatriados son mayores que la ayuda pública al desarrollo.

El AQMI se ha erigido en el principal enemigo de Francia

De todas maneras Sarkozy ya la había eliminado y contribuido al debilitamiento de la autoridad del presidente Amadou Toumani Touré exigiéndole la firma de un acuerdo de readmisión de los migrantes clandestinos, políticamente inaceptable a los ojos de la opinión pública, que luchaba desde 2010, sin él advertirlo, junto al ejército mauritano.

Esta militarización del problema en el norte de Malí ha proporcionado a Al-Qaeda en el Magreb islámico (AQMI), convertido en el principal enemigo de Francia en la extremidad de un "arco de crisis" que supuestamente va desde Pakistán hasta Mauritania, títulos de nobleza antiimperialista que le facilitan reclutar combatientes. Ha agrandado además la ola de desplazados y de refugiados, agravando la pobreza de las poblaciones saharianas.

¿Mala política ficción?

El golpe de gracia llegó en 2011: la guerra en Libia condujo a los tuaregs malienses enrolados en las filas del coronel Gadafi a regresar al país con más armas que equipaje. El resto es conocido: la proclamación de la independencia de Azawad, una vez consumada la derrota del ejército maliense - que, dicho sea de paso, se suponía un orgullo de la cooperación militar francesa - y de la OPA hostil a los yihadistas en el norte de Malí.

Por otra parte la guerra en Libia desorganizó los intereses económicos de las redes de negocios del coronel Gadafi cuyas inversiones contribuían a la estabilización del Sahel.

Finalmente la prohibición de los narcóticos y el freno coercitivo de la emigración que han impuesto las autoridades francesas. A pesar de la inanidad de tales políticas públicas proporcionan a los traficantes dos formidables rentas que corren el riesgo de producir en el Sahel los mismos efectos que en América Central: el desencadenamiento de una violencia paramilitar de la que formarán parte las grandes organizaciones criminales latinoamericanas, italianas, españolas, junto a los diferentes grupos armados locales.

¿Mala política ficción? La escena se desarrolla ya ante nuestros ojos con la criminalización de Guinea-Bissau, la creciente inclusión de otros estados de la región en el tráfico y financiación que el Movimiento por la Unidad y la yihad aprovechan de Malí en el Africa Occidental.

Francia y los países occidentales se han equivocado con relación al Sahel, luego de treinta años, cosechan lo que han sembrado.

El cese al Fuego en Gaza no detendría que se pueda hacer Regional esto mas adelante

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