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lunes, 29 de julio de 2013

Crean comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca telefonía celular autónoma y única en el mundo



En comunidades indígenas de la Sierra Negra de Oaxaca ya camina un sistema de telefonía celular comunitaria, un novedoso proyecto social de comunicación sin nombre definido pero único en México y el mundo, que busca un modelo de administración similar a las radios comunitarias.


Este sistema de comunicación tiene su base en la comunidad zapoteca Telea de Castro. Ahí existe la Radio Comunitaria Dizha Kieru que, con su transmisión en frecuencia modulada, hace uso del derecho a la comunicación cuyo espíritu está recogido en Los Acuerdos de San Andrés y tiene el respaldo de diversos instrumentos legales vigentes en México.

La esencia del proyecto es “que una comunidad pueda administrar su propia sistema basado en el modelos de las radios comunitarias”, declara Pedro Flores, coordinador del proyecto. Es básico fomentar la comunicación local e interpersonal a larga distancia e impulsar un servicio para las comunidades, considera el impulsor.

“En México existen 50 mil comunidades indígenas sin servicio telefónico. La respuesta de las grandes empresas a las comunidades que pidieron por más de diez años el servicio fue que no es viable invertir económicamente en la sierra y zonas alejadas”, relata en entrevista con Desinformémonos Flores, quien forma parte de Rhizomatica -gestora del proyecto de comunicación. Explica que “estamos en un camino largo e interesante, algo que jamás se había hecho. Faltan muchas cosas y estamos en espera de esos retos”.

“Por muchos años las comunidades pidieron antenas de telefonía. Las grandes empresas no les hicieron caso porque vieron que no es viable económicamente”, recuerda el promotor. “Supongo que fue así cuando los pueblos se apropiaron la radio y televisión comunitarias en los años cincuenta y sesenta”, reflexiona. “Nadie se opuso al principio y luego lo vieron como una amenaza a sus intereses. Eso nos puede pasar en algún momento”, sostiene Pedro Flores.

Flores informa que la intención de la organización que gestiona el proyecto es dedicarle más tiempo y seguimiento a las asambleas de otras comunidades que ya aprobaron el proyecto. .
El teléfono ante la asamblea

Talea de Castro ha dado la forma a su servicio comunitario, expone el promotor. La comunidad está feliz no solamente porque tiene el servicio, sino porque es propio. “Se decidió que hubiera límites de tiempo de llamada para que nos se sature el equipo. Decidieron que después de cinco minutos se desconecte la llamada para darle oportunidad de usar el servicio a otra persona”, describe Flores. “Lo más complicado para configurar el equipo son las decisiones de la comunidad”.
La comunidad zapoteca, en la que existe alta migración, ahorra mucho dinero con este sistema pues hay un número en la comunidad y otros para Los Ángeles y Seattle, en los Estados Unidos.Con el proyecto en marcha, una persona que gastaba seis pesos para llamar, ahora gasta cincuenta centavos.
“Una persona puede hablar a todo el mundo. El sistema tiene números públicos, que se conectan a una computadora y esa a un conmutador, que localiza el teléfono de la persona a quien quieres hablar”, describe el promotor. “El teléfono se vuelve más popular; existen más usuarios y se facilita la comunicación interpersonal y la resolución de asunto cotidianos”, explica Flores. La defensa del sistema radica en el servicio que presta y en la cooperación del pueblo para adquirir el equipo.

Un desafío del proyecto es no fomentar el consumismo. “No queremos contribuir a un sentido irresponsable de los pueblos por la tecnología. Lo único que se necesita es comprar el teléfono más barato del mercado y funcionará igual”, señala el integrante de Rhizomatica.

Desde la primeras pruebas que la organización realizó en Talea de Castro, se dieron cuenta del amplio uso del teléfono: el equipo detectó 700 aparatos prendidos, que estaban siendo utilizados para otra cosa más allá de la telefonía sin señal.

En las comunidades indígenas tener un teléfono de cierta marca o modelo significa por una parte un estatus social, pero también son útiles, expone Flores: “son pequeñas computadoras. Los jóvenes las utilizan para escuchar música y ver videos que descargan de internet. También son linternas o calculadoras y sirven para escuchar radio. Nos dimos cuenta de que existen los aparatos y una red comunitaria de personas que los usa, sólo falta señal”, afirma.
Los desafíos

El comunicador señala que nadie pensó que las comunidades indígenas lanzaran una red de telefonía. “Llegaron los de las compañías a hablar con personas de la comunidad, les dijeron ‘escuchamos que ya tienen su propia telefonía y nosotros queremos lanzar nuestro servicio aquí’”. Los promotores de las empresas pretendieron aprovechar la red, ya instalada, para poner teléfonos en las casas, pero la respuesta de la comunidad fue “que no quería que vinieran a hacer dinero y no le interesaba el servicio pues ya dispone de su propia red”, relata Flores.

Flores identifica diversos retos. El primero es legal, pues aunque la Comisión Federal de Telefonía (COFETEL) les otorgó un permiso por dos años, no deja de ser una preocupación pues la institución pide un proyecto que abarque cuatro estado para poder operar una red. El segundo es tecnológico, pues necesitan equipo menos costoso. EL tercero se refiere a la cuestión organizativa, la gestión y administración de la comunidad del sistema. “Estamos platicando con las comunidades y puede ser como una radio comunitaria”, menciona Pedro Flores. Pero el mayor desafío “son las corporaciones telefónicas”, asevera Flores, que considera que cuanto más comunidades se acerquen a pedir el servicio, las empresas intentarán entrar.

jueves, 11 de julio de 2013

Un pueblo mexicano desafía al sistema y crea su propia moneda


Espinal se declaró en “rebeldía monetaria” contra la crisis económica
CAMBIO Miles de veracruzanos modificaron sus hábitos económicos y de consumo gracias al túmin.

Ricardo Hernández / México DF, especial para Página Siete Fuente: www.circuloachocalla.org
Un remoto poblado de apenas 24.000 habitantes en la sierra de Veracruz puso a temblar a las autoridades del Banco Central de México luego de inventar su propio papel moneda, bautizado como túmin, que se basa en un sistema de trueque y cuyos “billetes” circulan ya en nueve municipios con posibilidades de extenderse a otras regiones.
La entidad encargada de regular la política monetaria del país está preocupada por la “rebeldía monetaria” que declararon los habitantes de la localidad de Espinal, en el violento estado mexicano, y por la gran acogida que tiene la moneda paralela que utilizan a manera de cupones en el intercambio de bienes de consumo.
Según las autoridades monetarias, el túmin -que en lengua totonaca significa dinero- es un fraude e intenta suplantar a la moneda nacional; no obstante, sus creadores dicen que tiene muchos beneficios: los comerciantes y profesionales venden más productos, y los consumidores compran más barato.
El túmin comenzó a circular en noviembre de 2010 en billetes de uno, cinco, diez y 20 unidades, por iniciativa de un grupo de profesores universitarios para reactivar la economía de la región y resolver el problema de la falta de dinero circulante entre la gente de esa empobrecida zona del oriente del país. Sin embargo, no fue sino hasta fines del año pasado que se popularizó y extendió.
“No tenemos pesos”
“No tenemos pesos mexicanos porque somos pobres y por eso inventamos nuestra propia moneda”, explicó a Página Siete Juan Castro Soto, catedrático de la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI) y autor de la iniciativa económica.
Aseguró que el túmin se puso en circulación para facilitar el intercambio de la mercancía que ya se estaba pudriendo en los estantes de los comercios de Espinal, cuya cabecera municipal tiene 2.500 habitantes, muchos de ellos de la etnia totonaca, y que se ubica en los límites entre los estados de Veracruz y Tamaulipas, sacudidos por una creciente ola de violencia de las bandas criminales.
“Queremos promover la producción, ése es el reto mayor, generar producción local. Porque ya cualquier baratija es extranjera, ya no producimos nada. La cuestión es que vayamos a una tienda y que haya alternativas, y si observamos todo es transnacional. Se buscará que si un vendedor no tiene quien le provea, nosotros le ayudaremos a conseguirlo”, dijo Castro Soto, uno de los impulsores de este sistema.
“Nuestra moneda de trueque está respaldada por las personas que la utilizan y no por las reservas de oro del país”, explicó el especialista, y rechazó las imputaciones de la Procuraduría General de la República de que incurrieron en el delito de falsificación y suplantación del peso mexicano.
Aunque la circulación de la moneda comunitaria reactivó la economía de la región, los ejecutivos del Banco Central acusaron a los inventores del túmin de especulación y daño económico.
De todos modos hay mucha confusión sobre el uso de esta moneda, que en ningún momento intentó suplantar al peso mexicano. “Es un proyecto para rescatar el trueque en algunas comunidades”, afirmó Castro.

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