La Granja Humana, es una red social en la que se debatirán todos aquellos temas de la economía, de la manipulación, encubrimientos y de todos aquellos temas mas sociales.
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lunes, 2 de diciembre de 2013
¡Abajo lo exámenes!
Mario Bunge
La Nación
PARA qué estudian casi todos los estudiantes? ¿Para aprender? No. Estudian para pasar exámenes. Y una vez que los han pasado hacen lo posible por olvidar lo antes posible lo que han aprendido.
Al fin y al cabo, estudian por obligación, no por vocación. ¿Y a quién le interesa recordar información ajena a sus intereses y que no ha requerido más esfuerzo que el de memorizar, acaso sin entender, y seguramente sin profundizar?
Pues de memorizar se trata en los exámenes corrientes. Esta práctica proviene de la escuela autoritaria, en particular religiosa, donde el saber estaba encerrado en textos canónicos que había que leer y recordar.
(Es verdad que en las grandes universidades medievales, tales como las de Bolonia, Padua, Oxford o París, se estimulaba la discusión. Pero toda discusión debía versar sobre asuntos conocidos y debía ceñirse a las Sagradas Escrituras. La meta de la discusión era afinar los argumentos en favor de la doctrina oficial. Se practicaba la razón pero se la sometía a la fe. La de los escolásticos era una razón enjaulada.)
Fábricas de diplomas
Hay especialistas en pasar exámenes y otros en enseñar a pasar exámenes. Ni unos ni otros llegan a destacarse en las disciplinas que aprenden o enseñan, porque nada se aprende bien si no se pone curiosidad, chispa y pasión.
No en vano la corteza cerebral, órgano del conocimiento, está conectada con el órgano límbico, órgano de la emoción, así como con el sistema endocrino, que fabrica algunos de los neurotransmisores. El régimen escolar estándar es ridículo. Hace que las escuelas no sean centros de aprendizaje sino fábricas de diplomas. Los profesores suministran sin ganas píldoras que apenas alimentan. Los alumnos las tragan sin dejarles rastros perdurables.
Experiencias que deberían ser estimulantes, las de preguntar y redescubrir, se han convertido en una rutina. Un recuerdo que debería ser placentero suele ser penoso.
El remedio está a la vista: si el mal radica en los exámenes, se los elimina. Yo no he tomado exámenes desde que me expatrié en 1963, pese a que no he dejado de enseñar desde entonces. ¿Cómo me las he arreglado? Quien siga leyendo lo sabrá.
Cuando enseñaba física en Argentina y en los Estados Unidos, hacía resolver problemas en el pizarrón. El examen final era a libro abierto. O sea, los estudiantes resolvían problemas con ayuda de todos los libros que quisieran. De este modo, quien había estudiado durante el año (o cuatrimestre) pasaba con seguridad.
Cuando enseñé filosofía en Buenos Aires tomaba microexámenes semanales. Estos consistían en contestar por escrito, a domicilio, un puñado de preguntas. Cada respuesta debía caber en una tarjeta de fichero, de unos 13 centímetros de ancho por 20 de largo. Toda pregunta se discutía en clase con anterioridad, de modo que los estudiantes ya tenían alguna idea acerca de lo que se esperaba de ellos.
O sea, la clase magistral se había convertido en seminario. Y, como es sabido, un seminario laico es un lugar donde los participantes siembran y cosechan ideas. En cuanto al examen oral final, era una farsa: el alumno hacía una exposición sobre un tema convenido de antemano. Lo que le quedaba del curso era lo que había escrito en las tarjetas, para lo cual había buscado información y pensado.
Mis clases de filosofía en Canadá son seminarios que versan sobre problemas tratados en algunos libros y artículos, así como sobre problemas nuevos que plantean los estudiantes o que acabo de leer en publicaciones recientes.
Para aprobar el curso, los estudiantes tienen que hacer una exposición oral y redactar una monografía sobre un tema diferente del de la exposición. Cuando hay opiniones encontradas y un número suficiente de interesados, la exposición oral se convierte en un debate entre dos equipos. Por ejemplo, uno de los equipos defiende la tesis de que la ciencia y la religión son compatibles, o que hay verdades universales, y el otro defiende la tesis contraria. Al final intervienen los demás estudiantes. Estos debates son siempre vivaces y concurridos. Enseñan el arte civilizado de discutir racional y ordenadamente.
En cuanto a la monografía, se trata de un trabajo, de unas 20 páginas dactilografiadas, sobre un tema propuesto por el estudiante o sugerido por mí. Por ejemplo: examinar las semejanzas y diferencias entre la ingeniería y la física, o entre la medicina y la biología; analizar el concepto de verdad de hecho, por oposición al de verdad matemática; analizar los méritos y las fallas del deontologismo y del utilitarismo; averiguar si las ciencias presuponen la tesis de la realidad del mundo exterior; determinar si la sociobiología humana es científica; analizar el soporte empírico de la teoría de juegos; estudiar el problema de las leyes en ciencias sociales.
Sobre cualquiera de estos y muchos otros problemas se pueden escribir 20 páginas o 200. De hecho, al cabo de un año un estudiante me presentó todo un libro que envié a una editorial norteamericana, la que lo publicó. Se trata de What Is Wrong with Jung , de Don McGowan (Buffalo, Prometheus Books).
Provocar el aprendizaje
Sea cual fuere el método de evaluación que se elija, debería provocar aprendizaje y permitir al instructor estimar la habilidad con que los estudiantes aprenden, en lugar de limitarse a poner a prueba la memoria y el grado de sumisión. Las pruebas de competencia no deberían ser sesiones de tortura sino oportunidades para informarse, pensar y lucirse.
En conclusión, ¡abajo los exámenes!
Post original: http://grupobunge.wordpress.com/category/educacion/page/11/
Don Buena Onda
lunes, 25 de noviembre de 2013
"La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas"
"La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet." La definición, llamada a suscitar una fuerte polémica, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci. Pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál es su misión? "Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo", responde.
Para Tonucci, de 68 años, nacido en Fano y radicado en Roma, el colegio no debe asumir un papel absorbente en la vida de los chicos. Por eso discrepa de los que defienden el doble turno escolar.
"Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios", explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad
de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!, entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien definió como "un lujo de gobernante".
Dialogó con LA NACION sobre lo que realmente importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo escolar.
Propuso, en primer lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para empezar a dar clase. "No hay que considerar a los adultos como propietarios de la verdad que anuncian desde una tarima", explicó.
Recomendó que "las escuelas sean bellas, con jardines, huertas donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños sobreexigidos".
Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. "¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho", es parte de su decálogo.
De hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre, un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que respeten la voz de los más pequeños.
-¿Cómo concibe usted una buena escuela?
-La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que hay que "llenar" porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.
-¿Cómo se deberían transmitir los conocimientos?
-En realidad, los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.
-¿Qué recomienda?
-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.
-¿Cuál es rol del maestro?
-El de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.
-Varias veces usted ha dicho que la escuela no se relaciona con la vida. ¿Por qué?
-Porque propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
-¿Cómo se puede motivar a los alumnos frente a los atractivos avances de la tecnología: el chat, el teléfono celular, los juegos de la computadora, el iPod, la play station?
-El colegio no debe competir con instrumentos mucho más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.
-¿Es positiva la doble escolaridad?
- En Italia llamamos a este fenómeno "escuelas de tiempo pleno". La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos.
http://www.creadess.org/index.php/informate/desarrollo-humano1/educacion/21347-la-mision-principal-de-la-escuela-ya-no-es-ensenar-cosas
miércoles, 27 de febrero de 2013
Educación, un derecho cada vez menos accesible para los jóvenes
El panorama educativo en México es una realidad oscura par la mayoría de la población joven en el país. Nos enfrentamos a una educación de muy poca calidad y el acceso a la misma está restringido a un sector pequeño de la población.
El acceso a la educación gratuita que, por ley, es un derecho, se restringe cada vez más con el pasar de los años, es decir, mientras más edad tienen los jóvenes, menos asisten a una entidad educativa.
El 8.29 por ciento de los jóvenes de 12, 13, 14 y 15 años no asisten a la escuela, inasistencia que aumenta en los jóvenes de 15 a 19, ya que el 42.7 por ciento de este sector de la población no acude a la escuela.
Este porcentaje crece aún más en los jóvenes que tienen entre 20 a 24 años, ya que sólo el 22 por ciento tiene acceso a la educación, es decir que 7,623,607 de jóvenes de estas edades no van a la escuela, de los cuales, sólo el 27% cuenta con educación media superior.
Cabe señalar que el 51.6 por ciento de los jóvenes en México, de entre 12 y 29 años, no está estudiando actualmente, según la Encuesta Nacional de Valores de Juventud 2012. Y casi el 50 por ciento de la deserción escolar se debe, fundamentalmente, a razones económicas.
Únicamente el 11.2 por ciento de jóvenes señala que dejó la escuela por haber concluido sus grados de estudio.
Es importante resaltar que El informe Panorama educativo 2012 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señala que México está en el último lugar en expectativas de graduación a nivel bachillerato.
Con información del INEGI, Encueta Nacional de Valores de Juventud, OCDE.
lunes, 11 de febrero de 2013
La competitividad en el sistema educativo como fuente de enfermedad
Carlos González, licenciado en Ciencias Físicas, ha sido profesor de secundaria durante 24 años. Soñaba con que una educación diferente era posible hasta que consiguió su sueño. Debemos este testimonio a Alish, periodista amiga interesada por lo poco conocido.
La educación ha ido perdiendo su carácter de formación para convertirse en algodeformativo, en mero instrumento para favorecer la competitividad; una rama más de la economía. La competitividad es ahora un valor pedagógico. Y aquí es donde engarza la educación con la salud o la falta de la misma.
Lo entiendo gracias a un comentario de mi amigo el médico Enrique Gavilán. La competitividad es un factor clave para la génesis de los trastornos como el de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en los niños.
Como alternativa, en Finlandia llevan años reformando la educación hacia un modelo más inclusivo e integral. Con respeto a la individualidad, con evaluaciones (de escuelas, alumnos y profesorado) mínimas. El modelo tiende a ser universal, con poca presencia del sector privado. Es totalmente gratuito (incluido material) y obtiene las mejores notas en las comparativas entre países.
Uno puede pensar observando los diferentes modelos que la prevalencia de TDAH en Finlandia es menor, pero no es así. Es similar a países como Estados Unidos (EE.UU.), en torno a un 5-10%. La diferencia es que en Finlandia apenas se medica. Lo "absorbe" el sistema educativo, evaluando sus necesidades específicas y tratando de adaptarse a ellas.
Sin embargo, el modelo inclusivo Finlandés en cierto modo está fallando. Se tiende a tratar a los niños diagnosticados como TDAH enunidades escolarizadas específicas y especializadas, con el peligro de que al final pasemos de un escenario de medicalización a otro de "escuelarización".
En cualquier caso, es una excusa preciosa para debatir. No se sabe mucho sobre el TDAH, su origen y su manejo, ciertamente. Eso sí, siempre es más fácil medicar a un niño que cambiar todo un sistema educativo (en Finlandia tardaron tres décadas...). Si queréis saber más sobre este polémico trastorno, además de todo lo publicado en este vuestro blog, podéis leer lo que publica Jordi Badía, un padre que decidió no seguir las recomendaciones habituales y dejar de drogar a su hijo por ello.
La educación ha ido perdiendo su carácter de formación para convertirse en algodeformativo, en mero instrumento para favorecer la competitividad; una rama más de la economía. La competitividad es ahora un valor pedagógico. Y aquí es donde engarza la educación con la salud o la falta de la misma.
Lo entiendo gracias a un comentario de mi amigo el médico Enrique Gavilán. La competitividad es un factor clave para la génesis de los trastornos como el de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en los niños.
Como alternativa, en Finlandia llevan años reformando la educación hacia un modelo más inclusivo e integral. Con respeto a la individualidad, con evaluaciones (de escuelas, alumnos y profesorado) mínimas. El modelo tiende a ser universal, con poca presencia del sector privado. Es totalmente gratuito (incluido material) y obtiene las mejores notas en las comparativas entre países.
Uno puede pensar observando los diferentes modelos que la prevalencia de TDAH en Finlandia es menor, pero no es así. Es similar a países como Estados Unidos (EE.UU.), en torno a un 5-10%. La diferencia es que en Finlandia apenas se medica. Lo "absorbe" el sistema educativo, evaluando sus necesidades específicas y tratando de adaptarse a ellas.
Sin embargo, el modelo inclusivo Finlandés en cierto modo está fallando. Se tiende a tratar a los niños diagnosticados como TDAH enunidades escolarizadas específicas y especializadas, con el peligro de que al final pasemos de un escenario de medicalización a otro de "escuelarización".
En cualquier caso, es una excusa preciosa para debatir. No se sabe mucho sobre el TDAH, su origen y su manejo, ciertamente. Eso sí, siempre es más fácil medicar a un niño que cambiar todo un sistema educativo (en Finlandia tardaron tres décadas...). Si queréis saber más sobre este polémico trastorno, además de todo lo publicado en este vuestro blog, podéis leer lo que publica Jordi Badía, un padre que decidió no seguir las recomendaciones habituales y dejar de drogar a su hijo por ello.
martes, 5 de febrero de 2013
Educación individualista en el capitalismo o educación libertaria para hijos y nietos
1. Se ha difundido por la red “un revolucionario” Plan Piloto japonés llamado “Cambio Valiente” que, según se dice: “cambia todos los paradigmas” en educación. Se presenta como “novísimo” plan cuando en realidad tiene por lo menos 200 años de antigüedad porque ya los anarquistas lo planteaban con mayor profundidad y Marx, algunas décadas después, fundamentó en sus ideas. Lo que ha sucedido es que el sistema capitalista –por conveniencias económicas y políticas- ha impuesto las ideas contrarias con el fin de fortalecer el individualismo, la competencia, el consumismo, el nacionalismo, la división social, así como evitar todo lo que signifique colectivismo. Ya desde la antigüedad se llevaba a los pueblos a la guerra y la conquista engañándolos con ideales nacionalistas, de despojo y de cultivo a sus héroes. 2. Sin embargo, la realidad es que no hay que sorprenderse ni asustarse porque en un proyecto educativo, ahora en Japón, se diga que: a) hay que educar a los niños como “ciudadanos del mundo” y no propiamente ciudadanos japoneses; b) que no defiendan su bandera, c) su himno, d) sus héroes, e) la superioridad de su país, f) no estar dispuestos a ir a una guerra “en defensa de su patria”, que no haga tarea escolar y que el mismo niño escoja el libro que quiere leer. En resumen lo único que se pide es evitar que sean ciudadanos nacionalistas, chovinistas”, es decir, que en vez de amar de manera individualista, actuar de manera egoísta, ame a todos los seres humanos. Pero esto no es nada nuevo, aunque en México –como parte del sistema capitalista- se enseña exactamente lo contrario.
3. Los que envían el documento parecen preocupados al decir: “Contra quiénes competirán nuestros hijos y nuestros nietos”. La realidad es que en el sistema capitalista se compite en todo: por ganar dinero, por tener poder, por poseer mejor casa y mejor coche, por tener mayor influencia política. Pero la competencia no es natural sino aprehendida en la iglesia, la escuela, la sociedad, como la idea de no ser igual sino de estar siempre arriba, sobre los demás, de ser superior. Esa competencia ha llevado a enfrentamientos, guerras, muertes, suicidios, locuras. Los seres humanos no deben competir, ni consigo mismo, porque deben desarrollarse en la responsabilidad y el trabajo colectivo que los hacen mejores. Por tanto, en educación no hay que preparar a los alumnos a competir, a obtener medallas o premios, si a ser bondadosos, solidarios y a trabajar en equipo.
4. ¿Quiénes son los “ciudadanos del mundo”? Los que saben que las fronteras entre países fueron impuestas hace siglos por los triunfadores en las guerras y la violencia. Los que saben que la cultura es universal y se dan cuenta que los seres humanos no pueden escoger el lugar de su nacimiento. Los mayas por ejemplo tuvieron un territorio que hoy está divido en cinco países y si muchos mayas por necesidad o gusto viven en otros países, son de donde quieran ser y defienden lo que quieran defender. Mucho más que “amor patrio” por un país hay mucha más identidad por una región y parte de una cultura. No hay un solo “México, México, México” sino varios sentimientos diferenciados del país. ¿Creen ustedes que los multimillonarios mexicanos sólo invierten y desarrollan sus capitales en “su” país? Marx dijo que “los obreros no tienen patria”, pero tampoco los burgueses.
5. ¿Qué son la bandera, el himno, los héroes, el estar dispuesto a ir a la guerra para defender a la patria? No ha sido otra cosa que la ideologización que durante siglos ha hecho la clase dominante para mantenernos con símbolos tal como lo ha hecho la iglesia durante casi dos mil años. Me decía mi difunto amigo Antonio Betancourt –escritor y político- hace 20 años después de un debate en la escuela de antropología: “Estoy de acuerdo con lo que has dicho, pero no se puede despojar al pueblo de sus héroes y creencias porque es muy peligroso”. Le respondí a mi respetado maestro que “pensaba –aunque pudiera estar equivocado- que una revolución no puede ser impulsada por prejuicios, fetiches o catecismos, sino contra ellos”. A pesar de no tener héroes no he dejado de admirar a Marx, Bakunin y Flores Magón.
6. Ya el mismo el Ferrer Guardia y su escuela moderna, la escuela racionalista en México, AS Neil y su “Summerhil”, Reimer y “ La escuela ha muerto”, Ivan Illich y su “desescolarización”, el brasileño Paulo Freire y “la Educación como práctica de la libertad”, han planteado ideas avanzadas en educación, pedagogía y metodología y tocando al mismo “maestro de grupo” que debe convertise en un activo e inteligente asesor cuando dice Freire que “nadie enseña a nadie, juntos maestro y alumnos construyen los conocimientos”. Así que no hay preocuparse ni asustarse mucho porque los estudiantes vivan un proceso de enseñanza-aprendizaje en un ambiente de libertad y autogestión. Los alemanes, los yanquis, lo japoneses tienen sus escuelas y las orientan de acuerdo a sus necesidades como países capitalistas; lo mismo sucede en México privatizador con 50 años de atraso.
7. En México la educación ha estado terriblemente mal, por lo menos desde que se inició en 1982 la gran crisis económica y se introdujo el neoliberalismo privatizador. En lugar de componer la educación pública para beneficiar a toda la población, desde mediados de los ochenta ha sufrido un proceso acelerado de privatización. ¿Puede olvidarse a acaso que Reyes Heroles al querer imponer su “revolución educativa” de 1983-84 denunció que México tenía un promedio de cuatro años de educación escolarizada? Nunca entendí como subió a cinco o siete años, pero ya las estadísticas lo decían. Así comenzó a abandonarse la educación pública y se tomó el camino de la privatización; no sólo impulsando a las escuelas privadas sino también imponiendo planes y programas privatizadores en las escuelas públicas. Los maestros de la CNTE tienen que caminar hacia la libertad.
Lagranjahumanajl ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
3. Los que envían el documento parecen preocupados al decir: “Contra quiénes competirán nuestros hijos y nuestros nietos”. La realidad es que en el sistema capitalista se compite en todo: por ganar dinero, por tener poder, por poseer mejor casa y mejor coche, por tener mayor influencia política. Pero la competencia no es natural sino aprehendida en la iglesia, la escuela, la sociedad, como la idea de no ser igual sino de estar siempre arriba, sobre los demás, de ser superior. Esa competencia ha llevado a enfrentamientos, guerras, muertes, suicidios, locuras. Los seres humanos no deben competir, ni consigo mismo, porque deben desarrollarse en la responsabilidad y el trabajo colectivo que los hacen mejores. Por tanto, en educación no hay que preparar a los alumnos a competir, a obtener medallas o premios, si a ser bondadosos, solidarios y a trabajar en equipo.
4. ¿Quiénes son los “ciudadanos del mundo”? Los que saben que las fronteras entre países fueron impuestas hace siglos por los triunfadores en las guerras y la violencia. Los que saben que la cultura es universal y se dan cuenta que los seres humanos no pueden escoger el lugar de su nacimiento. Los mayas por ejemplo tuvieron un territorio que hoy está divido en cinco países y si muchos mayas por necesidad o gusto viven en otros países, son de donde quieran ser y defienden lo que quieran defender. Mucho más que “amor patrio” por un país hay mucha más identidad por una región y parte de una cultura. No hay un solo “México, México, México” sino varios sentimientos diferenciados del país. ¿Creen ustedes que los multimillonarios mexicanos sólo invierten y desarrollan sus capitales en “su” país? Marx dijo que “los obreros no tienen patria”, pero tampoco los burgueses.
5. ¿Qué son la bandera, el himno, los héroes, el estar dispuesto a ir a la guerra para defender a la patria? No ha sido otra cosa que la ideologización que durante siglos ha hecho la clase dominante para mantenernos con símbolos tal como lo ha hecho la iglesia durante casi dos mil años. Me decía mi difunto amigo Antonio Betancourt –escritor y político- hace 20 años después de un debate en la escuela de antropología: “Estoy de acuerdo con lo que has dicho, pero no se puede despojar al pueblo de sus héroes y creencias porque es muy peligroso”. Le respondí a mi respetado maestro que “pensaba –aunque pudiera estar equivocado- que una revolución no puede ser impulsada por prejuicios, fetiches o catecismos, sino contra ellos”. A pesar de no tener héroes no he dejado de admirar a Marx, Bakunin y Flores Magón.
6. Ya el mismo el Ferrer Guardia y su escuela moderna, la escuela racionalista en México, AS Neil y su “Summerhil”, Reimer y “ La escuela ha muerto”, Ivan Illich y su “desescolarización”, el brasileño Paulo Freire y “la Educación como práctica de la libertad”, han planteado ideas avanzadas en educación, pedagogía y metodología y tocando al mismo “maestro de grupo” que debe convertise en un activo e inteligente asesor cuando dice Freire que “nadie enseña a nadie, juntos maestro y alumnos construyen los conocimientos”. Así que no hay preocuparse ni asustarse mucho porque los estudiantes vivan un proceso de enseñanza-aprendizaje en un ambiente de libertad y autogestión. Los alemanes, los yanquis, lo japoneses tienen sus escuelas y las orientan de acuerdo a sus necesidades como países capitalistas; lo mismo sucede en México privatizador con 50 años de atraso.
7. En México la educación ha estado terriblemente mal, por lo menos desde que se inició en 1982 la gran crisis económica y se introdujo el neoliberalismo privatizador. En lugar de componer la educación pública para beneficiar a toda la población, desde mediados de los ochenta ha sufrido un proceso acelerado de privatización. ¿Puede olvidarse a acaso que Reyes Heroles al querer imponer su “revolución educativa” de 1983-84 denunció que México tenía un promedio de cuatro años de educación escolarizada? Nunca entendí como subió a cinco o siete años, pero ya las estadísticas lo decían. Así comenzó a abandonarse la educación pública y se tomó el camino de la privatización; no sólo impulsando a las escuelas privadas sino también imponiendo planes y programas privatizadores en las escuelas públicas. Los maestros de la CNTE tienen que caminar hacia la libertad.
Lagranjahumanajl ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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Comentario: Cabe resaltar que se han realizado varios estudios en donde se relaciona el TDAH con el consumo de gluten e intoxicación por metales pesados. Invitamos a nuestros lectores a usar nuestra función de búsqueda para conocer más sobre el tema.