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martes, 12 de noviembre de 2013

¿La depresión puede ser contagiosa?


Las emociones, ya sean positivas o negativas, se pueden transmitir y podemos terminar "contagiando" a quienes se encuentran a nuestro alrededor. En el pasado había hecho referencia a un curioso estudio desarrollado en las universidades de Chicago, California y Harvard donde se apreció que tener a un amigo que sufre de soledad puede hacernos sentir más solos. 

Ahora traigo a colación otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Notre Dame en el cual se apreció que rodearse de gente positiva ayuda a curar la depresión y, viceversa. 

La investigación se realizó con 103 parejas de estudiantes universitarios que compartían piso y que cursaban su primer año. Después del primer mes de estancia, se les pidió que completaran un cuestionario en el cual se evaluaron sus niveles de vulnerabilidad cognitiva y los síntomas depresivos. Tres y seis meses más tarde, todos volvieron a rellenar este cuestionario.

Así se apreció que cuando una persona muy vulnerable compartía espacio con otra persona que tenía síntomas depresivos, aumentaban las probabilidades de que el nivel de depresión de la primera aumentase. En otras palabras, si tenemos cierta predisposición a la depresión, compartir espacio con las personas deprimidas podría desencadenar los síntomas depresivos en nosotros. Lo interesante es que el contagio se produce en tan solo seis meses.

Vale aclarar que por "persona vulnerable" se entiende a aquella que responde de manera negativa ante las situaciones estresantes y que tiende a interpretar los fenómenos como algo que se escapa de su control o como un reflejo de su incapacidad. Estas características se van perfilando en la adolescencia y se instauran por completo en la edad adulta.

¿Por qué se produce el contagio? 

El contagio emocional es un cambio en nuestro estado emocional que ocurre como resultado de las emociones que los otros nos transmiten, casi siempre de manera extraverbal. Los investigadores aún no brindan una explicación definitiva pero la causa podría esconderse ennuestras neuronas espejo, esas que se encargan de detectar las emociones de las personas que nos rodean y reproducirlas en nosotros, de esa manera somos más empáticos, nos logramos poner en el lugar del otro porque, de cierta manera, sentimos lo mismo. Obviamente, una persona que es vulnerable desde el punto de vista cognitivo, se dejará influenciar con mayor rapidez por las emociones de los demás y les pondrá menos resistencia. 

También hay contagio positivo 

La buena noticia es que cuando una persona que ya presentaba los primeros síntomas depresivos, compartía piso con alguien que mostraba actitudes positivas y seguras de sí, los índices de depresión tendían a disminuir. Un efecto que se comenzaba a notar ya a partir de los tres meses de convivencia. 

Fuente: Haeffel, G. J. & Hames, J. L. (2013) Cognitive Vulnerability to Depression Can Be Contagious. Clinical Psychological Science.

jueves, 27 de junio de 2013

El impacto de la crisis económica en la salud mental


© PSY'N'THESIS
Las consecuencias de la crisis económica son de todos conocidas: empresas que quiebran y se ven obligadas a cerrar, trabajadores que pasan a engrosar las cifras del desempleo, familias que no pueden llegar a fin de mes, personas que no pueden hacer frente a sus hipotecas y se ven abocadas al desahucio...

Todo ello no se limita sin embargo a una cuestión económica o a un problema para garantizarse las necesidades básicas de alimento, vivienda y unas condiciones de vida dignas, sino que conlleva numerosas implicaciones personales y psicosociales. Está establecido de manera sólida que las circunstancias socioeconómicas en las que se ha de desenvolver una persona se asocian a aspectos como su nivel de bienestar subjetivo, su calidad de vida y su salud y, como una dimensión más de ésta, a la posibilidad de sufrir problemas que afectan a la salud mental en concreto.

Un interesante estudio aparecido en el European Journal of Public Health analiza el impacto que la crisis económica en España tiene sobre la salud mental de los residentes en el país (Gili et al., 2012). Para ello se compararon datos de 7940 pacientes de atención primaria a los que se había aplicado un instrumento de diagnóstico de trastornos mentales en 2006-2007 -es decir, antes de la crisis económica- con los datos de 5876 pacientes en el período 2010-2011, obtenidos mediante el mismo instrumento. Los resultados pusieron de manifiesto un incremento notable de los problemas de salud mental desde los inicios de la crisis económica a la actualidad. Así, el número de personas que fueron diagnosticadas de trastorno depresivo mayor se habría incrementado un 19.4%, la distimia un 10.8%, el trastorno de ansiedad generalizada habría aumentado un 8.4%, los ataques de pánico un 6.4%, los diagnósticos de trastorno somatomorfo un 7.3% y los problemas relacionados con la dependencia del alcohol un 4.6%. La incidencia de los trastornos de la alimentación, en cambio, habría aumentado muy levemente, apenas un 0.15%.

En su estudio, Gili et al. (2012) también analizan algunos de los determinantes sociales de la salud mental en el periodo pre-crisis y durante la crisis. En este sentido los datos también fueron muy reveladores. Por ejemplo, se observaba que la fuerza de la asociación entre el desempleo y el trastorno depresivo mayor no había experimentado cambios significativos durante la crisis económica. Es decir, que el desempleo era ya un aspecto relacionado con la salud mental antes de la crisis. Lo que ocurre no es entonces que la vinculación entre desempleo y trastorno depresivo se haya hecho más intensa - la asociación ya se daba antes también con una fuerza similar-, sino que hoy en día hay muchas más personas que antes de la crisis que están en situación de desempleo, que siempre ha sido un factor de riesgo para la salud mental. Más personas expuestas a este factor de riesgo conllevaría por tanto el aumento de incidencia del trastorno depresivo mayor.

La situación de desempleo constituye un mayor riesgo en lo que respecta a la mayoría de los problemas de salud mental analizados por los investigadores; pero además, se comprobaba también que el desempleo de algún miembro en la familia se asociaba a un riesgo mayor para la salud mental de los participantes en el estudio. Más aún, con independencia de la situación laboral, las dificultades para hacer frente al pago de la hipoteca o el riesgo de desahucio incrementaban significativamente la probabilidad de que la persona llegase a ser diagnosticada de trastorno depresivo mayor. Finalmente, los autores del estudio estiman que el efecto combinado del desempleo de la persona, el desempleo de algún miembro de la familia y las dificultades para hacer frente a las deudas derivadas de una hipoteca darían cuenta de alrededor de un tercio de la tasa de incidencia de depresión mayor en la población analizada.

El estudio de Gili et al. (2012), llevado a cabo desde una perspectiva epidemiológica, arroja importantes consecuencias para los investigadores y profesionales de la psicología. Quizá la más saliente sea el reconocimiento del papel clave que los factores sociales y económicos juegan en los problemas psicológicos, y la necesidad de entender la enfermedad y la salud mental desde un modelo amplio bio-psico-social tal y como preconiza la Organización Mundial de la Salud. Junto a ello, sería muy interesante - desde una perspectiva psicologica y psicosocial- el análisis de los mecanismos que ligan factores sociales y económicos con aspectos de índole cognitiva, emocional y comportamental.

Desde el punto de vista de la intervención, parece necesario que se dote a las personas con especial riesgo - aquellos que más sufren el impacto de la crisis- de estrategias de afrontamiento que les permitan encarar las dificultades a que se ven expuestos ellos mismos y quienes les rodean. En definitiva, el papel de los psicólogos puede ser crucial en este tiempo, tanto para explicar el profundo impacto que la situación económica tiene en las personas, como para intentar el objetivo de ayudar a que aquellos que han perdido su trabajo o su casa sigan conservando el ánimo y la esperanza.

Puedes leer el texto completo del artículo de Gili et al. (2012) aquí.

Referencia del artículo:
Gili, M., Roca, M., Basu, S., McKee, M., & Stuckler, D. (2012). The mental health risks of economic crisis in Spain: evidence from primary care centres, 2006 and 2010 The European Journal of Public Health DOI: 10.1093/eurpub/cks035

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