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martes, 16 de julio de 2013

Encadenados a nosotros mismos III

© Sott.net

Uno de los asuntos centrales que nos encadena a nosotros mismos es el conformismo y la defensa del propio statu quo. Pero el statu quo personal y colectivo no se basa únicamente en las posesiones y el modus vivendi de cada persona, sino que, más esencial aún, el statu quo y la defensa del mismo están fundamentados en los aspectos psicológicos que nos conforman como individuos. 


Comentario: Es posible leer el primer artículo de esta serie aquí: Encadenados a nosotros a mismos

Como hemos comentado en varias ocasiones, nuestras percepciones y condicionamientos forman la realidad que vivimos, e independientemente de si esa realidad vivida es perjudicial o no, crea en nosotros una comodidad psicológica que nos arraiga, y así transitamos por la vida de una forma limitante, opaca y sin una perspectiva abierta.

El statu quo particular es como un vicio, y por este motivo las personas intentan salvaguardarlo independientemente de sus características. Justificaciones falaces y pensamientos deseosos instauran un modelo de vida subjetivo que no permite la más mínima posibilidad de ver más allá de los parámetros que configuran la rutinaria particularidad de cada uno.

Nos habituamos a un tipo de vida muy concreto, en el que las percepciones y experiencias son repetidas constantemente, creándose así dicho confort psicológico. La fuerza de la costumbre tiene un calado muy profundo en la psique humana.

El mecanismo psíquico del conformismo - adaptación, recompensa y castigo.

Este conformismo y tendencia a aferrarnos al statu quo y defenderlo, está condicionado por una serie de mecanismos psíquicos que buscan el orden y la estabilidad física y psíquica.

Nuestro cuerpo (y por lo tanto, nuestra mente) están constantemente buscando la estabilidad, también referida como homeostasis.Esto significa que nuestro organismo responde automáticamente a los estímulos, tanto internos como externos, buscando cierto tipo de equilibrio que se perciba como reconfortante. Hablamos entonces de una tendencia a escapar de cualquier tipo de estrés. 

Si bien este "escape" no tiene nada de malo en sí mismo, pues constituye un mecanismo de supervivencia, también nos lleva a cometer errores de razonamiento, de los cuales hablaremos más adelante. Además, en conjunto con un sistema que estimula el conformismo y la creación de individuos autómatas inconscientes, la tendencia a aferrarnos a este orden y estabilidad llega a un extremo poco saludable, si es nuestra intención liberarnos de la prisión en la que estamos; somos prisioneros voluntarios, aterrorizados con la mera idea de romper ese orden establecido.

A propósito de esta tendencia innata a buscar reducir cualquier forma de estrés, cabe mencionar un estudio que nos muestra cómo las ideas calcificadas en nuestro sistema de creencias/ideologías/formas de ver el mundo, pueden realmente condicionarnos a tal punto que no somos capaces (o al menos, nos resulta bastante difícil) de cambiar nuestras ideas preconcebidas, y literalmente sentimos dolor cuando nuestro modo de ver y comprender el mundo es amenazado.
"Un reciente estudio de imágenes realizado por el psicólogo Drew Westen y sus colegas en la Universidad de Emory ofrece un firme argumento para la existencia del razonamiento emocional. Justo antes de las elecciones presidenciales del 2004 entre Bush y Kerry, se reclutaron dos grupos de individuos; quince ardientes demócratas y quince ardientes republicanos. A cada uno se le presentó declaraciones conflictivas y aparentemente dañinas sobre su candidato, así como también más individuos más neutrales como el actor Tom Hanks (que, según parece, resulta agradable para personas de cualquier inclinación política). Como era de esperar, cuando a los participantes se les pidió realizar una conclusión lógica sobre el candidato del partido político opuesto, los mismos encontraron una manera de llegar a una conclusión que hiciera ver mal al candidato, incluso aunque la lógica debería haber mitigado las circunstancias particulares y haberles permitido llegar a una conclusión diferente. Aquí es donde se pone interesante.

Cuando este "control emocional" comenzó a ocurrir, las partes del cerebro normalmente involucradas en el razonamiento no se activaron. En cambio, se produjo una constelación de activaciones en las mismas áreas del cerebro donde se experimentan el castigo, el dolor y las emociones negativas, (es decir, en la ínsula izquierda, la corteza frontal lateral y la corteza prefrontal ventromedial). Una vez que se encontró una manera de ignorar la información que no puede ser rechazada racionalmente, las áreas neurológicas del castigo se apagaron, y el participante recibió un destello de activación en los circuitos relacionados con recompensas -similar a la sensación que recibe un adicto al conseguir su dosis.

En esencia, los participantes no estaban dispuestos a dejar que los hechos se interpusieran en sus tomas de decisiones candentes y rápidas recompensas.

"No se activó ningún circuito involucrado en el razonamiento consciente", dice Westen. "Fundamentalmente, pareciera como si los participantes giraran el calidoscopio cognitivo hasta llegar a las conclusiones que ellos quieren, y luego las refuerzan masivamente con la eliminación de estados emocionales negativos y la activación de los positivos". [...]

En última instancia, Westen y sus colegas creen que "un razonamiento emocional parcial conduce al 'grabado' o refuerzo de una creencia defensiva, asociando el relato 'revisionista' de la información por parte del participante con emociones positiva o el alivio y la eliminación de la angustia. El resultado es que las creencias parciales se calcifican y la persona poco aprende de nuevos datos'", señala Westen. El extraordinario estudio de Westen demostró que el proceso de la información neurológica relacionada a lo que llama "razonamiento motivado"... parece ser cualitativamente diferente al razonamiento de una persona que no posee conexiones emocionales en las conclusiones a las que llegar.

El estudio es, pues, el primero en describir los procesos neuronales que subyacen al juicio político y la toma de decisiones, así como para describir los procesos que implican control emotivo, psicológico de defensa, el sesgo de confirmación, y algunas formas de la disonancia cognitiva. La importancia de estos hallazgos va más allá del estudio de la política: "Todo el mundo, desde los ejecutivos y los jueces a los científicos y los políticos pueden razonar a partir de juicios sesgados emocionalmente cuando tienen un interés personal en la forma de interpretar 'los hechos'," de acuerdo con Westen".

Genes Malvados
Barbara Oakley
Respecto a esto, Laura Knight-Jadczyk dice:
En resumen, un cerebro humano que se calcifica en un sistema de creencias -creyéndolo debido a que su grupo social, compañeros, familia, también lo creen- literalmente experimenta dolor si intenta abrir su mente y pensar de una manera ilimitada y sin prejuicios. Lo mismo debe suceder a una persona tratando de entender las diferentes restricciones sociales que son aceptadas como algo perfectamente normal en un grupo cultural distinto. Las implicaciones son verdaderamente enormes [...] "La Era Dorada, Psicopatía y la Sexta Extinción"
Volviendo al asunto del orden social establecido, esquematizando brevemente lo que puede ser un statu quo general, podemos enumerar algunos parámetros que lo configuran:

- Satisfacer la necesidad de comer

- Tener un hogar

- Formar una familia estandarizada (cuidado de los hijos - escolarización, manutención-, tener deudas, etc.)

- Ir en consonancia con la tendencia social del momento; moda, ideologías, creencias surgidas de la mass media - desde las "noticias" pasando por distracciones como los deportes, programas de prensa rosa, concursos y demás-

A estas características comunes le podemos añadir las actividades particulares de cada uno, pero en líneas generales, estos cuatro parámetros suelen ser los típicos que van formando un statu quo particular a medida que pasa el tiempo. Dicho condicionamiento proviene de:

- La Etapa de escolarización

- "Herencia psicológica" familiar y del entorno cercano que condiciona la particularidad individual

- Tendencia social que nos lleva al gregarismo

- Experiencias vividas, cuyo aprendizaje y enfoque dependen de los tres parámetros anteriores.

La etapa de escolarización

En la etapa de escolarización el niño recibe una serie de "enseñanzas" que supuestamente lo preparan para tener una buena vida dentro de la sociedad una vez son adultos. La escuela es una granja; los niños son preparados para formar parte del engranaje de una sociedad que prima por los intereses de la minoría psicopática y patológica. Comenta John Taylor Gatto en "La historia secreta del sistema educativo":
Tengo pocas dudas de que la fantástica riqueza de las grandes empresas norteamericanas [YP/AG: y de todo Occidente] está psicológica y procedimentalmente cimentada en nuestra forma de escolarización. El campo de entrenamiento para estas cualidades humanas grotescas es el aula. Las escuelas enseñan a los individuos a responder como masa. Chicos y chicas son entrenados para estar aburridos, asustados, envidiosos, necesitados emocionalmente, generalmente incompletos. Una exitosa economía de producción masiva necesita esa clientela. Un pequeño negocio, o pequeña economía de granja como la de los amish necesita competencia individual, reflexión, compasión y participación universal. La nuestra necesita una clase dirigida de gente igualada, exánime, ansiosa, sin familia, sin amigos, atea y obediente que crea que la diferencia entre Cheers Seinfeld es un tema sobre el que vale la pena discutir.

[...]

El secreto de la escolarización norteamericana [YP/AG: occidental] es que no enseña del modo que aprenden los niños, y no debe hacerlo: la escuela fue diseñada para servir a una oculta economía de mando y a un orden social deliberadamente reestratificado. No fue hecha para el beneficio de los niños y las familias tal como esos individuos e instituciones definirían sus propias necesidades. La escuela es la primera impresión que los niños tienen de una sociedad organizada: como la mayoría de las primeras impresiones, es la que queda. La vida según la escuela es aburrida y estúpida, sólo el consumo promete alivio: Coca-Cola, Big Macs, vaqueros de moda, ahí es donde se encuentra el significado real, esa es la lección del aula, aunque sea dada indirectamente.

La dinámica decisiva que hizo a la escolarización obligatoria venenosa para el saludable desarrollo humano no es difícil de detectar. El trabajo en las aulas no es un trabajo significativo: falla en satisfacer las necesidades reales que urgen al individuo. No responde a preguntas reales que la experiencia despierta en la mente joven. No contribuye a resolver ningún problema encontrado en la vida real. El efecto neto de hacer todo el trabajo escolar externo a los anhelos, experiencias, preguntas y problemas individuales es hacer a la víctima apática.

[...]

Lifetime Learning Systems, una de las muchas nuevas empresas formadas para sacar oro de nuestras condiciones de escolarización, anunció a su clientela empresarial: «La escuela es la época ideal para influir en actitudes, construir lealtades a largo plazo, introducir nuevos productos, examinar el mercado, promover el uso del muestreo y ensayo, y por encima de todo, para generar ventas inmediatas». (YP/AG: Un ejemplo de esto lo podemos encontrar aquí.)
Y añade:
El crecimiento y la maestría llegan sólo a quienes se guían vigorosamente por sí mismos. Iniciar, crear, hacer, reflexionar, asociar libremente, disfrutar la privacidad, eso es precisamente lo que las estructuras de la escolarización están preparadas para impedir, con un pretexto u otro.
Y todo esto empieza a generar un statu quo particular a la vez que gregario.

Constatamos que "la escuela es la época ideal para influir en actitudes" cuando apelamos a los comunes errores de razonamiento de la masa social. El ser humano es condicionado de tal manera para que tenga la imperiosa necesidad de creer en un dogma - religioso, científico, gubernamental, ideológico, etc.-, y por tanto se agarra a ésa creencia que sustenta su modelo de vida para continuar en su zona de confort.

Errores de razonamiento

Algo muy común en el momento de defender una creencia, es recurrir a una autoridad que se considera indiscutiblemente veraz. A este razonamiento falaz se le conoce como argumento ad verecundiam o argumento de la autoridad reverenda. Esta actitud viene a raíz de la necesidad psicológica de agarrarse al dogma impuesto. Se utiliza también para implantar una creencia que quiere imponerse. Como ejemplos típicos, y como ya sabe el lector de Sott, muy discutibles, son:

"Fumar es malo, porque muere mucha gente de cáncer de pulmón por culpa del tabaco, lo dicen las autoridades."

"Las grasas son malísimas, y están relacionadas con todo tipo de enfermedades y suben el colesterol. Los médicos lo dicen."

Formas de justificar un argumento pobre:

"Esto lo saben hasta los niños."

"Lo dicen prestigiosos científicos de..." (una universidad famosa, un centro de investigación, etc)

"Si lo dice "x", es que es verdad."

Dicen, dicen y dicen. La cuestión es: ¿Cómo sabemos realmente que lo que aseguran dichas "autoridades" es cierto? Solemos aceptar las cosas tal y como nos vienen de las fuentes que convenientemente se consideran fiables. Eso borra por completo la capacidad de discernimiento, de pensar críticamente. Y es aquí dónde radica la problemática a la hora de aceptar una información. Y es que verdaderamente, por mucho que cueste creerlo, somos muy manipulables.

Añadiremos que hay otro recurso falaz utilizado por las autoridades - aunque muchas personas lo utilizan- para convencer y manipular a las masas. Y este es el sofisma patético.

Los grupos e individuos que utilizan el sofisma patético apelan a las emociones del oyente o lector para exaltarlo y convencerlo de que tome una postura o que actúe de una manera. Como el ser humano, generalmente, centra sus percepciones y actuaciones en base a sus emociones, el sofisma patético es una herramienta muy poderosa que utilizan los grupos de poder para conseguir sus metas, anular el pensamiento crítico y continuar operando impunemente. La demagogia es un ejemplo.

Además su uso no justifica los actos o creencias del que lo utiliza, no existe una argumentación sólida en sus alegatos; simplemente es una intromisión a la sensibilidad humana para manipularla. Para obtener ejemplos clarísimos de sofisma patético, podemos ver cualquier discurso de Hitler.

Del sofisma patético surgen muchos tipos de falacias lógicas. Ser consciente de este tipo de apelaciones sofísticas nos protege de la manipulación.

La necesidad de la desilusión

Lo esencial para desprogramarnos de tal condicionamiento y volubilidad psicológica, es la disposición a no dar nada como hecho, incluso aquellas cosas que forman los pilares básicos de nuestras creencias. P.D. Ouspensky, en su obra Tertium Organum, dice:
La cosa más difícil es saber qué es lo que sabemos y qué es lo que no sabemos.

Por lo tanto, deseando saber algo, antes que nada determinaremos QUÉ ES LO QUE NOSOTROS aceptamos como dado y QUÉ ES lo que exige definición y prueba; esto es, determinaremos QUÉ ES LO QUE NOSOTROS sabemos ya, y QUÉ ES lo que deseamos saber.

En relación con el conocimiento del mundo y de nosotros, las condiciones serían ideales si pudiéramos aventurarnos a no aceptar nada como dado, y a considerar todo como requiriendo definición y prueba. En otras palabras, lo mejor sería aceptar que no sabemos nada, y hacer éste nuestro punto de partida.
Por consiguiente, es necesario estar dispuesto a romper con todas aquellas creencias a las que hemos dado la categoría de axioma durante toda nuestra vida. Estar dispuesto a desilusionarse nos aporta un avance muy positivo en nuestra curva de aprendizaje y conocimiento sobre nosotros mismos y la Realidad Objetiva. Tim Trepanier escribe en su artículo "La necesidad de la desilusión":
La experiencia de la desilusión es común a todos. Podemos asegurar que en algún momento u otro, todo ser humano tuvo la experiencia de creer en algo que resultó no ser la verdad. El impacto inicial que se produce cuando la propia percepción del mundo resulta estar en desacuerdo con los hechos de la realidad puede ir de una leve desilusión a un sentimiento de abrumador trauma psicológico.

Cualquiera sea el grado del engaño, el reconocimiento de que uno estuvo creyendo en una mentira es una dolorosa experiencia, no solo psicológicamente sino también físicamente. Como un puñetazo al estómago, uno puede sentir que se le ha sacado el aire. Y debido a que nuestras creencias sobre el mundo están interconectadas con otras creencias fijadas en nuestros cerebros, la destrucción de una creencia generalmente puede conducir a un colapso en cascada de muchas otras. 

Cuando una persona se enfrenta con hechos que contradicen los actuales sistemas de creencia, tienen una de dos opciones.La primera opción es entrar en modo negación rechazando los hechos como falsos con el fin de sostener el sistema de creencia elegido y continuar viviendo como antes. La segunda opción es aceptar la nueva evidencia e intentar reconstruir un nuevo paradigma interno o mapa de realidad que acomode la nueva información, lo cual podría significar el cuestionamiento de todas las demás creencias asociadas al modelo anterior. 

La segunda opción es difícil y requiere de una gran fortaleza para poder dejar ir las ideas preconcebidas que tiene uno y aceptar la evidencia nueva y real. La primera opción es fácil porque no requiere esfuerzo, dolor, tristeza o el reordenamiento de la vida o de los valores. También es más confortable, y debido a que los humanos habitualmente prefieren la comodidad por sobre el dolor, la primera opción es generalmente la opción por defecto.

El momento exacto cuando una persona es consciente de hechos que se oponen a lo que se cree como verdad, experimenta lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva; es esa tensa e incómoda sensación que lo que uno ve está tan fuera de sincronía con lo que uno ya cree que es verdad, que la mente lo rechaza instantáneamente, aun cuando los hechos son obvios e indiscutibles.

Es en el momento en que se experimenta una disonancia cognitiva (puedes reconocerlo por la tensión e incomodidad que dispara una reacción "reflejo") que tiene lugar la crucial batalla de la verdad sobre la ficción. Si una persona puede reunir la conciencia y fuerza de voluntad de no darse por vencido y tomar la ruta cómoda desechando inmediatamente de plano los hechos, y mantener la información conflictiva en sus mentes mientras experimentan conscientemente los sentimientos negativos asociados con la disonancia cognitiva, la liberación resultante puede ser transformadora. ¡Debe experimentarse para creerse!

Lo interesante acerca de nuestra tendencia a conservar los viejos sistemas de creencias, incluso cuando nos enfrentamos a evidencia real que demuestra lo contrario, es el factor de recompensa neuro-química. Estudios científicos han revelado que cuando experimentamos una disonancia cognitiva (la tensión y estrés producido cuando se nos presentan hechos que perjudican la percepción normal de la realidad de uno), la decisión (reacción reflejo) de ignorar la evidencia real y ocultar bajo la alfombra toda evidencia contradictoria causa que el cerebro libere ciertos químicos, haciéndonos felices y seguros nuevamente.

Entonces, si creer en una ilusión nos hace sentir seguros, felices y cómodos, y si toda evidencia contradictoria nos causa dolor, desorientación y tristeza, ¿qué posible motivación puede haber para elegir atravesar el proceso de desilusión?

[...]

El punto es que la desilusión, sin importar lo incómodo del momento, nos conduce hacia la verdad. Somos más sabios y profundos y más satisfechos gracias a ella. Nos ayuda a crecer y acercarnos a ser agentes libres en nuestro mundo.

Creer en ilusiones es similar a una forma de esclavitud que nos mantiene desconectados de mundo real, y de los demás. 

[...]

La mejor manera de restaurar el equilibrio al planeta y sanar las heridas principales de la humanidad, sería que su población humana comience el largo y doloroso proceso de desilusión consciente. Nosotros, como especie, necesitamos desesperadamente dejar a un lado nuestro condicionamiento cultural y empezar a ver al universo objetivamente, como realmente es, con todos sus terrores y gracias, no solo como deseamos o creemos que es.
Tan sólo los choques pueden despertarnos. Luchar con nuestros errores cognitivos, nuestras barreras psicológicas, es decir, con nuestras ilusiones, producen constantes choques en todo nuestro Ser porque se empieza a generar tal ruptura dentro de nosotros que provoca el hundimiento de los cimientos más fuertes que configuraban nuestra percepción de la Realidad.

En ése punto de ruptura con la realidad subjetiva, en la que nuestra percepción inicia una transformación profunda, las herramientas para construir dentro de nosotros una estructura psicológica más fuerte, abierta y Realista pueden comenzar a desarrollarse más contundentemente que antes, porque los filtros cognitivos y nuestras proyecciones psicológicas que antes nos condicionaban sobremanera ya no tienen tanta fuerza sobre nosotros como antes.

Lo importante es mantener ése nuevo estado de Ser que comienza a desarrollarse una vez aceptamos la desilusión como primer paso en nuestro camino al desarrollo interno. Es necesario crear dentro de nosotros un centro de gravedad que gire en torno a la Verdad con el que desarrollar nuestras capacidades potenciales para aprender y actuar en pos de la ayuda a los demás. El centro de gravedad es la sede del discernimiento entre la Verdad y la mentira, la Creación y la Entropía, la expansión y la contracción del Conocimiento. Solo si aprendemos a discernir con Conocimiento actuaremos en consecuencia según cada situación lo requiera.
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Álvaro González
Álvaro González es miembro editor de Sott desde 2011. Colabora y escribe artículos para Sott relacionados con el desarrollo de las capacidades del ser humano y también sobre la Patocracia.
Su interés es la Verdad y ayudar a difundirla. Su pasión es la lectura, la escritura y la música de G. I. Gurdjieff

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Yasmin Peña
Yasmin es una joven editora de Sott de Paraguay. Estudió algo de Psicología en la Universidad, pero disfruta más aprendiendo sobre diversos temas de manera autodidacta en su casa, así como de aprender y practicar diferentes tipos de arte y andar en su bici. Una de sus frases favoritas es la H. D. Thoreau: "Rather than love, than money, than fame, than fairness, give me truth." ("En vez de amor, dinero, fama, hermosura/rectitud/justicia, dame la verdad.")

martes, 14 de mayo de 2013

Encadenados a nosotros mismos II



Comentario: Es posible leer el primer artículo de esta serie aquí: Encadenados a nosotros a mismos
"Si tan sólo supiéramos qué es la ilusión, entonces sabríamos lo opuesto: qué es la Verdad. Esta Verdad nos liberaría de la esclavitud." - Boris Mouravieff
© Desconocido
En el artículo anterior, hicimos algunos comentarios sobre el estado psicológico del ser humano, y de cómo lleva en su interior la figura del Sistema que rige las vidas de la comunidad humana. La fatalidad sistémica es igual de exógena que endógena. Somos víctimas y verdugos del infortunio que vivimos. Víctimas del sistema patócrata; verdugos por ser seguidores y continuadores - ya sea consciente o inconscientemente- de la idiosincrasia social que nos subyuga.

Por cada cosa que se consigue para beneficio de la humanidad y/o del planeta, se dan lugar cien de perjuicio. La maraña en la que vivimos, producida por la mentira, la manipulación y el control, no permite, sencillamente, ver la Verdad de la Vida. Tan sólo, y con mucho esfuerzo, percibimos algunos retazos de Verdad, como si viéramos haces de luz atravesar los negros nubarrones de una tormenta. E incluso así, es muy probable que ésos retazos sean confundidos con mentiras, o pasados por alto por no observar y comprender lo suficiente.

La mentira mata a la Verdad. La entierra, la esconde, la olvida. La mentira es uno de los factores esenciales para que el Sistema pueda continuar funcionando.

Se habla largo y tendido de las mentiras que profieren los gobiernos, las grandes corporaciones o los medios de comunicación. Pero, ¿Qué ocurre cuando las personas mentimos a otros? ¿Y las mentiras hacia uno mismo?¿Cuánto daño pueden hacernos las mentiras a nosotros mismos?

Es mi intención centrarme sobre todo en la mentira hacia uno mismo, pero igualmente quisiera dejar constancia de que la mentira - externa- en ciertas ocasiones puede ser necesaria, siempre dependiendo del contexto. Un ejemplo:
De "Jupiter, Nostradamus y el Regreso de los Mongoles":

Mucha gente piensa que las verdades y las mentiras son estáticas, que una mentira es siempre una mentira, y que para ser "buenos" SIEMPRE debemos decir la "verdad". Pero el asunto no es tan simple. Por ejemplo, consideremos el caso de Francia durante la ocupación Nazi. Es indudable que muchos de los que estaban involucrados con la resistencia mentían con regularidad acerca de sus planes y actividades. Lo que resultaba diferente acerca de estas mentiras era la INTENCIÓN y la SITUACIÓN ESPECÍFICA. En una situación como esa, si una persona decía la verdad a un oficial nazi que podría utilizarla para destruir a los propios camaradas de la resistencia, ello tendría que considerarse como algo "malo", mientras que el mentir sería "bueno". La mayor verdad a la que la mentira servía era la libertad de la tiranía. El "observador" de la situación conocía la verdad objetiva de que revelando sus planes o traicionar a sus hermanos, provocaría sus muertes. La realidad de los Nazis estaba basada en mentiras subjetivas, y responder a estas mentiras que llevaban a la tiranía con una mentira opuesta que conducía a la libertad, era una forma efectiva de cancelar la subjetividad, dejando el campo libre para la objetividad. Este ejemplo simple, debería dar al lector mucho acerca de lo que pensar en términos de la socializada creencia en una exposición de "negro y blanco", "verdades o mentiras", y "bueno y malo".
Como leemos al final del fragmento, la sociedad vive imbuida del limitado prisma de "negro y blanco", "sí y no", etc., siempre desde una perspectiva subjetiva ligada a las ya antiquísimas y totalitaristas visiones dogmáticas de las religiones monoteístas y demás poderes reinantes que han marcado el ritmo del devenir de las civilizaciones. Así que, cuando hablamos de Verdad con mayúsculas, hablamos de Realidad Objetiva, de lo que ES. Aquí no cabe la creencia o la opinión porque entonces hablaríamos de lo no concreto, de lo no fehaciente, puesto que estaríamos basándonos en impresiones condicionadas por las particularidades de uno mismo y del arrastre que conlleva formar parte de un colectivo con una visión dañinamente subjetiva de la Realidad, como es el caso de la civilización a la que pertenecemos.

Así pues, como todo en la vida, una forma de actuar objetivamente correcta dependerá del contexto de la situación concreta, y no de las objeciones subjetivas de lo que es bueno o malo, ya que obrar de ésa manera dogmatizada - inculcada desde la etapa de escolarización- no nos permite actuar con verdadero Conocimiento.

La disonancia cognitiva
La mentira es más un estado en el que se encuentra el hombre común, que una cosa particular externa al hombre y que puede aislarse del mismo. Así entendida, la mentira se manifiesta como una condición humana que indefectiblemente afecta a todos los hombres. Es particularmente interesante descubrir que el término visto de este modo casi puede usarse como sinónimo de ilusión, aunque claro está, este último término lleva todas las de ganar pues socialmente se acepta con mayor agrado la ilusión que la mentira. [...] El mundo en el que nos desarrollamos, crecemos, y aprendemos, parece particularmente diseñado para mantenernos en este estado. Claro está que sería muy fácil responsabilizar al mundo o a la sociedad y así quedar libre de culpa y parte. Pero la realidad parece revelarse algo más compleja e interesante. Todos nosotros somos parte de esta "maquinaria invisible" que nos sujeta, y de algún modo somos también responsables de nuestra eventual esclavitud.

- Mauricio Santecchia
Cuando entramos en el campo de la individualidad, apartándonos del hipnotizante y esclavizador gregarismo, vislumbramos que, como se menciona en la cita de más arriba, la mentira es un estado común que conforma la estructura psicológica del ser humano. Existen diferentes tipos de mentira y auto engaño, y es necesario que seamos capaces de detectarlo si es nuestro deseo comprendernos a nosotros mismos, e igualmente comprender a los demás.

El ser humano, durante su etapa de crecimiento y hasta la edad adulta, se forja una falsa personalidad con la cual afrontará las vicisitudes que surgen en la vida. Se identificará con una serie de rasgos psicológicos, creando una imagen concreta de sí mismo, y al mismo tiempo producirá - o más bien, destacará- una serie de características según el contexto situacional en que se encuentre. Con un grupo, se comportará de una manera, con la familia, de otra, con la pareja y los hijos, de otra. ¿Dónde queda la realidad de sí mismo entonces? ¿Y la imagen que uno tiene de sí mismo, refleja la Realidad Objetiva del Ser? Además, ¿Cuándo somos fieles a nuestros valores? ¿Cuándo actuamos con la familia, o con la pareja y los hijos, o con el grupo con el que nos relacionamos? Si observamos con atención, constatamos que ésos comportamientos, emociones y pensamientos que surgen en cada contexto, llegan en ocasiones - probablemente en muchas- a ser verdaderamente contradictorios. Son un reflejo claro de las partículas de limadura que mencionamos en el artículo anterior, chocando entre sí de una forma alocada, sin orden ni control, sin coherencia. En términos psicológicos, estamos hablando de la disonancia cognitiva.

El investigador experto en los mecanismos del engaño Robert Feldman, en su obra Cuando mentimos, nos resume qué es la disonancia cognitiva:
Disonancia cognitiva es el término que los psicólogos emplean para designar la tensión que surge por tener dos ideas contradictorias en la mente al mismo tiempo. [...] Según la teoría de la disonancia cognitiva, para resolver esta disonancia, la mente, consciente o inconscientemente, altera una de las dos ideas opuestas. [...] Lo que es importante comprender, sin embargo, es que esta alteración de las ideas y reevaluaciones de criterios representan aparentemente un mecanismo natural y fundamental de la mente humana.
Bueno, Feldman aquí nos dice que la disonancia cognitiva es inherente al ser humano, pero eso no significa que sea algo positivo; si unimos a esto el factor de que estamos subyugados por una estructura psicológica que no funciona correctamente, que no es coherente ni de la cual tenemos apenas un mínimo control, el asunto tiene connotaciones más bien negativas y preocupantes.

Los ejemplos de disonancia cognitiva son tan infinitos como situaciones haya en la vida. "Me caso con esta persona porque la amo, pero no me caso porque me da miedo que me hagan daño". "Me como un pastel porque está muy bueno, pero no debería por el azúcar". Ocurre continuamente, en todas las facetas de la vida. No existe en nosotros una real claridad mental y emocional a la hora de tomar decisiones.

Pero este hecho lo tapamos de forma generalmente inconsciente. Lo tapamos porque se produce dentro de nosotros un fenómeno psicológico que fue nombrado como exposición selectiva.

La exposición selectiva y las barreras que repelen la Verdad

Como necesitamos identificarnos con la imagen que tenemos de nosotros mismos - una imagen inventada creada para sentirnos cómodos- para tener confianza en nuestro caminar y percibir de la vida, automáticamente defenderemos a ultranza - tanto exterior como interiormente- nuestra posición cognitiva de aquellas informaciones que cuestionen nuestras impresiones sobre la realidad. Como dice Feldman, "Tratamos de exponernos lo mínimo a información que contradice lo que pensamos, en particular lo que pensamos de nosotros mismos, e incluso procuramos evitarla por completo".

El mismo Feldman menciona que el investigador de la Universidad Estatal de Florida, Roy Baumeister, hizo un experimento en el que entregaba a un grupo de participantes unos falsos test de personalidad, repartiéndolos al azar. Algunos de los test mostraban una crítica positiva hacia el receptor, y otros test una crítica negativa. El grupo de investigadores constató que los participantes que recibieron una mala crítica no examinaron demasiado los test, y que los receptores de la crítica positiva leían los "resultados" de la prueba con más atención. Es más que evidente que al ser humano le encanta que lo elogien, y que rechaza la crítica negativa, porque desmonta la buena imagen que tiene de sí mismo. A este fenómeno se le denominó exposición selectiva.

Y es que el fenómeno de la exposición selectiva es harto común, un mecanismo para el auotengaño que nos sumerge aún más en la hipnosis que vivimos. Leemos el periódico o los libros que son más afines a nuestra percepción de las cosas; nos arrimamos a grupos que participan de la misma visión que tenemos de la realidad. Y todas estas decisiones son tomadas desde el filtro de nuestro condicionamiento particular. Por desgracia, el ser humano tiende a ser profundamente egotista, y su contacto con la realidad lo basa generalmente en lo que considera su correcta visión de las cosas. Por eso mismo, cuando algo no sale como se esperaba, solemos echarle la culpa al que tenemos enfrente, o al Sistema, o a la mala suerte. La culpabilización externa es el resultado de vivir en una ilusión que nos hace creernos grandilocuentes. Cabe la pregunta: ¿Dónde queda la Verdad y la predisposición para buscarla?

Los Topes 

En algunas ocasiones hemos mencionado el término recogido en las enseñanzas del Cuarto Camino para explicar ésas barreras psicológicas que se crean desde la infancia y que tienen como fin amortiguar los choques que producen nuestro caos interno. Estos amortiguadores son conocidos también como "topes". Permítanme una vez más recordar su definición:
«Tope» es un término que necesita una explicación especial. Todos saben lo que son los topes de los vagones de ferrocarril: aparatos amortiguadores de choques. Los topes atenúan los efectos de estos choques y los hacen imperceptibles.

En el hombre existen dispositivos exactamente análogos. No son creados por la naturaleza sino por el hombre mismo, aunque involuntariamente. En su origen se encuentran las múltiples contradicciones de sus opiniones, de sus sentimientos, de sus simpatías, de lo que dice, de lo que hace. Si un hombre tuviese que sentir durante su vida entera todas las contradicciones que están en él, no podría vivir ni actuar tan tranquilamente como ahora. Sin cesar se producirían en él fricciones; sus inquietudes no lo dejarían reposar nunca. No podemos ver cuán contradictorios y hostiles entre sí son los diferentes «yoes» que forman nuestra personalidad. Si un hombre pudiera sentir todas estas contradicciones sentiría lo que él realmente es. Sentiría que está loco.

Un hombre no puede destruir sus contradicciones, pero deja de sentirlas cuando los topes aparecen en él. A partir de entonces ya no siente los impactos que resultan del choque entre perspectivas, emociones y palabras contradictorias.

Los «topes» se forman lenta y gradualmente. Muchísimos se crean artificialmente por la «educación». [...] El hombre está rodeado de gente que habla, piensa, siente, vive por medio de sus «topes». Al imitarlos en sus opiniones, acciones y palabras, crea involuntariamente en sí mismo «topes» análogos que le hacen la vida más fácil, ya que es muy duro vivir sin «topes». Pero éstos impiden toda posibilidad de desarrollo interior porque están hechos para amortiguar los choques; empero, los choques, y sólo ellos, pueden sacar al hombre del estado en que vive, es decir, despertarlo. [De en Busca de lo milagroso]
La función de los topes es multiabarcante. La exposición selectiva y la disonancia cognitiva son dos buenos ejemplos de cómo funcionan los topes. La intención de agradar y de comportarse de forma gregaria para conseguirlo, es un ejemplo más de tope. La disociación y el introyecto negativo son más ejemplificaciones de cómo nos ocultamos de la Realidad Objetiva. Todos aquellos fenómenos psicológicos que tienen como eje a la falsa personalidad nos alejan irremediablemente de la Verdad externa e interna, porque tan sólo tenemos como referencia las necesidades egotistas de dicha falsa personalidad. Y lo que busca la falsa personalidad es la comodidad psicológica, que parezca que todo va como la seda.

La comodidad es una forma de vida sencilla, la búsqueda de la autocomplacencia. Ver las miserias de uno mismo, sentir la realidad interior y vivir bajo circunstancias diferentes a las que se está habituado produce incomodidad. Y en el Trabajo sobre sí mismo estas circunstancias son fundamentales para el desarrollo pleno de nuestro Ser. El acto de encararse contra todas las cosas que no nos agradan incomoda a todo individuo, pero reconocer las mentiras en uno mismo y las contrariedades a las que nos sometemos cada día de nuestras vidas es esencial para llegar a ver lo que ES y dejar de ver únicamente lo que se quiere ver.

Es nuestra elección decantarnos por la vertiente del servicio a sí mismo, egoísta, entrópica, o por la del servicio a los demás, creativa, expansiva, en consonancia con la Verdad.

Para terminar, comparto con ustedes una poesía de uno de aquellos célebres poetas de la generación del 27, Jorge Guillén, titulada Más Verdad.
Sí, más verdad,
Objeto de mi gana.

Jamás, jamás engaños escogidos.

¿Yo escojo? Yo recojo
La verdad impaciente,
Esa verdad que espera a mi palabra.

¿Cumbre? Sí, cumbre
Dulcemente continua hasta los valles:
Un rugoso relieve entre relieves.
Todo me asombra junto.

Y la verdad
Hacia mí se abalanza, me atropella.

Más sol,
Venga ese mundo soleado,
Superior al deseo
Del fuerte,
Venga más sol feroz.

¡Más, más verdad!

- Jorge Guillén

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